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Facetas de la economia israeli- Inflacion - Ascenso y Caida

1 jan 2001
 
     

Inflación - Ascenso y Caida
Enero de 2001

 
     

Editor de la serie : David Rosenberg

 
 
 

Los israelíes siguen el Indice de Precios al Consumidor (IPC) como los estadounidenses siguen los resultados del béisbol. Efectivamente, le prestan atención porque frecuentemente sus salarios, sus préstamos hipotecarios y una serie de otros ítems de ingreso y desembolso están total o parcialmente ligados a los índices de la inflación mensual o trimestral.

Cuando la inflación estaba enloquecida en los tres dígitos, durante la primera mitad de los años 80, la revisión del IPC era una preocupación diaria. Un chiste de aquella época preguntaba si era más barato viajar en autobús o en taxi de Jerusalem a Tel Aviv. El precio en shékels era aproximadamente igual, pero la respuesta correcta era en taxi. Por qué? Porque a diferencia del autobús, el taxi se pagaba al final de una hora de viaje, cuando el shékel valía menos que al comienzo.

El IPC no se inventó en Israel, pero indudablemente su utilización fue llevada aquí casi a la perfección. Con una inflación que se acerca ahora a los niveles existentes en Europa y Estados Unidos, el IPC es una parte menos crítica en la vida diaria de Israel que en el pasado. Pero la lucha para llevar la inflación a dichos niveles no fue corta ni fácil; tomó 15 años - y nadie puede decir con certeza que esta lucha haya concluido, o que haya valido absolutamente la pena.

Los origenes del IPC

 
 
Forestación en los Montes de Judea, 1952
Oficina de Prensa del Gobierno de Israel

 

La historia del IPC en Israel se remonta al año 1942, en plena Segunda Guerra Mundial. Como parte de una economía de tiempos de guerra, el gobierno mandatorio emitió una ordenanza congelando todos los precios, sueldos y rentas. Cuando quedó en claro que las fuerzas del mercado eran más fuertes que la política del gobierno y que los precios seguían subiendo, fue necesario encontrar el modo de compensar a los empleados por dicho aumento de precios - sin que aumentara su salario real.

La solución fue ligar los salarios al IPC, asegurando así que el poder adquisitivo no disminuyera ni que los salarios "congelados" aumentaran más allá de la inflación. Para tal efecto se firmó un acuerdo entre la Asociación de Industriales y la Histadrut (Confederación del Trabajo). Hacia los años 50 esta ligazón se había convertido en parte de la ley del país.

Así, en forma general, los salarios de todos los trabajadores se vieron protegidos ante la embestida inflacionaria. Este es, quizás, el aspecto más fundamental del debate aceca de la historia de la inflación en Israel.

Con la independencia - inflacion

El ascenso del proceso inflacionario empieza con la independencia de Israel, que se obtuvo en 1948 después de una amarga guerra. En los siguientes tres años Israel duplicó su población absorbiendo refugiados de la Europa post Holocausto y de los países árabes. El ocuparse de todo esto no permitió brindar mucha atención a una política económica o monetaria. El gobierno imprimía dinero de acuerdo a sus necesidades inmediatas, sin importar cuáles fueran sus ingresos, para superar las crisis que amenazaban su existencia misma.

Hacia 1952, el gobierno tuvo la posibilidad de mirar hacia adelante un poco más que algunas semanas. La inflación había aumentado del 14% el año anterior al 66% y dicho incremento se debía parcialmente a la Nueva Política Económica iniciada ese año. La política implementaba una considerable devaluación de la moneda y un aflojamiento de gran parte del estricto control de precios impuesto, junto con el racionamiento, durante la Guerra de Independencia.

 
 
Banco Israel Jerusalem
Photo: B. Gian

 

En 1953 se estableció el Banco Israel. Al igual que todos los bancos centrales, su tarea era implementar una política monetaria apropiada - ser el vigilante del Tesoro y asegurar un flujo estable de dinero de acuerdo con los requisitos de la economía. Y al igual que todos los bancos centrales, el Banco Israel siempre ha considerado la inflación como el principal tema a tratar, pero no siempre ha tenido éxito al hacerlo. A pesar de eso, con su poder de regulador del sistema bancario, el joven Banco Israel hizo mucho para neutralizar los efectos inflacionarios de las erogaciones gubernamentales deficitarias - especialmente en tiempos de extraordinaria necesidad (principalmente guerras y grandes olas inmigratorias).

El Banco Israel tomó comando de la política monetaria en 1954, después de lo cual el aumento anual del IPC se mantuvo en un porcentaje de un solo dígito durante el resto de los años 50 y la década del 60 (salvo en 1962, que alcanzó el 10%). Durante la mayor parte de esos años, la economía gozó de un rápido crecimiento, a un promedio anual de casi el 10%, una tasa tres o cuatro veces más alta que la mayoría de los países occidentales en ese tiempo. Además, el desempleo era relativamente bajo y el nivel de vida subía rápidamente. El hecho de que los precios seguían aumentando no preocupaba mayormente al ciudadano medio, dado que su salario estaba protegido por la ligazón al índex.

Con la inflacion - la indexacion

Con el correr de los años, más y más transacciones no inmediatas - es decir, del tipo que concluye en algún momento del futuro - adoptaron el remedio de la indexación. Una de sus primeras aplicaciones fue en las cuentas de ahorro bancarias. Para impedir que la inflación causara un deterioro en el valor real de sus ahorros, se aseguraba que cada depósito sería registrado según su "valor" (es decir, la tasa del IPC) de ese día. El depósito sería redimido, llegado el momento, de acuerdo a su "valor real" corrigiendo el aumento del índice entre ambas fechas. Poco después se ligó de la misma manera la acumulación de intereses.

Las compañías de seguro fueron las próximas en hacer uso de esta idea: ofrecieron pagar demandas referentes a los seguros de vida y los seguros generales que incluían una compensación por el descenso del valor de la moneda (es decir, la tasa de inflación) desde el momento en que la póliza había sido firmada. Esto se calculaba en base a la diferencia del IPC entre ambas fechas, de modo que el pago de la demanda se hiciera en su valor real. Naturalmente, este tipo de transacciones podían llevarse a cabo solamente si las primas aumentaban también con el IPC.

El mercado de propiedades fue el siguiente en adaptarse. Una cláusula de indexación fue la solución más natural para casas nuevas en las que los contratos se firman meses o años antes de que los compradores tomen posesión de ellas, o de que se haya cumplido el pago total. Cada pago era computado de acuerdo con el aumento del IPC desde el momento de la firma del contrato.

El mercado de propiedades de segunda mano y el de los alquileres, que en la mayoría de los casos involucra transacciones entre particulares, refinó aún más el sistema. Dado que el IPC se publica dos semanas después del término del mes al que se refiere, el mercado de propiedades empezó a ligar los precios al dólar. Dado que el cambio de la moneda extranjera se publica a diario, esto otorgaba a compradores y vendedores un mecanismo de ligazón instantáneo, aunque inexacto. El pago mismo se realiza siempre en moneda local, de acuerdo a la tasa de cambio del día. Con el aumento de la tasa de inflación en la década del 80, este método de fijación de los precios se extendió también al mercado de los bienes durables.

Poco después el gobierno comenzó a indexar el presupuesto. Después de pagar a sus empleados salarios ligados al índex y de aceptar la inclusión de cláusulas de indexación en los contratos firmados con sus proveedores, el gobierno consideró finalmente que esto sería justificado como una herramienta de estabilidad.

Entonces, la indexación llegó a la inclusión de las diferentes categorías de impuestos. Con una alta inflación, un asalariado podía pasar rápidamente a una categoría de impuestos más alta simplemente porque su ingreso nominal seguía el ritmo de la inflación. Por eso, también las categorías de impuestos fueron ligadas al IPC de modo que los asalariados solamente pagarían una tasa más alta si sus ingresos realmente aumentaban más que la inflación.

Siguió a esto una indexación similar para una variedad de pagos sociales, desde asignaciones por hijo hasta maternidad, pensiones de ancianos, viudez, invalidez y beneficios para desempleados. Estos pagos se aumentan periódicamente durante el año fiscal para asegurar que el poder adquisitivo de esta asistencia no se viera diluido por la inflación, y los necesitados recibieran el valor real del beneficio asignado originalmente.

El sistema de la ligazón fue muy exitoso. En las grandes economías del mundo, los consumidores por lo general sienten los efectos de una inflación anual del 2-7%. Pero los israelíes, que tuvieron que hacer frente a una tasa de inflación mucho más alta, se vieron prácticamente inafectados. Durante tres décadas y media, su ingreso real estuvo protegido por el mecanismo de la ligazón al índex. Más aún, durante este período el nivel de vida aumentó en una tasa promedio de casi el 4% anual.

 
 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Ascensos y caidas de la inflación: Indice de precios al consumidor
(% de cambio de diciembre a diciembre)
 

Estalla la hiperinflacion

El proceso inflacionario se aceleró en los años 70, aumentando del 13% en 1971 al 111% en 1979. Parte de esta alta inflación fue "importada" de la economía mundial, provocada por los enormes aumentos en el precio del petróleo entre 1973 y 1979. Esto introdujo un nuevo fenómeno en la economía mundial, que pasó a ser conocido como la "estanflación" - una combinación sin precedentes de aumento en el desempleo y un estancamiento económico (siempre acompañado en el pasado por la deflación) ahora acompañado por la inflación. En Israel, una política gobernamental de empleo total después de 1973 postergó esta depresión hasta la década del 80.

Pero la inflación siguió aumentando. Del 133% en 1980 trepó al 191% en 1983 y luego al 445% en 1984, amenazando con convertirse en una cifra de cuatro dígitos al cabo de uno o dos años. Entretanto, el sistema de la ligazón funcionaba en forma satisfactoria y el consumo privado aumentó en forma impresionante llegando a un 28% durante el período 1980-1983.

No obstante, pasó a ser obvio que la fiesta se había acabado. A pesar de ser perfecta, la máquina de la ligazón estaba añadiendo fuego a la hoguera de la inflación a un ritmo creciente. Una vez que la inflación se convirtió en una hiperinflación, la espiral de precios empezó a cobrar una multa en el producto económico. La preocupación con los ajustes diarios de la ligazón y su repercusión drenaba el tiempo y los recursos de hogares y empresas.

En julio de 1985 el gobierno adoptó una Política de Estabilización Económica, que llamó a la interferencia en la economía a un alcance que sería considerado "reaccionario" entre los economistas teóricos. Se impuso un absoluto congelamiento de precios de todas las mercancías y servicios, y se suspendió el mecanismo de la ligazón. Todo, desde las etiquetas de los precios en las tiendas, los cargos por servicios, los precios especificados en los contratos, los salarios y los presupuestos públicos hasta las tasas de cambio de moneda extranjera permaneció fijo en la cifra nominal del día en que se declaró dicha política.

Esto funcionó. En 1985 la inflación disminuyó al 185% (menos de la mitad que en 1984). Al cabo de unos pocos meses las autoridades empezaron a subir los precios congelados de algunos ítems; en otros casos tomó casi un año. En 1986 la inflación había descendido a tan sólo 19%.

El sistema de la ligazón fue reinstaurado en el momento que la política de estabilización dio señales de éxito, aunque el Banco Israel comenzó a tomar medidas más estrictas para supervisar los aspectos monetarios de la economía. La política de estabilización ganó la admiración mundial y aún se la estudia en las facultades universitarias de economía - al igual que el mecanismo de la ligazón. El criticismo y las dudas con que fue recibida esa política en el verano de 1985 se convirtió en una asombrosa alabanza.

El triunfo - y su precio

Durante la década del 90 el nivel de la inflación disminuyó aún más, aunque no en línea recta. El gobierno se comprometió a restringir los gastos deficitarios y liberalizar los mercados. Fueron levantadas muchas restricciones a la importación y se eliminaron monopolios, ayudando así a la baja de los precios. El Banco Israel, especialmente desde mediados de la década en adelante, adoptó una política monetaria restrictiva aumentando las tasas de interés por lo general a muy altos niveles. La economía entró en recesión en 1996 y el crecimiento disminuyó significativamente - en normas israelíes - mientras que el desempleo alcanzaba niveles de casi dos dígitos. Pero el resultado fue que en 1999 la inflación fue solamente del 1,3%, la cifra más baja en más de tres décadas.

El creciente costo del credito: Tasas de interes reales (%)
(después de la inflación)

Los economistas han debatido el costo de la reducción de la inflación en Israel. Valió la pena llevar el crecimiento económico casi al estancamiento y expulsar a la gente de sus trabajos para reducir la inflación del 10% al 2%? La hiperinflación indudablemente cobra su precio a la economía, pero, una inflación de menos de dos dígitos exige la adopción de fuertes contramedidas? Otros países, incluyendo los Estados Unidos, han tenido que formularse las mismas preguntas.

El precio de una inflacion mas baja: Producto bruto interno
(% de cambio anual)

Afortunadamente para Israel, la lucha contra la inflación se produjo en un momento propicio, cuando otros factores ayudaron a contrarrestar sus peores efectos. Aproximadamente un millón de inmigrantes - en su mayoría de la ex Unión Soviética - llegaron en los años 90 creando nuevas demandas y ampliando la fuerza laboral con profesionales calificados. El auge de la alta tecnología también había comenzado, creando miles de nuevas empresas y empleos. Al mismo tiempo, el proceso de paz en el Medio Oriente abrió nuevas posibilidades para la exportación israelí.

 
 
Confianza en la estabilidad: % de composicion de los bienes financieros publicos
 

Una vez que la economía de Israel empezó a dar señales de un crecimiento más fuerte, se moderó la discusión acerca de la inflación. No obstante, aún hay desafíos por delante. Nadie está convencido de que se haya logrado el triunfo final sobre la inflación. Después de tantos años de aumentos de precios de dos dígitos, la alta inflación es considerada la norma, y cualquier indicio de que ésta pueda resurgir despierta una rápida respuesta. La indexación sigue siendo una práctica común en la economía, lo que dificulta la mantención de la inflación baja. La persistencia de los monopolios y de otras situaciones de mercado no competitivas crea ineficiencias y altos precios. Y, como pequeña economía que se basa en el comercio, Israel es más vulnerable a la inflación importada que una economía mayor.

No obstante, la experiencia de Israel hasta ahora es instructiva, tanto en la forma de cómo vivir con una inflación alta y en cómo reducirla. Si Israel logra superar los obstáculos restantes en los próximos años, ciertamente habrá más que enseñar.

Manzanas y Naranjas

En los mercados de Jerusalem a comienzos de la década del 40, el precio de un kilo de naranjas Jaffa era dos mils. Entonces 1000 mils equivalían a una lira que, en 1980, se transformó en shékel a un cambio de 1:10, y el shékel se transformó en el Nuevo Shékel Israelí (NSI) a un cambio de 1:1000 en 1985. El invierno pasado, el precio promedio de un kilo de naranjas era NSI 3. En otras palabras, el precio nominal de ese jugoso producto local había aumentado 15 millones (!) de veces. Eso se llama inflación.

Por otra parte, en esos años uno podía comprar 5000 kilos de naranjas con un sueldo mensual promedio (alrededor de 10 liras), mientras que con NSI 6.150 (el sueldo mensual promedio en el invierno de 1999) uno podía adquirir 2.050 kilos, un tercio de dicha cantidad. Entonces, eso significa que los israelíes están ahora peor que hace medio siglo atrás? Bien, la respuesta es sí - pero sólo respecto a las naranjas. Respecto a cualquier otro producto, no hay nada más alejado de la verdad. Para concluir este punto: las evoluciones de una economía nunca deben medirse en base a un solo ítem.

La razón de esta discrepancia es la siguiente: los cítricos fueron la principal exportación de Israel durante muchos años. Incluso en 1967 constituían el 20% de todas las exportaciones. Sin embargo, en la primera mitad de los años 40 la Segunda Guerra Mundial redujo el movimiento de las embarcaciones civiles, y no había nada que hacer con la fruta más que tratar de venderla en el mercado local al mejor precio posible.

El Indice de Precios al Consumidor (IPC) fue inventado para evitar exactamente ese tipo de irregularidades y excepciones en los cálculos de precios. La Oficina Central de Estadísticas de Israel mide el cambio promedio real en los precios de alrededor de mil de los más populares ítems de consumo. El aumento (o descenso) del precio de las naranjas, por ejemplo, representa su peso real en la canasta total de mercancías y servicios del consumidor medio. Esta canasta del IPC se actualiza con bastante frecuencia: puede no haber incluido televisores o quivis en los años 40, y hoy no incluirá productos que entonces eran populares, como las medias de seda.

Así, sin importar lo rápido que pueda ser el aumento del precio de las naranjas o de cualquier otro producto, tendrá poca incidencia en el nivel total de precios, o en el poder adquisitivo del asalariado.

 
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