De los 70 delegados de 30 países que asistieron a principios de noviembre último a la conferencia del IPALAC "Combatir la desertificación con plantas", 18 participaron a fines del mismo mes en un curso de tres semanas "Árboles para tierras áridas", patrocinado por MASHAV, UNESCO, y la División África del Ministerio de RR.EE. de Finlandia. Esos 18 participantes procedían de 15 países africanos, y en su mayoría eran dasónomos o directores de ONGs.
La lógica de plantar árboles en zonas semiáridas y áridas está en que los árboles son menos sensibles que los cultivos anuales a la vicisitudes climáticas, porque éstos últimos necesitan lluvia durante todo su ciclo vegetativo y no así los árboles. Se estima que la introducción de especies arbóreas de propósito múltiple en sistemas agroforestales podrá contribuir de modo significativo al desarrollo sotenible, en especial en África.
El primer componente del curso consistió en ver una amplia variedad de especies potencialmente adecuadas a este fin. Ocho días de giras de campo, desde el Mar de Galilea en el norte hasta el Mar Rojo en el sur, dieron a los participantes la oportunidad de conocer el mayor número posible de plantaciones-algunas ya en producción comercial- de especies forestales que han demostrado ser útiles en las zonas áridas y semiáridas de Israel.
Las diferentes especies de árboles que los participantes observaron en sus giras de estudio tienen diferentes posibilidades de aprovechamiento, no sólo para producción de fruta sino para fines tales como producción de madera y leña y también como barreras rompevientos o árboles de sombra. Entre las especies frutales que vieron en Israel estaban palmas datileras, olivos, cítricos (naranjas, limones, etc.), papayos, mangos, aguacates, guayabos y vid. Otras, como el granado, son consideradas exóticas en África. Hay también especies, como el ber, que son nativas de ciertas regiones africanas, pero se desconocen en otras regiones áridas. Por último, hay especies que se conocen en África pero que en Israel existen en variedades muy apropiadas para zonas áridas y semiáridas.
La segunda parte del curso fue el brainstorming, las sesiones de intercambio de ideas. Los participantes compartieron sus impresiones, conocimientos y experiencias, en discusiones abiertas y dinámicas. Cada uno describió la situación de su país, la comparó con lo visto en Israel y trató de analizar si esto sería aplicable en su país.
"En las mesas redondas, se trató de definir los problemas de África, lo común a todos y la orientación que debía darse a la investigación y al desarrollo" aclara el Dr. Sam Mendlinger, investigador principal en fitogenética y plasma germinal en el Instituto de Agricultura y Biología Aplicada de la Universidad Ben-Gurión, que fue uno de los codirectores del curso. El otro fue el Profesor Dov Pasternak, experto en fisiología vegetal y riego. En esencia, dicen, el curso dio a los participantes una base para iniciar luego su propio derrotero.
Sam Mendlinger recalca que el "tener tiempo para pensar" es no menos importante que el intercambio de ideas o el encuentro entre personas de diferentes procedencias geográficas dentro del continente. "Permite a uno alejarse de las tensiones y exigencias de la vida cotidiana y de los problemas personales, y durante tres semanas dedicarse sólo a pensar y a discutir con otros que tienen problemas similares. En este sentido, el curso forestal fue casi una "sesión de retiro", aclara.
Entre los resultados de estas discusiones estuvo la elaboración de una lista de 27 factores que se deben tomar en consideración al introducir un nuevo cultivo: no sólo infraestructura, educación, gestión del riesgo, comercialización y demás, sino también cuestiones de género (por ejemplo, en Africa, tradicionalmente son las mujeres y no los varones quienes cultivan las hortalizas) y otros factores de índole cultural (como la importancia de la introducción de platos conformes al gusto local, basados en los nuevos productos, para crear así un mercado). "Éste es el primer paso en el desarrollo de un modelo integral para introducir con éxito nuevos tipos de plantaciones", explica Mendlinger.
La última parte del curso estuvo dedicada a un curso intensivo orientado a ayudar a los participantes en aspectos más tangibles de los temas considerados. Cada uno regresó a su país con material de propagación -semillas y plántulas- para la próxima etapa del programa a largo plazo de IPALAC. Por ello, en los últimos días del curso los participantes recibieron explicaciones teóricas y efectuaron prácticas en campos tales como de colecta de semillas y poder germinativo; tratamiento de semillas, tanto las de fácil germinación como las problemáticas, que exigen técnicas de siembra especiales; propagación vegetativa; condiciones de arraigo; y técnicas de injerto. Las 15 a 20 especies de material de propagación que cada participante llevó consigo -embaladas y transportadas a expensas de IPALAC (gracias a una donación de la Fundación Familia Brach)- serán ensayadas no sólo en estaciones de investigación sino también, desde un principio, en fincas de agricultores.
Sam Mendlinger subraya que el curso es sólo la primera etapa de un proyecto más amplio y ambicioso. Las semillas y plántulas que se llevan los graduados les permitirán empezar a experimentar en cuanto regresen a sus países, a fin de evaluar qué especies podrán ser provechosas para los agricultores. Además, se alentó a los participantes a permanecer en contacto por correo electrónico y por intercambio de publicaciones, folletos y artículos, sobre sus propios trabajos y sobre tecnologías israelíes. El IPALAC, por su parte, planea organizar reuniones periódicas in situ (en África) de los graduados del curso, para continuar las discusiones, así como cursos especializados sobre cultivos específicos, como cítricos o palmas datileras.
Mendlinger detalla los objetivos a largo plazo: "Los graduados seguirán compartiendo información: qué ha tenido éxito y qué no, y el modus operandi, a fin de desarrollar juntos uno o más modelos de introducción de árboles en zonas semiáridas de África. El objetivo final no es plantar árboles en el desierto por gusto, sino desarrollar nuevas industrias, cuyo éxito se medirá por el ingreso que obtenga el agricultor", dice en conclusión. El IPALAC, por su parte, habrá desempeñado el papel de intermediario en el desarrollo de relaciones recíprocas a largo plazo entre los expertos africanos, con el fin de promover todo el proceso.
Qué opinan ellos
Cuando la reportera de Shalom visitó el curso forestal, algunos participantes hablaron de sus impresiones y de lo que planeaban hacer a su regreso.
Paul Elokaokich, de Uganda, funcionario forestal en la División de Suelos y Agua del Departamento de Bosques, explicó que en su región caen 700 mm de lluvia en la estación húmeda. Por eso le sorprendió de modo especial lo que Israel ha logrado hacer en zonas con 200 mm anuales de lluvia. Tratará de aumentar las inversiones y aprovechar mejor los recursos disponibles, tanto naturales como humanos, por ejemplo mediante el cultivo en la estación seca, por medio de técnicas de riego simples y plantas resistentes a la sequía, lo cual no exigirá grandes inversiones. Especial interés presentan los cítricos -pomelos y mandarinas- y quizás también el mango.
Alioune Diouf, de Senegal, que trabaja actualmente en Ghana en una empresa exportadora de frutas tropicales, dice que aunque conoce el cultivo de la vid, y ha visto algunas variedades nuevas que le gustaría investigar, lo que le ha interesado de modo especial son las palmas datileras. Si bien existen tales palmas en el Sahel, ha encontrado en Israel variedades nuevas con fruto de calidad superior, que espera poder introducir en su país, junto con equipo de riego por goteo. Hay agua en su país, subraya, pero no se utiliza un sistema de aplicación que permita un manejo eficaz de este recurso. Por suerte, el riego por goteo está al alcance de la empresa en la que trabaja. Además, al hablar con otros participantes de la influencia de la sequía en las acacias en el norte, se enteró por colegas de Chad asistentes al curso, que allí hay variedades más resistentes.
Ashia Petersen, de Sudáfrica, es ecóloga de la vegetación en el centro de investigación de Kirstenbosch, asociado al jardin botánico nacional, que realiza estudios sobre desertificación, cambios climáticos y temas conexos. La comunidad rural de 150 familias, con tierras de 2.000 hectáreas, con la cual trabaja como oficial científico, se dedica principalmente a la cría de ganado en potreros y al cultivo de hortalizas, pero se habla de introducir árboles, tanto como fuente de ingresos que exige menos esfuerzos que la agricultura, como para aliviar la escasez de leña.
Debasaye Senbeto, de Etiopía, director del Proyecto de Plantación Forestal del Tigré -una ONG que planta pinos y otras especies en zonas degradadas de esa región- encontró en Israel variedades de pino y eucalipto particularmente resistentes a la sequía, que espera poder introducir en su país. Además, le apasiona la idea de plantar frutales, que tienen mayor valor económico, posiblemente cítricos, vid y quizás olivo. La visita a Israel permitió a Debasaye Senbeto presenciar también otro tipo de "arraigo": el de los judíos de Etiopía que llegan a Israel en calidad de inmigrantes, y entre los cuales ha encontrado conocidos.