Una puntada en el tiempo y en el espacio

14 jul 2002
 Revista de Artes y Letras de Israel - 111/2001
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Una puntada en el tiempo y en el espacio

Farid Abu-Shakra

 
 
Lili Porán, Sandalias

 

 

Rania Akel, Piedras

 

 

Aida Nasralah,
sin título
 

En abril de 1999 se presentó una muestra inusual en el Museo de Arte Uri y Rami Nechushtán, en el kibutz Ashdot Iaacov en el Valle del Jordán. Con el título de "Trabajo árabe, trabajo hebreo", un grupo de 15 artistas judías y árabes israelíes que se dedican al bordado, montaron una exhibición conjunta de sus trabajos, que fue la culminación de varios meses de encuentros en sus respectivos hogares y estudios, para trabajar juntas y aprender unas de otras. El siguiente texto explicatorio fue escrito por el curador de la muestra.

Desde que Adán y Eva sintieran la necesidad de cubrir sus desnudeces, los hombres han usado hojas de árboles, cuero y pelo de los animales que cazaban y muchos otros materiales con el fin de vestir sus cuerpos.

Durante la Edad de Piedra tardía, el ser humano aprendió a confeccionar prendas de abrigo con fibras de plantas. El arte del tejido se desarrolló inicialmente en el antiguo Egipto, en donde se produjo por primera vez la tela que conocemos como lino. Las excavaciones arqueológicas han descubierto cestas que datan del año 5.000 a.e.c. Son de alta calidad y la técnica usada para tejerlas es casi la misma que se emplea en la actualidad para la confección de cestas. Con el paso del tiempo aumentaron los tipos de fibras y las novedosas técnicas usadas para producir materiales tejidos, lo que incrementó su valor económico y les ganó prestigio en el mercado. Palabras tales como panamá, jersey, cachemir y bengala se han incorporado al lenguaje para indicar tanto el sitio de origen como la técnica original de producción.

El período islámico en Palestina fue famoso por sus trabajos comerciales de bordado. Los hombres bordaban objetos que se vendían en Europa y las mujeres, artículos destinados a los países árabes, en los cuales se apreciaban los productos de ultramar. Pero los chinos fueron los primeros en desarrollar el tejido de fibras delicadas, tales como la seda producida con los filamentos del capullo del gusano de seda. Quienes se atrevían a revelar el secreto profesional eran condenados a muerte. También los ingleses contribuyeron a la industria textil cumpliendo una importante función en el desarrollo y la producción de lana.

Conocemos los estilos en esta parte del mundo desde el año 7.000 a.e.c., y las telas bordadas desde 4.500 a.e.c. La confección de prendas bordadas continúa hasta el presente, tal como lo señalara el historiador Philip Hatey en su libro "La historia de Siria, el Líbano y Palestina", en el cual afirma que la población de Palestina estaba familiarizada con las técnicas del tejido de fibras desde tiempos inmemoriales, y que ésta era una de las industrias domésticas tanto para los hombres como para las mujeres.

Los investigadores han descubierto restos de implementos de tejido de piedra y hueso, que datan de principios del siglo 3 a.e.c., así como pesas de piedra y de arcilla, usadas para operar los telares. Hace más de un siglo se descubrieron en Palestina agujas y alfileres, preservados en cajas de bronce. Las agujas tenían ojos y los alfileres eran largos, con la cabeza ranurada o hendida. Pinturas bien conservadas, descubiertas en tumbas del antiguo Egipto, muestran a un grupo de cananeos vestidos con largas túnicas que les cubrían el cuerpo desde los hombros hasta las rodillas. Estas vestiduras estaban hechas con telas teñidas y adornadas con franjas contrastadas, que en ocasiones mostraban detalles magníficos. Estas pinturas, que datan de 1.700 a.e.c., brindan testimonio del hecho de que el arte de decorar la ropa (o sea, el bordado) ya era conocido a principios de la Edad de Bronce media.

 
 

 

 

 

 

 

 

 

Esta breve reseña histórica constituye, a su manera, una introducción a una exposición que muestra una actitud diferente ante las fibras y el bordado. Entre dos grupos de mujeres artistas, uno judío y el otro árabe, se ha urdido una trama especial de relaciones. Han pasado mucho tiempo juntas, bebiendo café y conversando sobre diversos temas, al tiempo que ponían en práctica ideas que surgían en los talleres de unas u otras. Ambos grupos se han encontrado semanal o quincenalmente, y han trabado una relación que es tanto social como profesional. A pesar de que viven en el mismo país, sus trasfondos culturales y educativos son totalmente diferentes.

Esta muestra las ha reunido, y uno de sus objetivos es el de reforzar el diálogo dentro de cada grupo y la interacción entre ambos.

Las artistas árabes provienen de un legado compartido de bordado tradicional y han creado en sus trabajos composiciones con elementos del bordado clásico, al que han añadido acrílico y acuarelas. Los resultados son una manifestación tangible de los lazos que conectan el pasado con el presente, que exponen los bordados ocultos a la clara luz del lenguaje de las artes plásticas, expresados en una técnica que es a la vez moderna, impresionista y auténtica.

La alheña, el café, las piedras, la madera, la tierra, las especias, las féculas y las hojas secas son los materiales que las artistas han utilizado para crear objetos visuales de arte que muestran una cultura específica, con su propio pasado y legado. Sus trabajos representan el lazo entre cada artista y su vida, entre la artista y el lugar donde vive, y entre la artista y su identidad. En esta época, las innovaciones occidentales, ajenas a la mentalidad oriental, han penetrado en los hogares orientales. Las artistas árabes de este grupo han realizado su propia protesta en contra de nuestra era mecanizada de una manera democrática y creativa que les es enteramente propia, y al hacerlo se han liberado del egoísmo subjetivo para avanzar hacia el ámbito de la cultura plástica.

Al mismo tiempo, las artistas judías se han integrado tan hondamente a la atmósfera de tradición renovada que se han visto, casi inconscientemente, compelidas por la necesidad de compartir. Se han encontrado, han trabajado y han visitado exposiciones en galerías y museos en todo el país junto con sus colegas árabes, y la influencia del medio y la atmósfera reinante han resultado decisivas para la configuración del resultado de sus temperamentos artísticos.

La aguja se ha afinado y ahora un arco iris de colores se mezcla con la atmósfera rural y con el sudor de los campos, más fuerte que el hálito urbano. La muestra depende de un juego sofisticado que atrae al espectador para que observe los trabajos con una mirada contemporánea y sobria, mientras descifra los significados abstractos codificados en ellos. El impacto de estos trabajos proviene de la estrecha relación que existe entre la mano y la aguja, de las formas de trabajar con esta maravillosa herramienta y del uso de técnicas que han transformado proverbios plenos de sabiduría en motivos, conceptos y mensajes simbólicos.

La tarea ha terminado y cada artista ha regresado a su estudio. Pero sin duda esta exposición ha constituido la primera etapa de un proceso creativo compartido, que es sincero y franco. Debe seguir adelante, lejos de la política y de las consignas simplistas de los medios de comunicación.


Traducción: Orna Stoliar

Farid Abu Shakra nació en 1963 en la ciudad de Umm-el-Fahm, en donde vive actualmente. Estudió en la Escuela Kalisher de Arte en Tel Aviv y es pintor, escultor y curador de exposiciones. Ha participado en numerosas muestras colectivas e individuales en diversas salas, incluidas en el Museo Israel de Jerusalén y el Museo de Arte de Tel Aviv.