Al primer curso internacional sobre agrometeorología realizado en Israel, en 1967, asistieron apenas nueve participantes, ocho varones y una mujer. A partir de estos comienzos más bien modestos, el programa se ha ampliado hasta incluir ahora cada año cuatro cursos internacionales de postgrado, de capacitación en distintos temas de la agrometeorología, con unos 30 participantes en cada uno, más seis cursos en el lugar, que se llevan a cabo fuera de Israel. Completan esa imagen de expansión y participación los talleres internacionales y el intercambio de consultorías.
A qué se debe este crecimiento? Qué es la agrometeorología? Qué cambios se han registrado a lo largo de los años y cómo ha influido esta formación en la vida y en la carrera de los participantes?
Para obtener una respuesta a esta y otras preguntas nos dirigimos a Jacob Lomas, ex vicedirector principal del Servicio Meteorológico de Israel en Bet Dagán, que dirigió el programa durante tres decenios, hasta su jubilación en 1995.
Lomas es, en más de un aspecto, el "hombre de la agrometeorología", que ha dedicado una larga existencia de trabajo a promover el estudio de esta disciplina y a ponerla al servicio de los agricultores de todo el mundo, en especial de los países en vías de desarrollo. En reconocimiento de ello, la Organización Meteorológica Mundial (OMM) le otorgó en febrero de 1999 un certificado de mérito por "servicios destacados a la OMM y en particular a su Comisión de Agrometeorología". El certificado menciona las numerosas contribuciones de Lomas, entre ellas "sus numerosas misiones a África, Asia y América Latina por encargo de la OMM, su contribución destacada a la educación y a la formación en el campo de la agrometeorología, que incluyó la creación y dirección del Centro Regional de Formación Meteorológica de Bet Dagán (CRFM) y su participación activa a lo largo de 35 años en la transferencia de conocimientos y experiencia en el desarrollo de recursos humanos."
"La agrometeorología -explica Lomas- es la aplicación de datos y de información sobre clima, inclusive pronósticos del tiempo, a la planificación y la tecnología agropecuarias. Si se conocen los datos del pasado en cierta región, entonces a partir de esos datos históricos se puede programar para el futuro con mayor efectividad. Uno puede basarse en la probabilidad estadística de que lo sucedido en el pasado muy probablemente se repita en el futuro, lo que permite ajustar la producción agropecuaria a la variabilidad y a los cambios en las condiciones climáticas".
"Seguimos realizando cada año nuestro curso fijo, un curso internacional de postgrado para la formación en agrometeorología básica, junto con tres cursos adicionales. En 1999, por ejemplo, tuvimos un curso sobre bases de datos en agrometeorología -o sea cómo constituir una base de información- y además un curso sobre modelización y otro sobre hidrometeorología, que incluyó la evaluación y gestión de recursos de agua a nivel nacional.
"En ese año también mandamos expertos a Kenia para un curso en el lugar sobre información agrometeorológica para la agricultura en regiones semiáridas; otro grupo salió a Costa Rica para un curso similar, información agrometeorológica en agricultura, y un tercer equipo fue a Turquía para dictar un curso sobre la influencia del clima y la gestión sobre los rendimientos. Además de estos tres cursos regionales, tuvimos un curso nacional en Uzbekistán sobre técnicas de medición y modelización en agrometeorología." Todos esos cursos se llevan a cabo bajo los auspicios de mashav, el Centro de Cooperación Internacional del Ministerio de Relaciones Exteriores de Israel.
"Y no olvidemos los talleres ad hoc, que realizamos según las necesidades. En noviembre de 1999 organizamos un taller internacional sobre aprovechamiento óptimo de los recursos de agua disponibles para combatir la sequía y la desertificación. La OMM nos ayudó en la organización y proporcionó ayuda financiera para los participantes de países en desarrollo."
Aunque Lomas se retiró hace cinco años del Servicio Meteorológico, sigue activo en el Centro Regional de Formación Meteorológica y en los cursos y programas que ofrece. Así, por ejemplo, el año pasado visitó el centro homólogo de Nankín, en China, en el marco de un intercambio de consultoría, y un representante del centro chino visitó Bet Dagán. En estas visitas se formularon planes, en vista de una posible cooperación entre los dos centros.
A lo largo de los años, Lomas ha sido testigo de profundos cambios en el desarrollo del programa. "Uno es el número de mujeres participantes en nuestros curos, que crece constantemente, reflejando el papel creciente de la mujer en el mundo entero en todos los aspectos del desarrollo y de la toma de decisiones. Hoy en día, más de un tercio de los participantes en cada curso son mujeres. En 1999, por ejemplo, asistieron 76 varones y 43 mujeres y en el primer curso del año 2000, hubo 12 hombres y 12 mujeres. Otro cambio es la elevación constante del nivel académico de los participantes. Actualmente en todos los cursos casi el 80 por ciento de los participantes tienen un segundo o tercer título universitario. En 1999, concretamente, 19 tenían un doctorado, 60 un MSc y 30 un BSc."
Otro cambio interesante es el país de origen de los participantes. "Al principio -explica Lomas- la mayoría venían de África. Hoy en día llegan principalmente de Asia. En 1998, el 31 por ciento de los asistentes procedían de África y el 36 por ciento de Asia. En 1999, la tendencia se acentuó: el 23 por ciento eran de África y el 43 por ciento, de Asia. Tenemos también representantes de Europa, sobre todo de los países del ex bloque soviético, y también algunos de América Latina y del Pacífico, y en los últimos años llegan algunos de los países vecinos: Jordania y Egipto."
Con todo, el aspecto más impresionante de todo el programa es la forma en que influye en la vida y la carrera de los participantes. En este sentido, es similar a muchos otros de los programas de desarrollo y cooperación internacional de Israel, que benefician no sólo a quienes participan personalmente en ellos. El número de personas que asisten a los cursos y talleres, en Israel y en el exterior, no es más que la parte visible del iceberg, porque un número mucho mayor se benefician indirectamente, debido a su efecto multiplicador. Como hoy en día la mayoría de los participantes son profesionales que ocupan cargos importantes, o que llegarán con el tiempo a ocuparlos, pueden transferir sus conocimientos y su pericia a sus subordinados o sucesores, poniendo en marcha en sus países respectivos proyectos de gran escala, con un impacto amplio y significativo.
"Sin embargo, en nuestro programa -recalca Lomas- ya desde el primer curso pudimos observar este efecto multiplicador, viendo como los egresados ascendían rápidamente a puestos importantes, y lograban efectuar cambios significativos en sus países." Lomas saca una vieja foto, que conserva hace ya más de treinta años, de los graduados del primer curso. Este es un recuerdo valioso, en el que puede reconocer a cada uno de ellos. Lomas guarda el contacto con el mayor número posible de "sus" alumnos, cuyo progreso y logros sigue con interés. Para él es una satisfacción personal y profesional ver cómo han asimilado lo aprendido, utilizándolo no sólo para su propio progreso, sino sobre todo para el beneficio de su país.
Apuntando sucesivamente a los participantes, de izquierda a derecha, Lomas esboza un breve perfil de cada uno. "S.J. Soriano, de Uruguay, llegó ya graduado en meteorología. A poco de regresar a su país, fue nombrado Vicedirector del Servicio Meteorológico y después pasó a dar clases en la Universidad de Montevideo, donde también se doctoró, y antes de retirarse llegó a Decano. Soriano dictó en la universidad el primer curso de agrometeorología, alrededor del cual se desarrolló con el tiempo el Departamento de Ciencias Ambientales." Este es un ejemplo más de cómo los asistentes a los cursos transmiten sus conocimientos a otros. En ese caso hicieron arrancar la agrometeorología en Uruguay.
"Otro participante -recuerda Lomas- fue A.F. Deño, de la República Dominicana, que tenía un primer título universitario. En su país avanzó rápidamente: en diez años llegó a ser Viceministro de Educación, después Ministro, y más tarde Decano de la Universidad Técnica de Santa Cruz, que se concentra en la enseñanza de la agronomía. Él también introdujo la enseñanza de la agrometeorología en su universidad." El propio Lomas fue elegido miembro honorario de la Sociedad Dominicana de Meteorología, un ejemplo de las estrechas relaciones que ha desarrollado con sus ex alumnos.
"Éste de aquí -señala Lomas- es Abbas Shenavar, de Irán, que al terminar el curso fue encargado de dirigir toda la red de estaciones meteorológicas de su país y con el tiempo llegó a ocupar el cargo de Subdirector del Servicio Meteorológico de Irán.
"Aunque la mayoría de los participantes pertenecían al Servicio Meteorológico de sus países respectivos, António Tubelis, del Brasil, venía del mundo académico, con una maestría en agronomía. Le interesaban mucho nuestro curso y las ramificaciones de la agrometeorología. Cuando volvió al Brasil obtuvo un doctorado en ciencias y ocupó el puesto de jefe del Departamento de Ciencias Ambientales. Tubelis -subraya Lomas- ha publicado varios artículos de alto nivel científico, pero ha influido sobre todo ayudando a una nueva generación de meteorólogos a comprender los problemas ambientales del Brasil y a enfrentarse con ellos."
Otro participante, Aharón Cohen, era un israelí, del Servicio de Conservación del Suelo en Jadera. "Sí, el tener un participante israelí en uno de nuestros cursos es bastante excepcional -reconoce Lomas-. En total habremos tenido cinco o seis en mis treinta años de director. Sin embargo, tienen un papel importante, porque demuestran a los demás participantes que los conocimientos que reciben son útiles en todos los países, tanto desarrollados como en vías de desarrollo. Eso les ayuda a ver el curso con otros ojos, le confiere mayor prestigio. Cohen aprovechó su formación -dice Lomas-para establecer un servicio de investigación agrometeorológica para los agricultores de la región costera del centro de Israel, que tuvo mucho éxito." Prueba de ello se tiene en el elevado número de solicitudes de información que los agricultores dirigieron al Centro Agrometeorológico Regional que creó Cohen al concluir el curso.
Continuando su itinerario recordatorio, Lomas muestra en la foto a W. Desueza, de la República Dominicana. "Él también venía del Servicio Meteorológico de su país, al cual regresó por corto tiempo. Después, marchó a los Estados Unidos para preparar una maestría en ciencias. Debemos recordar que las oportunidades de empleo son limitadas en agrometeorología, y esto sucede en todos los países. De ello resulta una fuga de cerebros, que se manifiesta en dos direcciones: una es que algunos agrometeorólogos abandonan el servicio meteorológico u otro servicio similar, para pasar al mundo académico de su país; en otros casos, emigran a un país occidental, tal como Estados Unidos o Canadá.."
Retornando a la foto, Lomas apunta a Farideh Mirbabai, de Irán, la única mujer del curso, que trabajaba en el Servicio Meteorológico de su país y a su regreso se convirtió en vicedirectora de la División Climatológica del mismo.
"Donat Vickers, de Jamaica, también era funcionario del Servicio Meteorológico de su país -recuerda Lomas-. Al terminar el curso, fue nombrado director de una de las divisiones y en un tiempo relativamente corto llegó a ser director general. De Jamaica pasó a Ginebra, a ocupar un cargo en la Organización Meteorológica Mundial, donde ha demostrado gran interés por la aplicación de los datos climáticos a problemas agrícolas, un interés que se despertó a raíz de su formación en Israel.
"F. Usher, de Ghana, también era del Servicio Meteorológico Nacional de su país. A los dos años de su regreso a Ghana, pasó a ser director general del servicio."
Muchos de los participantes en los cursos pertenecían a los servicios meteorológicos de sus países de origen. "Así fue durante bastantes años, pero actualmente la proporción ha cambiado. Ahora, de un total de 120, unos 60 vienen de los servicios meteorológicos, y otros 60 de instituciones académicas o de investigación, o de instituciones financieras de países en desarrollo, como bancos o compañías de seguros. Como esas instituciones dan créditos a los agricultores, quieren evaluar la rentabilidad de las explotaciones en las que se utilizarán esos créditos. En los últimos años -agrega Lomas-, como el 10 por ciento de los participantes llegan de esa clase de instituciones."
Por muy dedicado que esté a la formación de agrometeorólogos, a los que considera de vital importancia para el mejoramiento de la agricultura a través del mundo, Lomas reconoce que, irónicamente, llegó a este campo por casualidad. Oriundo de Kovno, en Lituania, su interés por el tema comenzó en los Estados Unidos, allá por los años 50, durante un curso de postgrado en agricultura en la Universidad de California en Davis. Antes había obtenido una maestría en economía agrícola en Inglaterra, en el Real Colegio de Agricultura, adscrito a la Universidad de Oxford. Por qué agricultura? "Supongo que sabía que en último término me iría a vivir a Israel -contesta Lomas- y pensé que esto sería útil en un país nuevo, que estaba luchando por desarrollar su sector agropecuario."
Si en aquel tiempo la agricultura le ocupaba, la meteorología no. "Fue en California donde llegué por pura casualidad a este campo. Como necesitaba completar cierto número de puntos para mis estudios, me matriculé, por recomendación de unos de mis profesores, en unos cursos de meteorología. Esto despertó mi interés por el tema y al mismo tiempo me dió una visión de la aplicación eficiente del agua en la agricultura."
Lomas llegó a Israel en 1958, a los 28 años, y buscó un empleo. Con una carta de recomendación de un amigo, se dirigió al Servicio Meteorológico. "Pensé que aceptaría el puesto hasta encontrar algo mejor -confiesa-, pero nunca me fui. Como el Servicio Meteorológico empezaba a interesarse por la agrometeorología, era justo el momento de estar allí, desde el arranque, en especial porque me dieron carta blanca y eso resultó muy satisfactorio."
En el Servicio Meteorológico, Lomas descubrió muy pronto que Israel podía jugar un papel ayudando a los países en desarrollo, en especial los de África, a mejorar su agricultura, porque en esos países se producían muchos alimentos, si bien mayormente para consumo local. "Empezaban a comprender la importancia de la agrometeorología y comenzaban a enviar gente al extranjero a ver que se hacía en otros países."
Desde un principio, Lomas y el CRFM que fundó en Bet Dagán se esforzaron por desarrollar la agrometeorología del modo más sofisticado posible. Se elaboró un programa especializado, que sirvió de base para todos los cursos en Israel, y en el que se mostraba cómo un servicio de agrometeorología utiliza el conocimiento de la atmósfera para optimizar la producción agrícola, mejorar la rentabilidad de la agricultura y reducir el riesgo de pérdida de las cosechas. También se les enseñó que el uso cabal de los datos permitía obtener mayores y mejores rendimientos en agricultura y en ganadería. Al mismo tiempo, ayuda a la comunidad agrícola a conservar sus recursos naturales y protege al entorno contra usos perjudiciales.
El CRFM recluta su personal docente en el Servicio Meteorológico, en instituciones académicas y en los institutos de investigación agrícola. También utiliza los servicios de investigadores y extensionistas que aprovechan los datos y productos climáticos para la planificación agrícola a largo plazo y la planificación de los recursos hídricos. Los dos únicos empleados permanentes son la coordinadora, Sra. Zehava Borsuk y el propio Jacob Lomas.
Para el futuro, Lomas prevé una mayor demanda de servicios agrometeorológicos, que incluirán la provisión en tiempo real de datos de alta calidad, sobre el estado del tiempo, o sea pronósticos del tiempo más descriptivos y precisos, para el sector agropecuario. Esta demanda, en su opinión, vendrá sobre todo de los agricultores de países en desarrollo, que están comprendiendo cada vez más la importancia de utilizar datos sobre el tiempo y el clima para mejorar la rentabilidad de la producción.
Israel juega un papel destacado en el estímulo a esta demanda y al mismo tiempo en su satisfacción. Es indudable que la semilla plantada hace treinta años en un curso para nueve participantes ha dado óptimos frutos.