Israel ha estado enviando oftalmólogos al África desde 1959. Durante 40 años, equipos de médicos israelíes han aceptado entusiásticamente el reto de tratar y prevenir la ceguera y enfermedades.
Es el 11 de julio de 1999, un caluroso día soleado en Nouakchott,
capital de Mauritania, país en el noroeste de África. En el suelo arenoso, quinientas personas están sentadas pacientemente fuera del único hospital del país. Se ha esparcido el rumor
de que dos médicos han venido a operar y a curar a la gente de la
ceguera.
Lo que han oído es cierto. Dos doctoras israelíes: Irit
Rosenblatt y Anat Robinson, oftalmólogas de experiencia y cirujanas de ojos en el Centro Médico Rabin (anteriormente Hospitales Beilinson y Hasharon), acaban de llegar al país. Han sido enviadas
en una misión de corto plazo, de diecisiete días, por
MASHAV, el Centro de Cooperación Internacional del Ministerio de
Relaciones Exteriores de Israel. Va a ser una experiencia conmovedora y
memorable para ellas y para la gente de Mauritania: una misión
humanitaria y de misericordia, que también tendrá
significación desde un punto de vista político.
Qué motivó a estas doctoras, ambas con cargadas agendas de trabajo en Israel, a emprender esta misión? La Dra. Rosenblatt, en cuyo trabajo se incluyen cuatro a cinco operaciones semanales,
también enseña en la Escuela de Medicina de la Universidad
de Tel Aviv; en tanto que la Dra. Robinson, además de su trabajo en el Centro Médico Rabin, sirve actualmente de Médico Jefe en el Cuerpo Médico del ejército. Ambas consideran la
oftalmología como una rama muy interesante e importante de la
medicina.
Trabajamos en un amplio campo de la medicina, dice la Dra. Rosenblatt,
ya que, a través del ojo, podemos evaluar el curso de muchas
enfermedades. Incluso el cáncer de mama, por ejemplo, puede
frecuentemente ser detectado a través de las metástasis
del ojo. Igualmente, el primer signo de SIDA se ve a menudo en el ojo.
Sobre todo, hay algo muy especial en ser capaz de salvar y dar la vista
aún más en un país como Mauritania, en donde hay
innecesariamente tantos ciegos, debido a la falta de tratamiento de las
cataratas.
En el mundo occidental, explican las doctoras, la cirugía de
cataratas es un procedimiento quirúrgico simple, que consiste en la extirpación de la catarata, la cual hace que el lente o
cápsula del ojo se ponga opaco, lo que conduce a una lenta y
progresiva pérdida de la visión. Después de extirpar la catarata, se coloca un lente artificial que hace posible la
visión. En Israel, como asimismo en otros lugares del mundo
occidental, las cataratas son extirpadas, antes de que la enfermedad
empeore y el paciente enceguezca. En Mauritania, por el contrario, un
país con poco personal e instalaciones médicas, los
pacientes se vuelven ciegos, tal como ocurre en otros países en
vías de desarrollo, desaventajados similarmente por recursos
médicos inadecuados.
Por experiencia pasada, sabemos que la ceguera causada por las cataratas
es un importante problema de salud en muchas partes de África. El
resultado: allí mucha gente cree que la existencia de cataratas
conduce inevitable e inexorablemente a la ceguera, lo cual simplemente no es cierto; como lo demostramos durante nuestra estadía.. Aun cuando
las cataratas son una enfermedad que potencialmente puede llevar a la
ceguera, es una enfermedad curable, y la cura es la cirugía.
Sin tener acceso a esta cirugía, muchos mauritanos van a curanderos nativos, descubrimos, observa la Dra. Robinson, que tratan las cataratas a
su manera tradicional. Realizan una operación en la cual empujan el lente opaco, que es la catarata, de vuelta en el ojo y lo dejan caer en el
globo ocular. Eso deja pasar la luz, pero nada más. No permite a la gente realmente ver.
Las dos doctoras estuvieron en Mauritania el pasado verano, del 10 al 27
de julio. Sin embargo, nuestra misión, destaca la Dra. Rosenblatt, no era la primera enviada a África, que incluía personal
médico del Departamento de Oftalmología del Centro
Médico Rabin. Nuestro Departamento ha estado desde hace tiempo muy implicado en ayudar a erradicar la ceguera en África.
Aun cuando nuestros objetivos sean básicamente los mismos que los
de las delegaciones anteriores, nuestra propia misión tenía tres peculiaridades. Primero, era la primera vez que se enviaba una
misión médica a Mauritania. Segundo, era la primera vez que
se enviaba una misión a un país musulmán. Tercero,
era la primera misión que contaba con un equipo de doctoras como el equipo elegido. En misiones anteriores, todos los médicos
habían sido varones.
Luego de su regreso a Israel, se establecieron lazos diplomáticos
formales entre Israel y Mauritania. Durante su estadía, sin
embargo, Israel tenía sólo un representante allí,
Freddy Eytan, quien, después de que se formalizaron los
vínculos diplomáticos, se convirtió en el primer
embajador de Israel en Mauritania. Las doctoras afirman que élfue
el espíritu impulsor del proyecto. También lo alaban por sus
esfuerzos y trabajo duro para sobreponerse a los diversos problemas
encontrados.
El éxito de los esfuerzos de Eytan, afirman, puede ser apreciado
por el hecho de que vinimos. Al hacerlo, ellas sienten que ayudaron a
desempeñar un papel en el cambio de la percepción negativa
de Israel que tienen muchos. Se dan cuenta de que su misión nofue lo que ocasionó el establecimiento de los lazos diplomáticos, pero ellas están convencidas de que fue una etapa en la forja y afianzamiento de esos lazos.
Sin embargo, las doctoras admiten que fue toda una sorpresa ver a la gente que las esperaba en su primer día, y no menos de 500 personas. Al
verlas, decidimos que no podríamos rechazar a ninguna. Así,
en un día, examinamos a todas las ,500 y decidimos quien
requería una operación y quien tenía una enfermedad
que podría ser aliviada con los medicamentos y drogas que
habíamos traído con nosotras.
Casi de la noche a la mañana, cambiaron dramáticamente el
ambiente y las actitudes. La razón: dentro y fuera del hospital, la gente comenzó a darse cuenta del admirable trabajo que las doctoras
estaban haciendo. La gente comenzó a confiar en nosotras, supone
la Dra. Rosenblatt, quizá se sentían más
cómodos y relajados con nosotras debido a que éramos
mujeres. Cualquiera que sea la razón, es indudable que logramos
crear una atmósfera de confianza y respeto.
Las operaciones se llevaron a cabo sin interrupción, de la
mañana a la noche, en una sala de operaciones que las dos doctoras tuvieron que establecer y equipar ellas mismas con utillaje traído
por ellas de Israel. Todo lo que recibimos fue una habitación
vacía y un microscopio. Al partir del país, donaron la mayor parte del equipo al hospital. El trabajo comenzaba diariamente a las ocho
de la mañana, y dedicaban la primera hora a ver pacientes operados el día anterior.
En ese momento se sacaban las vendas y se daban drogas y
antibióticos. Casos complicados, como los de glaucoma u otras
enfermedades, eran vistos nuevamente en la semana siguiente a la
operación. Cuando se les daban gotas a los pacientes,
también se les daba una completa explicación sobre la
importancia de usarlas continuamente. Éste es un pueblo, explica
la Dra. Robinson, que no comprende el concepto de enfermedad
crónica. Teníamos que ayudar a educarlos en la necesidad de
una medicación constante. En los casos de glaucoma, por ejemplo,
deben ponerse gotas en los ojos todos los días.
Las doctoras ejecutaron ellas mismas cada paso de las operaciones, incluso poner anestesia local. Al mismo tiempo, había mucha gente alrededor
de ellas que las ayudaba: recepcionistas y enfermeras que hacían
entrar los pacientes, manejaban las listas y ayudaban con la
esterilización. Esas enfermeras no estaban capacitadas
profesionalmente, eran más bien enfermeras prácticas, pero
estaban ansiosas y deseosas de aprender. Les mostramos, por ejemplo,
cómo esterilizar el equipo.
En efecto, la misión sirvió simultáneamente para
tratar pacientes y como experiencia de enseñanza, a comenzar con
las enfermeras y prosiguiendo con los médicos, quienes se sentaron y observaron cada operación, preguntando y siguiendo cada paso de
los procedimientos con gran interés. Cuando operábamos, dice
la Dra. Rosenblatt, explicábamos en detalle exactamente lo que
estábamos haciendo. Además, de noche dábamos
conferencias, acompañadas por las diapositivas que habíamos traído con nosotras.
El rumor de los milagros, que se estaban haciendo, se esparció
rápidamente. En la calle y el mercado, recuerda la Dra. Rosenblatt, la gente hablaba de nosotras y no sólo los pacientes que
habíamos tratado. Si, por ejemplo, en una pequeña aldea un
ciego venía a nosotras y al día siguiente volvía a su casa y podía ver, esa noticia corría como la pólvora,
más allá de las paredes de su hogar.
Al evaluar el significado y contribución de su misión, tanto la Dra. Rosenblatt como la Dra. Robinson creen que ésta
decididamente hizo impacto en dos frentes: el humanitario y el
político. A nivel humanitario, ellas trajeron la vista a aquellos que, sin la operación de cataratas efectuada por ellas, estaban condenados a una vida de ceguera. En Israel, observa la Dra. Rosenblatt,
uno sabe que está previniendo la ceguera, pero es raro tener
pacientes que estén totalmente ciegos y tener la oportunidad de
darles el regalo de la vista. Esto es realmente llevar nuestra
profesión a su más alto límite. Es la mayor
satisfacción.
Las consecuencias políticas que emanaron de su visita fueron
igualmente satisfactorias. Mediante su presencia y trabajo, las doctoras
no sólo cambiaron vidas, sino también actitudes y
percepciones.
Todos los que trabajan en el campo de la cooperación y el
desarrollo internacional están impulsados por el conocimiento de
que pueden hacer diferencias significativas en la vida de la gente a la
que asisten. Estos expertos son individuos motivados y dedicados, cuyas
destrezas y habilidades, combinadas con su energía y entusiasmo,
los convierten en embajadores extraoficiales de buena voluntad. Así como ocurre con muchos que van al extranjero en diversas misiones,
así fue con las Dras. Rosenblatt y Robinson.
Ambas mujeres están deseosas de regresar a Mauritania, deseosas decontinuar el trabajo que comenzaron. Están nuevamente dispuestas a
quitar tiempo a su trabajo y familias, pues sería una
lástima, dicen, que nuestro trabajo terminara con una misión de 17 días. Sin duda, ellas u otros oftalmólogos
serían recibidos ansiosamente, en especial por el ciudadano
común, consciente ahora de que la ceguera puede ser curada.
Para agosto, otro equipo de médicos israelíes, los Dres.
Yaron Lang y Shimon Rumelt, había llegado y realizado casi cien
operaciones, continuando el trabajo del primer equipo.
Durante varios años, Israel ha estado trabajando callada y
constantemente en pro del restablecimiento de relaciones
diplomáticas con Mauritania. Gabriel Azoulay, Embajador en retiro y Representante Residente de Israel ante Nouakchott por dos años,
hizo el trabajo inicial de base, enviando incluso algunos participantes a
varios cursos internacionales en Israel. Actualmente existe una
pequeña, pero creciente Asociación Shalom! Y este
año marca el fortalecimiento de los lazos de persona a persona,
tales como la misión de las Dras. Robinson y Rosenblatt.
Recientes campamentos oftalmológicos:
En cada campamento hay dos médicos que pasan de unos diez
días a dos semanas examinando a cientos, dando tratamientos,
haciendo unas 130-150 operaciones y capacitando al personal local del
hospital.
Mensa, Zambia: Dres. Dov Weinberger y Yiftach Yasur
Luanda, Angola: Dres. Yosef Pikel y Naftali Mordechai
Manali, India: Dres. Barak Atzmon y Yair Alster
Dar-Es-Salaam, Tanzania: Dres. Naftali Mordechai y Ron Kenet
Lilongwe, Malawi: Dres. Yeshayahu Kaplan y Yehezkel Levy
Kigali, Ruanda: Dres. Yitzhak Hemo y Ehud Zamir
Ouagadougou, Burkina Faso: Dres. Michael Gilboa y Tamar Talmon
La Paz, Bolivia: Dres. Moshe Melamed y Yitzhak Avni