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Declaración del Rabino Mijael Melquior, Viceministro de Relaciones Exteriores de Israel
pronunciada por el Embajador Mordejai Yedid, Jefe de la Delegación Israelí
Conferencia Mundial Contra el Racismo, Discriminación Racial, Xenofobia e Intolerancias Afines
Durban, 3 de setiembre de 2001
Sra. Presidenta:
Porqué, cuando fue creado el mundo, creó Dios un solamente un hombre, Adam, y una sola mujer, Eva? Los rabinos respondieron que Dios obró así para que toda la Humanidad proviniera de una única unión, para enseñarnos que todos somos hermanos y hermanas.
Esta Conferencia fue dedicada a esta simple idea. Nosotros, todos nosotros, tenemos una procedencia común, y fuimos creados a imagen y semejanza de Dios, sin diferencia de raza, religión o sexo. Efectivamente, esta simple idea, desconocida por otras civilizaciones de la antiguedad, podría ser el mejor presente que el pueblo judío haya dado al mundo, el reconocimiento de la igualdad y dignidad de todo ser humano.
El valor principal que emana de este principio es el derecho de ser libres y no ser esclavos. Resulta una necesidad imperante que la Comunidad Internacional reconozca, lamentablemente demasiado tarde, la magnitud de la tragedia de la Esclavitud.
El horror a la esclavitud está profundamente grabado en la experiencia del pueblo judío, un pueblo que se formó durante la esclavitud. Durante cientos de años los niños de Israel fueron esclavizados en Egipto, hasta que, según cuenta el libro del Exodo, el pedido de Moisés al Faraón "Deja libre a mi pueblo" anunciaba el primer movimiento de liberación nacional de la historia, modelo que fue imitado por todos los movimientos de emancipación que le siguieron.
La respuesta judía a la esclavitud es de destacar. Más que olvidar o sublimar el sufrimiento, la tradición judía insiste en que todo judío debe recordarla y revivirla. Y hasta hoy, en Pesaj (Pascua judía), toda familia judía vivencia nuevamente la experiencia de la esclavitud, comiendo el pan ácimo y regocijándose una vez más con el sabor de la libertad. Durante toda la época del Exilio este drama tuvo un profundo impacto en la psiquis judía, al asegurarnos que cada niño nacido en condiciones reconfortantes conoce los dolores de la opresión, y todo niño nacido en la opresión conoce la esperanza de la redención.
Pero el recordar nuestro sufrimiento en la esclavitud tuvo una importancia más destacada: recordarnos nuestras obligaciones morales. La experiencia de la opresión no ofrece privilegio alguno, más bien responsabilidad. Tenemos la responsabilidad de proteger al débil, a la viuda y al huérfano y al forastero, porque la Biblia dice: "Uds. mismos han sido extranjeros en la tierra de Egipto". Inclusive Dios, en el primer y más fundamental de los Diez Mandamientos, se identifica no como el "Creador del Mundo" o "El que separó las aguas del Mar Rojo", sino como el "Unico que los liberó de la esclavitud".
Y efectivamente, en todo los paíess en los que han vivido, los judíos han estado al frente de la batalla en pro de los derechos humanos y en pro de la libertad de expresión. Y es lo que deriva de la liberación nacional, que llevó al Exodo y condujo al sueño sionista según el cual los judíos habrían de vivir en libertad en su tierra. De esta idea parte intrínsecamente la creencia de que no solamente un pueblo, sino que todos los pueblos deben ser libres. Esta fue la convicción que Teodoro Herzl, el fundador del movimiento sionista, expresó en su libro Altneuland, en el año 1902:
"Existe todavía un desafortunado problema racial sin resolver. La profundidad de este problema solamente un judío la puede comprender. Me refiero al problema de los negros. Basta con recordar todos aquellos terribles episodios de tráfico de esclavos, de seres humanos que simplemente por el hecho de haber nacido negros eran robados como si de ganado se tratara, tomados prisioneros, capturados y vendidos. Sus hijos crecieron en tierras extranjeras, habiendo sufrido hostilidades por tener una complexión diferente. No me averguenzo de decir, aunque me exponga a una situación ridícula por decirlo, que en el momento que sea testigo de la redención de Israel, mi pueblo, desearía ayudar a la redención del pueblo negro."
Tal como Herzl lo entendió, el recuerdo de la esclavitud es parte integral de la experiencia judía. Un judío no puede llegar a sentirse verdaderamente libre si él o ella no sienten compasión por aquellos que han sido esclavizados.
Sra. Presidenta:
Si la esclavitud es una forma de atrocidad racista, el antisemitismo también lo es. Y por antisemitismo, permítame ser claro, nos estamos refiriendo al odio hacia los judíos. La palabra "antisemitismo" fue deliberadamente forjada por Wilhelm Marr, un racista anti-judío de Alemania, para reemplazar el término judenhass, odio hacia los judíos, que ya no estaba de moda. Esta expresión ha sido siempre y únicamente sido utilizada para describir el odio y la discriminación hacia los judíos. Todos los intentos realizados para erradicar el significado de la palabra no resultan solamente antisemitas, son efectivamente anti-semánticos.
Aquellos que reconocen la existencia del antisemitismo, no solamente tratan de renovar la definición del término, sino que tratan de negar que se trata de una forma diferente de discriminación. Pero en realidad se trata de un odio diferente de todos los que se conocen. Está dirigido contra aquellos que nacieron en circunstancias particulares, sin importar la fe que profesan, y a aquellos que profesan una creencia específica, indististintamente a su lugar de nacimiento. Es la más antigua y más persistente forma de odio contra un grupo de individuos: en el siglo pasado este odio ultimativo condujo al crimen máximo, el Holocausto.
Pero el antisemitismo va más allá del odio hacia el judío. Comenzó aún antes que los judíos existieran y sobrevive en lugares donde solamente cementerios judíos quedaron. Y mientras los judíos deberían ser los primeros en sufrir su influencia, sorprendentemente son los últimos.
El antisemitismo es la revelación de la más recóndita corrupción de una sociedad, porque desde sus raíces los antisemitas se han alimentado del repudio de los valores humanos y morales que el pueblo judío ha legado al mundo. Anne Frank, la niña judía que escondida en la Amsterdam ocupada por los nazis escribió un Diario, se expresaba en estos términos:
"Si tenemos que soportar todo este sufrimiento y si despué,s aún quedan judíos, cuando todo esto termine, entonces los judíos, en vez de estar predestinados al fracaso, seremos considerados como un ejemplo. Quién sabe, puede ser también por nuestra religión, de la cual todo el mundo y los pueblos aprenden tantas enseñanza, que solamente nosotros somos los que ahora sufrimos."
Anne Frank fue asesinada por los nazis en Bergen- Belsen, por el solo hecho de ser judía, tan sólo una más entre un millón y medio de niños judíos asesinados en el Holocausto.
Aquellos que no pueden reconocer la singular malsaña del antisemitismo, tampoco podrán reconocer el hecho indiscutible del Holocausto, el primer intento sistemático de exterminación de todo un pueblo. La década pasada ha sido testigo de un aumento alarmante de aquellos que niegan el simple hecho de tal atrocidad, en el momento en que el Holocausto está dejando de ser una vívida memoria para pasar a ser historia. Después de la aniquilación de seis millones de vidas judías, aparecen aquellos que desearían borrar sus muertes.
Durante esta Conferencia también hemos sido testigos del vil intento de generalizar y pluralizar la palabra "Holocausto", vaciándola de la connotación específica que ha tenido en la historia y despojándola del claro y vital mensaje que contiene para toda la humanidad.
Puede haber algo peor que la aniquilación brutal y sistemática de todo un pueblo, de la detención de los notables judíos de Vilna, Varsovia, Minsk, Lodz, del quemar sus libros sagrados, del robo de su dignidad, su libertad, su cabello, sus dientes, de su conversión en números, en esclavos, pasando a ser cenizas en Auschwitz, Treblinka, Maidanek y Dajau ? Puede existir algo peor que esto?
Y la respuesta es sí, existe algo inclusive peor: actuar de tal manera para después negar y trivializar los hechos, privando a las víctimas de este infortunio, los hijos y los nietos, la legitimidad de su duelo, y evitando que toda la humanidad aprenda la urgente moraleja que evitaría que sucedieran nuevamente.
Sra. Presidenta,
El siglo XX, que fue testigo de las atrocidades del Holocausto, fue también testigo de la materialización del sueño sionista, el reestablecimiento de un Estado Judío en la histórica Tierra de Israel. Para el sionismo resulta bastante simple: el movimiento nacional del pueblo judío, basado en inquebrantables lazos que 4.000 años en el tiempo, desde el Pueblo del Libro hasta la Tierra de la Biblia. El movimiento de liberación nacional del pueblo judío es semejante a los movimientos de liberación de Africa y Asia.
Y se trata de un movimiento del cual otros movimientos nacionales de liberación pueden sentirse perfectamente orgullosos. Siempre tendió al establecimiento una sociedad que reflejara los más altos ideales de la democracia y la justicia para todos sus habitantes, en la cual judíos y árabes pudieran convivir, en la cual la mujer y el hombre tuvieran los mismos derechos, en la cual existiera libertad de pensamiento, libertad de expresión y en la cual todos tuvieran acceso al proceso jurídicol que garantice la protección de dichos derechos.
La aspiración por lograr una sociedad como ésta aparece al principio de la Declaración de la Independencia de Israel:
"El Estado de Israel... forjará el desarrollo de su país en beneficio de todos sus habitantes, garantizará completa igualdad de derechos sociales y políticos a todos sus habitantes, sin diferencia de credo, raza o sexo, garantizará la libertad de culto, conciencia, lengua, educación y cultura."
Esto representa una tarea ardua, una batalla constante. Y no siempre se logra. Pero, aún frente a la abierta hostilidad de sus vecinos y bajo las continuas amenazas contra su existencia misma, son pocos los países que han dedicado tantos esfuerzos para dar cuerpo a tal ideal. Unos pocos países, nacidos al mismo tiempo que Israel, y de tamaño similar, han recibido inmigrantes provenientes de más de cien países e individuos de distinto color y que hablan variedad de lenguas, estos escasos países han enviado asistencia médica y medios de apaliar desastres naturales, con el fin de aliviar tragedias humanas, afectaran el lugar que afectaran, manteniendo medios de comunicación libres, incluyendo los más liberales entre los países árabes dondequiera se encuentren en Medio Oriente.
Y aún más, aquellos que no se animan a pronunciar la palabra "Holocausto" o a reconocer la naturaleza atroz del antisemitismo, tendrían que haberlo condenado. "Acaso alguno de esos Estados árabes que concibieron esta obscenidad se detuvieron un momento para considerar su propio récord? O a pensar, en la situación de los judíos y la de otras minorías existentes en sus propios países?
Esos países quisieran que creamos que son antisionistas, no antisemitas, pero una y otra vez este nexo continúa resultando falso. Qué significan esas despreciables caricaturas de judíos que llenan la prensa árabe y están circulando en medio de esta Conferencia? Acaso esas viciosas calumnias inventadas y diseminadas por nuestros enemigos, sobre el uso de gas venenoso, o la increíble historia sobre las balas de uranio, o el contagio de niños con inyecciones de virus de sida no son la reencarnación misma de las antiguas patrañas antisemitas?
Criticar la política de Gobierno de Israel, o de cualquier otro país eslegítimo, y aún vital. Efectivamente, como Estado democrático, muchos ciudadanos lo hacen. Pero existe una gran diferencia entre criticar a un país y negar el derecho a su existencia. El anti- sionismo, la negación del derecho básico de los judíos a su hogar, no es simplemente más que antisemitismo. Y así se expresaba el Dr. Martin Luther King:
"Ud. declara, amigo mío, que Ud. no odia a los judíos, Ud. tan sólo es "anti sionista". Y yo digo, propaguemos la verdad a grandes gritos por doquier. Que este eco resuene en los valles de la próspera tierra de Dios: cuando la gente critica al sionismo, se están refiriendo a los judíos...el sionismo es nada menos que el sueño y el ideal del pueblo judío de retornar a su propia tierra... y qué es el antisionismo? Es la negación al judío de su derecho básico que de manera justa estamos exigiendo para el pueblo de Africa y otras naciones del globo. Se trata de discriminación contra los judíos por el hecho mismo de ser judíos. Esto es antisemitismo, en suma."
El enraizado odio hacia los judíos que tomó la forma de un antisionismo, y que se puso de relieve en esta Conferencia es, sin embargo, diferente del antisemitismo que ya se conoció en el pasado, desde un punto de vía crucial: hoy está siendo propagado deliberadamente y manipulado para la obtención de fines políticos. Los niños no nacen racistas, el racismo es el resultado de una falta de educación y de manipulación política.Y hoy en día las generaciones de niños palestinos están siendo deliberadamente y sistemáticamente adoctrinadas, munidas de libros de texto ensangrentados con material difamatorio, y los programas televisivos infantiles están siendo salpicados por el odio. Esta estrategia tan arriesgada está confinada al fracaso, pero cobrará un precio muy alto.
El conflicto entre nosotros y nuestros vecinos palestinos no es racial, y esta Conferencia no es el foro indicado para que sea discutido. El mismo es político y territorial, y, como tal, puede y debe ser resuelto para finalizar con el sufrimiento y traer la paz y seguridad al pueblo israelí y al palestino. La senda que conduce a tal resolución es clara: el inmediato cese de la violencia y el terror y la reanudación de las recomendaciones del Informe de la Comisión Mitchell, aceptado por ambas Partes. Las ultrajantes y maníacas acusaciones que hemos escuchado aquí intentan convertir un asunto político en racial, sin dejar casi lugar a una esperanza de resolución.
Apenas un año atrás, en Camp David, el Gobierno de Israel demostró su profundo interés para el logro de la paz, ofreciendo a nuestros vecinos palestinos una oportunidad única e imposible de despreciar. Dichos compromisos de Israel fueron aplaudidos por toda la Comunidad Internacional. Pero, los palestinos no aceptaron dichas proposiciones, y tampoco ofrecieron ningún compromiso en cambio. Para nuestro asombro, respondieron con la violencia. Durante el pasado año la violencia ha sufrido una escalada, derivando en inhumanos ataques contra la población civil israelí, forzando a Israel a asumir una postura que aborrecemos, protegiendo a nuestros ciudadanos por medio de recursos militare, que habíamos rezado para que fueran relegados al pasado.
No he de referirme aquí a la declaración de decepción que hemos escuchado de la Autoridad Palestina. Más que utilizar su foro vital para inspirar a su propio pueblo, y al pueblo del mundo en búsqueda de la paz, el honor y la armonía, han aprovechado este podio para la incitación y la amargura. Otra oportunidad que el líder del pueblo palestino ha dejado pasar.
Mis propias primas, dos pequenas niñas y su hermano, perdieron sus piernas hace tan sólo unas semanas, en un ataque terrorista contra un autobús escolar. También algunos niños palestinos han sido víctimas de heridas incurables. Las calumniosas infamias, la delegitimación y deshumanización que hemos escuchado en esta Conferencia no ayudarán a evitar que más madres y padres israelíes y palestinos sepulten a sus pequeños en los cementerios.
Pero aquí y ahora, algo más valioso que la paz en Medio Oriente está siendo sacrificado: los más altos valores de la humanidad. El racismo, bajo todas sus formas, constituye una de las más difundidas y perniciosas malsañas que existen, privando a millones de individuos de la esperanza y de sus derechos fundamentales. Hubiera sido de esperar que esta Primera Conferencia del siglo XXI hubiera introducido el desafío de, si bien no erradicar el racismo, por lo menos desarticularlo. Pero en lugar de lograr humanidad, el racismo está siendo sacrificado en favor de una agenda política. Una década apenas después que las Naciones Unidas derogara la infame resolución que igualaba sionismo a racismo, y después que el Secretario General Kofi Annan, como de costumbre recordara dicho hecho restándole importancia, señalándolo como un "punto bajo" en la historia de las Naciones Unidas, un grupo de Estados para los cuales los términos "racismo", discriminación e inclusive "derechos humanos" simplemente no aparecen en su vocabulario regular, ha ejercido coerción sobre esta Conferencia y logrado su hundimiento a profundidades más abismales.
Puede haber ironía más grande que el hecho de que una conferencia que acordó combatir el flagelo del racismo ofrezca una plataforma a las declaraciones más racistas en la principal organización internacional existente desde la Segunda Guerra Mundial?
A pesar del vicioso tema del antisemitismo que hemos escuchado aquí, no temo por el pueblo judío, que ha aprendido a ser resiliente y a recobrarse rápidamente a través de su fe.
A pesar de la virulenta incitación contra mi pueblo, no temo por él, que no solamente tiene valentía, sino también la fuerza de la convicción.
Pero sí tengo miedo, muy profundamente, por las víctimas del racismo. Temo por los esclavos, por aquellos que han sido privados de sus derechos civiles, por los oprimidos, por el odio inexplicable, por los pobres, por los despreciados, por esos millones de individuos que dirigen su mirada hacia esta sala, con la frágil esperanza que pueda prestar oído a su sufrimiento. Por los que ven que un odio ciego y enfermizo hacia los judíos convirtió sus esperanzas en una farsa. Por ellos temo.
Estamos aquí como representantes de Estados, y Estados de tal naturaleza poseen intereses políticos y agendas. Pero nosotros somos también seres humanos, todos hermanos y hermanas creados a imagen y semejanza de Dios. Y en estos momentos de silencio en los que reconocemos nuestra común humanidad, y observando nuestras almas, consideremos lo que hemos venido a hacer aquí, y lo que en realidad hemos hecho:
Hemos venido a aprender de nuestra historia, pero constatamos que está siendo enterrada a fin de ocultar sus significados.
Hemos venido a comunicarnos a través de la lengua de la humanidad, pero escuchamos un vocabulario incomprensiblemente tergiversado.
Hemos venido para pronunciarnos en favor de los sagrados valores encomendados a nuestro pueblo, pero los hemos visto pervertidos en favor de fines políticos.
Y, para finalizar, hemos venido para apoyarr a las víctimas del racismo, pero hemos sido testigos de que en su nombre, otra atrocidad más ha sido cometida.
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