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Preservacion- conservacion- restauracion- el caso de Jerusalen

14 jul 2002
 Revista de Artes y Letras de Israel - 111/2001
 PROLOGO | MUSEO COEXISTENCIA | AMIJAI | BIBLIA | MEDIO AMBIENTE |
 BERMAN/POEMAS | RIOS | MUSICA | JERUSALEM | UNIVERSIDAD HEBREA |
 HOLOCAUSTO | BORDADO | POEMA | LIT.ARABE|JACKONT|AGRADECIMIENTOS
 
     
Preservación, conservación, restauración:
el caso de Jerusalén

Lili Eylón

 
 

 

 

 

 

 

La antigua estación de ferrocarril turca. Hoy está en desuso tras la suspensión de la línea Tel Aviv-Jerusalén. Parte del edificio es un restaurante..

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Este antiguo albergue de caravanas es hoy el teatro Khan.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Uno de los edificios históricos en la Calle Haneviim ("do los Profetas").

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Este molino de harina restaurado es hoy un centro comercial.
 

En 1998, el Museo de la Ciencia Bloomfield, de Jerusalén, presentó una exposición sobre el tema "Por qué no se caen los edificios". Esta exhibición, destinada esencialmente a los jóvenes, demostraba con sus maquetas desarmables qué tipos de construcción podrían resistir mejor un terremoto u otro desastre natural.

Desastres naturales ocurren a diario, según lo informan los periódicos, y por ello las nuevas construcciones se suelen diseñar para hacer frente a cualquier eventualidad. Pero qué decir de los desastres causados por el hombre, la destrucción deliberada de edificios y sitios de valor histórico o etnográfico, que forman parte del legado cultural de un pueblo? Estas calamidades despiertan menos ecos que un terremoto, pero grandes o pequeñas, son siempre irreversibles. Los culpables son por lo general promotores o contratistas, que presionan a municipalidades de sensibilidad embotada por el doble afán de acrecentar sus ingresos y "modernizar" su ciudad, pero también una opinión pública no informada o indiferente.

Sin embargo, en Israel como en otros muchos países, algunos sectores de la opinión consideran que las viejas construcciones no se deben demoler sino conservar, restaurar y revitalizar. En Jerusalén, estos círculos se preocupan por una ciudad que abunda en sitios de importancia histórica, religiosa, etnográfica y arquitectónica, y en construcciones aportadas por muchas nacionalidades, que dan a la trama urbana de la ciudad su colorido tan especial. Judíos, cristianos y musulmanes, alemanes, rusos, británicos, franceses, italianos, armenios, turcos, griegos, etíopes y otros, han aportado sus contribuciones, enriqueciendo a Jerusalén a lo largo de los siglos con estilos arquitectónicos variados.

En su prólogo al libro Arquitectura de Jerusalén: períodos y estilos de David Kroyanker, el ex alcalde de Jerusalén Teddy Kollek escribe: "La multiplicidad de formas que coexisten en Jerusalén, con todos sus contrastes, es el factor principal que determina el colorido de la ciudad, y caracteriza la belleza y singularidad de Jerusalén. Los barrios de casitas alineadas alrededor de un patio central se codean con monumentales edificios cristianos; ministerios y complejos de oficinas de tiempos del Mandato británico coexisten con rascacielos de reciente construcción; pintorescas casas árabes de paredes de piedra lindan con bloques de vivienda popular de hormigón desnudo. Cada proyecto que afecta al centro de Jerusalén, por insignificante que sea, suscita disputas entre los partidarios de la conservación y los de la demolición y nueva construcción".

La conservación de cualquier ciudad, dicen los planificadores, mantiene también la memoria colectiva de los habitantes y sus vínculos con el pasado, presente y futuro. El arquitecto Mijael Turner, catedrático de la Escuela de Arquitectura de la Academia de Bellas Artes Betzalel, menciona la ciudad histórica de Praga, señalando que su hermoso centro no ha sido modificado. Ni las calles existentes ni el sistema de transporte público han sufrido cambios. Praga atrae cada año millones de visitantes -dice Turner- pero sus ediles no ven la necesidad de alterar o "mejorar" su centro. Análogamente, ciudades como Roma o Amsterdam son ejemplos patentes de conservación de sus preciosos centros antiguos, en los que no se permite edificar.

El arquitecto Arié Sharón, refiriéndose al área histórica alrededor de la Ciudad Vieja de Jerusalén, advierte en su libro Planificar Jerusalén de las consecuencias que podría tener la adopción de medidas erróneas: "La capacidad de la teconología moderna para cambiar rápidamente el paisaje de un país se considera a veces como una de sus mayores virtudes. Jerusalén es un paisaje en el cual el fuerte impacto de la tecnología podría hacer que un cambio apresurado fuera irrevocable. Una planificación imaginativa debe valerse de la tecnología moderna para preservar y embellecer, no para sustituir o abrumar".

Sus palabras han sido escuchadas: pequeños parques rodean hoy la Ciudad Vieja, brindando a los edificios históricos un marco verde y poniéndolos a distancia suficiente de los edificios modernos.

Otra extensión de Jerusalén -la zona verde al sureste de la ciudad- era la gran preocupación del difunto gran planificador urbano R. Buckminster Fuller. Éste afirmaba que: "No debían tocarla mortales porque en ella estaba encarnado todo el misterio de Jerusalén". El área es hoy el Paseo Haas-Sherover, que ofrece una espléndida vista de la Ciudad Vieja con sus mezquitas e iglesias, el Monte de los Olivos, el Monte Scopus, el Valle de Siloé y el Monte Sión. Después de la Guerra de los Seis Días de 1967, en un período de gran euforia nacional y auge de la construcción, varios contratistas querían edificar hoteles en este lugar panorámico, pero ante la oposición de la opinión pública, se mantuvo como espacio verde multicultural, donde todos los habitantes de la ciudad pueden pasear, comer y jugar.

El paseo es también una microrreserva natural, ya que se encuentra en la divisoria de aguas entre la cuenca mediterránea húmeda, al oeste, con una pluviosidad de 600 mm anuales, y la cuenca semiárida del Mar Muerto, al este, donde la precipitación es de menos de 200 mm por año. Se ha intentado crear allí un marco neobíblico, abancalando las suaves laderas que se extienden al pie del paseo y plantando olivos y especies silvestres nativas de la región.

La importancia del legado cultural y la necesidad de conservar lo antiguo y valioso se han ido reconociendo poco a poco en este país y sin duda más tarde que en la Europa occidental, donde ya en 1975 se proclamó el Año del Legado Cultural Mundial.

Un desastre, causado por el hombre y, por tanto, evitable, se produjo en Jerusalén unos años atrás, cuando se demolió el Talita Cumi*, uno de los primeros edificios de la Jerusalén moderna, construido en los años 1861-68, en lo que en aquel entonces era una loma yerma (y hoy es el centro de la ciudad), según los planes de un famoso misionero-arquitecto alemán, Konrad Schick. En su lugar se levanta hoy un centro comercial y residencial. Originalmente, el edificio se construyó como escuela para niñas árabes y más tarde, antes de su demolición, lo ocupaban oficinas. Hoy sólo subsiste como mero fantasma el portón de entrada desplazado y restaurado con la inscripción Talita Cumi y una ventana a cada lado, todo ello rematado por un gálibo con el antiguo reloj del edificio.

Un destino similar tuvo la Escuela secundaria Herzlía de Tel Aviv, uno de los edificios más distintivos de la ciudad en sus comienzos, que ha sido reemplazado por la Torre Shalom, un rascacielos de 35 pisos, el primero de Israel. "Fueron actos de destrucción muy lamentables" dice Mijael Turner. "Eso ocurrió cuando la gente de este país aún no era consciente del valor de los sitios históricos".

En Jerusalén, la Comisión Urbana de Planificación, junto con el ingeniero municipal, son quienes emiten generalmente las recomendaciones sobre los planes de construcción. La decisión final incumbe al concejo municipal, que cuenta 31 miembros. Por qué criterios se guían éstos al tomar sus decisiones? La mayoría de los planificadores afirman que no existen reglas fijas o normas objetivas para determinar el valor de los edificios o barrios y señalan que estos valores son una mezcla indeterminada y a veces indefinible de componentes nacionales, religiosos, históricos, etnográficos e incluso nostálgicos.

Nadie duda de la existencia combinada de todos los atributos anteriores en Jerusalén. Toda la Ciudad Vieja ha sido declarada monumento histórico. Muchos lugares dentro de su recinto amurallado son antiguos, así como las murallas mismas, construidas en el siglo XVI por el sultán otomano Solimán el Magnífico. La Ley de Antigüedades de Israel, de 1978, define como "antigüedad" cualquier "objeto, movible o fijo, hecho por el hombre antes de 1700".

Los edificios antiguos de la Ciudad Vieja no despertaron siempre una actitud favorable. El cónsul de los Estados Unidos en Jerusalén, Edwin Sherman Wallace, escribía en 1898 que si bien Jerusalén "es en todos los sentidos, civil y religioso, físico y político, única entre las ciudades del mundo", la calidad de los edificios de la Ciudad Vieja dejaba que desear. Wallace resumía así el descuido usual típico de toda ciudad histórica y el fatalismo percibido a veces como característico de la mentalidad del Oriente Medio: "El aspecto antiguo es genuino; [las casas] son viejas y sus piedras han salido a veces de la cantera hace miles de años. Es sorprendente que algunas resistan hasta hoy a la fuerza de la gravedad. En la ciudad hay por doquier arcos viejos que se mantienen misteriosamente en pie cuando según todas las apariencias deberían caerse de inmediato... Algún día, cuando la clave del arco se haga polvo, todo el arco se derrumbará sobre alguna cabeza devota, y entonces el propietario dirá: -Es la voluntad de Dios-". Más adelante da una descripción pintoresca de una escena en el cercano valle de Hinom, en el cual un pozo era parte importante de la vida diaria: "En verano, en particular, el pozo es el centro de una gran actividad. Las mujeres llegan cargando sus odres a la espalda o conduciendo un par de borriquillos que pueden cargar tres odres llenos de agua. Los hombres van sacando agua del pozo continuamente. Quienes conocen las costumbres de aquí se sorprenden al ver hombres dedicados a esta tarea, porque cuando hay que ejecutar un trabajo verdadero, suelen ser las mujeres las que lo hacen".

El arquitecto jerosolimitano nacido en Dinamarca Ulrik Plesner, hablando en defensa de la modernización, dice: "El estancamiento y la pobreza son los principales factores de la conservación". Plesner ha proyectado varios grandes edificios para los alrededores de la estación de ferrocarril de Jerusalén, alojada en un edificio otomano de 1892. "La economía moderna no reza con las construcciones pequeñas", agrega. Con todo, está convencido de que si hay que agregar edificios a una zona, ésta debe conservar sus rasgos característicos. Cita al respecto el barrio de Baka como ejemplo donde se ha aplicado esta regla. "La altura de las casas, el tipo de materiales de construcción, la clase de techumbre, el porcentaje del área construida en cada parcela, la distancia de la fachada a la calle, tales son los criterios que determinan la calidad", subraya Plesner. En cuanto a conservar o demoler, considera que cada caso debe juzgarse según sus propios méritos. John Seligman, Arqueólogo del Distrito de Jerusalén, explica que si bien los criterios de conservación de sitios, edificios u objetos antiguos son a veces subjetivos, hay que tomar en cuenta también consideraciones tales como: Es éste un buen ejemplo de su tipo? Es único? Genera interés público? Es importante para la investigación?

La ley prohíbe, salvo con aprobación escrita expresa del Director de Antigüedades, "edificar, pavimentar, construir instalaciones, abrir canteras o minas, perforar, inundar, despedregar, arar, plantar, volcar tierra o desechos, alterar, reparar, añadir o demoler una antigüedad, quitar parte de ella, escribir, grabar o pintar en ella, o construir edificios o paredes en los predios contiguos". Las sanciones aplicables a los infractores son de hasta tres años de cárcel y multas importantes. Además, el Ministerio de Educación y Cultura está facultado para expropiar cualquier propiedad requerida, a su criterio, para fines de conservación o investigación, así como cualquier predio necesario para excavaciones arqueológicas.

Todos los planes de construcción -como 2500 cada año- se someten al dictamen del Delegado de Antigüedades del Distrito de Jerusalén. El 98% se aprueban de inmediato porque no tienen trascendencia en cuanto a antigüedades. El dos por ciento restante se somete a un examen para decidir si conviene efectuar una excavación exploratoria previa (el costo corre por cuenta del inversor, ya sea un particular o un organismo público) o si bastará una inspección durante la construcción. Si por uno de ambos medios se descubre algo de interés arqueológico, el asunto se somete a un comité de conservación interdisciplinario ad hoc, formado por arqueólgos e historiadores, que formula una recomendación. La decisión final en materia de antigüedades incumbe al Director de la Autoridad de Antigüedades.

Uno de los problemas de Israel es el de los huesos antiguos. Se presenta a veces durante la construcción de nuevas carreteras, como sucedió con una importante arteria de comunicación al norte de Jerusalén. Grupos de judíos ultraortodoxos manifestaron allí violentamente contra el traslado de huesos humanos antiguos no identificados, que se descubrieron durante las obras, por considerar que con ello se violaba la santidad de su sepultura. El procurador general ha dictaminado que los huesos humanos no deben considerarse como antigüedades y se ha llegado a una solución parcial de la controversia. Cuando se descubren huesos humanos antiguos, la Autoridad de Antigüedades informa al Ministerio de Asuntos Religiosos, los arqueólogos retiran los huesos y el Ministerio se encarga de reenterrarlos. "Éste no es un problema específico de Israel", explica John Seligman. Problemas análogos se presentan en los Estados Unidos con los indios y en Australia con los lugares de enterramiento de los aborígenes.

En lo tocante a la restauración de una excavación arqueológica "el arqueólogo y el arquitecto son los responsables de interpretar correctamente la historia", afirma Mijael Turner. "Los criterios iniciales para ello son una documentación completa y el análisis del período histórico pertinente". Como probablemente muchos otros vivieron en el mismo sitio, se debe dejar algo de cada período, y el arquitecto deberá decidir qué dejar según un criterio de trascendencia histórica. Así, por ejemplo, en excavaciones recientes alrededor de la Puerta de las Inmundicias, se dejaron vestigios de un patio del período musulmán de los Omeyas junto a restos de la época del Segundo Templo judío. A la pregunta de si se debería destruir un sitio arqueológico antiguo para poder alcanzar otro más antiguo en el mismo lugar, Turner responde que eso depende de la importancia de los hallazgos y de su contexto.

En un congreso internacional de arquitectos hace unos años, el entonces arquitecto municipal de Jerusalén, Amnón Niv, sorprendió a su auditorio al afirmar que: "No tenemos un plan regulador, es más, no queremos tenerlo". En realidad sí existe un plan regulador oficial, pero data de 1959 y hoy está anticuado.

Fueron los británicos, durante el período del Mandato, quienes fijaron ciertas normas y principios referentes a la nueva construcción, y de hecho confeccionaron planes reguladores tanto para Jerusalén como para Tel Aviv. Fijaron normas sobre altura de las construcciones y limitaron el número de edificios de cada barrio. También estipularon que los cauces de arroyos (wadis) no debían ser modificados y no se debía construir en ellos. Congelaron toda la construcción en la Ciudad Vieja, impusieron la obtención de un permiso especial para poder edificar una casa en la Ciudad Nueva y exigieron que las nuevas construcciones se revistieran de piedra jerosolimitana. El plan regulador israelí de 1959 adoptó básicamente los mismos criterios.

En los años de 1972 a 1975 se confeccionó un nuevo plan regulador, en vista de la reunificación de la ciudad en 1967, pero nunca se le confirió carácter oficial. Las razones de ello son complejas, pero en esencia, la municipalidad no deseaba limitar sus futuros planes de construcción.

Las normas y principios están muy bien cuando hay suficiente tiempo y dinero, pero a veces la realidad da un vuelco a los principios. La llegada en masa de inmigrantes a Israel en los años 50 obligó al gobierno a proveer urgentemente miles de viviendas. El Ministerio de la Vivienda construyó apresuradamente varios barrios nuevos en Jerusalén: Katamonim, Kiriat Hayovel, Shmuel Hanaví, Romema e Ir-Ganim y para ello relajó las reglas vigentes. Al propio tiempo, para alojar al creciente número de turistas, se llevó a cabo la construcción de varios altos hoteles que rompieron la línea del horizonte (los británicos habían fijado un límite de cuatro pisos). Las discusiones sobre el tema de la altura continúan hasta hoy, en especial en vista de la escasez de solares en la ciudad y el deseo de los constructores de aprovechar al máximo sus predios.

 
 
El hospital Shaarei Tsédek de Jerusalén
 

"No existe una política definida", dice Nili Hod, la coordinadora del Comité municipal de Conservación de Sitios. "Hay diversos pareceres acerca de la construcción entre los arquitectos, los políticos y los promotores. El enfoque hoy es flexibilidad". Muchos arquitectos, como Mijael Turner, abogan por integrar en un edificio o en un barrio elementos conservados, junto con elementos restaurados o revitalizados, a condición de que en los añadidos se resguarde el carácter original. Como ejemplo, menciona la llamada Colonia Alemana. Ello incumbe a las personas o instituciones que se encargan de restaurar un edificio protegido, por ejemplo el antiguo hospital Shaarei Tzédek, en la calle de Iafo, que acaba de ser restaurado para alojar a la Autoridad de Radiodifusión Israelí. Para compensar al contratista por no permitírsele ninguna adición al edificio restaurado, se le suelen otorgar exenciones de impuestos y mayores derechos de construcción en otro lugar.

 
 
La escuela para niñas Talita Cumi
 

A mediados de los años 70 se compiló una lista de miles de sitios, edificios, parques -incluso árboles aislados- destinados a la conservación. Desde entonces algunos han sufrido tanto por el descuido que ya son irrecuperables; otros, como Talita Cumi, han sido demolidos. A la fecha de redacción de estas líneas, unos 160 sitios y edificios gozan de protección oficial como lugares o monumentos históricos.

En los últimos años se han llevado a cabo algunas operaciones de salvamento de última hora y varios proyectos de revitalización exitosos. Un molino de viento en el barrio de Rejaviá, que años antes había servido de residencia al embajador de los Países Bajos, iba a ser demolido para construir en su lugar un edificio de apartamentos. En el último momento, la Municipalidad reclasificó el predio de residencial a comercial, y gracias a ello el viejo molino aloja hoy tiendas, galerías y restaurantes. En el centro de la ciudad, la casa de la organización Bnei Berit, construida en 1902 según los planes del arquitecto alemán Palmer, iba a ser demolida y sustituida por un edificio de ocho pisos. El alcalde, Teddy Kollek dirigió una súplica al presidente de la organización y salvó así al edificio, que se convirtió más tarde en biblioteca juvenil.

Están, por otra parte, los edificios que han caído en desuso y se han destinado a otros usos. Un ejemplo es el hospital Shaarei Tzédek, ya mencionado; otro es el Hospital San Juan, en la carretera a Jebrón, que es ahora el Hotel Monte Sión; la casa Tijo, residencia de la pintora Ana Tijo y su marido Avraham Tijo, reverenciado oftalmólogo, es hoy un museo encantador; el Jan, una posada turca para camelleros, ha sido convertido en una dinámica sala de teatro. Barrios enteros han sido revitalizados: en la Ciudad Vieja, los barrios cristiano y musulmán han sido remozados y el barrio judío ha sido restaurado. Otros ejemplos notorios son la calle Ben Yehudá, ahora zona peatonal, y el pintoresco barrio de Najlat Shivá en el centro de la ciudad.

 
 
La via peatonal de Najlat Shiva
 

Najlat Shivá (Predio de los Siete, en hebreo) fue el tercer barrio residencial construido extramuros. Eso ocurría en 1869 y las dificultades eran grandes, porque la zona era una loma desnuda. Siete amigos (de allí el nombre), descendientes de los discípulos del Gaón de Vilna, quisieron traducir a hechos las enseñanzas del maestro, a saber: que la construcción de Jerusalén era un factor esencial para acercar la Redención. Con este fin compraron unas tierras a varios propietarios árabes y construyeron en ellas unas casas modestas. Al principio sólo los varones residían allí, porque las mujeres no se atrevían a alejarse de la Ciudad Vieja.

En los reglamentos de Najlat Shivá, según los reproduce David Yelín en su libro Memorias de un jerosolimitano, figuran los siguientes párrafos: "El deseo que arde en nuestro interior de levantar casas aquí se ha hecho cada vez más fuerte en nuestros corazones, mentes y almas y juntos hemos resuelto reforzarnos y tener gran éxito, y cada uno de nosotros asistirá a su compañero... y con la ayuda de Dios prosperaremos y llegaremos a la salvación... Con la mayor premura, contrataremos canteros para que extraigan piedra de uno de los altos de nuestro predio... y cuando la mayor parte de las piedras estén labradas y listas, empezaremos a trabajar, si Dios quiere, y construiremos dos casas en este predio este mismo verano, cada una de 36 varas cuadradas [20,6 m2], sin contar las paredes, de modo que las viviendas sean agradables, cómodas y adecuadas y cada una costará 50 libras turcas de oro [56 libras esterlinas] y cada año determinaremos por sorteo quien tendrá el privilegio de que en su lote se construya la primera casa y a quien le tocará la segunda construcción".

En 1959 se construyó un edificio de oficinas en Najlat Shivá, para lo cual se derribaron varias casas, como parte de un proyecto de demolición de todo el barrio y construcción de edificios de oficinas. La opinión pública se movilizó, alentada por el Consejo en pro de un Israel Hermoso y la Sociedad de Protección de la Naturaleza. El resultado fue que se abandonó oficialmente el plan de demolición y en 1986 se inició un programa tendiente a revitalizar el barrio, haciendo hincapié en la preservación de la infraestructura existente.

Hoy, la calle principal del barrio, la calle Solomón, convertida en vía peatonal, ofrece un excelente ejemplo de cómo salvaguardar el carácter de un barrio. Antiguas sinagogas del siglo XIX se han dejado intactas, los viejos patios se han remozado y se ha conservado parte de la arquitectura original para preservar el ambiente auténtico, manteniendo las callejuelas laterales y las cisternas, construidas inicialmente para recoger el agua de las lluvias. Con sus restaurantes, tiendas y galerías de arte y artesanía, este barrio se ha convertido en un centro de asueto popular.

A Nili Hod, la encargada de la conservación de edificios y sitios históricos posteriores al año 1700, le gustaría que el caso de Najlat Shivá siriviera de modelo para otros barrios de Jerusalén. Lamenta que sólo como una cuarta parte de las estipulaciones de la Ley de Conservación de 1993 - que era una enmienda a la Ley de Planificación y Construcción de 1965 - se haya puesto en práctica hasta la fecha. A tenor de esta ley, cada municipio debe constituir una comisión para la conservación de los sitios incluidos en sus límites y encargarse de su conservación. De hecho, dice, el mantenimiento de los edificios antiguos simplemente no existe: "Ni personal, ni dinero. No existe una autoridad que determine, por ejemplo, que cierto edificio antiguo podría convertirse en un museo. La ley faculta a los municipios para hacerse cargo de un edificio en peligro, pero hasta ahora nada se ha hecho. La ley carece de eficacia, porque no se ha previsto un presupuesto para su aplicación. Por ahora -agrega- no existe nada organizado en lo referente a conservación, sólo actividades esporádicas. La Municipalidad debe crear un departamento de conservación, una sola dirección que se ocupe de todos los problemas".

Y Nili Hod añade: "Pero ante todo debemos definir los límites del centro de la ciudad. En él queremos ceñirnos a métodos conservadores de preservación. Por ejemplo, para aliviar la congestión en la calle Iafo, la arteria principal de la ciudad, yo creo que sería una buena idea construir túneles subterráneos para el transporte público, y para ampliar las posibilidades de los peatones se deben construir soportales en los bajos de las casas que dan a la calle. El desarrollo agresivo se debe emprender sólo en la periferia de la ciudad".

Según Shlomit Raday, de la Autoridad para el Desarrollo de Jerusalén, se están llevando a cabo actualmente en la ciudad unos 116 proyectos de construcción: zonas industriales, calles, parques tecnológicos, hoteles, ministerios. El mayor de todos es el complejo de la alcaldía -diez edificios entre nuevos y antiguos ya habilitados, y otros dos planeados- en lo que fue antiguamente la Concesión Rusa. En 1979, el ingeniero municipal junto con dos arquitectos elaboraron un plan que integraba lo nuevo con lo antiguo. Entre los edificios que recomendaron conservar estaban el edificio histórico de la alcaldía, el de la Sociedad Bíblica y los antiguos consulados de Rusia y de Francia. Lamentablemente, diez años más tarde, y pese a las protestas de la Sociedad para la Protección de la Naturaleza, el último fue derruido sin compasión. La razón aducida fue que el edificio interrumpía la continuidad física y visual entre el jardín municipal y la plaza central.

 
 
La Plaza Safra, nuevo centro municipal
 

El arquitecto David Kroyanker, en un folleto titulado: "La historia del complejo de la alcaldía de Jerusalén", describe el proceso de planificación. Antes de empezar a construir se realizó una encuesta para conocer cabalmente la situación: se averiguó la condición jurídica de cada edificio y complejo, su propietario, y la condición física de los edificios señalados para la conservación, así como de los elementos exteriores, tales como vallas, y de los elementos naturales, tales como árboles. La plaza de la alcaldía, conocida hoy como plaza Safra, se inauguró en junio de 1993. Desde el momento en que los planificadores empezaron a pensar en ella, en los años 50, sufrió un sinfín de cambios, tanto en su ubicación como en su diseño.

Cuando Teddy Kollek fue elegido alcalde, en noviembre de 1965, encontró los planes de la nueva casa consistorial en un estado avanzado, con una ubicación prevista en la calle King George V (donde se edificó más tarde el Hotel Plaza). "Consideré que sería erróneo por parte de la alcaldía renunciar a su sede histórica y aún más abandonar el área histórica en la cual había operado desde los años 30, a favor de un lugar situado lejos de la "sutura" entre las dos partes de la ciudad, que en aquel entonces era aún la frontera entre la Jerusalén judía y la árabe. Pensaba que una alcaldía situada en la frontera misma de la ciudad dividida simbolizaría la esperanza de que algún día Jerusalén volvería a estar unida". El alcalde pronunció estas palabras proféticas unos ocho meses antes de la Guerra de los Seis Días, que llevó a la reunificación de la ciudad.

El edificio de la alcaldía tiene una rica historia. En 1867, bajo el régimen otomano, cuando Jerusalén contaba apenas 22.000 habitantes, se constituyó un concejo municipal, que se instaló en un edificio del siglo XIV, del período mameluco. Conocido por la gente como "Palacio de la Sra. Tushuk", el edificio se convirtió en el sarayé, la sede de las autoridades otomanas. En 1896 la alcaldía se trasladó extramuros, a un edificio situado en la esquina de las calles de Iafo y Mamila. Al iniciarse el Mandato británico, la municipalidad construyó un nuevo edificio en la calle Iafo, diseñado por el arquitecto británico Clifford Holliday, que también diseñó la iglesia escocesa de Abu Tor, frente al Monte Sión. La nueva sede de la alcaldía se inauguró en 1932.

La ciudad fue creciendo, su población se multiplicó (en 1948 sólo contaba 82.000 habitantes), y las necesidades aumentaron de tal manera que los servicios municipales llegaron a ocupar 36 edificios dispersos por la ciudad. Quedó claro entonces que para servir a la población eficazmente, la alcaldía debía ubicarse en el centro geográfico de la ciudad.

Así nació la nueva alcaldía en la plaza Safra. Se construyeron varios edificios nuevos y otros se remodelaron. Con los edificios sujetos a conservación, el proceso fue lento y cuidadoso. Así, por ejemplo, se quitaron elementos externos tales como rótulos de cobre o placas esmaltadas con el nombre de las calles, antes de limpiar las fachadas con chorro de arena, y después se devolvieron a su sitio. Las techumbres de tejas se desarmaron y se volvieron a instalar. Los pisos de mármol, las escaleras y las balaustradas se conservaron y para las ventanas se evitó usar marcos de aluminio, por considerar que desentonaban con el carácter de los edificios.

Los planes para la renovación de la Concesión Rusa, contigua a la plaza Safra, que han sido confiados a los arquitectos Yonatán Shiloni y Yoram Fóguel, se encuentran en una etapa avanzada de los trámites de aprobación. La idea es inyectar vida en esta zona después de las horas de oficina, de modo que además de ser el lugar de trabajo de más de 2000 funcionarios municipales, se requerirá una revitalización comercial. Los proyectos considerados incluyen hoteles, centros comerciales subterráneos, áreas peatonales y plazas cerradas al tránsito de vehículos.

Al tiempo que se presta atención a algunos edificios históricos, otros se hallan amenzados. Existen planes, todavía no definitivos, para ensanchar la pintoresca calle de los Profetas, con sus casas de curiosa exquisitez y sus patios recoletos (los propietarios de algunas casas ya han recibido avisos de demolición). Naomí Tsur, directora de la sección jerosolimitana de la Sociedad para la Protección de la Naturaleza, encabeza la lucha contra todo cambio radical de una calle a la que califica de "una de las joyas de la ciudad". Se han formado comités de ciudadanos para combatir la ampliación de la calle a tres vías e impedir la demolición de cualquiera de sus casas.

Otra forma, pintoresca y más bien elegante, de instar a las autoridades a que dejen en paz lo bueno, fue la de transformar a la calle de los Profetas en un "museo viviente". Por iniciativa de la Sociedad para la Protección de la Naturaleza y del cantante Yehoram Gaón que es, además, concejal responsable de la cartera de artes en Jerusalén, muchos de los personajes vistosos que residieran otrora en la calle de los Profetas revivieron ante miles de jerosolimitanos congregados en esa calle, que se cerró al tránsito durante parte del día. Jóvenes vistiendo uniformes turcos y británicos se mezclaron con la muchedumbre, "Eliézer Ben Yehudá", renovador de la lengua hebrea, pedía a los transeúntes palabras nuevas para su diccionario, la "Dra. Helena Kagan" auscultaba a los niños con su estetoscopio, la poetisa "Rajel" hablaba de su vida, el "arquitecto Konrad Schick" invitaba a la gente a su fiesta anual en el jardín de su casa y el "Dr. Abraham Tijo" ofrecía exámenes gratuitos de la vista. Frente a una de las casas se levantó una tienda igual a aquélla en la que Theodor Herzl fue recibido por el Káiser Guillermo II en 1898. Iniciativas como ésta para revivir la historia local se están preparando para los barrios de Morashá y Bet Hakérem.

En la prensa local aparecen artículos de ciudadanos preocupados por su ciudad. Se plantean quejas sobre construcción incontrolada que amenaza a un barrio, e incluso sobre la tala de árboles y la intrusión en los espacios verdes de la ciudad para construir nuevos barrios residenciales. La intrusión en el Bosque de Jerusalén, la única zona verde extensa de Jerusalén, es un tema controvertido. Las leyes israelíes estipulan que los residentes deben ser informados de todo plan de edificación en su vecindad. Quienes proyectan una construcción deben publicar un aviso al respecto en dos diarios. Pero generalmente no se presta atención a estos avisos pequeños y muchas veces ya es tarde para detener los trámites.

No cabe duda de que existe un conflicto implícito entre la conservación y el desarrollo, que se traduce en un forcejeo constante. En los últimos años la opinión pública se muestra mucho más sensible a estas cuestiones. Lo cual es de rigor, porque las autoridades municipales de Jerusalén (al igual que de muchas otras ciudades del mundo) tienden a menudo a aprobar las solicitudes de los promotores más bien que a mantenerse alertas en la defensa del legado cultural y la calidad ambiental de la ciudad.


Traducción: Shlomo Gitai

Lili Eylón nació en Checoslovaquia y creció en los Estados Unidos, en donde estudió periodismo. Vive en Israel desde 1959 y escribe para diferentes revistas de Israel, Europa y los Estados Unidos. Ha escrito también para el National Jewish Post y fue directora asociada de la revista Hadassah.

 
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