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Combatir la desertificacion con plantas

10 jan 2001
 REVISTA SHALOM, 2000, No. 2
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Combatir la desertificación con plantas
por Daniela Ashkenazy
 
   

Durante miles de años, la Tierra de Israel ha sido el puente entre África, Europa y Asia. Una iniciativa singular está potenciando esta función en la era digital.

Quién lo hace? Un programa relativamete nuevo llamado IPALAC (International Program for Arid Land Crops - Programa internacional de cultivos para tierras áridas). A primera vista, el IPALAC es una rareza entre las organizaciones agrícolas internacionales. No tiene laboratorios ni campos, no posee invernaderos ni viveros. El IPALAC es una organización "virtual", alojada en una modesta oficina, con sólo dos empleados a sueldo: un administrador a tiempo completo y una secretaria, que trabajan con un asesor científico, el Profesor Dov Pasternak, director del Instituto de Investigaciones Agrícolas, adscrito al Instituto de Ciencias Aplicadas de la Universidad de Beer Sheva.

Sin embargo, la aparente pequeñez del IPALAC contrasta con su impacto. Creado en 1995 bajo la égida de la Universidad Ben-Gurión del Néguev -una institución pionera de la agricultura desértica desde mediados de los años 50- el IPALAC tiene un solo propósito: crear comunidades cibernéticas de investigadores agrícolas de todo el mundo, interesados en los mismos temas, que hasta entonces habían luchado más o menos solos contra la desertificación, en su entorno inmediato. El objetivo del IPALAC es "catalizar el aprovechamiento de la biodiversidad", mediante contactos entre institutos de investigación nacionales e internacionales, ONGs y otros, a fin de crear coaliciones que propongan, evalúen y lleven a la práctica proyectos ambientales y de desarrollo a base de plantas, apoyándose fundamentalmente en la exitosa experiencia de Israel en la introducción de plantas resistentes a la sequía.

Una filosofía israelí que se internacionaliza

El primer motor de esa estrategia es una filosofía agrícola que Israel trata de "exportar" a otras regiones del mundo carentes de agua. Durante decenios, Israel se ha esforzado por aumentar la productividad agrícola en su propio desierto -el Néguev- buscando en todo el mundo plantas indígenas que pudieran contribuir al desarrollo de las regiones áridas y semiáridas del país. Esa concepción se expresó en la creación del Instituto del Néguev para la Investigación de Zonas Áridas a mediados de la década del 1950, que con el tiempo formó la base del actual Instituto de Investigación Aplicada, una de cuyas ramas es el Instituto de Investigaciones Agrícolas. Este último busca en otras regiones del mundo plasma germinal que pueda servir para mejorar el medio ambiente o para obtener productos agrícolas ecológica y económicamente viables para el agricultor israelí. Una vez que se identifica una especie prometedora, se examina su adaptabilidad a las condiciones climáticas de Israel y, si el resultado es positivo, se introduce o se aclimata como cultivo comercial. Al lado de las tecnologías sofisticadas e intensivas como el riego por goteo y el cultivo en túneles de plástico, se siguen investigando en Israel plantas casi ignoradas, como los pastos salinos de Norte y Sudamérica, utilizables para alimentar el ganado en regiones salinas, y arbustos como la jojoba, rica en aceite, apropiada para plantaciones comerciales.

El IPALAC, creado en 1995 con financiamiento de la UNESCO, refleja las nuevas opciones creadas por la revolución de las comunicaciones, cuando ésta se aprovecha para la difusión de los hallazgos más recientes de la investigación agrícola.

Sacar provecho de la revolución de las comunicaciones

A diferencia de muchos otros organismos, que tienen una compleja estructura interna de personal, oficinas y proyectos agrícolas, la estructura del IPALAC aprovecha las posibilidades casi ilimitadas de la comunicación electrónica para conectar a las personas, a una escala jamás lograda antes. El núcleo de su actividad consiste en actuar de catalizador, creando redes de colaboradores que tienen algo que decir sobre cómo combatir la desertificación.

Actualmente el IPALAC recibe financiamiento regular de la UNESCO, del Ministerio de Relaciones Exteriores de Finlandia y del Centro de Cooperación Internacional (MASHAV) del Ministerio de Relaciones Exteriores de Israel. Este apoyo se aprovecha para llevar a cabo reuniones de intercambio de ideas, compartir plasma germinal (material de propagación) de plantas y estimular a los participantes a compartir conocimientos constantemente, por medio del correo electrónico y páginas Web. En cuatro años, el IPALAC ha organizado casi una docena de talleres y actividades de formación, en distintos países, con base en este principio. Uno de los más recientes fue el primer encuentro de la Red Africana de la Seda, típico de la filosofía de IPALAC llevada a la práctica.

Una Red de Seda

La morera es un árbol que puede servir de base para programas de desarrollo rural en regiones semiáridas. El IPALAC descubrió que si bien existían proyectos sericícolas incipientes en varios países de África, los directivos de los siete proyectos no estaban en contacto. El IPALAC los reunió por primera vez, en África. Países limítrofes como Malawi y Zimbabwe desconocían las investigaciones que estaban realizando en el país vecino. Uganda, el país más avanzado en ese campo, trabajaba en completo aislamiento. El IPALAC catalizó lo que se ha convertido en un diálogo constante entre todas las partes interesadas, sobre temas tales como la elección de la variedad más apropiada de morera, la raza de gusanos de seda mejor adaptada a condiciones de clima específicas y, quizás lo más importante, cómo comercializar la seda producida. Toda la red que ahora conecta a los investigadores a través de África nació en una oficina de un despacho y medio en Beersheva.

Otro proyecto cooperativo puesto en marcha por el IPALAC ha hecho aunar sus fuerzas a siete países africanos (Mauritania, Senegal, Níger, Burkina Faso, Mali, Camerún y Chad) con miras a promover el cultivo de la palma datilera.

La atención del IPALAC se centra, por ahora, sobre todo en África. Ello se debe a que los problemas de desertificación tienen allí una "magnitud existencial", explica el personal. Los seres humanos viven de biomasa, ya que dependen de la vegetación para ropa, combustible, materiales de construcción y alimentos para el hombre y su ganado. Cuando no hay bastante biomasa, se ve amenazado el bienestar de los habitantes en todos los ámbitos de la vida, y también el medio ambiente peligra.

Además de sus minúsculas proporciones, el IPALAC se singulariza también por no orientar su interés a los cultivos clásicos, contrariamente a la mayoría de los organismos de investigación que gozan de apoyo internacional. Gran parte de su trabajo se centra en promover cultivos subutilizados y en compartir información sobre cultivos locales tradicionales, que pueden resultar útiles en un país remoto situado en los antípodas.

De China a Patagonia vía Pasternak

Los intercambios que el IPALAC promueve se dan a veces al tomar café y no sólo en las reuniones y los días de campo de las conferencias y cursos especiales. Durante la conferencia del IPALAC en Beersheva en noviembre de 1999, un participante, Profesor Rongsen Lu, investigador de una región árida y fría de China, se acercó al Prof. Dov Pasternak en un descanso para entregarle en propias manos una bolsita de semillas de una planta desértica muy resistente, que había traído especialmente de su país. Dov Pasternak comprendió que esta especie de árbol oriunda de China tendría mucho interés para un investigador de las regiones frías y áridas de Patagonia, a quien él conocía. Pasternak decidió enviar una parte de las semillas a ese colega argentino, junto con la dirección e-mail del colega chino, por supuesto.

Otra característica especial del IPALAC es que ha promovido la adopción de una perspectiva más amplia en lo tocante a adaptación de plantas, que toma en cuenta los métodos de cultivo, es decir no sólo si una planta es agrícolamente adaptable, sino también si se ajusta a las prácticas locales.

Conferencia de lucha contra la desertificación

Este enfoque se manifestó claramente en la primera conferencia global planeada y reunida en Israel por iniciativa del IPALAC, bajo el lema "Combatir la desertificación con plantas", que tuvo por objetivo compartir experiencias sobre el aprovechamiento del reino vegetal en distintos lugares del mundo.

Esta conferencia internacional, celebrada en noviembre de 1999, reunió a 70 expertos de 30 países, de ideas afines, todos ellos de regiones semiáridas y casi todos investigadores de especies vegetales subutilizadas que podían tener interés para otros participantes. La mayoría de éstos, muchos de ellos científicos, pero algunos también "gente de campo" eran devotos de la filosofía del IPALAC o tendían a aceptarla. Uno de los organizadores lo resumió así: "Buscamos gente con amor a las plantas y dispuesta a probar plantas, el tipo de gente que sale al campo y ve una plantita desgreñada y se enamora de ella porque sabe que lleva ahí tres años con 17 mm de lluvia anual."

La conferencia, muy intensa, que duró cinco días, combinó presentaciones de expertos de todo el mundo con giras por Israel, para compartir experiencias en el uso de plasma germinal de plantas como armas contra la desertificación, bien mediante la introducción o el mejoramiento de su uso para generación de ingresos, bien como componentes de sistemas ambientales (rompevientos, estabilización de médanos, recuperación de suelos salinos, etc.).

"Encontrar una planta adecuada" es más complejo que encontrar una que sobreviva en las condiciones climáticas locales. Los ponentes y los participantes en los debates sobre "transferencia de tecnología" subrayaron el hecho de que para asegurar el éxito de un programa es preciso que el agricultor sienta sus beneficios. Se citó al respecto el caso de agricultores, a quienes una organización internacional ayudó a plantar caobas y ellos prefirieron vender por anticipado la madera, a cosechar 25 años más tarde, a un contratista, que pagó en efectivo. El precio obtenido, una pequeña fortuna en términos locales, lo gastaron en artículos de consumo y no en insumos agrícolas. Eso significa que los obstáculos no son sólo de carácter técnico. Muchos de los estudios presentados se referían a proyectos en los cuales los agricultores estuvieron asociados desde un principio al proceso de selección y ensayo de las nuevas plantas.

Además de las sesiones plenarias, consagradas a temas tales como la silvicultura y las plantas aromáticas, industriales y farmacéuticas, la conferencia incluyó visitas para conocer de primera mano la experiencia israelí en lo referente a convertir plantas de todo tipo en cultivos comerciales, como por ejemplo, eucaliptos cuyas ramas se comercializan como follaje ornamental, y diferentes cactáceas que se cultivan por sus frutos exóticos.

Cuáles son las metas del IPALAC en el corto plazo?

El Prof. Pasternak resume los objetivos del IPALAC: "El mensaje que tratamos de difundir en los países que luchan contra la desertificación es éste: Se puede combatir la desertificación mediante la introducción de plantas de otras regiones áridas del mundo, la domesticación de plantas silvestres locales y la adopción de tecnologías apropiadas".

Si bien crear contactos entre investigadores es parte de la misión del IPALAC, el meollo del asunto es la aplicación, subraya Pasternak. El transferir plantas de una región a otra implica decidir qué planta introducir y para qué propósito, o en otros términos, decidir qué plantas "tienen la capacidad de echar raíces, tanto en términos económicos como sociales".

Pasternak agrega que poner en contacto esta clase de investigadores, "personas que no trabajan con cultivos conocidos, como el sorgo y el maíz, sino con especies poco usuales", hacer que se encuentren en conferencias y por correo electrónico, es también un estímulo, que subraya la importancia de su trabajo, mostrándoles que "otros hacen lo mismo". Al mismo tiempo se da a cada uno la oportunidad de compartir con otros el fruto de sus trabajos a una escala mundial. Pasternak cita el caso de un colega chino que "con la ayuda de una planta ha logrado detener la erosión y convertir suelos inservibles en tierras de labor". Las semillas -en sentido propio y figurado- de ese estudio se difundirán entre investigadores de Sudamérica, que quizás se beneficien con los resultados de una investigación realizada en Asia.

Entre los demás proyectos de los que se ocupa el IPALAC actualmente, además de la producción de seda y de dátiles, está la introducción de plantas halófitas para el rescate de suelos salinos en la costa del Senegal y la búsqueda de especies más resistentes para combatir la erosión eólica en Niger. El IPALAC también patrocina la cooperación entre siete países de África para la introducción de variedades de un árbol prometedor (Zyziphus mauritania), originalmente domesticado y mejorado en la India.

Diseminar los conocimientos locales por todo el planeta

Los participantes en la conferencia "Combatir la desertificación con plantas" regresaron a sus hogares enriquecidos con conocimientos que contribuirán a su futura labor.

Shushan Ghirmai, de Eritrea, coordinadora en el Programa Nacional de Acción contra la Desertificación, que estuvo últimamente en Noruega preparando un doctorado sobre fertilidad del suelo, explicó que la conferencia había ampliado sus horizontes. Así, la tuna o nopal, un cactus muy común en Israel y en Eritrea, cuyos frutos se comen, tiene también un uso farmacéutico: las flores en infusión alivian los problemas prostáticos.

Albert Nikiema, de Burkina Faso, director del Centro Nacional de Semillas de Árbol, que está preparando un doctorado en los Países Bajos, sobre evaluación de tierras para uso en silvicultura y parques nacionales, subraya cuán importante fue que la conferencia viera a la agricultura de secano como el problema esencial y no como algo accesorio. En segundo lugar, la conferencia promovió un enfoque integrado de la transferencia de plantas y alentó la búsqueda de variedades de propósito múltiple, que no sólo sirven de alimento, sino también mejoran el suelo, proporcionan sombra o pienso, etc. lo que mejora sus probabilidades de aceptación.

Joshua Adam Yidana, de Ghana, catedrático de la Universdad de Estudios de Desarrollo en Tamale e investigador en fitogenética y selección en el departamento de horticultura, reveló que le interesaba de modo particular el potencial de exportación de las plantas de adorno, que había descubierto en una de las giras de estudio. Estaba planeando iniciar un seminario para las ONGs activas en su país y países vecinos, para informarlas de alternativas observadas en la conferencia y promover la cooperación en el ensayo de distintas especies vegetales, con participación de los campesinos desde el inicio.

Basem Shmoun, de Jordania, planificador del uso de la tierra en la Corporación Técnica de Amán, se dedica a mejorar áreas subutilizadas y marginales y prepararlas para uso agrícola. Piensa que dos cuencas de las que él se ocupa, una en el norte, plantada con olivos, y otro en el sur, dedicada a pastoreo, podrían beneficiarse de una diversificación de las especies vegetales. Espera que Israel y Jordania puedan colaborar, en especial en el desarrollo de nuevas variedades comerciales de cactáceas, en las que ambos países están trabajando.

Tahseen Barakat, de la Autoridad Palestina, responsable de silvicultura y pastos en el Departamento de Recursos Agrarios de la Autoridad, quedó impresionado por varias especies de árboles que vió en las giras de estudio, en particular eucaliptos y acacias, que le parecieron apropiados para convertir cerros áridos en tierras de pasto. Espera reforzar los contactos con un experto israelí que conoció en la conferencia, con miras a ampliar la colaboración entre ellos.

Shannon Horst, de los Estados Unidos, fue una de los pocos participantes de países desarrollados de Europa y Norteamérica. Ella es directora ejecutiva de una ONG de Nuevo México, el Centro de Manejo Holístico, que promueve la adopción de prácticas agrícolas ecológicas, social y económicamente aceptables, tanto en países desarrollados como subdesarrollados. Presentó estudios de casos sobre inversión de los procesos de desertificación por simulación de la interacción positiva, en la naturaleza, entre praderas de plantas perennes y grandes rebaños de animales. Quedó impresionada por el hecho de que la conferencia se centrara en las necesidades de los países en desarrollo y que reuniera figuras clave, del nivel básico, "el nivel de la ejecución práctica", según dijo, personas para quienes la investigación de campo tenía una trascendencia inmediata.

 
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