Sentado a su escritorio en el centro de Tel Aviv, Shlomo Yerushalmi, actualmente director de la Sección Afro-Asiática del Centro de Cooperación Internacional para el Desarrollo Agrícola (CINADCO), rememora los cuatro años que pasó en Swazilandia de instructor agrícola y los considera como uno de los períodos más fascinantes y significativos de su vida.
Yerushalmi, que vive en una finca en el Moshav Haniel al noreste de Tel Aviv, en el Valle de Hefer, de hecho, nació y se crió no lejos de su oficina. Pero Yerushalmi dice que su amor por la naturaleza y los animales lo llevaron a estudiar agricultura en la Facultad de Agricultura de la Universidad Hebrea, al término de su servicio militar. Después de especializarse en avicultura y aquacultura, Yerushalmi combinó el desarrollo de su pequeña granja propia, de naranjales y pollos, con el trabajo de instructor regional avícola en el servicio de extensión del Ministerio de Agricultura de Israel.
"Durante mis primeros cinco años en el servicio, antes de ir a Swazilandia, yo había salido en algunas misiones a corto plazo en-el-lugar, para MASHAV, a algunos sitios incluso Kenya y Swazilandia. Originalmente, nosotros (mi familia y yo), debíamos permanecer en Swazilandia durante dos años, pero renové mi contrato tres veces, cuando el original iba a expirar. En total, terminamos por quedarnos allí cuatro años enteros", explica.
El plan original era que Yerushalmi estableciese un proyecto rural agrícola en la Cooperativa Shibani, a unos 80 Kms. de la capital, junto con su colega del Ministerio de Agricultura de Swazilandia, la Sra. Colani Simelani. El objetivo: Proporcionar ingresos adicionales, mediante gallinas ponedoras, a los campesinos que habitan zonas apartadas. Las ponedoras son un negocio al contado que requiere poca inversión; son apropiadas para pequeños campesinos; pueden disminuir los riesgos de las granjas que cultivan maíz, especialmente en años de sequía; y tienen una buena posibilidad de competir por una parte del mercado contra alimentos importados, explica Yerushalmi.
Los campesinos de Swazilandia, un pequeño país rodeado en tres costados por Sudáfrica, deben competir en un campo de juego, que dista de estar equilibrado, contra las importaciones agrícolas de grandes fincas de Sudáfrica, incluso de gallinas ponedoras. Pero, al mismo tiempo, poseen una ventaja: Los residentes locales pueden aprovechar las inversiones agrícolas de su vecino y "montarse sobre" la infraestructura agrícola sudafricana; incluso adquirir un nuevo stock de ponedoras y alimento fresco proveniente de los criaderos y fábricas de alimentos más avanzados de allende la frontera. "Debíamos trabajar a pequeña escala, pero también a un alto nivel profesional, en cuanto a la calidad del producto, a fin de competir por clientes en supermercados y hoteles", dice Yerushalmi. "Era un verdadero reto. Cuando comenzamos, un 85 a 90% de los huevos eran importados. Para cuando me fui, las importaciones de Sudáfrica habían disminuido a un 65-70%".
"El sistema que establecimos es lo que yo llamaría un pequeño moshav, en el sentido de que construimos el proyecto alrededor de un centro destinado a proporcionar a los miembros instrucción y servicios de compra y mercadeo, pero tuvimos cuidado de mantener la centralización en un mínimo y la autonomía de las fincas familiares en un máximo", dice Yerushalmi.
La operación inaugurada por Israel se basó en un marco cooperativo existente de compras a pequeña escala, que abarcaba a 161 miembros y compraba determinados productos al por mayor. Cuando Yerushalmi se marchó en 1996, había 300 miembros con un programa mucho más amplio, que incluía una red de mercadeo y la introducción de dos nuevas fuentes de ingresos: pescado y abejas.
Tres meses después de establecerse la granja modelo, las campesinas individuales elegidas para participar en el proyecto comenzaron a montar sus propias operaciones independientes. "Uno de los aspectos peculiares del concepto es que todos los miembros de la cooperativa son mujeres", recalca Yerushalmi. "Ellas actúan en el comité ejecutivo, el comité permanente que supervisa las operaciones, incluso la toma de decisiones en el proyecto central, en donde la mayoría de los empleados son hombres". El proyecto no sólo ha conducido al aumento de los ingresos, sino que también ha reforzado el orgullo y realzado la estatura e independencia de las mujeres, dice Yerushalmi.
"Comenzamos con 17 campesinas. El establecimiento de una operación independiente demandó iniciativa para hacer algo no intentado antes. Cada una comenzó con 100 ponedoras. Las veteranas llegan ahora hasta las 300 ponedoras".
"Se decidió introducir aves debido al costo relativamente bajo para lanzar el proyecto y a los ingresos inmediatos que permitía", explica. "Desde el primer día luego de recibir las gallinas, ellas comenzaron a devolver la inversión en huevos, y alcanzaron la producción total en el tiempo de un mes. Más aún, procuramos reducir los costos iniciales, tanto como fuera posible, construyendo los gallineros según planos establecidos, pero con trabajo propio y los materiales a mano: de la misma manera y estándar en que se construyen las viviendas". Algunas usaron bloques de ceniza natural. Otras, piedras y madera. Algunas, arena y adobes. Y una mujer incluso moldeó sus propios bloques de ceniza. "Mi objetivo era proporcionar una combinación adecuada de los estándares de construcción locales con nuevas tecnologías, tales como jaulas de postura en suspensión y bebederos automáticos", resalta Yerushalmi. La introducción de técnicas de gestión fue flexible: adaptada a la situación local. Muchas de las fincas elegidas para participar estaban ubicadas en aldeas aisladas a lo largo de caminos de grava, con un suministro limitado de agua y sin electricidad.
Aun cuando todos los miembros compraron concentrados alimenticios envasados, la introducción de alumbrado artificial para extender el día y que las gallinas siguieran poniendo, dependió de la situación individual de la campesina: financiera y física. Shlomo Yerushalmi revela que algunas tenían electricidad, otras improvisaron lámparas de gas, otras, lámparas de kerosene y otras... energía de velas. Cada gallinero fue equipado con un tanque de 100 litros para almacenar el agua de abastecimiento de los bebederos. La familia trajo agua para los pollos en la misma forma en que traían el agua para el uso doméstico. Algunas contaban con suministro de agua corriente. Otras usaron contenedores portátiles. Algunas recurrieron a la compra de mangueras de jardín para llegar hasta la bomba de la aldea. El crédito dado a las campesinas fue reciclado, permitiendo también a otras el uso de los primeros fondos para iniciar operaciones avícolas. En la actualidad, 74 familias participan en la cooperativa de Shibani. "Por cada préstamo que se hace accesible, hay tres o cuatro cooperativas dispuestas y esperando para tomar un préstamo", revela. "En Khutsala, al este, un proyecto más antiguo establecido a mediados de la década de los ochenta, hay un campesino que comenzó a pequeña escala y que ahora posee cerca de 10.000 ponedoras: una operación seria según cualquier estándar", dice.
Shlomo Yerushalmi cuenta que él, así como otros enviados a largo término, se hizo cargo de un montón de misiones a corto término. Además de su trabajo en Swazilandia, efectuó breves estancias en otros países -realizando estudios de viabilidad o examinando un problema específico en el cual podría usar su pericia- incluso en Sudáfrica, Malawi, Zimbabwe, Zambia y Mozambique.
"Por doquiera que se vaya, se viaja a través de una zona para responder a una necesidad específica, pero se continúa mirando las cosas con ojos agrícolas. Así es como nos vimos mezclados en la cría de peces y después de abejas, aun cuando se me llamó como experto avícola y no tenía experiencia en peces ni en abejas".
La idea de usar los sobrantes de las aves como alimento para peces, dice Yerushalmi, fue el resultado natural del tipo de pensamiento que tienen muchos expertos israelíes, no sólo él. "Pienso que estamos menos atados a un plan establecido o a la manera correcta de hacer las cosas. O de limitarnos a aquello para lo que fuimos enviados. Somos más espontáneos. Pasamos un montón de tiempo afuera, en el terreno. Los israelíes no tienen miedo de ayudar y blandir una llave inglesa, o simplemente de improvisar un aparato con lo que encuentran. Se debe conocer las teorías, pero también ofrecer soluciones prácticas".
"En cuanto a mí, consideré que mi objetivo era no sólo criar pollos, sino buscar formas en que la gente pudiera aumentar sus ingresos en las condiciones locales". Sin embargo, el éxito del primer proyecto sirvió de catalizador para el segundo.
Para lanzar el primer proyecto comercial de peces a pequeña escala, el Departamento de Agricultura de Swazilandia trajo equipo para cavar una piscina de 600 metros cuadrados en la granja central y centro de servicios del proyecto. Se bombeó agua a la piscina y cada pocos días se la reabasteció de un río cercano. Las dos secciones de la piscina fueron surtidas: una con carpas y la otra, con barbos.
Para provocar el establecimiento de una cadena alimenticia, se agregan cantidades medidas de estiércol de ave al agua. Y los barbos -que comen casi de todo- reciben una dieta de hamburguesas, hecha de materiales de desecho del negocio de los pollos, los cuales normalmente serían descartados y anotados como gastos de amortización. No había razón alguna para no reciclar huevos rotos del centro clasificador, algún alimento concentrado derramado, barrido del suelo en el depósito central de abastecimiento, y algunos pollos muertos de la granja modelo de 2.500 ponedoras. Los pollos eran triturados en una simple moledora de carne que compró Yerushalmi!
El resultado: pescado gratis. Aun cuando quizás no se ha trabajado según los manuales agrícolas, el proyecto ha convertido pescaditos de 5 gramos en pescados de 800 gramos a un kilo, al cabo del año: una empresa verde por donde se la mire, ecológica y económicamente. Asimismo, el estiércol de las aves es empaquetado en sacos de alimento vacíos y vendido con ganancias a cultivadores de hortalizas. Nada se desperdicia.
El proyecto de las abejas surgió también de la misma filosofía de buscar constantemente más rendimiento en dinero, para aumentar los ingresos de los pequeños agricultores: ramas agrícolas que conllevaran una inversión mínima y fueran apropiadas para muchos campesinos. "Una visita de cinco días de Shaike Stern, un experto israelí en apicultura, puso en marcha mi imaginación", recuerda Yerushalmi. "Era una solución que casi no requería inversión y que yo podría ofrecer a cualquier campesino en cualquier parte, sin estar atado al centro de servicio central como con el pescado. Con las abejas, cada campesino podría tener su propia fuente de ingresos extra, que él debería alimentar y proteger, independientemente de los otros".
"Las abejas tienen un potencial tremendo, pero los campesinos tenían una aversión natural a ocuparse de abejas", recuerda. No es sorprendente! El proyecto se basaba en la captura de colonias de abejas silvestres en vuelo, sin importar abejas australianas como se había hecho en todas partes en África. Y las abejas africanas son feroces, no dóciles como las abejas domesticadas.
El proyecto de las abejas fue lanzado en estrecha colaboración con el experto apícola en jefe del Ministerio de Agricultura de Swazilandia, Daniel Nkhambule. Cada participante comenzó con cuatro colmenas, dos colmenas comerciales convencionales adquiridas en Sudáfrica y otras dos construidas por los participantes a un costo mínimo, con materiales a mano, dejados por empresas madereras locales.
Cómo se captura una colonia silvestre de abejas? Con las mayores precauciones...
"El proyecto les proporcionó equipo protector", explica Yerushalmi. Los aspirantes a apicultores colgaron cajas para cazarlas durante el período migratorio, las cebaron con propóleos a fin de atraer a los enjambres de abejas de paso, para que se establecieran y comenzaran a hacer un nido. A la noche, los aspirantes a apicultor movían el contenedor con las abejas a una caja mayor: las paredes exteriores de un colmenar construido según especificaciones comerciales, en la esperanza de que la colonia aceptara el cambio de sitio y no volara en busca de un hospedaje más natural.
Desde que Shlomo Yerushalmi regresó a Israel, Daniel Nkhambule ha tomado a su cargo el proyecto y él mismo ha venido a Israel a participar en el curso de Apicultura para Miel, sus Derivados y Polinización, que se efectuó en el centro de CINADCO, en el Kibutz Shefayim (ver en este número el artículo "Cuán dulce").
Al evocar sus cuatro años en Swazilandia, Shlomo Yerushalmi dice que la experiencia le ha dado una nueva perspectiva: la apreciación de cosas que daba por sentadas, y también lo ha dejado con una enorme sensación de haber realizado algo.
"Usted ve que un proyecto, que usted ha ayudado a lanzar, despega y cobra ímpetu. Fue un proceso muy creativo. Usted ve cómo sus esfuerzos afectan de manera fundamental las vidas de otra gente: no con palabras, sino con hechos. Usted ve cómo los ingresos extra permiten a una familia obtener algo básico que necesitaban. A un padre, enviar un niño a la escuela. A otra persona, traer electricidad a su casa como resultado de traer electricidad a las gallinas. Ésas son cosas significativas, que van más allá de la satisfacción de compartir la pericia agrícola que uno posee".