La exuberancia de la música del Coro Sheba y la calidez que transmiten los niños ha conquistado corazones en todo el mundo.
por Sara Heshenson
El músico y compositor Shlomo Gronich recuerda que uno de sus sueños de infancia era pertenecer a un equipo de UNESCO. "Quería encontrar nuevas tribus y comunicarme con ellas a través de la música", explica. "Dado que sigo queriendo borrar los límites - entre la cultura oriental y la occidental, entre personas religiosas y seculares, entre naciones blancas y negras, incluso entre música clásica y moderna - el establecimiento del Coro Sheba fue realmente mi manera de crear un diálogo".
El primer encuentro de Gronich con los niños etíopes que posteriormente se convertirían en el Coro Sheba ocurrió por casualidad. Un día a fines de los años 80 un productor de la Televisión Israelí lo llamó y le dijo. "Estamos haciendo un día entero de programas sobre los judíos de Etiopía que ahora viven en Israel. Quieres participar y hacer conjuntamente algo de música?" El productor le dijo que había 40 niños etíopes en el estudio y lo invitó a encontrarse con ellos.
"Inmediatamente salté dentro de mi auto y partí hacia el estudio", relata Gronich, cuyas composiciones incluyen temas para películas, música para teatro y para ballet, temas serios, populares y rock. "Los niños eran muy vergonzosos y se rieron tímidamente al verme. Bajaron la vista y se quedaron callados. Yo quería comunicarme con elllos, pero me di cuenta que tal comunicación debía hacerse de otra manera. Así, bajé la vista igual que ellos y les hablé tal como ellos me hablaban a mí. Les pedí que me cantaran algo, pero antes, para que se sintieran más cómodos, yo les canté. Después, con mucho cuidado, los escuché uno por uno, elegí seis niños." Esos seis niños fueron el núcleo del Coro Sheba.
Gronich contrató un minibús para recoger a los niños todos los días de la escuela y llevarlos a su casa para ensayar el repertorio. Las primeras canciones del coro fueron "La canción de la cigüeña" y "El viaje" compuestas por Gronich con letra del poeta israelí Haim Idissis. Hoy, diez años después, siguen siendo los temas más populares del coro, pero antes de componerlos, Gronich sabía poco acerca de la cultura y la vida de los niños, de modo que les dio grabadoras y les pidió traer de su hogar ejemplos de música etíope.
"Cuando entré en este mar de música etíope", explica Gronich, "la encontré diferente a cualquier otra cosa que conocía. No se parece a la música africana, pero se basa en una escala de cinco notas, "pentatónica". Por lo general se la canta al unísono en voces muy altas y las palabras se articulan rápidamente al son de un tambor - un tipo de música que no es fácil para el oído occidental. Me sumergí en ella y una vez que comprendí su esencia, empecé a escribirla.
"La canción de la cigüeña" cuenta la historia de las grandes bandadas de cigüeñas que migran todos los años desde Europa, pasando por Jerusalem, camino hacia climas más cálidos. La tradición cuenta que cuando las cigüeñas volaban sobre Etiopía, los niños judíos les cantaban una canción: "Oh cigüeña, oh cigüeña, cómo está nuestra ciudad, Jerusalem?" Estas palabras, en el amárico original - el idioma que se habla en Etiopía - son parte de la canción de Gronich.
La segunda canción que compuso, "El viaje", no tiene relación con la música etíope tradicional, dice Gronich, pero se ha convertido en la canción más popular de su repertorio e incluso ha sido adoptada como el himno extraoficial de la comunidad etíope en Israel. Su emotiva letra cuenta la historia de su éxodo de Etiopía, su travesía por el desierto de Sudán y las dificultades y temores que afrontaron durante su travesía a Israel. .
En sus actuaciones en Israel y el exterior, el coro ha acumulado muchos premios y excelentes críticas. No obstante, dice la directora del coro Dalya Meidán, "siempre tenemos en mente que estos chicos son apenas adolescentes, que van al colegio y que tienen otras responsabilidades y compromisos. Por esa razón nuestras giras se limitan a las vacaciones o a períodos breves en los que el trabajo escolar se puede poner al día con facilidad".
Los miembros del coro ven la participación como un estímulo a su autoconfianza y como una forma de contribuir a la comunidad etíope en Israel. Sara Malasa, 14, viene de una familia de 9 hijos, y canta con el coro desde hace tres años. Le gustan las actividades extracurriculares del coro. "En cada lugar donde actuamos, ya sea en Israel o en el exterior, Dalya y Shlomo planifican una actividad "extra" de entretenimiento, como ser una visita a un museo o un asado en la playa". La mejor de estas actividades, hasta la fecha, fue durante la última gira, cuando el coro visitó el Salón de Fama del Rock and Roll en Cleveland. "Había tanta música popular para escuchar," cuenta Sara, "y tantos trajes hermosos. Fue increíble!".
Itzjak Ambarabar, 14 es el meor de siete varones en una familia de nueve hermanos, y ya lleva seis años en el coro. Al resumir sucintamente sus actividades con Sheba, cuenta: "Sin el coro, no tendría nada especial en mi vida. Creo que hablo en nombre de todos si digo que el coro nos proporciona gran diversión. Más importante incluso es que Shlomo, que creó este maravilloso coro, compone música hermosa que nos representa a nosotros y a nuestra comunidad ante el mundo".