Un taller en Jerusalem produce hermosos bordados hechos a mano.
por Janet Mendelsohn Moshé
En un poema escrito hace miles de años por el Rey Salomón
y que aún se recita cada sábado en los hogares judíos
tradicionales, la dueña de casa es alabada por ser práctica
y laboriosa, económica y segura. Los versos relatan cómo
"busca lana y lino, y lo trabaja con sus manos
diligentes ... para sí hace mantos; de lino fino y púrpura
es su vestido." (Proverbios 31:13,22)
A pesar de que hoy en día la mayoría de las ropas y los
bordados se producen en fábricas, los trabajos manuales delicados
aún son admirados. A mediados de la década de 1980, se estableció
un taller comunitario con la asistencia de judíos de Sudáfrica
y el Keren Hayesod, con el objetivo de dar trabajo a los habitantes del
barrio bujaro de Jerusalem. El barrio fue fundado a fines del 1800 por
judíos ricos de Bujara, Samarcanda (en la actualidad ambos en Uzbekistán),
pero hoy en día cuenta con una población de distintas procedencias
con un alto porcentaje de ancianos y necesitados. La idea del taller de
bordado tradicional fue recibida con entusiasmo, como un modo de aliviar
algunas de las dificultades financieras de los habitantes.
El taller se llamó Cuzarí, a nombre de los cuzares, un
grupo de nómades turcos que en los siglos VII-X se convirtió
al judaísmo. Aunque muchas de las trabajadoras en el taller Cuzarí
son mujeres ancianas, sus ágiles dedos no muestran su edad mientras
realizan coloridos y estilizados bordados de piezas étnicas y judaica.
Los bordados son cosidos sobre terciopelo o trozos de satén; a veces
se les agregan lentejuelas o pequeñas cuentas, cintas y flecos completan
la obra. Bajo el vigilante ojo de Nili Sverdlov, las piezas terminadas
son siempre imaginativas, precisas y hermosas.
"A pesar de que muchas de las mujeres aprendieron a bordar a una edad
temprana, tuvieron poco tiempo para hacer uso de sus habilidades mientras
se dedicaban a sus familias," explica Nili. "Cuando se "Cuando se difundió
la existencia del taller, empezaron a llegar con ejemplos de sus labores."
En su época de auge, trabajaban en el taller unas 50 mujeres,
pero con la disminución del turismo, hoy en día están
empleadas solamente la mitad. Además de las habitantes del barrio,
se han unido al personal algunas costureras de la ex Unión Soviética,
así como mujeres más jóvenes que están aprendiendo
el arte del bordado. Unas admiran el trabajo de las otras, el ambiente
de camaradería es contagioso y a pesar de sus diferentes procedencias,
es evidente que disfrutan de trabajar juntas.
"Usamos ostentosos diseños de las diferentes comunidades que
forman la textura del Israel de hoy," explica Nili, señalando
unos coloridos gallos en verde y púrpura bordados sobre un adorno
de pared de de pared de inspiración kurda. Las siete especies nativas
de la Tierra de Israel también son un motivo popular, al igual que
Jerusalem. Los artículos más populares son paños bordados
para cubrir las jalot (pan trenzado) de shabat y las cubiertas redondas
para las matzot (pan ácimo) que se comen en Pésaj. Pedidos
especiales incluyen cortinas para
adornar el arca sagrada en las sinagogas y coberturas para los rollos
de la Torá.
Además, los textiles bordados a mano se usan en fundas de almohadones,
adornos de pared y accesorios de moda. Una nueva línea de diseños
de este tipo de artículos incluye hermosas citas bordadas de los
Salmos y el Libro de Isaías.
"El taller Cuzarí es un lugar especial en el que el mundo se
mueve con más lentitud y aún se aprecia la artesanía
experta," dice Nili.