El proyecto
"El proyecto de descontaminación humana o liderazgo con responsabilidad comunitaria, como lo definimos en Israel, tiene su origen en un curso de MASHAV en el cual participó la Dra. Gladys Estela Pérez, de Bello, la ciudad con el más alto índice de violencia civil en el mundo entero", dice Sergio Gryn, Director del Departamento Latinoamericano del Instituto a cargo del Proyecto.
"Para nosotros, un curso en sí es solamente la fase preparatoria para la realización de proyectos en el país de origen". Gryn explica: "Estamos tratando una problemática universal de máxima prioridad: la marginalidad juvenil. La promesa de reinserción social de dicha juventud en el sistema educacional y en la sociedad en general, ha generado una demanda gigante para los cursos del Instituto. Se anotan más de 200 personas para 30 vacantes. El segundo grupo de Bello estuvo en Israel en abril-mayo de este año. El impacto es muy grande. Ya se nos han acercado otras ciudades colombianas como Cartagena y Bucaramanga, y países como Argentina, Chile, la República Dominicana, El Salvador y España, y varios proyectos han ingresado a la fase de financiamiento por organismos internacionales.
"Nuestro Director General, el Dr. Ofer Bronshtein, de conocida actuación en procesos de pacificación, abrazó el proyecto desde su inicio y continúa otorgándole la máxima prioridad. Nuestro asesor académico es el Dr. Eran Landau, un profesional de mucha calle, originario del Uruguay, Director del Departamento de Promoción Juvenil de la ciudad de Kfar Saba, quien además posee una vasta experiencia en cárceles e internados juveniles de Israel".
Las etapas
La primera etapa del proyecto es la formación del grupo, que se realiza en su totalidad en el país de origen. La condición para participar es ser líder que arrastra a otros jóvenes. El concepto es crear un grupo pluralista de líderes, tanto "positivos" como "negativos", es decir, 15 provenientes de entornos positivos y 15 de entornos negativos. Uno de los participantes llegó a Israel directamente de una cárcel colombiana. Antes de partir, todos suscriben una especie de contrato por el cual se comprometen a trabajar por sus comunidades tras su retorno a Colombia.
La segunda fase tiene lugar en Israel, y comprende no sólo clases y trabajos académicos, sino también la experiencia de vivir en grupo en intenso diálogo, en un país lejano y con una cultura diferente de la propia, en una sociedad pluralista, tolerante, productiva, imbuida de trascendente significado histórico, religioso y espiritual.
La tercera fase es la proyección comunitaria, en la cual los participantes asumen sus funciones de voluntarios de la paz, de agentes de cambio, de líderes que redefinen las perspectivas y los objetivos de los grupos que conducen. En el caso de Bello, el primer grupo continúa funcionando como tal, y ha creado una organización de voluntarios de paz, con su programa y su símbolo -el girasol- y con medios de comunicación propios. El grupo ha desencadenado un proceso de cambio a nivel municipal.
El secreto
Preguntamos al Dr. Eran Landau cuál es el secreto. El secreto, dice, es que no hay secreto. "Shalom" implementa las lecciones duramente aprendidas con las pandillas de jóvenes marginados de las calles de Israel. "Aprendimos que era mejor integrar líderes positivos con negativos en un mismo marco, y ello se ha convertido en una práctica israelí común. Contrariamente a la idea prevaleciente de que una manzana podrida echa a perder el cajón entero, en Israel creemos que lo contrario es posible. La falta de contacto del joven marginado con jóvenes de otros ambientes constituye una limitación, un problema, porque este aislamiento social le impide asumir su conducta criminal como una fase pasajera de la vida y aspirar a papeles positivos en la sociedad. En Israel había un muy serio problema de integración entre los diferentes sectores" dice el Dr. Eran. "Los jóvenes de los barrios marginados no tenían oportunidad de conocer jóvenes positivos, ni se imaginaban la posibilidad de algo diferente. Juntamos líderes positivos, como deportistas destacados, estudiantes sobresalientes, líderes de movimientos comunitarios, con líderes de pandillas de barrio, que manejan grupos de jóvenes de la calle. Comprobamos que el encuentro produce resultados positivos".
Sergio Gryn: "También esto es alta tecnología israelí. No de computadoras sino de personas, tecnología social. Es un trabajo práctico, de barrio, de calle".
Relata la Dra. Gladys Estela Pérez, de cuyo trabajo final nació el Proyecto Shalom: "Todos me dijeron que la idea era una locura. Que no se puede dejar que estos muchachos de alto riesgo se junten y salgan fuera del país. Que quién sabe las cosas ilícitas que podrían hacer allí. Y qué son 20 días para rehabilitarlos? Y por qué tan lejos? Si quieres descontaminarlos, me dijeron, llévalos a bañarse en el Mar de Cartagena. Pero Israel es otra cosa. Bañarse en el Mar Muerto es diferente, allí es imposible hundirse". (Debido al muy elevado contenido de sales, todos flotan en el Mar Muerto.)
Estos chicos no conocen su ciudad, nunca salieron de sus cuatro cuadras. Traerlos a Israel es mostrarles la existencia de un mundo diferente. Paradójicamente, recién aquí son capaces de mantener un diálogo con el otro que vive a una cuadra de su casa. Nacho y Freddy son líderes de bandas rivales en Bello. Freddy lleva en su cuerpo una bala disparada por Nacho. Cuentan que la visita al Santo Sepulcro, en Jerusalén, les hizo algo. Les pasó frío por el cuerpo, una conmoción, un arrobamiento, como si hubieran nacido de nuevo. Decidieron hacer las paces entre ellos. Una paz pequeña, personal, vacilante aún, algo tentativa. "Soy un hombre de pocas palabras", dice Nacho en la clausura del curso. "Me honra ser amigo de Freddy. Me siento honrado por su amistad hacia mí". La paz grande, el "Shalom", está hecho de cientos de estas pequeñas paces.
Según el Dr. Eran Landau, la problemática de la marginalidad juvenil es igual en todos lados. "No estoy tratando de suavizar los contrastes, que son inmensos", se apresura a aclarar. "Pero realmente no hay diferencias entre los seres humanos". En Israel, los jóvenes marginados no tienen problemas de techo y comida, y consiguen empleo con cierta facilidad. En cambio, el problema del marginado colombiano es cómo conseguir la comida del día, el "mercado" como dicen allá, para no hablar de que sus posibilidades de conseguir empleo son ínfimas.
Y está el narcotráfico, que dejó a miles de chicos colombianos armados hasta los dientes y acostumbrados a manejar grandes sumas de dinero fácil. Y la presencia de la guerrilla y el paramilitarismo. Pero también hay diferencias no materiales. Para los jóvenes israelíes, la adolescencia se acaba a los 18 años, cuando entran a tres años de servicio militar. En Colombia, la fase de la adolescencia prosigue a veces hasta los 30 años. Falta un corte definitivo que señale el ingreso a la etapa de madurez y de responsabilidad.
Nos alejamos del Instituto Internacional con el sentimiento de que algo importante está teniendo lugar aquí. Arriban líderes de pandillas de la calle y egresan voluntarios de la paz con el símbolo del girasol. Jóvenes que manifiestan sentirse cambiados, diferentes, como que les cambiaron la epidermis. Sí, algo está pasando aquí.
Hablan los participantes:
"Antes del curso, yo era una persona con muchos problemas, muy conflictivo, no me importaba la vida de los demás. Era vicioso y sólo había participado en grupos violentos. Tal vez por eso me impactó el Museo del Recuerdo del Holocausto. Es aterradora la cantidad de gente asesinada en la II Guerra Mundial. Allí aprendí a valorar mi vida y la de los demás", murmura Alejandro Murillo.
"Fue una experiencia hermosa y productiva. Yo era un joven grosero que no le tenía amor a la vida. En Israel aprendí cómo se convivía y que me necesitaban. Mi vida cambió totalmente, dice Hugo Darío Raigosa.
"Los del grupo Shalom no somos los que salvaremos a nuestro municipio. Pero sí somos una fuerza especial de paz para convertirlo en un lugar mejor para vivir", agrega Bernardo Ruíz.