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Revision de Ositos de Peluche

1 jun 2001
 ISRAEL REVISTA EN LA RED: Junio de 2001
 
     
Revisión de Ositos de Peluche
 
 

 

 

 

Cortesía de la Facultad de Ciencias de la Salud, Universidad Ben-Gurión/ Ran Schweid

 

 

 

 

 

 

 

 

Cortesía de la Facultad de Ciencias de la Salud, Universidad Ben-Gurión/ Ran Schweid
  Un 'hospital para peluches' ayuda a reducir la ansiedad entre los jóvenes pacientes.

por Judy Siegel-Itzkovich

Los pequeños 'pacientes' sostenidos por sus guardianes, están tranquilos y no se quejan mientras jóvenes doctores los examinan y los atienden. La verdad es que ni abren la boca. Pero eso no es de sorprender, dado que estos pacientes son animales de peluche, los actores principales de un programa para reducir el miedo al tratamiento médico entre los niños de corta edad.

La idea del 'hospital para peluches', delineada según programas que se iniciaron hace unos años en Noruega, Suecia y Alemania, fue adoptada en abril del 2000 por los estudiantes de la Universidad Ben-Gurión del Néguev en los servicios de salud de su facultad en Beer Sheva.

El miedo de los niños pequeños a los médicos, enfermeras y dentistas es bien conocido, y la hospitalización, a pesar de los decorados pasillos y los amistosos doctores puede causar en los niños aún más ansiedad. La "hipertensión del delantal blanco" es un fenómeno común (incluso entre algunos pacientes adultos), que tiene como resultado un dramático ascenso de la presión sanguínea.

En una reciente conferencia de la Asociación Europea de Estudiantes de Medicina (AEEM) en la República de Georgia, Yuval Bloch, un estudiante de quinto año de Medicina en la UBG vio una demostración del hospital de peluches. El presidente de la Asociación de Estudiantes de Medicina del Néguev (AEMN), de 27 años, quedó tan encantado con la idea, que decidió introducirla de inmediato en Israel.

Bloch reclutó ayuda de la AEMN, la AEEM, la UBG y su hospital afiliado- Soroka- así como de la Municipalidad de Beer Sheva y el Ministerio de Educación. No se necesitó mucho apoyo financiero, ya que el proyecto depende en gran medida de voluntarios- estudiantes de medicina, enfermería y fisioterapia de la UBG. Además, el Ministerio de Educación eligió dos jardines de infantes en el distrito para participar: uno dirigido por Bruria Assaf y el otro por Tzipi Sela. Ambas maestras se entusiasmaron con la idea.

"Muchos de los niños del jardín de Bruria no tenía un osito u otro peluche en la casa, de modo que los escogieron del jardín infantil," relata Bloch. "Cada niño inventó una 'enfermedad'o un 'estado'del que 'sufría'su animal, y lo conversó con la maestra," continúa. Posteriormente, los 70 niños de cinco y seis años de edad fueron llevados en autobús al hospital Soroka - sin sus padres. "No quisimos que vinieran padres ni madres porque temíamos que los niños se pegaran a ellos y se sintieran menos independientes," explica Bloch.

Una gran carpa decorada se montó ese viernes en la mañana en el césped fuera del edificio del hospital. Había globos y lápices para dibujar, refrescos y bocadillos. Después de establecerse en el lugar, los niños fueron invitados a una ambulancia bien equipada. Este hospital de peluches estaba equipado con mesas, vendas, otoscopios, estetoscopios, luces, tablillas y jeringas.

Cada 'padre preocupado'describió los síntomas a un 'médico de peluches'. Algunos de los niños escogieron enfermedades sin sentido, como 'enfermedad del color'o 'mal del mar'; otros dijeron que su osito tenía dolor de oídos, garganta irritada, varicela, dolor de estómago o una extremidad fracturada. Muchos niños dijeron que sus 'hijos'necesitaban recibir una inyección. Un niño incluso trajo dos ositos y sostuvo que uno estaba enfermo y había 'contagiado'al otro.

Los doctores examinaron a los peludos pacientes y los atendieron, con algo de ayuda por parte de los niños. "Lo hicimos lo más auténtico posible," dice Bloch. "Cada 'padre'recibió instrucciones para seguir el tratamiento en la casa y en la clase. También recibieron un certificado del 'Doctor de Peluches'." Bloch señala que los estudiantes de la UBG estaban preparados para cualquier eventualidad. "Ninguno de los niños dijo que su peluche había 'muerto', aunque nosotros estábamos decididos a no mentirles. Quisimos ser optimistas, pero si el brazo del osito había sido arrancado, no les dijimos a los 'padres'que volvería a crecer. Y usamos la jeringa sólo si el niño no se asustaba. Además, nos cuidamos de centrarnos en los peluches y no en los problemas de salud de los niños."

Maestra jardinera desde hace 30 años, Bruria comentó que la experiencia del hospital de peluches fue "sobresaliente e inolvidable. Pude ver que los temores y ansiedades de los niños respecto a ir al médico disminuyeron. Seguimos hablando sobre el evento y el tratamiento de sus ositos. Ahora son mucho más expresivos." Bruria espera que Bloch siga visitando su clase y converse con los niños sobre el estado de sus peluches. "Me encantaría ver este programa adoptado en todos los jardines de infantes del país," dice.

Bloch concuerda. "Creemos que haber tenido dos o tres encuentros con los niños en el hospital habría sido más efectivo. Nos gustaría convertirlo en un evento anual," concluye. "El proyecto produjo enormes dividendos entre los niños y los participantes adultos por igual. Me gustaría que los estudiantes de Medicina de otras universidades lo intenten; nosotros informaremos acerca de nuestra experiencia en el próximo encuentro de la Asociación Israelí de Estudiantes de Medicina."

 
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