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Ensayo general para la independencia

14 jul 2002
 Revista de Artes y Letras de Israel - 111/2001
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Ensayo general para la independencia
La fundación de la Universidad Hebrea de Jerusalén hace 75 años

Dan Almagor

 
 
Jerusalén, Abril de 1925.
De dcha. a izda.: El general Allenby, Lord Balfour, Sir Herbert Samuel

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El programa oficial de la ceremonia de inauguración de la Universidad Hebrea. En la página posterior, algunos participantes importantes firmaron como recuerdo para David, nieto del Alto Comisionado
  Una de las rarezas históricas asociadas con el pueblo judío y la creación de su propio estado se vincula con la famosa declaración de Herzl: "Si lo queréis, no será una leyenda". Herzl mencionó también la fecha en la que su sueño habría de concretarse: "dentro de cincuenta años". Esta declaración fue emitida en 1897, el año en que se reunió el Primer Congreso Sionista y en el que se fundó la Organización Sionista. Exactamente cincuenta años más tarde, el 29 de noviembre de 1947, tuvo lugar en las Naciones Unidas la histórica votación que seis meses después permitiría a David Ben Gurión proclamar la creación del Estado de Israel.

La singularidad de los números "mágicos" relacionados con el nacimiento del estado no termina allí. En 1917, exactamente veinte años después de la fundación de la Organización Sionista en Basilea y de la declaración de Herzl, el gobierno británico proclamó la Declaración Balfour, que reconoció "el derecho del pueblo judío a un hogar nacional en Palestina". Cabe recordar que esta declaración se asocia con la gratitud que el gobierno británico sentía hacía el destacado químico Jaím Weizmann, presidente del Movimiento Sionista Mundial que había aportado cierto número de inventos al esfuerzo bélico de la Gran Bretaña, y también con su reconocimiento del grupo clandestino antiturco "Nili" de los judíos de Palestina y por la actuación de los miles de voluntarios de la Tierra de Israel en la Brigada Judía del ejército británico (dos de ellos, David Ben Gurión y Leví Eshkol, habrían posteriormente de ser primeros ministros del Estado de Israel y un tercero, Itzjak Ben-Zví, sucedería a Jaím Weizmann como segundo presidente del estado).

La alegría de la comunidad judía de Palestina ante la victoria británica se puso de manifiesto en la cálida recepción brindada al general Edmund Allenby, comandante de las fuerzas británicas, y a sus soldados, cuando cruzaron las puertas de Jerusalén. Entre otros, fueron recibidos por una orquesta de músicos judíos que interpretó en tiempo de marcha una melodía jasídica en aquel entonces conocida por muy poca gente y llamada Hava Naguila. Toda la comunidad judía de Palestina depositaba grandes esperanzas en la rápida concreción de las promesas de la Declaración Balfour, que se vieron reforzadas con la designación de un judío, Herbert Samuel, como primer Alto Comisionado en Palestina. A fines de la Primera Guerra Mundial, cuando los voluntarios de la Brigada Judía fueron desmovilizados del ejército británico, llegaron a Palestina miles de jóvenes inmigrantes judíos. Entre ellos se hallaban una joven de Milwaukee, Golda Meyerson (la posterior primer ministro de Israel Golda Meir), y Rosa Cohen, proveniente de Rusia, que habría de ser la madre del primer jefe de estado nacido en Israel, Itzjak Rabín.

Los primeros años de la década de 1920 fueron probablemente el período más alborozado y revolucionario en la historia de la cultura hebrea en Palestina. En muy pocos años llegaron (generalmente desde Rusia) poetas, escritores, compositores, pintores, actores, directores de teatro, coreógrafos y científicos, quienes en escaso tiempo cambiaron el carácter cultural de la reducida comunidad judía, que en aquel tiempo contaba con unos 20.000 integrantes. Cuarenta años después de la llegada de la Primera Alyá (ola inmigratoria) y de la creación de las primeras aldeas judías, se fundó la ópera y un teatro profesional, se realizaban presentaciones de danza moderna y se producían películas para un público ávido de novedades.

Los artistas que llegaron a Palestina en los años 20 estaban al tanto de las últimas tendencias artísticas y literarias en boga en Rusia y en la Europa central y se vieron fuertemente influidos por ellas. La comunidad judía de Palestina, que durante los años de guerra había estado materialmente desconectada de los centros culturales de Europa, pasó una era de cambios a la velocidad de la luz, hecho que se hizo sentir en muchas esferas. No sólo en las ciudades y aldeas, sino también en los kibutzim y pequeñas comunas colectivas y en las tiendas de los pioneros, la gente leía y escribía prosa y poesía, escuchaba conferencias y música (Golda Meir solía contar que ella y su marido habían sido aceptados como miembros de la kvutzá Merjavia en el Valle de Jezreel sólo por el gramófono eléctrico y algunos discos clásicos que habían traído de los Estados Unidos).

El apasionado desarrollo de diversos campos artísticos incluyó la necesidad de más conocimientos, investigación y educación superior. En 1906 se creó en Jerusalén la Academia de Artes Betzalel y en Haifa funcionaba el Tejnión, que se había inaugurado antes del estallido de la Primera Guerra Mundial. Pero la pequeña comunidad judía de Palestina sentía la creciente necesidad de una universidad que abarcara todos los campos de investigación, sobre todo en temas judíos.

En realidad, la visión de la creación de una universidad judía precedió en muchos años a "El Estado Judío" de Herzl y a su novela futurista "Altneuland". La idea de fundar una universidad judía ya había sido mencionada en Italia en el siglo XVI, en el apogeo del Renacimiento. A fines del siglo XIX empezaron a proliferar en Europa y Palestina los sueños de un centro espiritual judío. En los textos utópicos escritos hacia fines de siglo por Herzl y otros autores, la universidad a construir era descrita de manera imaginativa, vehemente, colorida y vívida.

Una de las contribuciones más importantes para la creación de dicha universidad fue la del Dr. Yosef Jazanovitch, un visionario nacido en Rusia que, hace más de 100 años, empezó a coleccionar entre sus pacientes libros hebreos y sobre temas judíos (con frecuencia en lugar del pago por el tratamiento) y que periódicamente enviaba grandes remesas de libros a Jerusalén. En una ocasión, uno de estos envíos fue retenido en la aduana a su llegada al puerto de Iafo. Las autoridades turcas solicitaron una suma elevada para liberar los libros de la aduana y en la comunidad judía no se pudo encontrar a nadie que pudiera o quisiera pagarla. Finalmente los libros fueron rescatados gracias a la contribución de un ciudadano árabe de Jerusalén, miembro de la distinguida familia Nashashibi. Estos libros formaron el núcleo de la colección que más adelante habría de transformarse en la Biblioteca Nacional y Universitaria.

La efervescencia social y cultural de principios de la década de 1920 apresuró los primeros pasos hacia la fundación de la universidad anhelada. En 1918, en una zona comprada con tal fin en el Monte Scopus, que dominaba la Ciudad Vieja desde el este, se colocó la piedra fundamental del primer edificio de la nueva universidad en un acto modesto que contó con la presencia del general Allenby. Entre los primeros visitantes cabe mencionar al Prof. Albert Einstein. Pero sólo siete años después de la colocación de la piedra fundamental se decidió realizar la ceremonia de apertura formal de la Universidad Hebrea; el día elegido fue el 1 de abril de 1925, próximo a la festividad de Pascua. Era un día típico de primavera, de sol radiante. El acto se llevó a cabo en una gran anfiteatro especialmente construido para la ocasión.

La ceremonia inaugural de la Universidad Hebrea hace casi 75 años atrás no fue solamente otra "ocasión histórica". No es exagerado decir que la mayor parte del pueblo judío vio en ella una especie de ensayo general para la ceremonia de proclamación del hogar nacional, prometido por la Declaración Balfour ocho años antes, o del estado judío, prometido por Herzl 28 años antes. Todas las esperanzas suscitadas por la Declaración Balfour, el fin de la Primera Guerra Mundial y la designación de un judío como primer Alto Comisionado se concentraron en ese acto que, para el pueblo judío se convirtió en un acontecimiento cuya importancia trascendió las fronteras de la Tierra de Israel.

Basta con hojear los periódicos judíos que se publicaron en diferentes países en los meses previos a la inauguración y el día de la ceremonia. Muchos de ellos le dedicaron al menos la portada y en los titulares se percibe una intensa sensación de solemnidad, elevación y orgullo nacional ante la ceremonia: "La apertura de un instituto judío en Jerusalén"; "Una universidad judía en la Tierra de Israel"; "Hoy nos hemos convertido en nación"; "Nuestra universidad"; "De Sión saldrá la Ley y de Jerusalén la palabra de Dios", etc. Algunos diarios hebreos publicaron en sus portadas poemas especialmente escritos para la ocasión. Uno de ellos, el "Himno a la universidad", fue impreso junto con la partitura correspondiente. Muchos periódicos judíos publicaron también los anuncios de felicitación de diversas instituciones judías, que se identificaban con la ocasión.

En los archivos del Monte Scopus se conservan aún cientos de tarjetas de salutación ilustradas con vivos colores y preparadas por los alumnos de escuelas hebreas y judías en varios países, que fueron enviadas a Jerusalén. Estas cartas reflejan la ola de alegría y orgullo que envolvió a los alumnos judíos de las escuelas primarias y secundarias del mundo entero. Los estudiantes de la red Tarbut de escuelas judías en Polonia tenían una razón adicional de regocijo: el Ministerio de Educación polaco accedió al pedido de los directores de la red y publicó un decreto que autorizaba a las escuelas judías -primarias, secundarias y técnicas- a conceder asueto a sus alumnos el 1 de abril. En lugar de las clases regulares, los alumnos y sus maestros se unieron a la distancia para celebrar la apertura de "su" institución de altos estudios en Jerusalén.

En los Estados Unidos, Meir Weisgal, posteriormente presidente del Instituto Weizmann en Rejovot, editó un folleto especial con congratulaciones por el acontecimiento. Pero los judíos celebraron ese día no sólo en Europa y América; uno de los diarios hebreos de Palestina informó desde Bagdad: "La comunidad judía celebró el 1 de abril la apertura de la Universidad Hebrea con gran esplendor y solemnidad. Muchos de los respetables líderes y rabinos de la comunidad participaron en la celebración, que terminó a altas horas de la noche con la entonación del himno Hatikvá".

No sólo los periódicos judíos y hebreos dedicaron espacio al acontecimiento en el Monte Scopus; todos los diarios egipcios, por ejemplo, dieron amplia cobertura al acto inaugural, citando los informes de la agencia de noticias Reuter y de sus propios corresponsales en Jerusalén. El destacado periódico egipcio Al Ahram publicó la historia de la Universidad Hebrea y de la Biblioteca Nacional de Jerusalén, con el comentario de que "la universidad es un retoño del Movimiento Sionista". Al pie de la fotografía de la Biblioteca Nacional en el Monte Scopus, el diario informaba: "Éste es uno de los edificios más espléndidos en Oriente, construido en el antiguo estilo hebreo". El periódico elogió al presidente de la Universidad Hebrea, el Dr. Judah Magnes, que "abrió también a los lectores árabes la Biblioteca Nacional y la biblioteca hebrea de préstamos regulares" y citó a un erudito egipcio que se sentía muy agradecido porque le habían prestado libros y documentos sin estar registrado y sin recibos, aunque se dedicaba a preparar sus argumentos en contra de los judíos en la cuestión del Muro Occidental. En el diario en árabe Carmel, publicado en Haifa, un periodista árabe instaba a su pueblo a "inaugurar de inmediato una universidad similar a la Universidad Hebrea, o aún mejor que ella". El Dr. Magnes, que fue también uno de los fundadores del movimiento Brit Shalom, que hacía hincapié en las relaciones pacíficas y fraternales con los árabes palestinos, invitó a la ceremonia inaugural a representantes de los países árabes y a dirigentes árabes de Palestina, y pidió a uno de ellos que pronunciara un discurso. Bajo su influencia el Comité Nacional Judío en Palestina publicó una "Proclama al pueblo árabe" que empezaba con las siguientes palabras: "El día de la inauguración de la Universidad Hebrea de Jerusalén es para nosotros un día de fiesta nacional y cultural. Queremos que sea un día de celebraciones para todo el país. Daremos una bienvenida especial a los miembros de la nación árabe que acudan a este templo del saber en Jerusalén".

Personalidades presentes en la ceremonia:

1. Lord Balfour
2. El poeta Jaím Najmán Bialik
3. Ajad Ha'am (Asher Guinsburg)
4. El Rabino Principal sefardí Yaacov Meír
5. El Rabino Principal ashkenazí, A.I. Kuk
6. El mariscal Vizconde Allenby
7. Sir Herbert Samuel, Alto Comisionado de Palestina
8. Dr. Jaím Weizmann, presidente de la Organización Sionista Mundial
9. Dr. J.H. Hertz, Rabino Principal del Imperio Británico
10. Najum Sokolov, director de la Organización Sionista Mundial
11. Menajem Ussishkin, presidente del Fondo Nacional Judío
12. Prof. Patrick Geddes, arquitecto de la Universidad Hebrea
13. Sir Ronald Storrs, gobernador de Jerusalén
14. Dr. Arthur Ruppin
15. Dr. Judah Magnes, canciller de la Universidad Hebrea
16. David Samuel, de dos años y medio, nieto de Sir Herbert Samuel
17. Pioneros
18. Guershon Agronski (Agron), director del Palestine (Jerusalem) Post
19. El poeta Shaúl Tchernijovski
20. El poeta Zalman Schneur

La ola de entusiasmo que envolvió al pueblo judío a raíz de la inauguración de la universidad fue aprovechada por varias fundaciones nacionales (el Fondo Nacional Judío, Keren Kayémet Le-Israel; el Fondo de Donaciones, Keren Hayesod, etc.). El KKL publicó largos anuncios que recordaban a todos: "La Universidad Hebrea se construye en terrenos que pertenecen al Fondo Nacional Judío. Manifieste sus parabienes efectuando una donación al KKL, para que nadie quede excluido de la nómina de quienes saludan a la Universidad Hebrea, al Movimiento Sionista y a Lord Balfour con motivo de la inauguración de la universidad en Jerusalén". Al margen de una ilustración de la famosa alcancía azul del KKL, el anuncio señalaba: "A todos los herederos del KKL: Esta alcancía es nuestro tesoro. Cuando está vacía, somos pobres; cuando se llena, somos ricos. Mañana y pasado mañana deberéis vaciar todas las alcancías en vuestros respectivos lugares. Ya hemos organizado la recolección".

Otro anuncio del KKL en un periódico hebreo en Polonia exhortaba: "Judíos! En el gran día de la inauguración de la Universidad Hebrea en Jerusalén, decorad las ventanas de vuestros hogares y tiendas con el símbolo de la universidad que os ofrece el KKL". Y a continuación, otro anuncio: "Si desea efectuar una donación a la biblioteca de la Universidad Hebrea en Jerusalén y al mismo tiempo manifestar públicamente sus sentimientos de alegría incluyendo su nombre en la nómina de quienes se congratulan con motivo de la inauguración, envíe sus felicitaciones por la inauguración de la universidad".

Entre quienes publicaron anuncios de felicitación en la prensa hebrea de Varsovia se encontraban el famoso "Hombre Músculo" judío, Visha Breitbard, que podía romper cadenas de hierro con los dientes, y la gran actriz Esther Rajel Kaminska, que pagó de su propio peculio un anuncio de "los líderes de nuestro pueblo en honor de este día". El "Comité de Festejos del Día Inaugural de la Universidad Hebrea de Jerusalén" llevó a cabo una "gran academia festiva" en el Teatro Kaminsky de Varsovia, con la participación de Itzjak Grinbaum, miembro judío del parlamento polaco y el acompañamiento de la "Gran Orquesta Macabea". El directorio del Banco Popular de Luchek publicó un anuncio que reflejaba los sentimientos de muchos: "Confiemos en que el nacimiento de la ciencia en la Tierra de Israel conduzca al nacimiento del Estado Hebreo".

Los diarios de la diáspora exhortaron: "Judíos! Adornad vuestros hogares en el día de la inauguración de la Universidad Hebrea en el Monte Scopus de Jerusalén. Iluminad vuestras casas con luces festivas". No sólo cartas y donaciones fluyeron desde la diáspora a Palestina en honor de la ocasión: más de 500 invitados de diferentes países acudieron especialmente al acontecimiento. Muchos aprovecharon la visita para quedarse en el país, entre ellos el afamado poeta hebreo Shaúl Tchernijovsky. Con todo, aparentemente hubo también un pequeño grupo de huéspedes no invitados. Uno de los periódicos hebreos lo señaló de la siguiente manera: "Cuidado con los ladrones! Hemos recibido información de buena fuente de que un grupo de rateros profesionales ha salido recientemente a la Tierra de Israel desde Polonia, a fin de "participar" en las celebraciones de inauguración de la Universidad Hebrea. Por consiguiente, los numerosos invitados y turistas que se encuentran actualmente en Jerusalén deben tener cuidado en sus momentos de entusiasmo y alegría espiritual, y no olvidar sus carteras".

La excitación de la población judía de Palestina no conoció límites. La primera escuela secundaria hebrea, el Gimnasio Herzlía de Tel Aviv -que llevaba el nombre de Herzl- invitó a sus alumnos y egresados a "presentarse en la sala de profesores para participar en el sorteo de billetes de entrada a la ceremonia de inauguración de la universidad". El Teatro Nacional de Palestina ofreció una función especial en el Teatro Sión de Jerusalén, con la presencia de Lord Balfour, el Alto Comisionado y el Dr. Weizmann. La fábrica Noam de Haifa publicó el siguiente anuncio: "En honor de la inauguración de la universidad hemos lanzado un nuevo chocolate llamado 'Universidad de Jerusalén'. Cómalo y disfrute". La empresa Raanán produjo en honor del acontecimiento dos nuevas golosinas: "Balfour" y "Universidad". Miles de jóvenes entusiastas decidieron retomar la antigua costumbre de peregrinar a Jerusalén y marcharon en masa hacia el Monte Scopus desde sus aldeas en la Galilea y en el sur.

El 1 de abril de 1925 asistieron a la ceremonia de inauguración de la universidad en el Monte Scopus 20.000 personas, nada menos que el 10% de la población, que en aquellos tiempos llegaba a 200.000 personas. Sólo unos cuantos lograron encontrar asientos disponibles; la mayoría pemaneció de pie durante toda la ceremonia, tal como lo habían hecho en las largas horas que la precedieron.

Los invitados de honor se ubicaron en la tarima, construida con madera y cubierta con alfombras especialmente prestadas para la ocasión. Quiénes estaban allí? Quiénes no! Lord Arthur Balfour en persona; el "libertador de Jerusalén", el general y posteriormente mariscal de campo Sir Edmund Allenby; el Alto Comisionado, Sir Herbert Samuel y su esposa Beatrice; Sir Ronald Storrs, gobernador de Jerusalén; el coronel John Patterson, comandante de la Legión Judía en la Primera Guerra Mundial; Jaím Weizmann, presidente del Movimiento Sionista y su esposa Vera; el Dr. Yehudá Magnes, presidente de la Universidad Hebrea; el Prof. Boris Schatz, fundador de la Academia de Bellas Artes Betzalel; los Grandes Rabinos Meír y Kuk; los poetas Jaím Najmán Bialik, Shaúl Tchernijovski y Zalman Schneur; el escritor Ajad Haam (Asher Guinsberg), que había escrito largamente acerca de la necesidad de crear "un centro espiritual para el pueblo judío en la Tierra de Israel"; el pintor Hermann Struck; los líderes de la Organización Sionista Menajem Ussishkin, el Dr. Arthur Ruppin, Najum Sokolov, Otto Warburg; Selig Brodetsky, presidente de la cámara de diputados de Gran Bretaña y muchos otros.

Quiénes faltaban? David Ben Gurión, por ejemplo. Su amigo Iosef Sprinzak, que en el futuro habría de ser el presidente de la Knéset, se encontraba entre el público, pero no Ben Gurión. Tampoco estaba el Dr. Sigmund Freud, que había sido invitado pero canceló la visita por razones de salud. También faltaba un importante dignatario árabe a quien el Dr. Magnes había invitado a expresar sus salutaciones, pero que a último momento se excusó. Por otra parte, en un lugar destacado de la tarima se encontraba un funcionario que representaba al gobierno de Egipto, y en primera fila se veía al alcalde árabe de Jerusalén, Raghib Bey al-Nashashibi (cuyo pariente había donado el dinero para liberar de la aduana libros en hebreo). Muchos periodistas árabes ocupaban un sitio en la mesa de prensa, y cerca de ellos había un grupo de jeques árabes de la Galilea, con sus atuendos tradicionales.

Todos los que se encontraban en la tarima y quienes estaban sentados cerca de ella fueron inmortalizados en una gran pintura al óleo que hasta hoy en día se encuentra en el pabellón administrativo de la universidad en el Monte Scopus. El cuadro, cuya realización llevó dos años, fue obra de L. Pilijowski, calificado por el Prof. Schatz como "el pintor judío más grande de nuestra generación". En él se puede identificar fácilmente a más de cien rostros conocidos. En el ángulo izquierdo aparece el autor, sentado entre la multitud, pintando en su atril, y detrás de él a su esposa, con un vestido blanco de muselina y un sombrero.

La mejor evidencia del estado de ánimo que imperaba en Palestina en esos días se encuentra en un artículo publicado en la portada del diario Dóar Haiom ("Correo del día"). El estilo retórico y entusiasta de la nota fue obra del director del periódico, Itamar Ben-Aví, "el primer niño hebreo" hijo de Eliézer Ben-Yehudá, revivificador de la lengua hebrea. Debajo de los grandes titulares, Ben-Aví escribió: "El acto de apertura de la Universidad Hebrea comenzó ayer a las tres de la tarde, en presencia de gran número de personas provenientes de diversas regiones de la Tierra de Israel y de diferentes países y naciones. La ceremonia, que la comunidad judía en la Tierra de Israel y miles de invitados de todos los confines de la diáspora habían aguardado ansiosamente durante mucho tiempo, se convirtió como por arte de magia de alguna mano oculta en un acto político nacional e internacional y, al mismo tiempo, en una impresionante demostración cultural que encendió las mentes y los corazones e infundió en todos un espíritu embriagador que, al parecer, no habrá de disiparse rápidamente.

La elevación y el entusiasmo que se sintieron ayer en toda la Tierra de Israel, y en especial en su antigua capital, son indescriptibles. Desde muy temprano por la mañana las calles de Jerusalén se llenaron con gran número de personas. Cientos y cientos comenzaron a llegar en tren y en automóviles desde Tel Aviv, Haifa, Judea y la Galilea; otros cientos llegaron a pie desde las aldeas y las granjas colectivas. Quinientos judíos norteamericanos que arribaron el día anterior a las costas de Haifa en el barco de vapor "The President Arthur" rodearon las oficinas de la universidad desde el amanecer, en busca de billetes de entrada.

Cientos de vehículos y carretas transportaron a la gente desde la ciudad hasta el atrio de la universidad en el Monte Scopus, y miles de hombres, mujeres y niños llegaron por los caminos que conducen al Monte.

Dos horas antes del inicio de la ceremonia ya estaban ocupados todos los lugares en el gran anfiteatro construido en la ladera de la montaña, en medio del pinar que rodea el edificio de la universidad. En los largos bancos de piedra tomaron asiento cerca de tres mil personas; unas cuatro mil permanecían de pie y fuera había una gran multitud. Numerosos judíos se congregaron ese día en el Monte Scopus, entre ellos los invitados de distintas partes del mundo: América, África, Australia; había también dos que acudieron a la histórica ceremonia desde Bolivia en América del Sur. Entre los invitados había también muchos árabes, que resaltaban con sus atuendos multicolores.

En la parte inferior de la ladera del monte se preparó una plataforma grande, circular y elevada, que a la distancia parecía una especie de puente al borde del abismo y que albergaba a los representantes del gobierno y de las universidades. En el borde se encontraba la plataforma de los disertantes. Cientos de ujieres vestidos de azul y blanco se apostaban junto a las puertas e indicaban a la gente sus lugares. Cerca de la plataforma, un poco más abajo, se hallaba el lugar para la orquesta y el coro, cerca de doscientas personas dirigidas por el Sr. Kratzbeski. La vista desde ese lugar es la más hermosa de Jerusalén.

A las 14.30 llegaron los huéspedes más distinguidos: todos los cónsules de diversos países tomaron asiento en la primera fila. Exactamente a las tres comenzó el desfile: desde ambos lados del monte, los profesores con sus togas académicas encabezados por el Dr. Jaím Weizmann, con Sir Herbert Samuel a su izquierda y Lord Allenby a su diestra. Lord Allenby tomó asiento junto al Alto Comisionado y los Grandes Rabinos se sentaron uno junto al otro. El coro y la orquesta interpretaron el himno nacional británico y los textos bíblicos "De Sión saldrá la Ley y de Jerusalén la palabra de Dios" y "Los cielos cuentan la gloria de Dios". Cuando los aplausos se acallaron, el Rabino Kuk se puso de pie y leyó la plegaria por la inauguración de una casa nueva. El rabino, que debía empezar el acto con una breve bendición, aprovechó la ocasión para pronunciar una homilía nada breve en la que expresó los temores de la comunidad ortodoxa de que en el estudio científico del judaísmo se introdujeran demasiados valores seculares.

A continuación se puso de pie Jaím Weizmann, que ostentaba las galas de la Universidad de Manchester, y leyó la alocución de apertura. Una ovación saludó al Alto Comisionado cuando se aproximó al estrado. También él leyó su disertación con voz clara y franca y con gestos, palabras y frases breves y contundentes que trasuntaban una majestuosa solemnidad. Comenzó expresando las felicitaciones del gobierno británico, continuó hablando en nombre del gobierno de Palestina y concluyó con Shehejeianu. Esta plegaria, pronunciada por el Alto Comisionado en hebreo, despertó una ola de júbilo en la multitud. Mientras aún permanecía de pie, su discurso fue traducido al hebreo y al árabe por el traductor oficial del gobierno.

Después de él habló Lord Balfour. Vestía una túnica de seda escarlata, llevaba el cabello blanco al descubierto y de su rostro, su apostura y sus palabras, emanaba una especie de nobleza sagrada, aún más acentuada por el momento y el lugar, la magia de ese día y el entusiasmo del mar de gente que lo rodeaba. Empezó agradeciendo la cálida recepción que se le había brindado y expresó su pesar por no poder pronunciar su discurso en hebreo. Mencionó el significado simbólico del lugar, desde el cual se avistó por primera vez a los judíos que llegaban al país después de la conquista de Jericó, el mismo lugar desde el que Tito había observado el asedio final. Allí habían tenido lugar el nacimiento de la nación, su destrucción y, una vez más, su renacimiento. Lord Balfour habló del valor de la universidad para todo el país, tanto para los judíos como para la población árabe. Aunque el idioma de la universidad fuera el hebreo, y así debía ser, los árabes podrían disfrutar de todo lo que podía ofrecerles. Recalcó que en la Edad Media, cuando la cultura europea estaba casi extinguida, los árabes y los judíos habían sido los guardianes conjuntos de la cultura y la ciencia. Por qué no habrían de poder cooperar una vez más en el campo de la cultura en el Oriente? Su disertación se prolongó cerca de una hora y en todas sus palabras, pronunciadas con el vigor y la confianza de un ser de alta espiritualidad, había algo del misterio y el simbolismo del 'profeta de las naciones'. Se podía percibir su emoción íntima, su sinceridad y su lealtad básica.

A continuación habló Bialik, recurriendo a palabras de la Biblia y de las fuentes sagradas, adecuadas al carácter visionario de ese día. Empezó a oscurecer y soplaba una leve brisa, pero la pasión de Bialik ardía aún durante ese crepúsculo en el Monte Scopus.

Por último, el Gran Rabino de Gran Bretaña, el Dr. Hertz, cerró el acto con una breve plegaria y una bendición a todos los presentes. La orquesta y el coro interpretaron "Aleluya, alabad a Dios en su Santuario" y el himno Hatikvá y, con ayuda de los ujieres, la multitud empezó a dispersarse de manera ordenada a través de todas las salidas. Los automóviles, los carros y los transeúntes llenaban todas las calles y senderos que conducían a Jerusalén.

Durante esa tarde y la noche anterior todo el edificio de la universidad, con la cúpula redonda que lo coronaba, estuvo iluminado con guirnaldas de pequeñas bombillas eléctricas. En toda Jerusalén y sus alrededores se podía ver, como en un croquis dorado, el contorno de la universidad sobre la colina.

Otra consecuencia de la inauguración de la universidad, de gran significado para todo el pueblo judío, fue la traslación paulatina de su foco cultural. Hasta ese entonces, la comunidad judía de la Tierra de Israel había sido considerada por los judíos instruidos y creativos del mundo como provincial y marginal, mientras que el foco de la actividad intelectual judía se ubicaba en Europa. La apertura de la Universidad Hebrea convirtió a la Tierra de Israel en un centro espiritual judío de importancia, al menos en aquellos aspectos vinculados con los estudios hebreos y judaicos. Habrían de pasar 23 años entre el "ensayo general" en el Monte Scopus y los actos del Día de la Independencia del Estado de Israel. Irónicamente, el ensayo general fue una celebración mucho más espléndida que la del día de la creación del estado. La Guerra de la Independencia en curso y el sitio a Jerusalén impidieron a Ben Gurión y a sus colegas llegar a la ciudad. El barrio judío de la Ciudad Vieja ya había caído en manos de la Legión Árabe de Jordania y el Monte Scopus estaba aislado. La ceremonia de Declaración de la Independencia se realizó a último momento, sin planificación previa, el viernes 15 de mayo de 1948 en Tel Aviv*. En 1925, el alcalde de esa ciudad, Meír Dizengoff, se hallaba entre el público reunido en el Monte Scopus. No vivió hasta 1948, cuando en su casa del Boulevard Rothschild, David Ben Gurión anunció el cumplimiento de los sueños de Herzl y de todo el pueblo judío. En la exhortación de Ben Gurión a los árabes de Palestina y de las naciones árabes, se puede percibir el eco de la proclama del Consejo Nacional en ocasión de la inauguración de la universidad en Jerusalén, 23 años antes. Nadie podía imaginar que para cumplir la visión de paz habrían de pasar todavía muchos años.


Traducción: Orna Stoliar

Dan Almagor, periodista, folklorista y crítico, ha escrito, traducido y adaptado más de 70 obras teatrales y comedias musicales para la escena israelí, incluidas "Mi bella dama", "El violinista sobre el tejado" y obras de Shakespeare, Brecht, Miller y Mamet. Ha compuesto cientos de canciones populares y producido series de televisión sobre la historia de la música y el folklore israelíes.

 
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