Un nuevo curso de técnicas de relajación ayuda a las enfermeras
a reducir sus propios niveles de estrés y mejora la salud y recuperación
de sus pacientes.
por Judy Siegel-Itzkovich
Estrés, dolores en la espalda inferior, insomnio, depresión,
irritabilidad, hipertensión y otros problemas son considerados amenazas
ocupacionales entre los "ángeles de blanco" de los hospitales. Durante
el último año las enfermeras han tenido además que
tratar a víctimas de ataques terroristas suicidas, víctimas
de disparos en las carreteras, apuñalados y al peor desastre civil
en la historia de Israel - el derrumbe del salón de fiestas Versailles
en Jerusalem en mayo pasado, en el que 23 invitados a la boda resultaron
muertos y cientos quedaron heridos.
Un grupo de 25 enfermeras del Hospital Universitario Hadassa en el barrio
de Ein Karem en Jerusalem fueron, por lo tanto, muy afortunadas en participar
en el primer curso de adiestramiento de enfermeras para reducir el estrés.
El curso de siete meses incluyó métodos de relajación
profunda fáciles de aplicar tales como el yoga, técnicas
de meditación y terapias basadas en el tacto, como la acupresión
y el masaje shiatsu.
La Dra. Sara Sallon, una pediatra nacida en Gran Bretaña que
dirige la Unidad de Investigación de Medicina Natural en la Organización
Médica Hadasa, tuvo la iniciativa de realizar el curso. En 1997,
Sallon, que dedica gran parte de su tiempo al estudio de la medicina tibetana
tradicional, sugirió a la dirección de Hadassa llevar a cabo
un programa piloto de reducción
del estrés para las enfermeras del hospital que trabajan en
unidades de mucho estrés.
El curso fue dictado por la inmigrante de Sudáfrica Debbie Eisner,
una maestra de yoga capacitada en el Instituto Wingate de Educación
Física, cerca de Natania. Después del curso, las enfermeras
que participaron en él informaron acerca de una significativa reducción
en las licencias por enfermedad y un 40% de las fumadoras abandonaron del
todo el cigarrillo o redujeron significativamente el hábito. Las
enfermeras informaron una significativa disminución en los niveles
de ansiedad, irritabilidad, depresión, falta de concentración,
insomnio y fatiga. Los efectos fueron tan beneficiosos que hace un año
Eisner recomendó un curso más amplio para instructoras, de
modo que las enfermeras pudieran transmitir las técnicas aprendidas
a sus colegas. El curso, también dictado por Eisner, fue subsidiado
por el filántropo Louis L. Borick de Los Angeles, y el dinero adicional
fue conseguido por Julia Darwood de Hadasa Internacional, Gran Bretaña.
Aunque la mayoría de las enfermeras llegaba directamente a la
lección semanal de dos horas, al finalizar su turno, exhaustas y
tensas, para su sorpresa concluían física y mentalmente refrescadas.
El curso fue reconocido oficialmente por el Ministerio de Salud como créditos
en la "continua educación de enfermería" y tres cuartas partes
de las participantes solicitaron que en el próximo otoño
se ofreciera un curso de más alto nivel.
Con el fin de probar en forma científica los efectos del curso
en vez de basarse solamente en evidencias anecdóticas, Sallon escogió
un grupo de control de enfermeras que no participaron en el curso, y comparó
sus respuestas a exhaustivos cuestionarios con las respuestas de las participantes,
antes que el curso empezara, y después de su finalización.
Descubrió que las enfermeras que se voluntarizaron a seguir el curso,
tenían antes del curso niveles más altos de estrés
que sus contrapartes en el grupo de control. Pero después de finalizar
el mismo, las enfermeras mostraron significativamente menos tensión
muscular, irritabilidad, dolor de espalda y estrés que el grupo
de control, e incluso informaron que su salud general había mejorado.
"Mostraron una mejor capacidad de relajamiento y también
eran capaces de afrontar de mejor forma el estrés fuera del
trabajo," señala Sallon.
Atara Lev-Paz es una enfermera de la unidad de tratamiento intensivo
de neurología pediátrica. "El estrés es, lamentablemente,
parte integral del trabajo de una enfermera," explica. "Incluso en la escuela
de enfermería fue reconocido como un importante tema ocupacional,
pero no había muchas soluciones." Lev-Paz empezó a emplear
técnicas de relajación en sí misma en la casa y en
el trabajo. "Grababa sesiones y se las hacía escuchar a mis colegas.
Recientemente, cuando un paciente se quejó de un serio dolor de
cabeza, le pedí que se acostara en una posición cómoda
y le ayudé por medio de un "rastreo corporal". En esta técnica
uno respira de un modo especial, dirigiendo consciente y gradualmente el
oxígeno a la parte del cuerpo que duele. El paciente localizó
la parte del cuerpo, la relajó y permitió que le llegara
oxígeno.No se trató de un efecto de placebo; existe una base
científica para esto. Cuando el abastecimiento de sangre y su oxígeno
se dirigen a un órgano específico, éste se expande.
Eso alivia el dolor."
Rajel Levanon, enfermera de la unidad de tratamiento intensivo de neonatos
- una de las unidades más exigentes del hospital - explica que la
constante necesidad de vigilar y tratar a los bebés prematuros le
deja poco tiempo para descansar. Ella pone en práctica regularmente
las técnicas de relajación aprendidas en el curso, incluso
cuando se detiene en un semáforo rojo camino a su casa al finalizar
el turno de la noche.También las aplicó en su marido cuando
éste estuvo gravemente enfermo. "Lo que aprendimos no solamente
es muy útil para las enfermeras, sino puede ser muy beneficioso
para cualquier persona que se sienta tensa, sea cual fuere su ocupación."