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Refuerzo especial

1 sep 2000
 ISRAEL REVISTA EN LA RED: Septiembre del 2000
 
     
Refuerzo especial
 
 

 

 

 

 

 

Cortesía:Brian Hendler
 

Adolescentes inválidos que se voluntarizan en una base militar descubren que se están ayudando a sí mismos al igual que al ejército.

por Margot Dudkevitch

El portón de la base militar Sadnat Azur en Holón, al sur de Tel Aviv, se abre para dejar pasar a dos minibuses que transportan a 18 jóvenes. El comandante de la base, mayor Yeshayahu Buhbut, les da la bienvenida. Minutos más tarde el grupo se divide en dos: una mitad va a trabajar en la cocina y la otra a ayudar en la bodega.

Para este grupo de adolescentes y jóvenes adultos vestir una camisa de la FDI y trabajar en la base por algunas horas a la semana es un sueño hecho realidad. Alumnos de la escuela Hartsfield para Inválidos, en Holón, sufren de una serie de incapacidades que van desde la distrofia muscular, parálisis cerebral a lesiones motoras, debido a serias heridas en la cabeza, sufridas en accidentes de tránsito. Algunos pueden caminar, y otros, están confinados a sillas de ruedas.

Hace tres años atrás, Or Schreiber, una profesora de la escuela, recibió el pedido de organizar un programa que permitiera a los niños y jóvenes adultos efectuar un trabajo voluntario durante algunas horas por semana en el marco de lo que se conoce como un "proyecto de compromiso". Schreiber se dirigió a los Bomberos, Maguen David Adom (Servicios Médicos de Emergencia), hogares de ancianos y otras organizaciones en busca de un marco apropiado para sus pupilos. "Todos los lugares me cerraron la puerta en la cara y me dijeron que les escribiera una carta. Entonces me acordé de la base militar, que queda cerca de la escuela, y así, una mañana fui hasta allí y pedí hablar con el comandante. Le expliqué acerca del programa que quería llevar a cabo y recibí de inmediato una respuesta afirmativa", dice.

Desde entonces, todos los martes los pupilos llegan a la base acompañados por Schreiber y sus dos asistentes, Dorit Angel y Rajel Shoukrun. Luba, 19, fue una de las primeras en participar en el programa. "Este es mi sueño hecho realidad. De no ser por Or, yo no vestiría uniforme militar ni estaría sirviendo aquí," dice mientras dispone las mesas en el comedor. Ella recuerda cómo su hermano se reía de ella por trabajar sin que le pagaran. "Simplemente le dije que yo trabajo para dar. Me gusta trabajar en la cocina; donde me digan que puedo trabajar me hace feliz".

Hay gran actividad en el comedor y el grupo de adolescentes conversa animadamente. Schreiber va de uno a otro, ayudando si es necesario. Yossi, de 18 años, ayuda a los soldados a vaciar latas, lavar utensilios e incluso a cocinar. "Le encanta su trabajo aquí", dice Schreiber. El proyecto eleva la moral de los alumnos, los motiva y les enseña a trabajar juntos en equipo, explica. "Al principio, las familias no me creyeron cuando les dije que sus hijos trabajarían en el ejército. Pero el trabajo les ha ayudado a superar sus incapacidades; se ven a sí mismos como emisarios."

Amós Asher, jefe de la cocina de la base en los últimos ocho años está profundamente encariñado con los muchachos. "Yo los llamo mis soldados. Son felices y les gusta el trabajo". Y agrega: "Al principio sentía mucha lástima por ellos, pero muy rápidamente me fijé que eran más capaces que algunos de los soldados de la base. Puede ser que ésa sea la razón por la que algunos de los soldados tuvieron dificultades al comienzo para aceptarlos. Sin embargo, desde que empecé a tratar con mis pupilos soy más tolerante cuando me encuentro con personas incapacitadas. Ya no los juzgo por su invalidez, sino los veo como iguales."

Para Asher y Buhbut, la relación con los pupilos no se limita a la base. Asisten a funciones en la escuela e invitan a los muchachos a participar en ceremonias de recuerdo y eventos de plantación de árboles en la base. En la bodega, el segundo grupo está sentado alrededor de mesas separando los pernos de los tornillos y colocándolos en bolsas de plástico. Meir, el oficial a cargo de la bodega explica que el trabajo de los muchachos ahorra a las FDI mano de obra. "Ellos nos ayudan y al hacerlo ayudan a la sociedad", dice y agrega, "los soldados al principio tenían dudas, pero con el tiempo vieron que hacen un trabajo muy bueno y la atmósfera general se hizo positiva. Si ellos no estuvieran aquí tendría que ordenar a los soldados llevar a cabo las tareas que estos muchachos efectuan con tanto gusto."

La cabo Pnina Carmeli observa a los jóvenes trabajando afanosamente en la mesa. Carmeli no es ajena al grupo; ella fue alumna de la escuela desde primer grado. Participó en el mismo proyecto y trabajó en la base en la que sirve ahora como secretaria del comandante de la compañía. Desde el nacimiento ha sufrido de una parálisis parcial, pero el único signo físico que se nota es una leve curvatura del brazo derecho. Carmeli, que fue reclutada en septiembre pasado, tuvo que char 20 meses para ser enrolada. "Terminé la escuela y me dijeron que estaba exenta del servicio militar. Lloré y lloré, y escribí cartas rogando ser enrolada. Los profesores de la escuela y los oficiales aquí en la base también escribieron en mi nombre," recuerda.

Todos los martes, además de sus deberes regulares, supervisa al grupo, se asegura que todos reciban uniformes militares y, si es necesario, llama a soldados para que ayuden a aquellos que necesitan asistencia para moverse de un lugar a otro. Carmeli dice que desde su enrolamiento el ejército la ha transformado en una persona independiente y segura en sí misma. Otros alumnos de la escuela la ven como un modelo y se preguntan cómo podrían también ellos enrolarse en el ejército. La batalla, dice, no fue fácil. "Yo logré mantenerme firme, pero sin el apoyo de mi familia, los oficiales y la escuela, habría sido mucho más difícil." Al mediodía, los grupos se reunen en el comedor donde se sirve el almuerzo. Comen junto con los soldados regulares de la base. Luba prefiere seguir trabajando. "La gente tiene que aprender a dar y no solamente esperar recibir. No se trata de trabajar por un salario, sino de trabajar por satisfacción."

 
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