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Manejar el Estres

1 sep 2001
 ISRAEL REVISTA EN LA RED: Septiembre 2001
 
     
Manejar el Estres
 
 

 

 

 

 

Cortesía de la Organización Médica Hadasa
 

Un nuevo curso de técnicas de relajación ayuda a las enfermeras a reducir sus propios niveles de estrés y mejora la salud y recuperación de sus pacientes.

por Judy Siegel-Itzkovich

Estrés, dolores en la espalda inferior, insomnio, depresión, irritabilidad, hipertensión y otros problemas son considerados amenazas ocupacionales entre los "ángeles de blanco" de los hospitales. Durante el último año las enfermeras han tenido además que tratar a víctimas de ataques terroristas suicidas, víctimas de disparos en las carreteras, apuñalados y al peor desastre civil en la historia de Israel - el derrumbe del salón de fiestas Versailles en Jerusalem en mayo pasado, en el que 23 invitados a la boda resultaron muertos y cientos quedaron heridos.

Un grupo de 25 enfermeras del Hospital Universitario Hadassa en el barrio de Ein Karem en Jerusalem fueron, por lo tanto, muy afortunadas en participar en el primer curso de adiestramiento de enfermeras para reducir el estrés. El curso de siete meses incluyó métodos de relajación profunda fáciles de aplicar tales como el yoga, técnicas de meditación y terapias basadas en el tacto, como la acupresión y el masaje shiatsu.

La Dra. Sara Sallon, una pediatra nacida en Gran Bretaña que dirige la Unidad de Investigación de Medicina Natural en la Organización Médica Hadasa, tuvo la iniciativa de realizar el curso. En 1997, Sallon, que dedica gran parte de su tiempo al estudio de la medicina tibetana tradicional, sugirió a la dirección de Hadassa llevar a cabo un programa piloto de reducción del estrés para las enfermeras del hospital que trabajan en unidades de mucho estrés.

El curso fue dictado por la inmigrante de Sudáfrica Debbie Eisner, una maestra de yoga capacitada en el Instituto Wingate de Educación Física, cerca de Natania. Después del curso, las enfermeras que participaron en él informaron acerca de una significativa reducción en las licencias por enfermedad y un 40% de las fumadoras abandonaron del todo el cigarrillo o redujeron significativamente el hábito. Las enfermeras informaron una significativa disminución en los niveles de ansiedad, irritabilidad, depresión, falta de concentración, insomnio y fatiga. Los efectos fueron tan beneficiosos que hace un año Eisner recomendó un curso más amplio para instructoras, de modo que las enfermeras pudieran transmitir las técnicas aprendidas a sus colegas. El curso, también dictado por Eisner, fue subsidiado por el filántropo Louis L. Borick de Los Angeles, y el dinero adicional fue conseguido por Julia Darwood de Hadasa Internacional, Gran Bretaña.

Aunque la mayoría de las enfermeras llegaba directamente a la lección semanal de dos horas, al finalizar su turno, exhaustas y tensas, para su sorpresa concluían física y mentalmente refrescadas. El curso fue reconocido oficialmente por el Ministerio de Salud como créditos en la "continua educación de enfermería" y tres cuartas partes de las participantes solicitaron que en el próximo otoño se ofreciera un curso de más alto nivel.

Con el fin de probar en forma científica los efectos del curso en vez de basarse solamente en evidencias anecdóticas, Sallon escogió un grupo de control de enfermeras que no participaron en el curso, y comparó sus respuestas a exhaustivos cuestionarios con las respuestas de las participantes, antes que el curso empezara, y después de su finalización. Descubrió que las enfermeras que se voluntarizaron a seguir el curso, tenían antes del curso niveles más altos de estrés que sus contrapartes en el grupo de control. Pero después de finalizar el mismo, las enfermeras mostraron significativamente menos tensión muscular, irritabilidad, dolor de espalda y estrés que el grupo de control, e incluso informaron que su salud general había mejorado. "Mostraron una mejor capacidad de relajamiento y también eran capaces de afrontar de mejor forma el estrés fuera del trabajo," señala Sallon.

Atara Lev-Paz es una enfermera de la unidad de tratamiento intensivo de neurología pediátrica. "El estrés es, lamentablemente, parte integral del trabajo de una enfermera," explica. "Incluso en la escuela de enfermería fue reconocido como un importante tema ocupacional, pero no había muchas soluciones." Lev-Paz empezó a emplear técnicas de relajación en sí misma en la casa y en el trabajo. "Grababa sesiones y se las hacía escuchar a mis colegas. Recientemente, cuando un paciente se quejó de un serio dolor de cabeza, le pedí que se acostara en una posición cómoda y le ayudé por medio de un "rastreo corporal". En esta técnica uno respira de un modo especial, dirigiendo consciente y gradualmente el oxígeno a la parte del cuerpo que duele. El paciente localizó la parte del cuerpo, la relajó y permitió que le llegara oxígeno.No se trató de un efecto de placebo; existe una base científica para esto. Cuando el abastecimiento de sangre y su oxígeno se dirigen a un órgano específico, éste se expande. Eso alivia el dolor."

Rajel Levanon, enfermera de la unidad de tratamiento intensivo de neonatos - una de las unidades más exigentes del hospital - explica que la constante necesidad de vigilar y tratar a los bebés prematuros le deja poco tiempo para descansar. Ella pone en práctica regularmente las técnicas de relajación aprendidas en el curso, incluso cuando se detiene en un semáforo rojo camino a su casa al finalizar el turno de la noche.También las aplicó en su marido cuando éste estuvo gravemente enfermo. "Lo que aprendimos no solamente es muy útil para las enfermeras, sino puede ser muy beneficioso para cualquier persona que se sienta tensa, sea cual fuere su ocupación."

 
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