Un documental fotográfico muestra el otro lado de la vida militar.
por Daniela Ashkenazy
Todos conocemos las fotos "normales" de la vida militar - soldados esforzándose durante el último tramo de una marcha, parados en posición firmes en una ceremonia, u observando a través de un par de binoculares en un puesto de vigilancia en el frente.
Pero la exhibición de Yehudit Matzkel y su libro Faldas a la vista capta mucho más que esos momentos tan formales o familiares de la vida militar. "Faldas a la vista" es el término en la jerga militar para anunciar que se acerca una mujer a un "territorio de varones", como la zona residencial, que Matzkel tomó como título para su documental de tres años de un grupo de soldados de la Brigada Guivati. El documental estaba destinado a ilustrar el progreso de un soldado en una unidad de combate, desde su conscripción hasta su dada de baja.
Fotógrafa profesional, Matzkel ha dedicado dos exhibiciones previas a las FDI: Madre de un soldado (1998), que se centró en los vientres de mujeres, representando el "segundo corte del cordón umbilical", que tiene lugar cuando un joven llega al ejército; y Nacido muerto (1999), basada en fotografías de lápidas de soldados caídos. Faldas a la vista, dice, "pretende captar la esencia de la experiencia militar en un nivel personal, casi íntimo." A la vez, revela rasgos de la cultura militar israelí que la mayoría de los extranjeros desconocen.
El proyecto comenzó en 1994, cuando Matzkel se dirigió a las FDI con un pedido inusual: documentar el servicio militar de su propio hijo. Habiendo registrado su vida desde el nacimiento, no quería permanecer al margen en esa crucial etapa de su vida. En vez de rechazar su pedido, las FDI le plantearon una contraoferta. Sí, Yehudit Matzkel - fotógrafa civil y madre israelí - podría documentar tres años de servicio militar desde el alistamiento al servicio hasta la liberación, pero no en la unidad de su hijo. Así, desde marzo de 1996 a marzo de 1999 Matzkel acompañó a una compañía de nuevos reclutas en la Brigada de Infantería Guivati, desde el día de su enrolamiento, pasando hasta diez días por mes durmiendo y comiendo en la base de ellos, mientras registraba su avance en las tomas de la película. Mantuvo algunas reglas: no entabló conversaciones prolongadas con el grupo, ni les reveló el propósito de su presencia. Pero cada vez que uno de los soldados la veía acercarse, gritaba para advertir a sus compañeros: " Faldas a la vista!".
El resultado comprende no sólo lo previsto - buenas fotografías de un grupo de soldados limpiando sus armas; con la mirada fija en las boinas púrpura, costosamente obtenidas después de una caminata de 76 km.; un uniforme militar colgando del borde del marco de una ventana - el ojo maternal de Matzkel captó también "momentos fugaces" que otros pueden perder, como un sandwich de maíz en conserva con salsa de tomate, preparado con las raciones de combate. "Uno se sorprende de lo que puede parecer sabroso cuando se tiene hambre", dice amargamente. Algunas situaciones son reconocidas al instante por los padres israelíes, como la foto de un soldado llevando una caja con una pizza gigante bajo el brazo mientras conduce a sus padres a su carpa el día de visitas.
La exhibición está llena de muchas imágenes y de situaciones más íntimas que rara vez son registradas. "Mi cámara expone la capacidad de estos jóvenes reclutas de adaptarse a las dificultades e improvisar", dice Matzkel. Pero ellos también necesitan su comodidad hogareña. Los soldados traen sus propias sábanas, toallas adicionales y ropa interior propia, y todos ellos tienen cualquier color y diseño imaginable: el Ratón Mickey, dibujos escoceses, flores. En una foto - que Matzkel dice haber tomado para ilustrar las condiciones de vida temporarias - su lente captó toallas de diferentes tamaños y un calzoncillo colorido colgando como banderas de combate sobre una posición de ametralladora.
Quizás el epítome del "civil" ejército de Israel que se muestra en Faldas a la Vista sea una serie de tomas de soldados tratando de dormir una siesta, tomadas en el calor del verano en un puesto de avanzada de las FDI. Matzkel dice que a ella le gusta particularmene la foto de un soldado, todo uniformado, enrollado como una bola verde en "una posición casi fetal", que ella considera como una reacción a la falta de privacidad y el ruido estridente que hay en las barracas. Otra, es la foto de uno de "sus niños" en las últimas páginas del libro: un soldado de Guivati acostado sobre una cama militar plegable sobre una sábana decorada con enormes flores y apoyado sobre una almohada florida.Vestido solamente con calzoncillos a cuadros negro-rojo-blanco y botas militares, el soldado acerca a su cara un pequeño ventilador de plástico en un intento de "combatir el calor".