Mark Schulman
Este reportero visitó a una egresada de MASHAV en Australia. Mark Schulman, un periodista que reside en Canberra con su esposa, Noa Furman, Primera Secretaria de la Embajada de Israel en Australia, informa que Lynette Liddle (Instituto Internacional, 2000) está poniendo en práctica lo que aprendió en Israel y al mismo tiempo realiza una labor pionera entre la población aborigen de su país.
Gundagai, Wagga Wagga, Collingullie, Narrandera. Los nombres de las localidades se hacen cada vez más extraños y difíciles de pronunciar, a medida que me voy adentrando por Nueva Gales del Sur en dirección a Leeton, un poblado de 7000 almas, a siete horas por carretera de Sidney, la capital del Estado.
Leeton es una comunidad agrícola ubicada en el Distrito de Riego de Murrumbidgee, un llano monótono de dos mil kilómetros cuadrados, que produce la mayor parte del arroz del país, así como las tres cuartas partes de la uva de vino y de los cítricos de Nueva Gales del Sur. Estamos en enero, en pleno verano austral y la temporada de la cosecha toca a su fin. El trigo se amontona en los silos y los agricultores están quemando los rastrojos de arroz, a fin de preparar la tierra para la próxima temporada.
Sobre este trasfondo me reúno con Lynette Liddle, una de las más recientes graduadas del Centro de Cooperación Internacional del Ministerio de Relaciones Exteriores de Israel (MASHAV) y la primera mujer aborigen de Australia en haber obtenido una beca de estudios en Israel. Lynette, que desempeña las funciones de oficial de educación en la Universidad Agrícola de Murrumbigee, regresó últimamente de Israel, donde participó en curso sobre Potenciamiento de la Mujer para la Gestión de Organizaciones Populares, en el Instituto Internacional de la Histadrut en Kfar Saba.
El curso de MASHAV, que duró un mes, tenía por objetivo ofrecer a las participantes una mejor apreciación de las cuestiones de género en los lugares de trabajo y en la comunidad y promover a las mujeres a posiciones de liderazgo en sus respectivos países.
Ser líder y servir de ejemplo para su comunidad no es ninguna novedad para Lynette, que fue la primera aborigen australiana en obtener un título de B.Sc. en Agricultura por la universidad de Adelaida, Australia Meridional, y un título de M.Sc. en manejo y desarrollo del medio ambiente por la Universidad Nacional Australiana de Canberra.
"En ambos casos, fui la primera aborigen australiana en obtener esos títulos" explica Lynette a la revista Shalom. "Estuve entre los pioneros que abrieron el camino a los aborígenes para diplomarse en ciencias."
Con ello, Lynette se incorpora a la lista de los aborígenes australianos más distinguidos, al lado de Cathy Freeman, ganadora de la medalla de oro olímpica en 400 metros y el senador Aden Ridgeway, segundo indígena australiano elegido al parlamento federal. El Senador Ridgeway visitó Israel en 1999, como miembro de una delegación del Grupo Parlamentario de Amistad Australia-Israel.
Otros aborígenes australianos han visitado Israel, entre ellos dos médicos, becados últimamente por los Amigos Australianos de la Universidad Hebrea y la Embajada de Israel en Australia para realizar estudios de maestría en salud pública en la Universidad Hebrea de Jerusalén. En 1999, una delegación de dirigentes aborígenes de la Comisión del Área Central del Territorio Septentrional visitó Israel, a fin de explorar las posibilidades de cooperación en los campos de la agricultura, la piscicultura y el desarrollo regional.
Aunque los aborígenes han estado viviendo en Australia por más de 50.000 años, según lo confirman sus mundialmente famosas pinturas rupestres, hoy en día constituyen sólo el 2 por ciento de los 19 millones de habitantes del continente. Según el Departamento de Asuntos Aborígenes y del Estrecho de Torres, los indígeneas australianos tienen mucho menores probabilidades de completar estudios secundarios que los demás australianos y aun menores de efectuar estudios superiores. Con todo, las estadísticas están comenzando a mejorar un tanto. En 1999, unos 8.000 aborígenes asistían a cursos de educación superior, frente a 3.300 en 1988. Las mujeres constituyen el 63 por ciento de los alumnos de educación superior.
Pese a haberse criado en una finca ganadera aislada, cerca del Ayer's Rock (el gigantesco monolito en el centro del desierto australiano, que los aborígenes veneran), a centenares de kilómetros de la aldea o la escuela más próxima, siempre la educación tuvo la máxima prioridad.
"Quien ejerció la mayor influencia -recuerda Lynette- fue mi bisabuela. Aunque no había recibido ninguna educación formal, era ella quien nos decía a nosotros, los niños, que fuéramos a la escuela y siguiéramos estudiando."
Este consejo fue seguido, ya que Lynette y sus cuatro hermanos y hermanas pasaron a Alice Springs para asistir a la escuela secundaria y después cursar estudios superiores, cada uno en carreras distintas. Su hermana gemela fue la primera mujer aborigen de la policía australiana y su hermano fue el primer piloto de línea aborigen de la compañia Qantas, la aerolínea nacional australiana. Otra hermana es periodista y la cuarta es maestra.
Durante los últimos años, Lynette ha estado trabajando en el sector agrícola australiano, en especial en temas relacionados con la población aborigen. Como oficial de educación en el programa de formación de los aborígenes de la Universidad Agrícola de Murrumbidgee, su labor se concentra en proyectos de desarrollo económico y social de los agricultores indígenas.
"Aquí, en la Universidad, soy por ahora oficial de educación y efectúo investigaciones sobre temas relativos a los aborígenes en el contexto de la agricultura de Nuevas Gales del Sur, como por ejemplo comentarios sobre proyectos, política gubernamental, reforma en materia de agua, vegetación nativa, y cómo todo ello afecta a la población indígena y qué criterios aplicar. Asesoro y ayudo a esta población en la preparación de planes de propiedad, estudios de factibilidad, opciones de uso de la tierra y manejo de recursos rurales" - agrega.
El trabajo con los aborígenes ha ocupado gran parte de la vida y la carrera de Lynette. Ha estado comprometida a ayudarles a participar en la economía rural, de modo que puedan tomar decisiones dentro de sus propias comunidades.
Lynette se dedicó a estos temas durante su programa en Israel. Como cada participante debía elaborar un proyecto orientado a beneficiar los miembros de su comunidad, el suyo se concentró en reforzar la cooperación entre los científicos aborígenes y los administradores de tierras.
"Aquí se encuentra, creo yo, la posibilidad de potenciar a los indígeneas australianos, para que emprendan actividades cooperativas y adopten y comprendan principios que les permitan obtener un ingreso sostenible con base en su complejo y diverso sistema agrícola."
"El proyecto en el cual trabajé en Israel era establecer empresas cooperativas para el manejo de la fauna en provecho de los indígenas. Básicamente, las cooperativas agrícolas debían abastecer los productos mediante el manejo y aprovechamiento de los animales salvajes, como canguros, cocodrilos y varanos."
Aunque el tema formal del curso era el potenciamiento de la mujer, tuvo un alcance mucho mayor. "La mayoría de las clases se dictaron en un contexto de cuestiones de género -dice-, pero sentí que la fuerza real del curso estaba en el desarrollo económico. Aprendí más en este curso que en todos mis estudios de economía" - agrega.
Tuvo también la oportunidad de conocer Israel y su pueblo, lo cual constituye otro de los objetivos de MASHAV. El Centro, a través de la amplia gama de cursos que ofrece, ha sido siempre un importante vehículo para alentar la cooperación entre Israel y los países en desarrollo, en los campos de agricultura, tecnología, educación y medicina.
Al curso de Lynette asistieron participantes de África, Asia, el Caribe y también de Papúa-Nueva Guinea, de la región del Pacífico, todos los cuales visitaban Israel por primera vez.
"Antes de llegar, realmente no sabía nada sobre Israel y el pueblo judío - admite Lynette. "No son lo que uno se imagina allá en el desierto del centro de Australia."
Aunque viniendo de un mundo de distancia, halló ciertas similitudes que le recordaron su tierra, en particular la aridez y la falta de agua, así como los numerosos bosques de eucaliptos en todo el país. En los años 50 se plantaron en Israel millares de eucaliptos traídos de Australia para ayudar a desecar los pantanos infestados por el paludismo en el valle de Hula y otras regiones.
A pesar del programa intenso de clases y giras de estudio, Lynette logró liberarse por un tiempo, al final del curso, para tomar contacto con Israel personalmente. Aprovechó sus horas libres para visitar Jerusalén y Yad Vashem, el museo nacional israelí, dedicado a la memoria de los seis millones de judíos que perecieron en el Holcausto.
"Considero que lo mejor para conocer la cultura de otros son sus galerías y museos" - relata Lynette. "Quedé horrorizada por lo que sucedió al pueblo judío en Europa durante la segunda guerra mundial, en especial a las mujeres y los niños. Pero también me admiré de la forma en que su pueblo renació de sus cenizas y esto me infundió esperanza e inspiración."
Los aborígenes australianos han estando luchando con su gobierno para que éste reconozca la injusticias perpetradas contra ellos durante los años del establecimiento colonial, y en particular el alejamiento de niños de sus padres en los años 50, en una política errónea de asimilación forzosa. Sólo últimamente el gobierno ha comenzado a preocuparse de la salud y la educación de los aborígenes y de sus derechos sobre las tierras. Líderes aborígenes como Lynette siguen trabajando en sus campos respectivos a fin de presentar el punto de vista específico de los indígenas, con miras a llegar a alguna forma de reconciliación.
A su regreso a Australia, con el bagaje aun fresco de lo aprendido en Israel, Lynette está atareada con nuevos proyectos y preparando informes sobre planes gubernamentales que afectarán el futuro de las poblaciones indígenas.
Últimamente ha pasado a desempeñar un nuevo cargo de administradora de recursos culturales y naturales del parque nacional de Kata-Tjuta en Uluru por cuenta del Ministerio del Medio Ambiente. Más próxima a sus raíces, es ahora responsable de velar por los valores y las preocupaciones de las tribus Anangu, que administran el parque conjuntamente con el gobierno australiano.
En cuanto al futuro, no tiene aun planes trazados, pero menciona la idea de preparar un doctorado en política agraria. Si lo hace, de nuevo será la primera aborigen en lograrlo.