La medicina natural ha iniciado un popular regreso en Occidente.
por Wendy Elliman
Raíces, frutos, hojas, resinas, ramas y flores han sido empleados durante miles de años para curar y mantener la salud. Los aborígenes americanos bajaban la fiebre utilizando la corteza de sauce siglos antes que se desglosara su código químico y el remedio se vendiera como aspirina. El ingrediente de la dedalera, que en el siglo XIX curaba milagrosamente a los pacientes cardíacos británicos resultó ser una sustancia que hoy se fabrica bajo el nombre de digitalis. El principal ingrediente de la Reserpina, el primer tranquilizante sintético y un gran progreso en el tratamiento de las enfermedades mentales, fue descubierto en una raíz que las tribus de Nigeria usaban para curar a los "lunáticos".
"La medicina moderna tiende a ser escéptica con respecto a los preparados de hierbas," dice la Dra. Sara Sallon, pediatra, gastroenteróloga y directora de la Unidad de Investigación de la Medicina Natural (UIMN) en el Centro Médico Hadassa de la Universidad Hebrea de Jerusalem. "Pero más y más investigadores están mostrando su entusiasmo por una investigación seria, objetiva e independiente de los remedios tradicionales."
La UIMN fue establecida hace seis años para llevar a cabo una investigación científica en lo que Sallon está convencida habrá de resultar en la farmacopea de la curación tradicional. Hasta el momento, la principal atención se ha centrado en la esotérica disciplina de la medicina tibetana. El examen científico de ese tipo de curación recién se hizo posible en el último tiempo. Por tradición religiosa, los secretos de esa medicina fueron guardados durante 1.500 años dentro de los grandes monasterios de Tíbet y se los enseñaba solamente a los monjes médicos. Recién después que China invadiera el Tíbet en 1959 y del viaje del Dalai Lama a Daramsala, en el norte de la India, el conocimiento de la curación tibetana salió de los confines de los monasterios.
Sallon visitó el Centro Médico Tibetano en Daramsala en 1987 y quedó fascinada por el complejo sistema médico holístico que encontró - con su cuidadosamente definida relación entre mente y cuerpo - y la aparente eficiencia de sus remedios. Sallon decidió seguir investigando. Con el establecimiento de la UIMN siete años más tarde, se unió con Padma Ltda. de Suiza, el único productos comercial del mundo de medicamentos tibetanos y comenzó el estudio, en Hadassa, de una fórmula tibetana que se vende en Suiza y en EE.UU.
Una combinación de 22 plantas y minerales, Padma Basic se emplea en el Tíbet para anomalías causadas por el consumo excesivo de carnes rojas, grasas y alcohol - un estado conocido en la medicina occidental como arteriosclerosis. Uno de sus síntomas es la dolorosa obstrucción de las arterias en las piernas. En un estudio de tres años en 80 ancianos que sufren de este mal, los investigadores de Hadassa descubrieron que el Padma Basic alivió considerablemente el estado clínico de los pacientes, mejorando tanto su capacidad para caminar como la presión sanguínea en las piernas. Estos resultados, publicados en The Journal of Vascular Surgery, han sido confirmados en estudios independientes realizados por daneses, suecos, polacos y británicos.
La investigación continúa, y los científicos de Hadassa estudian el Padma Basic para ver cómo funciona y qué más puede hacer. Asimismo, se encuentran en las primeras etapas de investigación otros preparados tibetanos, entre ellos Padma Lax, usado en el Tíbet como un tónico intestinal. Investigadores israelíes están estudiando cómo afecta al intestino irritable, un síndrome responsable del 70% de las visitas a gastroenterólogos en Occidente.
Los hallazgos de esta investigación académica han traído como resultado una creciente popularidad de los preparados Padma, lo que, a la vez, ha causado un problema de abastecimiento. Dado que cada medicamento tibetano está compuesto de una 20 hierbas diferentes - todas cultivadas orgánicamente en un clima asiático - la obtención de la materia prima se ha convertido en un gran desafío. Sallon salió del laboratorio para hallar una solución.
"Israel es conocido por su capacidad agrícola y nosotros tenemos aquí una gama de zonas climáticas - desierto, montaña, mediterráneo, subtropical - de modo que empecé a buscar cultivadores de alta calidad en los que pudiera confiar. El kibutz Ketura, a unos 50 kilómetros al norte de Eilat, fue el tercer lugar que visité. Los encontré muy expertos, muy orientados a la investigación y muy entusiastas."
La horticultora Dra. Elaine Solowey de Ketura recibió la idea con gran entusiasmo, y desde entonces ha destinado 2 de las 8 hectáreas de su huerto experimental a las hierbas tibetanas. "Siempre he estado interesada en las plantas medicinales, y estaba buscando un proyecto orgánico, porque así es como me parece que debe ser la agricultura," dice.
La exploración israelí de la curación tibetana, tanto médica como agrícola, cuenta con el gran apoyo no sólo de los científicos y los consumidores, sino del Dalai Lama mismo.
"Hemos preparado y utilizado nuestras medicinas por generaciones," dijo durante su visita a Israel el año pasado. Nosotros sabemos que funcionan. Pero nuestras recetas no son entendidas en Occidente porque no están en el lenguaje de la ciencia moderna. Estamos encantados de que la investigación israelí los esté haciendo comprensibles a un mundo más amplio."