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El medio ambiente en Israel

14 jul 2002
 Revista de Artes y Letras de Israel- 111/2001
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  El medio ambiente en Israel

Dvora Ben-Shaul

Si se preguntase a varias personas interesadas e informadas en cuestiones ecológicas cuáles son los problemas críticos de Israel en esa área, probablemente todas presentarían más o menos la misma lista. Pero si se les pidiera que los ordenasen según prioridades, probablemente obtendríamos tantas listas como interrogados. Ello se debe no sólo al gran número de problemas ambientales del país, sino a que los factores que pueden tomarse en consideración son muchos y las prioridades, en gran medida, constituyen una cuestión de opinión y dependen del área particular con la que cada persona tiene contacto. Por lo tanto, he preferido enumerar aquí los temas por orden alfabético, sin otorgarles prioridad alguna: estos son, simplemente, los temas en cuestión.

Durante sus primeras tres o cuatro décadas de existencia, Israel estuvo abrumado por sus dificultades como país emergente, y, de modo muy comprensible, la seguridad nacional, la infraestructura y el desarrollo económico prevalecieron sobre toda otra consideración. En consecuencia, se prestó muy poca atención a los efectos que esos cambios provocaban en el medio ambiente. Sólo en los últimos 25 años comenzaron a plantearse con seriedad cuestiones ecológicas, las cuales, si bien suscitan una atención creciente, continúan ocupando un lugar menor en la lista de prioridades nacionales. Las últimas elecciones nacionales fueron las primeras en que el tema ecológico figuró en la plataforma de un partido. Aun así, el Ministerio de Calidad Ambiental sigue siendo uno de los puestos menos solicitados dentro del gabinete, y habitualmente se reserva para recompensar a algún partido al que el primer ministro debe un puesto.

Esto no significa que no haya habido avances reales en los años transcurridos, entre los que debe mencionarse el notable éxito de la Sociedad para la Protección de la Naturaleza en Israel (SPNI), organización no-gubernamental cuya insistencia y contactos lograron en los años 50 que el gobierno (si bien no de buena gana) preservase una pequeña sección de los pantanos del lago Jula, que estaban siendo desecados. Esa fue la primera reserva natural de Israel. Su intenso trabajo en las escuelas logró inculcar en la población la noción de que no deben arrancarse flores silvestres. Su constante presión sobre sucesivos gobiernos culminó en la creación de la Autoridad de Reservas Naturales (ARN), que realiza un excelente trabajo de protección de la naturaleza y de salvaguarda de varias especies en vía de extinción. Los esfuerzos de su primer director, el general de división Avraham Yaffe, ubicaron a Israel entre las primeras diez naciones del mundo en cuanto al porcentaje de tierras convertidas en reservas naturales.

La ARN erigió la primera unidad de defensa ecológica del país, que precedió en varios años al Servicio de Protección Ambiental. La unidad concentró sus esfuerzos en la preservación de fuentes de agua y la prevención del abuso de pesticidas. A comienzos de la década de 1970, se produjo una situación singular, cuando el Contralor del Estado elogió y censuró a la ARN dentro de un mismo informe. La censura se debió a que había excedido su competencia legal al ocuparse de asuntos no pertinentes a las reservas naturales; el elogio se debió precisamente a lo mismo, ya que se había encargado de problemas no asumidos por ninguna otra entidad. Uno de los resultados de esta actividad fue la formación, en 1970, de un "tanque de ideas" en el Ministerio de Agricultura, en el que un grupo de expertos de varias disciplinas estudiaron maneras de proteger el Kinéret (lago de Tiberíades), la mayor fuente de agua de superficie en el país. De ese grupo surgio el Comité de Administración del Kinéret, que hasta hoy protege al lago de abusos y poluciones.

Pero resta un gran número de problemas serios sin tratar, y no queda mucho tiempo para ocuparse debidamente de ellos. He aquí algunos:

Agua

Aun si el orden alfabético no lo hiciera, es probable que todos los israelíes colocaran el agua a la cabeza de esta lista de problemas ecológicos.

La calidad del agua potable y su frecuente sabor a cloro en la mayor parte del país son insatisfactorios, y se prevé que continuarán deteriorándose. A esta conclusión llegó el Ministerio de Calidad Ambiental, y es frecuente que el Ministerio de Salud advierta a la población de una u otra zona que debe consumir solamente agua hervida. La venta de agua mineral, considerada un lujo hasta hace muy pocos años, se ha difundido rápidamente.

Además de la calidad, la cantidad de agua disponible es una de las mayores preocupaciones de Israel, y se han invertido grandes esfuerzos en hallar modos de economizarla, sobre todo en la agricultura. Actualmente, Israel está a la cabeza de todos los países en el uso de "agua gris", es decir, aguas servidas recicladas, en el riego agrícola.

Esa agua se deriva a la industria y a la agricultura, en la que las cuotas de agua pura han sido reducidas en un 40% sin que ello afecte el volumen de las cosechas. Israel también inventó y vende al mundo una enorme variedad de métodos para ahorrar agua en agricultura, entre ellos sistemas de irrigación por computadora que inician el riego sólo cuando el nivel de humedad en las raíces lo hace necesario. Pero, mientras tanto, el uso de fertilizantes contaminó con nitratos muchos pozos de la región costera, y el bombeo excesivo de las napas ha hecho que aguas salitrosas del mar se infiltren en ellas, por lo que el agua de esas napas resulta insatisfactoria para uso doméstico y muchos usos industriales.

Israel encara actualmente la crisis de agua más grave de su historia. Varios años de lluvias insuficientes y crecientes demandas de una población en aumento y una industria en expansión, han hecho necesarias medidas drásticas tendientes a reducir el consumo de agua. Israel también cedió millones de metros cúbicos anuales a Jordania como parte del acuerdo de paz.

Es de conocimiento público que en el futuro no habrá suficiente agua, a menos que se logren fuentes alternativas, como la desalinización operada mediante una fuente de energía barata y constante. Por ello, se destinan grandes presupuestos al desarrollo de la energía solar destinada a la desalinización, y últimamente se firmó un acuerdo con el Banco Mundial para financiar una planta experimental para la obtención de energía de las olas marinas.

En el sector privado, se presta menos atención al problema del agua, y la gente empieza a preocuparse sólo cuando ve en la televisión que el nivel del Kinéret única fuente de agua visible del país se halla por debajo de la línea de peligro. Pero se están realizando vastos esfuerzos para utilizar en la agricultura e industria aguas salinas no potables, junto con muchos otros proyectos menores.

Basura

Más del 95% de los desperdicios sólidos de Israel son enterrados en grandes vertederos, quemados en pozos al aire libre o arrojados a montículos en todo el país. Esto contrasta, por ejemplo, con lo que ocurre en Suiza y Japón, que entierran sólo el 12% y 19% de su basura, respectivamente. El reciclaje en Israel es tan escaso que casi no merece mencionarse. Ello no se debe, como algunos suponen, a una falta de cooperación por parte del público; de hecho, los proyectos piloto establecidos en lugares como Tivón y Yavne contaron con la entusiasta colaboración de la mayoría de los habitantes, y en la ciudad más grande, Tel Aviv, está resultando muy efectivo un nuevo sistema de concentración de botellas de plástico.

Los depósitos abiertos de basura generan una variedad de peligros ambientales, además de constituir una afrenta estética: emiten gran cantidad de tóxicos y partículas que polucionan el aire; son un caldo de cultivo para moscas, ratas y mosquitos, y contaminan las aguas subterráneas. Hasta hace dos años, el principal depósito de Tel Aviv en Hiría, muy cerca del aeropuerto, convirtió a millones de gaviotas, cuervos y otras aves en un serio peligro para los aviones; ha habido que invertir enormes sumas para alejarlos de las pistas de aterrizaje.

Pese a todo ello, hasta que las intensas lluvias de un invierno hicieron colapsar a Hiría y sus materiales bloquearon totalmente el río Ayalón, no se tomó ninguna medida constructiva para aliviar la situación. El Ministerio del Interior, responsable de las municipalidades, se niega a otorgar al problema un lugar realista en sus prioridades, y año tras año todos los intentos de solucionarlo se estrellan contra un sólido muro de objeciones. Dicho ministerio todavía insiste en que "no hay aún pruebas de la eficacia y la conveniencia económica del reciclaje". Al matener artificalmente bajos los costos de acarreo mediante subsidios, el ministerio ha generado una situación en la que los municipios pagan solamente siete dólares por tonelada de basura, aproximadamente una décima parte de su costo en los países industrializados. Con esos precios, sencillamente no conviene cambiar el sistema.

Dado que, al parecer, lo único que podrá modificar la situación es una sentencia judicial, se han presentado varias demandas, y también se halla en estudio una legislación que imponga el reciclaje. La mayor parte de estas iniciativas fueron adoptadas por el UIDA.

Cloacas

La mayor parte del sistema cloacal de Israel -cañerías, piletas de sedimentación y aireación y plantas de tratamiento de líquidos cloacales- es inadecuado a las necesidades actuales. Muchas de las instalaciones son viejas y se encuentran en mal estado, y además no fueron diseñadas para servir a una población que aumenta en aproximadamente un millón de personas por decenio.

En muchos casos, se desarrollaron comunidades sin construir antes una infraestructura adecuada; hace muy poco que una de las poblaciones veteranas de Galilea pasó del pozo ciego al sistema cloacal. En la mayoría de los kibutzim y moshavim no hay instalaciones para el tratamiento de residuos cloacales fuera de las de aireación y sedimentación, y en algunos lugares -sobre todo en asentamientos judíos y pueblos árabes de Judea y Samaria- los desechos cloacales fluyen simplemente hacia los cauces bajos (wadis).

Todo esto amenaza seriamente a la provisión de agua de Israel. Los desechos suelen ir a parar a ríos, corrientes y hasta al Kinéret, y al filtrarse en la tierra contaminan las napas subterráneas.

Se trata de un problema monumental, ya que sólo decisiones judiciales logran convencer a los directivos de los concejos regionales y municipales de la necesidad de invertir sus ingresos impositivos en un sistema cloacal, en lugar de en proyectos más directamente atractivos como un centro comunitario o un complejo deportivo. Sin embargo, la Unión Israelí de Defensa Ambiental (UIDA) ha tenido notable éxito en la obtención de semejantes sentencias y, en muchos más casos, ha logrado persuadir a las autoridades sin necesidad de recurrir al poder judicial.

Desechos tóxicos

La eliminación de desechos tóxicos ha mejorado notablemente en Israel en los últimos tiempos, pero todavía está lejos de ser satisfactoria. Actualmente, a diferencia de lo que ocurría hace unos años, casi todos los desechos industriales son enviados a las instalaciones de Ramat Jovav, en el Néguev.

Pero esas instalaciones plantean un problema tan grande como el que solucionan. Veinticinco años de material acumulado se hallan en receptáculos a menudo deteriorados, y el material venenoso que se filtra en la tierra amenaza las napas de agua del Néguev y la salud de su población en muchos kilómetros a la redonda. Se ha instalado recientemente un incinerador especial, pero debido a su tamaño serán necesarios muchos años de trabajo incesante para liquidar lo acumulado durante décadas, más los cientos de toneladas que se agregan cada año. Es evidente que es necesario ampliar la planta.

Por su parte, se ha hecho muy poco respecto de desechos tóxicos provenientes de la agricultura y de las casas particulares. Si bien mucha gente se preocupa de reunir las baterías usadas y objetos de níquel, cadmio y litio, no existe un traslado organizado de los mismos a vaciaderos especiales. Deben adoptarse medidas que aseguren que baterías, pinturas, solventes, aceite de motor usado y recipientes y restos de pesticidas sean correctamente eliminados. Hasta hoy, algunos kibutzim y moshavim siguen arrojándolos en el wadi más cercano.

Flora y fauna

Israel se enfrenta a un número de problemas exclusivos en cuanto a la protección de la flora y la fauna silvestres. Debido a sus estrictas leyes de caza y su protección activa de animales salvajes, su territorio se ha convertido en refugio de muchas especies que corren peligro en regiones adyacentes. En efecto, con la excepción de Jordania, ninguno de los estados árabes vecinos posee un servicio eficiente de protección de la naturaleza, y muchos animales nativos como gacelas, ibis, hienas y otros han desaparecido prácticamente de los mismos. Por otra parte, cómo determinar la medida adecuada de preservación para una especie como la gacela de montaña, la cual, al multiplicarse, se convierte en una amenaza para la agricultura, cuando, a pocos kilómetros de distancia, la caza de gacelas ha provocado su extinción casi total.

Además, Israel es residencia temporaria y guardián de facto de más de tres cuartas partes de las aves migratorias europeas, que se detienen aquí camino al sur en el otoño y en su vuelo de retorno a Europa en primavera. A veces, como en el caso de pelícanos, cormoranes y estorninos, el daño causado a cultivos y acuicultura asciende a millones de shékels. Israel deberá hallar alguna forma de equilibro entre la protección de las aves migrantes y la de su propia agricultura.

Mar y costas

En los veinte años transcurridos desde que Israel firmó los protocolos de la Convención de Barcelona para la Protección del Mediterráneo, se han realizado grandes avances para prevenir la polución originada por derrames de aceite, y actualmente el bombeo de agua de sentina contaminada y la liberación de aceite en aguas israelíes es excepcional, y duramente penada cuando se produce. En consecuencia, el alquitrán de las playas se ha reducido en más del 200%.

Pero todavía se arrojan al mar otras sustancias tóxicas, como residuos cloacales, desagües de plantas industriales y, en algunos casos autorizados, residuos químicos. Queda todavía mucho por hacer: en la bahía de Haifa, para dar un solo ejemplo, el mercurio y otros metales tóxicos han contaminado a los peces haciéndolos inadecuados para el consumo.

En cuanto a la costa misma, el cuadro es aún más deprimente. En lo que fue una vez una continuidad de doradas playas mediterráneas, la proliferación de marinas para naves de recreo y la concesión de terrenos próximos a la playa a empresas privadas han alcanzado tal proporción, que las playas públicas se están volviendo cada vez más escasas y, debido al aumento de la población, cada vez están más atestadas y polucionadas. Para colmo, la nueva moda de los vehículos todo terreno ha vuelto peligrosa y desagradable la estadía en ellas.

El oponente más activo y por ahora más exitoso a la destrucción de las costas es el UIDA, que ha obtenido algunos triunfos judiciales en sus demandas de suspensión de proyectos y de publicación de informes sobre su impacto ecológico. Pero el UIDA está solo, y hasta el momento ninguna autoridad nacional ha intervenido en esta situación, de modo que cada municipalidad o concejo local decide por sí mismo cuánto terreno conceder a empresas privadas y cuántos metros de costa a las marinas. Como ambos tipos de proyecto implican impuestos elevados, las decisiones suelen tomarse con criterios presupuestarios y no ecológicos.

Pesticidas

Hasta junio del 2001, se empleaban en Israel por lo menos una docena de pesticidas prohibidos en la mayoría de los países occidentales. Dado que Israel exporta una variedad de frutas, verduras y quesos, se están intentando reducir los niveles de pesticidas al mínimo, ya que agricultores y productores saben que los alimentos que excedan las severas normas europeas serán devueltos. Ello ayuda en cierta forma a proteger también al consumidor israelí, pero no en todos los casos. Los alimentos devueltos por esas razones son generalmente enviados al mercado interno, porque en él las pautas son menos severas y porque no existe un adecuado sistema de control. Aunque tanto el Ministerio de Salud como el de Agricultura tienen que supervisar la calidad del alimento, ambos se niegan terminantemente a publicar sus conclusiones, sosteniendo que ello "confundiría a la gente". Esta actitud paternalista, sin embargo, disminuyó desde que la Knéset aprobó en 1998 la Ley de Libertad de Información.

Investigaciones privadas a cargo del Ministerio de Calidad Ambiental y de algunas ONGs han demostrado que un 12% de las verduras y frutas que llegan al mercado exceden inclusive los liberales patrones israelíes de residuos de pesticidas, y en muchos casos se hallan en ellos sustancias aprobadas sólo para cultivos no alimenticios como el algodón.

Dado que el control de los ministerios responsables ha mostrado ser inefectivo, existe una creciente y apremiante demanda de una autoridad independiente para la administración de alimentos.

Polución del agua de superficie

El serio estado de polución de los ríos israelíes cobró dramático relieve hace cuatro años, cuando se hundió un puente sobre el río Yarkón y un grupo de atletas australianos participantes en la Macabiada cayó a las aguas contaminadas. Algunos de ellos murieron y otros resultaron heridos, no por la caída sino debido al envenenamiento producido por las aguas contaminadas de desechos químicos.

Un informe completo sobre los ríos de Israel figura en otro artículo de esta revista.

Polución del aire

Los mayores avances hasta el momento han tenido lugar en el combate contra la polución del aire, sobre todo en Haifa, donde la población sufrió durante años las emanaciones de la refinería de petróleo y la planta local de la Compañía de Electricidad de Israel, para no mencionar los grandes complejos de industria química, como Chemicals Haifa. Hacia fines de los -80, Haifa sufría de niveles de dióxido de sulfuro (SO2) cuatro veces mayores de lo permitido. Una demanda legal apoyada por entidades públicas logró que se impusieran permisos restrictivos, gracias a los cuales las emanaciones de ese gas raramente exceden el nivel autorizado. Lo mismo ocurrió en otras áreas industriales como Ashdod, donde el SO2 puso en peligro durante dos décadas la salud de la población; la ciudad poseía el mayor procentaje del país de niños y ancianos con complicaciones respiratorias.

Desafortunadamente, esos progresos se ven negativamente compensados por el rápido deterioro de la calidad del aire en otras zonas. En su memorable "Jerusalén de Oro", la célebre poeta y compositora Naomí Shemer cantó en 1967 el "aire límpido, puro como el vino" de las colinas de la ciudad; actualmente la polución ha llegado a tal grado que se prevé que, para el año 2010, Jerusalén alcanzará los niveles que existen hoy en día en la ciudad de México.

En Jerusalén, el responsable del detorioro de la calidad del aire no es la industria sino la polución automotora. El rápido crecimiento de la ciudad tras la Guerra de los Seis Días (1967) incrementó su población en cientos de miles de personas, y las casas, centros comerciales, calles y carreteras aumentaron en la necesaria proporción. Nada se hizo para aligerar esos factores contaminantes. Los sucesivos gobiernos israelíes, cada uno por sus propias razones, han favorecido el transporte privado y no un eficiente sistema de transporte público; según algunas opiniones, ello se debe a los altos impuestos que pagan los vehículos privados. Como resultado, la capital sufre no sólo de congestiones en el tránsito sino de nubes de polución, tanto las propias como las que ascienden desde Tel Aviv y toda la llanura circundante, densamente poblada.

Aun cuando, finalmente, el gobierno cedió ante las exigencias del ministro de Medio Ambiente y posibilitó la venta de gasolina libre de plomo en todo el país, ninguno de los ministerios -Salud, Transporte, Medio Ambiente- hizo un verdadero esfuerzo por educar al público para que utilizara dicho combustible. No se distribuyó información técnica en los talleres automotores, ni se hizo publicidad alguna. El resultado es que, aunque la mayoría de los automóviles israelíes pueden utilizar gasolina sin plomo, los mecánicos advierten constantemente a sus dueños que su uso puede ser perjudicial para el motor, y como el auto es a menudo su propiedad más valiosa, ningún israelí quiere correr riesgos.

Ruidos

Los israelíes, en general, son ruidosos. Como todos los pueblos mediterráneos, están convencidos de que si no te oyen no existes. Radios y estéreos vociferan, las bocinas de los autos resuenan sin cesar, y el tono moderado en el habla es muy infrecuente. Aun así, UIDA ha logrado obtener órdenes judiciales para reducir el ruido de diversas fuentes en zonas residenciales, y es de esperar que se tomen medidas adicionales en ese sentido.

Urbanización

En 1948, sólo un 3% del territorio del país estaba pavimentado o asfaltado; en 1992 la proporción había llegado al 17%. La cifra no parece elevada para un país que ha experimentado un drástico aumento de población y un rápido desarrollo. Pero ocurre que el 95% de la población israelí vive desde Beersheva hacia el norte; eso significa que casi todo el terreno pavimentado o asfaltado se encuentra en menos de la mitad de la superficie del país.

Las estimaciones de un grupo de estudio del Tejnión indican que si la población continúa aumentando al ritmo actual y no se controlan debidamente los proyectos de construcción e infraestructura, para el año 2020 Israel tendrá una población de entre 9 y 12 millones de habitantes y por lo menos 3 millones de vehículos. Un 60% de la Galilea estará urbanizado, pavimentado o asfaltado. Esto no incluye la franja costera, donde los planificadores ya hablan de "Nashkelón", es decir, un cinturón urbano continuo desde Naharía hasta Ashkelón.

Cada año, se ceden más terrenos agrícolas y naturales para construir rutas y nuevos complejos urbanísticos. En la Galilea, la construcción de grandes centros industriales usurpa tierras antes libres. La realidad es que, sencillamente, Israel carece de un plan maestro para su desarrollo urbano.

Aun cuando Israel tardó en salir al encuentro de sus problemas ecológicos, y aun cuando éstos son numerosos y complicados, los especialistas prefieren ver el medio vaso lleno y no el medio vaso vacío, y el público está tomando conciencia de esa problemática. La organización techo de Vida y Medio Ambiente abarca más de una docena de instituciones no gubernamentales, y la lista va en aumento. Cabe la esperanza de que, en la medida en que más y más israelíes se ocupen del tema y exijan una acción efectiva, los sucesivos gobiernos tengan que hacer frente a los desafíos.


Traducción: Florinda F. Goldberg

Dvora Ben-Shaul llegó a Israel de los Estados Unidos en 1959. Escribe sobre biología y naturaleza, tiene un doctorado de la Universidad de Texas y ha dedicado muchos años al estudio de la vida natural en Israel. Escribe asiduamente sobre temas vinculados con la naturaleza, la biología y el medio ambiente.

 
 
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