La "más nueva atracción de 2.000 años de antigüedad en Israel" atrae a las multitudes.
por Janet M. Moshé
Las fuentes de aguas termales de Guedara, o Jamat Gader, han sido un balneario y centro de entretenimiento durante más de 2.000 años y sus aguas ricas en minerales han sido conocidas por sus poderes terapéuticos desde hace mucho tiempo. Haciendo explosión a través de grietas formadas en la depresión sirio-africana, estas fuentes termales se forman de aguas que hierven en el interior de la tierra y van absorbiendo minerales en su ascención hacia la superficie. Fuentes similares se pueden encontrar en varios otros lugares de Israel, incluida la región del Mar Muerto, Jaméi Yoav en el norte del Néguev y Tiberíades.
Según Epitanio, un historiador del siglo IV, la combinación de baños y espectáculos teatrales llevó a los padres de la Iglesia a sermonear que "Satanás trabaja en Jamat Gader". Efectivamente, una fuente se llamó Eros, por el dios griego del amor y otra era conocida como Anteros, en nombre del dios que castigaba a quienes no correspondían amor. Las fuentes, famosas por sus propiedades terapéuticas, fueron frecuentadas sucesivamente por griegos, romanos, judíos y musulmanes hasta el siglo VIII. En su apogeo durante la era romana, Jamat Gader contaba con siete fuentes a diferentes temperaturas; el punto focal era la fuente termal conocida hoy en día como 'La cisterna del Infierno' (Maayán Hagehenom) en hebreo o 'La cisterna frita' (Ain Maklen) en árabe. En su época, la mayoría de las piletas estaban cubiertas con altas cúpulas y encerradas con paredes decoradas con mármol.
Hoy en día Jamat Gader es operado conjuntamente por cuatro kibutzim que han desarrollado la región con atracciones para toda la familia. Además de las instalaciones del balneario, el sitio cuenta ahora con un parque acuático, un aviario, un parque de reptiles y excavaciones arqueológicas. Dichas excavaciones incluyen los restos de un gran teatro romano que en su momento tenía capacidad para 2.000 espectadores, una pileta al aire libre llamada el Salón de las Fuentes, rodeada por 32 fuentes con foma de cabezas de animales, que en su época arrojaban a los bañistas agua fría.
De las muchas leyendas relacionadas con el balneario, una cuenta acerca del apóstol Pablo, que quiso ir a Jamat Gader cuando estaba mal de salud. Dado que no podía permitirse pagar el precio de la entrada, se bañó en una pileta lateral reservada para los pobres. La pileta lo curó de sus males, cuando Pablo quiso elevar su voz para una oración de gracias, había perdido el habla. En ese momento, surgió un chorro de agua fría, Pablo bebió del agua y recuperó la voz. La fuente se llama aún Ein Boulus, que en árabe significa 'La Fuente de Pablo.
Debido a la alta temperatura de las fuentes, el agua debe ser enfriada antes que los bañistas puedan entrar. El fuerte olor a sulfuro es impresionante para quienes visitan el lugar por vez primera, pero son esas sustancias químicas las que hacen los milagrso terapéuticos. Una sumergida en la pileta termo-mineral relaja los músculos tensos y es particularmente útil para quienes sufren de dolores en las articulaciones. Además, el calor del agua expande los vasos sanguíneos periféricos, baja la presión sanguínea y aumenta los latidos del corazón. Efrat Moscowitz, que trabaja en Jamat Gader hace ya tres años, explica que diez minutos de relajamiento en la pileta caliente de Jamat Gader equivale al ejercicio físico de caminar enérgicamente tres kilómetros. A los visitantes adultos se ofrecen masajes terapéuticos y compresas de aloe vera y de barro.
Quizás tan famoso como las termas sea el parque de reptiles, en el que se puede observar unos 200 cocodrilos mientras se camina por un seguro sendero. Adultos y niños por igual se impresionan por su tamaño. Desde puentes de madera, los visitantes pueden ver abajo a los gigantescos reptiles descansando en el calor del Medio Oriente con sus enormes hocicos abiertos de par en par. Según la época, se puede visitar las incubadoras, o fotografiarse sosteniendo un cocodrilo bebé, todo bajo la atenta supervisión del personal. No obstante, Moscowitz previene sobre acrobacias osadas. "En el período que llevo trabajando aquí, dos chicos saltaron a las piletas por encima de las barreras para hacer alarde de bravura ante sus amigos. Eso ocurrió en la primavera, cuando los cocodrilos se están despertando de su invernación, están muy hambrientos y pueden atacar a los seres humanos. En esa ocasión llegamos justo a tiempo. Los visitantes deben permanecer en los senderos - la vista desde allí es lo suficientemente cerca".