Turistas aprenden a "sentir" la rica historia de Israel
por Janet Mendelsohn Moshé
El cernir fragmentos de cerámica, teniendo las manos llenas de
tierra y mugre, es la mejor forma de comprender la contribución
de las diferentes civilizaciones a la historia, sostiene el arqueólogo
Ian Stern, uno de los directores de Seminarios Arqueológicos Ltda.,
con sede en la Ciudad Vieja de Jerusalem. "Incluso los no iniciados pueden
participar en nuestras
excavaciones, que están destinadas a 'personalizar' el pasado,"
explica.
Guía turístico licenciado, Stern se dedica desde hace
mucho tiempo a presentar los diferentes períodos de la historia
en una forma singular. En los veinte años desde que se fundó
Seminarios Arqueológicos, ha iniciado a visitantes de todo el mundo
en la 'vida subterránea' de Israel. Autorizada y supervisada por
la Autoridad de Antigüedades de Israel, la compañía
organiza grupos de turistas, les provee de palas, picos y baldes y los
instruye en el arte de excavar en un sitio arqueológico.
Además de excavaciones, Seminarios Arqueológicos, ubicado
en el Barrio Judío de la Ciudad Vieja de Jerusalem, ofrece visitas
a su centro. Con la ayuda de recursos audiovisuales y mapas se brinda una
conferencia de introducción que ayuda a colocar los períodos
en perspectiva. Para ayudar a ilustrar la contribución de la arqueología
en la interpretación de la historia, se muestra una vasija de greda
al grupo de la excursión. Cuando ésta cae "accidentalmente"
al suelo, en vez de sentirse dolido, el guía aprovecha la oportunidad
para que es un casco de greda y cómo incluso un diminuto fragmento
puede ser utilizado para identificar un período o un estilo de cerámica
o de tejas.
Los miembros de un reciente grupo de estudiantes de Estados Unidos estaban
extasiados con su día en Tel Maresha. Una de una línea de
ciudades fortificadas construidas en la Edad de Hierro (1200-1000 AEC),
la ciudad fue abandonada y reconstruida muchas veces a lo largo de cientos
de años hasta que se formó un tel - un gran montículo
de tierra. La excavación de este montículo, capa por capa,
ayuda a los arqueólogos a reconstruir la historia de la región.
"Decenas de miles de turistas nos han ayudado a excavar en Tel Maresha,"
explica Stern, "pero la superficie apenas ha sido raspada."
Tel Maresha tiene cientos de cuevas hechas por el hombre, que se formaron
al extraer las piedras del lugar. Las cavidades resultantes fueron usadas
como sótanos o estucadas y empleadas como cisternas de agua. Hoy
en día son ideales para los arqueólogos aficionados porque
son agradablemente frescas y están protegidas del tórrido
verano israelí, y permiten además una prolongada temporada
de excavaciones invernales.
El grupo fue conducido a una cueva preparada con iluminación
y escaleras para los voluntarios. Después de palear y excavar, los
baldes de tierra fueron llevados afuera de la cueva. Mientras se los cernía
y clasificaba, los participantes pudieron recorrer el lugar. Después
que todos los hallazgos fueron registrados e informados a la Autoridad
de Antigüedades de Israel, se permitió
a los voluntarios llevarse a casa fragmentos de la pila de 'desechos'.
"De hecho encontramos antiguas monedas y cascos," dice Josh, un estudiante
de 19 años de la Universidad de Florida. "Aunque nos dijeron que
podríamos hallar algo, cuando
descubrí el asa de una jarra romana sentí como si hubiera
ganado la lotería."