El Instituto Judío para Ciegos de Jerusalem celebra su centenario.
por Janet Mendelsohn Moshé
Hace un siglo, un muchacho ciego que corría por una callejuela
de la Ciudad Vieja de Jerusalem, fue atropellado por un camello. Si bien
el chico sufrió serias heridas, el accidente tuvo un resultado muy
positivo - la fundación del Instituto Judío para Ciegos.
Fundada por Najum Nathanson, un comerciante que fue testigo del incidente
y por el Rabino Avraham Moshé Lunz, un letrado ciego, la escuela
se abrió en la calle de los Profetas en Jerusalem a comienzos de
1902. Sus objetivos: educar a jóvenes ciegos y elevar su autoestima,
de modo que "no dependan de los demás para recibir ayuda, sino se
conviertan por sí mismos en miembros útiles de la sociedad."
Desde 1973 el instituto funciona en el barrio de Kiriat Moshé
en Jerusalem. El edificio original ha sido refaccionado con el correr de
los años y ahora cuenta con un moderno centro de deportes con una
gran piscina techada. El Instituto es activo en el desarrollo de ligas
deportivas nacionales para no videntes y personas parcialmente ciegas.
En sus comienzos, el Instituto enseñaba las aptitudes básicas
- lectura, escritura y aritmética - y desarrollaba las habilidades
para una "vida cotidiana independiente". Además, se estimulaba los
talentos personales de los estudiantes, siendo la música un escape
natural para muchos de ellos. Uno de los primeros estudiantes del Instituto
fue Esther Hooli, quien llegó a Jerusalem en 1938 a los 6 años
de edad desde su hogar en Alejandría, Egipto, después de
haber quedado ciega a consecuencia de un ataque de difteria.
Como niña lejos de su familia y sin tener conocimientos del idioma
hebreo, Hooli encontró un sorprendente consuelo en la música.
"En el Instituto fue descubierto y desarrollado mi talento musical," dice.
"Recibí clases particulares y me convertí en el primer estudiante
ciego que se graduó en la Academia de Música Rubin de Jerusalem."
Después de finalizar los estudios en la Academia Hooli regresó
al Instituto a enseñar música, y aunque ahora está
jubilada, sigue desempeñando un papel activo allí en
la educación musical.
Más recientemente, inmigrantes de la ex Unión Soviética
y de Etiopía han encontrado también un hogar en el instituto
y muchos de esos niños están teniendo un éxito que
supera todas las expectativas. Cuando su familia inmigró de Etiopía
en 1991, los conocimientos de Biblia que tenía Kibret Asayo estaban
basados en los relatos transmitidos de generación en generación.
En el internado del instituto floreció y su serena determinación
le ayudó a ganar la medalla de oro en el Concurso Nacional de Biblia
en 1995.
El Instituto intenta ahora ampliar sus actividades más allá
de los muros físicos de su edificio en la capital. "No todos los
jóvenes ciegos necesitan los programas del instituto adaptados individualmente,"
explica el director Jaim Reshelbach, "de modo que hemos desarrollado proyectos
que llegan a todos los no videntes y ciegos parciales de Israel." Uno de
estos proyectos es un centro de servicio llamado Beyajad (juntos), que
coordina cursos y seminarios para facilitar la integración en escuelas
normales, eventos deportivos y en el mercado laboral. Si bien el instituto
se ha desarrollado enormemente, ofreciendo el más moderno equipo
de computación e instalaciones deportivas y musicales, Reshelbach
sostiene que la ideología hoy en día sigue siendo fiel a
los fundadores originales: "El Instituto trata de promover la independencia
entre nuestros estudiantes y les ayuda a sacar a luz su potencial en la
sociedad."