Una importante carretera, para unir las regiones periféricas del norte y el sur de Israel con el centro densamente poblado, ha despertado seria oposición por parte de los activistas defensores del medio ambiente.
por Simón Griver
La Carretera Trans-Israel está como la más larga autopista del país y se extenderá por 324 kilómetros desde la Galilea, en el norte de Israel, hasta el Néguev en el sur. Si bien la carretera dividirá físicamente la planicie costera de las mesetas en el este, la autopista propuesta ya ha dividido la opinión pública del país.
Yael Zotán, portavoz de los Ciudadanos en Contra de la Carretera Trans-Israel, un grupo de activistas defensores del medio ambiente, que se formó para oponerse al proyecto, describe la carretera como "un desastre que transformará grandes franjas de campos y bosques en una selva de asfalto".
"Israel no es Estados Unidos", insiste Zotán. "Simplemente no tenemos espacio para perder. Nuestros afiliados no son caprichosos activistas verdes, sino personas de trabajo que no quieren que la destrucción ambiental sea parte de nuestro legado".
Los activistas medio ambiente de Israel continúan su lucha a pesar de que partes de la primera sección central de la carretera - unos 90 kilómetros - ya están en ejecución. Programada para estar terminada en el año 2004, la Carretera Trans-Israel, construida por la empresa Derej Eretz en base a un acuerdo COT (construcción, operación y transferencia), será la primera carretera del país en la que se pague peaje.
Con la mayoría de sus 6,2 millones de habitantes viviendo en del país, Israel es uno de los países más densamente poblados. Dado que la mayor parte de la planicie costera ya está poblada, existe una creciente preocupación de que la carretera de cuatro pistas (que según los planes en el futuro será ampliada a ocho pistas), junto con el desarrollo industrial, comercial y residencial que inevitablemente le seguirá, perjudicará rápidamente el ecosistema. La fauna y flora de la región incluye gacelas, tortugas y decenas de especies de aves y reptiles, así como una amplia variedad de árboles, arbustos y flores silvestres.
Arié Shabtai, vocero de la Compañía Carretera Trans-Israel, no está de acuerdo con esta evaluación. "La autopista no causará tantos problemas como dicen los manifestantes", sostiene. "Gran parte de la carretera está siendo construida sobre tierras estatales que no se emplean para la agricultura ni tienen fauna silvestre. Estamos invirtiendo U$S 125 millones para mejorar el medio ambiente y reubicar cualquier tipo de vida silvestre que se vea amenazado. Además, la carretera facilitará la comunicación entre el norte y el sur, aliviando así el hacinamiento en el centro del país."
Si bien los activistas medio ambiente en Israel son menos llamativos que sus contrapartes en Norteamérica y en Europa Occidental, son notoriamente efectivos. Hace una década atrás, por ejemplo, los grupos verdes ganaron la batalla contra la instalación de una estación de transmisión de la Voz de América en el Néguev, y lograron que se trasladara a otro lugar del Medio Oriente, por temor a que las ondas radiales perturbaran a los millones de aves que migran entre Europa y Africa.
Los grupos de oposición han propuesto una alternativa a la carretera. "Debemos construir un sistema eficiente de ferrocarriles", explica Zoltán. "La carretera no solucionará ningún problema porque simplemente conducirá a los obstruidos accesos de Tel Aviv. La
gente simplemente llegará más rápido a los embotellamientos de tránsito".
Shabtai indica que el sistema de ferrocarriles ya se encuentra en un avanzado proceso de desarrollo. Más aún, sostiene, ninguna autopista importante circunvala hoy en día el Gran Tel Aviv, lo que obliga a muchos viajeros de norte a sur a cruzar innecesariamente por la ciudad.
Con un crecimiento anual del 2,5%, se prevé que la población de Israel alcanzará los 10 millones en tan sólo 16 años, lo que no deja otra opción que planificar una importante expansión de la infraestructura. Los movimientos verdes pueden ser una molestia para los programadores, pero juegan un papel importantísimo en minimizar el daño ambiental.