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Informe - Nigeria- Panama

3 abr 2001
 REVISTA SHALOM, 2000, No. 3
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Informe - Nigeria, Panamá
 
 

 

 


Las participantes con los niños del jardín de infantes la universidad
 

Nigeria
Escuchar las voces de los pájaros- Educación creativa en Lagos

Theresa Wuya

Shalom desde Akwanga, Estado de Nasarawa. Fuí una de las primeras estudiantes formadas en la Universidad de Lagos, de enero a septiembre de 1972, bajo la hábil dirección de la Sra. Yona Amir y la Sra. Shula Hofshi. Mi especialización es la pedagogía.

El curso que atendí en Lagos fue el peldaño inicial de mi ascenso educativo en la vida. He sido secretaria de admisiones de la Escuela Politécnica y ahora ocupo la misma función en el Colegio Universitario de Educación de Akwanga. El Colegio se dedica a la formación de maestros y también organiza seminarios/talleres para maestros de escuelas primarias de nuestro Estado. Éste, que tiene apenas tres años, ha sido formado separándolo del Estado de la Meseta de Nigeria y cuenta con una población de dos millones de habitantes e importantes recursos minerales. La agricultura es la ocupación principal de nuestra hospitalaria población.

Con mucho placer acuso recibo de todas las revistas que usted me ha estado enviando desde entonces. He aprendido mucho con ellas y las he compartido con mis hijos y amigos. Podría darme usted noticias de Yona Amir? Era una madre y una gran mujer. Cómo sigue Shula Hofshi? Ella nos enseñó juegos dinámicos.

Una vez más, me siento muy orgullosa de mi asociación con Israel por medio de los conocimientos que adquirí, que fueron para mí el primer paso hacia el mundo del conocimiento.

POB 93
Akwanga
Nasarawa State
Nigeria

Shula Hofshi

 
 
Clase de danza

 

 

 

 

 

Yona Amir(derecha) dando la mano

 

 

 

 

 

 

Prof. Burges(de pie),Yona Amir y Shula Hofshi(de rodillas) en el centro entre las egresadas
 

Quisiera reseñar los eventos en los que participé en 1972. Aquel año, mashav decidió abrir en la Universidad de Lagos, Nigeria, un seminario para maestras de jardines de infancia, siguiendo la pauta de los seminarios que realiza en el Centro Internacional de Formación Golda Meir del Monte Carmelo en Haifa.

Yona Amir, una inspectora de jardines de infancia retirada, fue elegida para dirigir el seminario. Sus funciones incluían dar clases de pedagogía y de teoría del jardín de infancia y dirigir labores prácticas. Yo fui elegida como asistenta suya, porque había pasado dos años en Nigeria y conocía la región. Mis funciones incluían educación en rítmica, trabajos manuales y servicios sociales a los participantes. El curso tuvo una duración de seis meses. Trabajamos con el Prof. Orison Burges, un representante canadiense en Lagos.

La Universidad nos asignó un jardín de infancia para que trabajáramos en él. Lo que vimos nos sorprendió mucho, porque el sistema de educación aplicado en aquel entonces se guiaba por patrones británicos de otras épocas: niños de 3 a 6 años estaban sentados en filas, sin moverse, para una enseñanza frontal. Al frente del aula había un estrado, el escritorio del maestro y una gran pizarra.

Tuvimos que hacer virtualmente una revolución para cambiar las ideas del Ministerio de Educación de Nigeria. Tuvimos que explicar, discutir y volver a explicar que niños de 3 años eran incapaces de permanecer sentados cinco horas escuchando a un maestro. El Ministerio se mostró muy reacio a aceptar nuestros puntos de vista y tuvimos muchas discusiones acaloradas.

Por último aceptaron nuestro enfoque. Pudimos sentar a los niños informalmente, en pequeños grupos, para jugar y trabajar, en lugar del enfoque frontal rígido, y transformamos el aula en un conjunto de áreas para actividades variadas: un rincón de muñecas, un área para juegos de construcción, otra para disfraces, una biblioteca, un rincón para los juegos, un "hospital", un taller de carpintería y un centro de jardinería. El programa diario era libre, informal, abierto y espontáneo. Los niños se movían libremente por el aula, jugaban, dibujaban, construían, miraban libros, moldeaban arcilla, cosían y pegaban.

Dos veces por día nos juntábamos todos, sentados en círculo, los niños en sillas pequeñas (apropiadas a su edad) y no en bancos como en la Universidad. Estábamos sentados todos juntos, hablábamos, rompiendo el tabú que prohibía hablar salvo contestando a preguntas, o iniciar una conversación o un nuevo tema de discusión.

Con el tiempo, los niños se acostumbraron a sentarse a nuestro lado. Los sentábamos en nuestras rodillas, los acariciábamos y les alentábamos a hablar de lo que habían hecho durante el día y de lo que ocurría en la casa. Creamos fuertes lazos con las familias de los niños, que invitaban a sus padres y abuelos a visitar el jardín de infancia y a participar en lo que se hacía allí y en el seminario. Por nuestra parte, nos unimos a la vida comunal de los niños.

Otra innovación educativa fue sacar a los niños a excursiones fuera del aula. En estos paseos adquirían experiencia y conocían el mundo de afuera. Se familiarizaron con los alrededores, y así conocieron la historia natural de la región. Despertamos su curiosidad natural, les hicimos escuchar las voces de los pájaros y fijarse en los colores de los árboles y en sus cambios con las estaciones, y mirar al cielo y ver las formas de las nubes en diferentes períodos del año. Todo esto se logró no por medio de libros sino por experiencia directa y por atención al mundo a su alrededor.

Junto con las participantes, llenamos el patio del jardín de infantes con toda clase de desechos. Con eso fabricamos equipo a partir de nada. Con mis propias manos hice pelotas con hojas secas de banano. Con hojas de maguey hicimos cordeles. Recogimos piedras para juegos. Junto con las participantes, hicimos un juego de loto con frutas y semillas del país. Todo ello se hizo con las participantes: aprendimos, miramos a nuestro alrededor, recogimos semillas, frutas, ramas y retazos de trapo. Enseñé a las participantes a aprovecharlo todo para hacer sus propios juguetes y juegos en lugar de comprar equipos importados.

En el campo de la música, luché contra la recomendación del decano, de encargar instrumentos en Francia o Suiza. En lugar de ello, fui al mercado con las participantes, donde estuvimos viendo lo que estaba en venta y compramos calabazas de todo tamaño, botellas, tapones, pieles (para tambores), etc. y con todo eso volvimos al seminario.

Nos sentamos todas juntas y trabajamos: aserramos las calabazas y con ellas y las pieles hicimos tambores, algunos sin pieles, y los decoramos. Hicimos castañuelas con frutas, con palitos, con frascos de vidrio rellenados en parte con arroz, etc. Pintamos todos los instrumentos y formamos una orquesta, sin instrumentos melódicos.

Aunque había un piano, no lo usé porque no se ajustaba realmente a la cultura popular de la región. Las clases de danza y movimiento se basaban en su vida y en escenas de sus hogares y granjas. El acompañamiento melódico se hacía cantando; los niños cantaban en excelente armonía y acompañaban las canciones con sus instrumentos artesanales. La principal lección para las participantes fue que no era necesario comprar equipo, sino que podían crear sus propios instrumentos con materiales del país.

Propuse que las participantes usaran en clase ropa distinta de la de calle. Compré telas en el mercado y por las noches cosí blusas y pantalones. Eso creó un ambiente distinto en el aula.

De este modo trabajamos, jugamos, cantamos y danzamos, construyendo con la esencia de sus vidas: el campo, los jardines, la agricultura, los árboles que crecen, las oraciones por la lluvia, el correr de las nubes, el sol, la llovizna y la lluvia. Todos los aspectos de la vida de los animales domésticos se reflejaron en movimiento libre y canciones, con la participación de todo el grupo. Eso creó un sentimiento de unidad entre las participantes y reforzó su conexión con la naturaleza y su entorno.

Jugamos también con ideas de transporte: trenes corriendo por la vía, con una locomotora y muchos vagones -la dinámica del movimiento- trenes yendo y viniendo. También invocamos otros medios de transporte: burros, autos, etc.

A decir verdad, no les enseñé a bailar, sino que más bien creé las danzas a partir de su propia vida y tradición. Tomamos todos nuestros temas de conversaciones con las participantes: diferentes oficios como policías, conductores, zapateros, guardas de campos, de viñas y de frutales.

Aprendimos a contar, por medio de danza y movimiento, utilizando de la vida diaria, y construimos estructuras musicales y rítmicas, por ejemplo nos paramos en círculo, luego en fila y de nuevo en círculo. Aprendimos lo que eran contrarios: dispersarse y reagruparse, los que mandan y los que obedecen. Desarrollamos un sentimiento de unión y de identidad de grupo.

Usamos ampliamente cuerdas, palos, calabazas, baldes, latas y chales. Encontramos uso para todo, compatible con su experiencia y cultura, todo de forma abierta, cálida, con alegría y vitalidad, porque los temas les eran familiares. Las participantes gozaron expresándose a sí mismas y se apreciaron entre sí. Descubrieron que podían expresarlo prácticamente todo por medio de cantos y danzas (porque el movimiento es un don natural de ellos) y podían usar esto en la educación.

Aprendieron que podían expresar miedo ante animales, ladrones y oscuridad; y en el lado positivo, camaradería, contacto, asistencia y apoyo. Podían expresar fuerza en su vida y convertirla en movimiento, utilizando sus talentos innatos físicos y espirituales.

El seminario me ofeció la oportunidad de trabajar con una materia prima maravillosa, como el artista con colores y pinceles. Por ello nuestra labor con las muchachas participantes fue buena no sólo para ellas, a mí también me causo mucha satisfacción y alegría. Mi buena amiga Yona Amir murió en 1998 y desgraciadamente el Prof. Burges falleció el año pasado. La carta de la Sra. Wuya me trae magníficos recuerdos de ese período de trabajo conjunto.

 

Informe de Panamá

Ana Teresa Arosemena de Russo

 
 
Egresadas del curso de cuidados del ancanio

 

 

 

 

 

 

La autora recibe un certificado de manos del Dr. Kahan en 1996

 

 

 

 

Cuidados prácticos a los ancianos
 

Tuve el privilegio de participar en 1996 en el curso de mashav "Organización de los Sevicios de Salud Comunitaria" en Beit Berl, Kfar Saba. Recibo tres veces al año la revista Shalom. Me llena de inspiración recordarles y saber qué hacen los amigos de Israel por todo el mundo. Realmente somos el fruto de una patria generosa, merecedora del progreso en que vive.

Soy enfermera especialista en Docencia Superior y master en Salud Pública. Laboro como docente en la Facultad de Enfermería en el Departamento de Salud de Adultos en la Universidad de Panamá.

Hace un tiempo me comuniqué con el Dr. Ernesto Kahn (director del curso del cual egresé en mashav) para informarle del éxito cosechado en la implementación del curso "Cuidados del anciano" y el de "Cuidado del niño" que dicta mi colega y amiga Carmen de Bishop, egresada también del curso de mashav. Quisiera compartir con los lectores los logros alcanzados con este proyecto comunitario que nació en Israel y se desarrolla hoy en Panamá.

Cuando regresamos de Israel nos pusimos en contacto con la Fundación para la Promoción de la Mujer, que dio muy buena acogida a nuestra propuesta y allí estamos dictando los cursos por quinta vez en dos años. El curso "Cuidado del anciano" ha sido muy solicitado por las mujeres desocupadas. En Panamá, al igual que en el mundo entero, la esperanza de vida va en aumento, ya sea por los estilos de vida mejorados o por la mayor accesibilidad a los servicios de salud. Lamentablemente, una elevada proporción de la población anciana se encuentra abandonada, a lo que se ha tenido que hacer frente a nivel gubernamental y privado.

Hay ancianos que son atendidos por familiares en el calor del hogar, que es lo ideal. Otros contratan personal para que les atiendan y los menos afortunados son abandonados en centros hospitalarios o simplemente quedan en la calle.

El Municipio de la Ciudad de Panamá ha tenido que fundar ancianatos, el gobierno hospitales geriátricos y la empresa privada y la Iglesia asilos, para atender la alta demanda. Por ende la importancia de este curso, ya que aparte de los médicos especialistas y el personal de enfermería, las personas cuidadoras de ancianos son empíricas, sin formación adecuada. El curso lo están tomando personas que tienen familiares ancianos, otras que trabajan con ancianos y hasta personas que quieren estar preparadas pensando en su propio futuro.Considero necesario prepararse para envejecer satisfactoriamente.

Este curso tiene una duración de 100 horas, de las cuales un 40% son clases teóricas y el 60%, prácticas. Las clases se dictan en aulas de la fundación o en laboratorios de simulación y las prácticas se efectúan en hospitales y ancianatos. El curso prepara a la mujer a dar cuidado integral a la persona, con o sin problemas de dependencia física, en el hogar, en ancianatos y en centros hospitalarios; ayudar al anciano a satisfacer sus necesidades básicas de alimentación, eliminación, higiene, sueño y comodidad, seguridad, pertenencia, recreación, etc.; y aplicar medidas preventivas para evitar problemas que son frecuentes en el anciano: úlceras de presión, deshidratación, desnutrición, accidentes, etc.

La fundación tiene entre sus proyectos la creación formal de una bolsa de trabajo para poder ofrecer empleo al personal que egresa del curso; en la actualidad se trata de emplearlas de acuerdo a las solicitudes que se presentan.

Mando un saludo fraternal al personal de Shalom y exhorto a mis compañeros egresados a que continúen compartiendo sus experiencias por medio de esta excelente revista. Shalom.

Estafeta Universitaria
Facultad de Enfermería
Panamá
Rep. de Panamá
 
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