Famoso por haber hecho florecer el desierto con frutas y hortalizas,
Israel está demostrando ahora que las tierras al sur del país
son un terreno fértil para la producción de vinos.
por Simón Griver
La viña más al sur de Israel se encuentra en Mitzpé
Ramón, un pequeño pueblo en el desierto, a mitad de camino
entre Jerusalem y el balneario de Eilat sobre el Mar Rojo. En el verano
del 2000, la viña produjo 150 toneladas de uva - incluyendo los
tipos de Cabernet Sauvignon, Pinot Noir y Merlot (todos tintos secos) y
Chardonnay y Gewürztraminer (blancos secos) yel vino producido al
año siguiente fue recibido con entusiasmo por los conocedores del
ramo en el país.
"La viña es una sorprendente franja verde en el desierto," dice
Amatzia Shueli, quien la administra para Barkán, el segundo productor
de vinos de Israel. "Situada en la entrada norte de Mitzpé Ramón,
es un Ramón, es un testimonio de la notable capacidad de la agricultura
israelí y es visitada por miles de turistas anualmente."
Carmel, el más grande y antiguo vitivinicultor de Israel, posee
también extensas viñas en el desierto del Néguev.
El año pasado las viñas de la empresa en Ramat Arad, cerca
del Mar Muerto, produjeron 430 toneladas de uvas rojas de alta calidad
que produjeron vinos Merlot y Cabernet Sauvignon de primera clase. Para
mejorar aún más la calidad de sus vinos de desierto, Carmel
abrió recientemente una pequeña boutique de vinos en Ramat
Arad para evitar el largo viaje hasta su vinería principal en el
centro del país. El próximo año las viñas de
las regiones de Yatir y Maón en el Néguev producirán
una gran variedad de uvas incluyendo
Cabernet Sauvignon, Merlot, Chardonnay, Sauvignon Blanc, Shiraz y Zinfandel.
Estos vinos del desierto son el resultado de más de un siglo
de experiencia israelí en la agricultura de regiones áridas
y la vitivinicultura. Aunque el desierto del Néguev incluye grandes
zonas de terreno totalmente estéril, el suelo arenoso es muy fértil.
A lo largo de las décadas, los agricultores han descubierto que
se pueden cultivar en ellas frutas y hortalizas de primera calidad, como
tomates, pimentones y melones, siempre que se les proporcione el agua adecuada.
El Acueducto Nacional (que transporta agua desde el norte del país)
y avanzados sistemas computarizados de riego por goteo han solucionado
el problema.
La relación de Israel con la vinicultura se remota a miles de
años atrás. Una de las siete especies bíblicas - la
uva era parte de la dieta de los antiguos israelitas, y el vino siempre
ha cumplido una función importante en el ritual religioso judío.
Esto se reflejó a fines del siglo XIX, cuando los primeros vinicultores
en la Tierra de Israel produjeron únicamente vinos tintos dulces
usados tradicionalmente para el kidush - la santificación del vino
antes de la comida del shabat.
Pero de acuerdo con el experto culinario Daniel Rogov, "Sofisticados
vinos han salido ahora de la ciénaga de los vinos baratos y empalagosamente
dulces que queman la garganta. Muchos vinos locales secos, tintos y blancos,
son tan buenos como algunos de los finos vinos de California, Australia
y otros de los así llamados países productores de vino del
'nuevo mundo.'"
El momento del cambio en la producción de vinos se produjo en
el norte del país durante la década de 1980. La Vinería
Golán fue un pionero en la mejora de la calidad de la uva con la
asistencia de expertos californianos. La producción de vinos más
finos se refleja en el consumo total; los israelíes beben en la
actualidad un promedio de 6 a 6,5 litros de vino per cápita al año,
en comparación con solamente 3,9 litros hace una década.
Sin embargo, la cifra aún está muy por debajo del promedio
de 11 litros en Estados Unidos, y del consumo de 60 litros y más
de los franceses, italianos y españoles.
La experiencia del Golán demostró que en las secas y frías
montañas de Israel se podía cultivar uvas de mejor calidad.
Surgieron vinerías boutique a todo lo largo del país, especialmente
en los montes de Jerusalem y en los de la Galilea. Pero con la gran mejora
de la agricultura en el desierto, Carmel, Barkán y otras empresas
han dirigido su atención hacia el Néguev, con resultados
sorprendentemente buenos.