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El Proyecto Lechero Cooperativo Polaco-Israeli

10 jan 2001
 REVISTA SHALOM, 2000, No. 2
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Una vaca, dos vacas
El Proyecto Lechero Cooperativo Polaco-Israelí

por Offer Ilan
 
 

 

 

Visitantes llegan a ver el CPIDP

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La colecta de datos, la preparación de piensos y la cooperación entre granjeros son algunos de los temas en los que la experiencia israelí puede ser útil.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Traílla para ensilaje, en camino a la finca
 

El autor es un experto israelí en producción lechera, en misión a largo plazo en Polonia.

Qué frío hace aquí, en el norte de Polonia! Estamos apenas empezando a ver el suelo, que durante cinco largos meses ha estado enterrado bajo una gruesa capa de nieve. Meses de días cortos, grises y de noches largas y frías.

A principios de 1997 fui enviado con mi familia al norte de Polonia, en una misión de asesoramiento pecuario, por MASHAV (el Centro de Cooperación Internacional del Ministerio de Relaciones Exteriores) y CINADCO (el Centro de Cooperación Internacional para el Desarrollo Agrícola, del Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural de Israel). El proyecto, que nació en 1995 durante la visita de dos expertos israelíes a Polonia, se fijó como objetivos el mejoramiento de la finca lechera familiar y la introducción de tecnologías avanzadas. Gracias a este proyecto, me he convertido en el primer experto agropecuario israelí en servir en Polonia en una misión de largo plazo.

En un pueblecito llamado Stare Pole (Campo Viejo), en la región de Elbag, en el norte de Polonia, a unos 60 km de la costa del Mar Báltico y unos 100 km al sureste de la moderna ciudad de Gdansk, está ubicada la sede del Proyecto Lechero Cooperativo Polaco-Israelí (CPIDP), en un instituo de asesoría adscrito al Servicio de Extensión Agropecuaria de Polonia. Allí vivo en un pequeño apartamento y trabajo en las oficinas del CPIDP. Cada mañana, al llegar al trabajo miro la bandera de mi país, que ondea todo el año en la fachada del instituto, añoro mi hogar y me siento orgulloso de mi misión aquí.

Desde la caída del régimen comunista en 1989, Polonia ha realizado constantes progresos, si bien aún le queda un largo camino por recorrer hasta alcanzar el nivel de los países occidentales. Como el 30 por ciento de los 40 millones de polacos viven en zonas rurales y el 20 por ciento son agricultores. Cerca de la mitad de éstos producen para el mercado, mientras que el resto consumen por sí mismos lo que producen. El 70 por ciento de las tierras agrícolas son de propiedad privada y han ido pasando de padres a hijos durante generaciones, creando así un fuerte vínculo entre ellos y sus tierras.

Polonia es un país relativamente extenso (320 mil kilómetros cuadrados), con baja densidad de población, salvo en algunos grandes centros urbanos: Varsovia, Cracovia, Poznan y Gdansk. La agricultura se basa en la producción de cereales, semilla de colza para extracción de aceite, remolacha azucarera (Polonia es uno de los mayores productores de Europa) y fruta, mayormente manzanas y peras. Hay también grandes bosques de los que se extrae madera. Las extensiones de baja densidad de población se aprovechan para pastoreo, lo que hace de Polonia un verdadero imperio lechero.

Oficialmente se producen anualmente en Polonia 120 millones de hectolitros de leche, pero datos extraoficiales indican que la producción quizás alcance el doble de esta cifra. La producción adicional se comercializa al parecer por conductos que no son las centrales lecheras oficiales. Los conductos extraoficiales son perjudiciales para el delicado equilibrio que la Unión Europea desa establecer. Polonia se incorporará a la Unión Europea dentro de poco, pero el sistema de precios agrícolas sufre por efecto de la política gubernamental orientada a integrar al país en un mercado internacional abierto. Los agricultores reciben precios muy bajos por sus productos.

La mayor parte de la producción lechera proviene de un gran número de pequeñas fincas, concentradas en el este y el sur del país, que tienen en promedio cinco vacas cada una y una extensión de menos de 5 hectáreas. Sólo el 25 por ciento de la leche proviene de grandes fincas -definidas en Polonia como las de 15 o más vacas- que se encuentran mayormente en el norte y oeste del país. Tres razones explican esa distribución desigual: primero, en el norte y oeste, las condiciones climáticas y los suelos son mejores, debido al efecto moderador del Mar Báltico, los aluviones fértiles del delta del Vístula y el relieve plano; la segunda razón es la influencia cultural y tecnológica occidental; en tercer lugar, existían allí muchas granjas estatales, creadas por el régimen comunista, que nacionalizó las tierras y obligó a los agricultores a fusionar sus pequeños predios en unidades mayores, similares a los koljoz y los sovjoz de la URSS. Al caer el régimen comunista, estas fincas se privatizaron y subsisten como grandes explotaciones, generalmente bien manejadas.

La mayoría de las vacas se mantienen en pequeños establos, a menudo contiguos a las casas de los agricultores. Durante todo el invierno permanecen en el establo, y allí comen, beben y son ordeñadas, sin poder moverse. Los equipos suelen ser antiguos: a menudo datan de la época comunista. En muchas fincas aún se ordeña a mano, pero lo más usual son pequeñas máquinas de ordeñar portátiles. Menos del 30 por ciento de las fincas lecheras poseen tanques de refrigeración para la leche, que en una explotación moderna son indispensables. Durante los cinco meses del verano las vacas andan sueltas por el prado; las traen al establo para ordeñarlas y darles un suplemento de piensos concentrados, o bien las ordeñan en el prado con máquinas portátiles. A consecuencia del proceso de modernización, muchos agricultores, que antes eran productores, han sido arrastrados a un ciclo ineludible de pobreza y desempleo. Los propietarios de fincas lecheras también sufren de esa situación, causada por problemas financieros, y en especial la necesidad de adquirir nuevos equipos.

En Polonia hay unos 3,5 millones de vacas lecheras, que producen en promedio 3.500 litros anuales de una leche rica en materia sólida (más de 4 % de grasa y 3,4 % de proteínas). Estas vacas son en su mayoría de una variedad blanca y negra, a menudo con más del 75 % de sangre Holstein-Frisia. Menos de la cuarta parte del ganado está bajo la supervisión del "libro del hato". Éste se ajusta a normas internacionales, pero en distintos grados, lamentablemente, según las regiones. La inspección es muy diferente del proceso exacto y cuidadoso que recuerdo de mi infancia en Israel. Los servicios veterinarios y de inseminación han sido privatizados después del comunismo y ahora son veterinarios que viven y trabajan en los pueblos más bien que expertos en la materia quienes efectúan una elevada proporción de las inseminaciones. Ello es causa de problemas, porque el éxito en estas tareas requiere experiencia. En demasiadas fincas se recurre aún a toros para la inseminación natural.

El instituto en el cual está ubicado el Proyecto Lechero Cooperativo Polaco-Israelí dispone de excelentes instalaciones. Tiene salas de reunión y de conferencias completas, con equipo educativo avanzado. Dispone también de un laboratorio de campo para análisis de suelos, de piensos y de calidad de cereales. En la localidad existe también un pequeño hotel, que utilizan los viajeros en la carretera muy transitada de Kalinigrado, al este, a Berlín, al oeste. Bajo la égida del instituto funcionan ocho oficinas regionales en pueblos y aldeas de la zona, y en ellas trabajan asesores, que residen en las mismas localidades. Éstos proporcionan asesoría a los agricultores en todos los temas, como fertilización de los campos, composición de las raciones para el ganado y obtención de créditos bancarios, pero sólo el 15 por ciento de los agricultores aprovechan estos servicios oficiales de asesoría.

La idea básica de nuestro proyecto era transferir experiencia israelí a los agricultores y a los asesores. Esperábamos lograrlo mediante la adaptación de las prácticas israelíes a las condiciones reinantes en Polonia en general y en la región en particular y no por mera copia de esas prácticas. Los principales temas de actividad y estudio fueron fijados en 1997 por un equipo integrado por los directores de MASHAV y CINADCO y el Departamento de Ganadería del Ministerio de Agricultura, basándose en mis seis meses de experiencia en la región. Los temas eran: a) alimentación y preparación de piensos para ganado lechero; b) salud de las ubres y producción de leche de alta calidad, y c) captación y análisis de datos en la propia finca (todo ello utilizando modernas técnicas y tecnologías israelíes).

El programa, que fue aceptado por ambas partes, incluía traer de Israel tres mezcladoras de piensos móviles e implantar su uso en aldeas del proyecto, mejorar el laboratorio de piensos del instituto asesor, adquirir equipos educativos para su uso en cursos y conferencias, introducir métodos de colección y registro de datos en las fincas y poner en marcha un programa operativo de salud de las ubres y producción de leche de calidad, en cooperación -para este tema- con el laboratorio veterinario. El programa incluía, además, la realización de una serie de cursos sobre los temas tratados en el proyecto, que serían dictados por expertos israelíes en el lugar, o alternativamente el envío de delegaciones de asesores polacos a estudiar en el centro del CINADCO en el kibutz Shefayim. Salieron así 20 asesores para períodos de estudio de un mes y, además, 15 directores y líderes políticos, para visitas breves en reconocimiento de su labor, y para que pudieran establecer contactos de carácter comercial. Todos regresaron a su país hondamente impresionados por el nivel de desarrollo existente en Israel y por su visita a los Santos Lugares, que son tan importantes para los polacos, católicos en su mayoría.

Después de visitar muchas fincas de la región, elegimos once, ubicadas en tres pueblos: la menor tiene 15 vacas, (más novillas) y la mayor, 30. Los dueños se comprometieron a cooperar y cumplir los requisitos del proyecto. Ello incluía compartir nuevos equipos y conocimientos (lo que les resultaba difícil, por su larga tradición de confiar sólo en sí mismos). Se les exigió también anotar datos diariamente, para poder analizarlos y extraer conclusiones. Todo ello se hace con la ayuda de los extensionistas de sus localidades respectivas. Todos los granjeros efectúan exámenes regulares de la leche, utilizan la inseminación artificial y gozan del apoyo constante de los veterinarios. En todas las fincas se han instalado tanques de refrigeración de la leche; en la mitad de ellas, la leche es acarreada directamente al tanque por una tubería y en la otra mitad, se ordeña en baldes que luego se vacían manualmente en el tanque. A la luz de una evaluación posterior realizada por los directores y trabajadores del proyecto, se decidió que para poder aplicar eficazmente los nuevos métodos, las fincas necesitaban tractores con cargadores y segadoras de pasto. También se decidió mejorar los equipos de ordeña, dentro de lo que permitía el remanente de nuestro presupuesto.

Desde un principio quedó claro que sería imposible introducir las mezcladoras de piensos en los pequeños establos. Se perdía así la eficiencia de una entrega directa del pienso a las vacas apenas mezclado. Sin embargo, el objetivo principal era hacer adoptar la tecnología TMR (total mixed ration - ración totalmente mezclada), que consideramos la más adecuada a las condiciones del lugar. Los piensos mezclados se repartirían luego a los comederos dentro del establo con carretillas.

Los camiones mezcladores se trasladan cada día de pueblo en pueblo para producir las mezclas de piensos (cuando llega el camión, la vida del pueblo se detiene para ver el espectáculo). La mayor parte de estos piensos se producen en la finca misma. Por ahora, aún no consideramos la posibilidad de crear grandes centros mezcladores regionales, como los que existen en Israel, debido a que en Polonia se dispone de grandes cantidades de forraje y también por la complejidad de semejante operación y las reticencias creadas por la tradición local (poca disposición a cooperar, desconfianza ante la tecnología moderna). Ahora bien, el método actual exige un trabajo muy duro durante los meses de primavera y verano, en los cuales las vacas están pastando en el prado, mientras el granjero va preparando forraje para el invierno, en lugar de comprar piensos preparados.

Mejoramos el laboratorio adquiriendo nuevos equipos (un analizador de fibra, que determina la proporción de fibra digestible y no digestible, un espectrofotómetro moderno para la determinación de metales y minerales, y una balanza electrónica), así como una computadora con nuevos programas, que se utilizan para almacenar los datos procedentes de los análisis y luego compararlos y analizarlos (los antiguos métodos de trabajo manual consumían resmas de papel). Introdujimos también un nuevo método de cálculo del valor energético de los alimentos, distinto del antes usado (que utilizaba una unidad rusa: el equivalente de 1 kg de avena) y enviamos al director del laboratorio, doctor en química, a un curso en Israel.

Debido a las diferencias en pluviosidad entre Polonia e Israel (en Polonia caen unos 600 mm anuales, más nieve) y por ende en el grado de humedad del forraje, a veces se hacía difícil segarlo y después, henificarlo y ensilarlo. Tuvimos que aprender a adaptar las prácticas modernas a las condiciones locales. En cooperación con investigadores de Polonia, y aplicando el vasto acervo de conocimientos que han acumulado en esta materia, realizamos una serie de análisis de pastos en el laboratorio, cada diez días durante la temporada de pastoreo. Pudimos fijar así criterios para la rotación de potreros y determinar qué alimentos debían suministrarse a las vacas para completar su ración. Parte esencial de este aspecto del proyecto fueron las visitas guiadas y demostraciones de campo, las visitas al laboratorio, y las conferencias y talleres.

Estudiamos los métodos locales de preparación de las raciones para el ganado, los descartamos e introdujimos métodos aplicados en la mayoría de los países de Europa. Utilizamos para ello un programa de computadora sobre alimentación de ganado lechero, que se tradujo al polaco especialmente para el proyecto. El programa se instaló en las computadoras del centro de asesoría y en las oficinas regionales. Un experto de Israel dictó una clase especial, en la que enseñó a los participantes a utilizar el programa para calcular las raciones alimentarias del ganado.

En lo tocante a salud de las ubres y calidad de la leche, desarrollamos un programa de monitoreo de las fincas del proyecto que incluía exámenes bacteriales trimestrales de cada cuarto de la ubre y exámenes de células somáticas. Enseñamos los principios de una ordeña a máquina correcta, el mantenimiento y la higiene de los equipos, las etapas de la ordeña y del tratamiento de la ubre, del principio al final del proceso, incluida la inmersión obligatoria de los pezones en una solución antibacterial al finalizar la ordeña (un método usual en otras partes pero aún no aplicado allí). Explicamos la importancia del período de secado (en el cual la vaca no da leche) y su duración, e introdujimos un programa de aplicación de antibióticos intermamarios durante el período de secado. Alentamos a los productores a mejorar la calidad de la leche, porque a partir de 1999, la calidad bacteriológica de la leche es uno de los criterios para la determinación de su precio en finca. En general, la leche de alta calidad contiene menos de 100.000 bacterias por mililitro y menos de 400.000 células somáticas por mililitro. Sin embargo, debido a las condiciones de producción y almacenamiento, y aún siendo Polonia un país frío (el frío inhibe el desarrollo bacterial) sólo 30 por ciento de los productores alcanzan esas normas.

En el futuro, las plantas procesadoras de leche dejarán de aceptar leche que no sea de la más alta calidad para la elaboración de productos para consumo humano. Por ello, el mejoramiento de la calidad de la leche es de vital importancia, y constituye un paso esencial para el cumplimiento de los requisitos de la Unión Europea. En vísperas de su incorporación a la UE, Polonia desea que se le asigne una cuota de producción lechera (que aún no posee) de 160 millones de hectolitros, pero las autoridades de la UE sólo han accedido, por ahora a una cuota de 80 millones.

Éstas son algunas de las conclusiones preliminares del proyecto:

1) La decisión de centrarse en la transferencia de conocimientos, la educación y la asesoría fue muy acertada, porque éstos pueden pasar a las generaciones siguientes, mientras que los equipos se hacen obsoletos con el tiempo. 2) El principal alimento disponible en Polonia en gran cantidad es el pasto fresco, que debe servir de base para preparar ensilajes y heno para el invierno, elaborándolos por los mejores métodos. Los ensilajes de maíz, han fracasado, al parecer, aun usando variedades híbridas importadas de Alemania del norte. Un ciclo vegetativo de 200 días, que se acorta con los fríos y las fuertes lluvias, da un producto excesivamente húmedo y de baja calidad, con menos de 28 % de materia seca en el mejor caso. La materia seca es de gran importancia, porque puede representar hasta el 45 % de toda la ración. Por ello, cuanta más materia seca contiene un forraje, tanto mayor es su valor alimentario. Está claro que se debe seguir cuidadosamente el pastoreo en verano, controlando la cantidad y calidad del pasto consumido y completándolo con otros piensos. 3) El uso de mezcladores de piensos móviles sólo será eficiente cuando se disponga de presupuestos para ampliar y mejorar los edificios, a fin de poder entregar los piensos a las vacas directamente del mezclador. Es indudable que el pasar a establos libres (sin atar las vacas todo el invierno) también mejorará los rendimientos. 4) En cuanto a salud de las ubres, las soluciones son simples, con tal de aplicarlas. Primero los granjeros deben aplicar procedimientos higiénicos. Se podrá obtener leche de alta calidad cuando se instalen salas de ordeña. Estos cambios se harán sin duda alguna, aunque es difícil de predecir cuándo. En conclusión, cabe decir que Polonia es un imperio lechero, que en un futuro no muy lejano alcanzará su pleno potencial.

Al acercarse el final del proyecto, sentimos que hemos tenido la suerte de recibir la ayuda de muchos expertos, así como visitantes de alto nivel, que vinieron a observar los buenos resultados obtenidos. Nos hemos beneficiado de las visitas de otros expertos israelíes: uno, ayudó a mejorar la asesoría, introduciendo un método eficaz de colección y análisis de los datos; otro demostró el funcionamiento de los mezcladores de piensos móviles en las fincas del proyecto y enseñó a aplicar procedimientos de operación y mantenimiento correctos en las condiciones relativamente extremas de las pequeñas fincas de Polonia; varios expertos del Ministerio de Agricultura dictaron dos series de cursos en Polonia; un veterinario vino en una misión de asesoría sobre salud del ganado; y un arquitecto planeó los primeros pasos del mejoramiento de los edificios y establos en las fincas del proyecto. El embajador de Israel en Polonia, Yigal Antebi, y su esposa, visitaron el proyecto en el verano de 1998, durante la feria agrícola anual que organiza el instituto de asesoría y a la que acuden unos 30.000 visitantes. El CPIDP es el proyecto favorito de la embajada de Israel en Varsovia, la cual nos ha brindado ayuda constante.

En lo que atañe a mí mismo, visito con frecuencia las granjas y me he hecho amigo de las familias de los granjeros, que siempre me acogen bien. Los fines de semana, viajo en tren varias horas para reunirme con mi familia en Varsovia. En resumen, mi vida aquí está llena de movimiento.

Mis profesores en la facultad me enseñaron, además de la zootecnia, la importancia de compartir los conocimientos y las tecnologías en todo el mundo, por encima de las fronteras. Estoy orgulloso de haber sido parte del equipo que inició el CPIDP, creando así un centro israelí de formación y de mejoramiento de la producción lechera en Polonia. Desde su establecimiento, el CPIDP ha gozado de un amplio reconocimiento y ha influido mucho más allá de su impacto en los granjeros del proyecto en tres pueblos.

Ahora, estaré esperando uno o dos meses más hasta que desde la ventana de mi oficina pueda ver las praderas, ahora cubiertas por un manto de nieve, convertidas en verde alfombra. Una niña con dos trenzas y sandalias pasará bajo mi ventana llevando a las vacas a pastar y me alegraré pensando que pude participar en una misión que brindará a esa niña un mejor porvenir.

 
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