El autor es un jubilado del Ministerio de Agricultura de Israel, experto en la metodología de la capacitación para la extensión agrícola y en métodos de comunicación. Fue jefe del departamento audiovisual y de comunicación.
La década de los años 50 se caracterizó en Israel por un rápido desarrollo en muchas áreas. Ésos eran los años del establecimiento del Estado. Una gran actividad política se dirigía hacia el exterior. El Ministerio de Agricultura recibía muchos visitantes extranjeros y nuestros conocimientos técnicos se ponían a disposición de otros países en vías de desarrollo.
En ese tiempo, época del asentamiento de miles de inmigrantes de muchos países, los extensionistas e instructores de extensión agrícola estuvieron confrontados con muchos nuevos retos: barreras de idioma, diferentes niveles de educación, inexistencia de pasado agrícola, etc. Los mismos instructores no estaban acostumbrados a transferir conocimientos en tales condiciones. Luego de examinar esos problemas y con la ayuda de expertos en el tema, se consolidó una nueva materia: técnicas de formación.
Personalmente, yo tenía un interés especial en las diversas técnicas de formación: primero, debido a mis estudios en el extranjero sobre ese tema, segundo, dado que la comunicación era uno de los componentes básicos de todas las técnicas y, sobre todo, porque el fomento de las técnicas de formación conllevaban preeminentemente la eficiencia, y ése ha sido siempre uno de mis temas favoritos.
Mi buen amigo Gershon Fradkin y yo, trabajamos en total cooperación. Nos conocíamos desde aquellos estimulantes tiempos de Lachish (una de las primeras y mayores zonas de desarrollo rural regional en la parte central del sur de Israel), y cooperamos también cuando Gershon estableció el Departamento de Formación para Extranjeros (el precursor de CINADCO), en el Ministerio de Agricultura. Gershon estaba dedicado a la idea de las técnicas de formación y demostración. Él desarrolló y aplicó personalmente esas técnicas con gran éxito.
El currículo de las técnicas de formación, que fue experimentado exitosamente durante las sesiones de formación de los instructores, se convirtió en una materia obligatoria de estudio para todo el equipo de formación del Ministerio de Agricultura. De allí, era corta la vía para empezar a ofrecer el tema a estudiantes del extranjero. El tema de las técnicas de formación se convirtió en parte integral de casi todos los cursos y, algún tiempo después, se dedicaron cursos enteros a esta sola materia.
Durante el verano de 1962, uno de estos cursos se efectuó en Ohalo, cerca del Mar de Galilea. Los estudiantes venían de varios países africanos de habla inglesa. Yo era el responsable de impartir la Introducción a la Formación y a las Técnicas de Formación. En aquel tiempo, fue una innovación el que cada estudiante escogiera un tema individual y construyera una presentación alrededor de éste, a ser expuesta ante el resto de los estudiantes. Ese aspecto en particular sigue siendo utilizado hasta hoy.
Recuerdo claramente la presentación de un alumno de Nigeria, que habló con inesperado entusiasmo del cultivo de la lechuga. Al hacer la recapitulación del curso, dijo que se consideraba afortunado de haber podido participar en el curso, y que lamentaba el que sus colegas en su país no hubieran tenido la oportunidad de hacerlo.
A la mañana siguiente, me encontré con Gershon y le conté la historia de la lechuga de Nigeria. Durante la presentación del estudiante me di cuenta de su falta de conocimientos pertinentes para cultivar ese producto en Nigeria, pero elegí deliberadamente no referirme a ese asunto en particular. Ese hecho me hizo pensar que si el curso se hubiera hecho en Nigeria, seguramente se habría encontrado una solución al problema.
Esto condujo a otra idea: traer a los participantes a Israel, alojarlos en instituciones a través del país, proporcionar el personal adecuado, etc., es caro, y sólo se elige a un pequeño número de personas para que participen en los cursos. Me pregunté, por qué no enviar al extranjero un equipo de tres de nuestros expertos? Ellos podrían ofrecer, en cada viaje, dos o tres cursos en-el-lugar a un costo menor, y los temas podrían estar mejor adaptados para adecuarse a las condiciones y necesidades locales. Los participantes serían de un solo país, o de una zona específica, y el trabajo con un grupo homogéneo sería más efectivo.
Junto con Gershon, fijé una reunión con el director de MASHAV en ese momento, Aharon Remez. Le presenté mi plan y él lo aceptó allí mismo! Se convino en que yo partiera en una corta misión de reconocimiento a Uganda, Kenia y Tanganyika, para examinar los aspectos prácticos del plan.
Tenía la sensación de que MASHAV se interesaba muy seriamente en esta misión, de la que se esperaba que abriese otra oportunidad para cooperar efectivamente con tres países del Este de África.
Israel tenía embajadas en muchos países africanos, pero la cooperación en asuntos agrícolas era casi inexistente. A pedido de Aharon Remez, nuestra gente en Kampala arregló la primera y exitosa reunión con el Ministro de Agricultura de Uganda.
Volví a Israel con un plan detallado de ofrecer tres cursos, el uno después del otro, en Uganda; con posibilidades similares en los otros dos países. Pocos meses después, partí de Israel como jefe de la delegación, junto con Gershon Tavor y Shalom Sharar, para ofrecer el primero de los cursos israelíes en-el-lugar. Después del primer curso, que se efectuó cerca de Kampala, un periodista de Uganda escribió en su diario: "Nunca antes una instrucción así". Ésa fue la contribución de la lechuga de Nigeria, la primera inspiración de la idea.