El Instituto Afro-Asiático de Cooperación y Estudios Laborales, predecesor del Instituto Internacional - Histadrut, actualmente en Kfar Saba, nació parar servir a pueblos más bien que a gobiernos. Akiva Eger fue en 1958-59 el director del (primer) Seminario Afro-Asiático sobre Cooperación en Tel Aviv, que duró tres meses y al que asistieron 60 participantes de 17 países de habla inglesa y francesa. Akiva fue el segundo director del Instituto, durante sus años formativos (1960-1980), y siguió creyendo firmemente en la utilidad de los marcos cooperativos hasta su fallecimiento, este año. Pertenecía a la generación de los fundadores de MASHAV. Para recordar al hombre, sus ideales y su contribución, reproducimos aquí un artículo* que escribió en 1978 sobre los inicios del Instituto Afro-Asiático.
"Entre las instituciones creadas en el último cuarto de este siglo para la formación de líderes de trabajadores del Tercer Mundo, el Instituto Internacional para Cooperación en el Desarrollo y Estudios Laborales, de Israel, puede ser considerado como único en su género en varios aspectos importantes. No fue creado por la Organización General de Trabajadores de Israel (Histadrut) de improviso sino por una evolución casi orgánica y muy gradual a partir de seminarios ad hoc. Éstos habían sido organizados en respuesta al creciente interés de dirigentes laborales del extranjero, de visitar en Israel para un estudio in situ del papel de las organizaciones de trabajores en el desarrollo social y económico del país. Cuando a mediados de los años cincuenta, dirigentes laborales de Asia, que habían conocido en conferencias socialistas internacionales a los delegados de la Histadrut, pidieron a ésta que organizara seminarios en beneficio de los países en desarrollo, ello nos sorprendió: el caso de Israel era tan distinto, tanto el del país como el de su pueblo, que los problemas específicos de su desarrollo no nos parecían muy pertinentes para los países del Tercer Mundo.
Por ello acogimos la solicitud de organizar estudios en Israel con no pocas reservas. De hecho nos sentíamos reacios a realizar lo pedido. En el período inicial de independencia de nuestro país, estábamos tan inmersos en nuestros propios problemas de desarrollo, que entonces parecían casi insolubles, que considerábamos imprescindible consagrar todas nuestras energías a asegurar el éxito de nuestros esfuerzos. En los congresos de la Internacional Socialista celebrados en Rangún y en Bombay, y en los de la Federación de Organizaciones Sindicales Libres en Europa y otros lugares, los delegados de la Histadrut se habían reunido con los representantes más destacados de los organismos laborales, federaciones sindicales y movimientos de liberación nacional de Asia y de África. De esas entrevistas nacieron visitas a Israel, en las que la Histadrut acogió a sus amigos de Asia y África y les mostró el minúsculo Israel, un laboratorio vivo de experiencias socioeconómicas en desarrollo, en el cual el Movimiento de Trabajadores de Israel había tenido y seguía teniendo un papel vital y decisivo. Las visitas llevaron a sugerencias más claramente enunciadas de organización de seminarios, cuando los vistantes pudieron observar directamente el desarrollo del país. De ello dedujeron que algunas de las experiencias de Israel podían ser útilmente compartidas y analizadas, por ser muy pertinentes -y por ende potencialmente benéficas- para sus propios países en desarrollo y sus movimientos laborales.
Así, desde un principio estuvimos a la escucha: no pretendimos saber más de lo que sabíamos y no propusimos "soluciones." Escuchando atentamente, tratamos de comprender a nuestros asociados durante los primeros seminarios ad hoc organizados por la Histadrut. Aprendimos con bastante rapidez que todo lo que podíamos ofrecer era compartir nuestras experiencias, inclusive las lecciones aprendidas de nuestros errores; comparar; distinguir variedades de opciones; creer más firmemente que antes que el hombre podía introducir cambios decisivos en sus condiciones de vida si se educaba y formaba a sí mismo con miras a niveles más elevados de cambio en las condiciones sociales y económicas. Nuestra confesada ignorancia, considerada incialmente como un obstáculo y una razón para no acceder a las primeras peticiones de los países en desarrollo y los movimientos, se convirtió -según lo vemos claramente hoy gracias a la perspectiva temporal- en nuestra mayor ventaja relativa en nuestra cooperación internacional para el desarrollo y/o asistencia. Desde un principio, nuestras actividades se orientaron a estudios comparativos dentro del laboratorio vivo de la sociedad laboral israelí, más bien que hacia la indoctrinación en los principios específicos de cierta técnica o la transferencia mecánica de tecnologías.
Algunas lecciones de la experiencia del Instituto:
- La condición básica de toda cooperación efectiva en el proceso de desarrollo es comprender que las necesidades de nuestro asociado deben percibirse tal y como él mismo las evalúa; lo que uno, con actitud paternalista, considera "bueno para ellos" es totalmente irrelevante.
- No hay planes de desarrollo - sólo opciones para elección.
- Una "forma de vida" no se puede enseñar, debe ser creada y aplicada por quienes la viven.
- La miseria de la "condición humana" no es una "armonía social preestablecida" sino una creación del hombre y por lo tanto modificable por el esfuerzo humano.
- El instrumento principal del desarrollo no es el capital sino el ser humano con su creciente capacidad para modificar la sociedad y la economía; el ser humano es la meta primordial y al mismo tiempo la herramienta esencial del desarrollo.
- El movimiento laboral debe ser importante para sus miembros merced a su propia humanización: las necesidades del miembro y de su familia -la agrupación sindical como familia ampliada- son y deben ser la preocuación central de la organización.
- El sindicalismo aislado del cambio social y económico es inadecuado: debe brindar más servicios públicos a sus miembros sobre una base cooperativa.
- La construcción de una infraestructura humana debe preceder a la de una infraestructura económica, o cuando menos ser simultánea con ella.
La labor del Instituto es la construcción de un puente entre personas que trabajan y entre naciones. Por ello, constituye un factor progresivo, conducente a la paz. El Instituto espera poder servir la causa de la paz y el desarrollo también en la región en la cual está ubicado; ayudar eficazmente a demoler los muros de odio entre las gentes; y contribuir a una mejor comprensión humana en sus esfuerzos por moldear una sociedad más significativa al servicio de la humanidad."
Los ideales de Akiva Eger siguen vigentes hoy en día.
Reproducido de Kidma Revista Israelí de Desarrollo Vol. IV N 1 (N 13/1978)