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Tierra de Promisión - El pacto de Abraham |
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| INTRODUCCION | EL PACTO DE ABRAHAM | LA TENEBROSIDAD DEL EXILIO | EL RETORNO A SION | EL VIAJE A CASA | EL ESTADO DE ISRAEL |
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El pacto de Abraham - La promesa divina
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Duby Tal y Moni Haramati / Albatross
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Abraham, el patriarca de Israel, fue la primera persona que difundío la concepción monoteísta - la fe en un solo Dios. Dios le ordenó abandonar su ugar de nacimienta e ir ... a la tierra que te mostraré. (Gén. 12:1) Este lazo entre el pueblo de Israel y su tierra fue reafirmado para las generaciones posteriores a través de su hijo Isaac y su nieto Jacob: La tierra que he dado a Abraham y a Isaac, te la daré a ti, y a tu descendencia después de ti. (Gén. 35:12)
La emigración de Abraham a la Tierra de Israel fue el comienzo de un largo viaje que el pueblo de Israel recorrería antes de asentarse finalmente en su tierra. Esta travesía incluiría un largo y difícil exilio en Egipto, seguido de un éxodo milagroso que culminó con la receptión de la Torá (Ley Dinvina). Posteriormente se establecerían en la Tierra de Israel, donde el rey David gobernaría a su pueblo y el rey Salomón, su hijo, establecería un poderoso reino y construiría el Primer Templo. La travesía continuaría con el exilio a Babilonia, el retorno y la construcción del Segundo Templo - cuya destrucción marcaría el comienzo de un exilio largo y amargo. Durante los siguientes 2000 años, el pueblo judío sufriría terribles persecuciones hasta poder finalmente retornar a casa y establecer el Estado de Israel.
| c.s. XVIII-XVI AEC
| Abraham, Isaac, Jacob se asientan en la Tierra de Israel; El hambre fuerza a los israelitas a emigrar a Egipto |
| c.s.XIII AEC
| Éxodo de Egipto; Los Diez Mandamientos y la Torá son recibidos en el Monte Sinaí; Los israelitas entran en la Tierra Prometida |
| 1020 AEC
| Saúl es ungido como primer rey de Israel |
| 1000 AEC
| El rey David convierte a Jerusalem en la capital de su reino |
| 960 AEC
| El Primer Templo es construido en Jerusalem por el rey Salomón |
| 586 AEC
| Babilonia destruye Jerusalem y el Primer Templo; la mayoría de los judíos son exiliados a Babilonia |
| 538-515 AEC
| Muchos judíos retornan a la Tierra; el Segundo Templo es erigido |
| 70
| Destrucción del Segundo Templo y de Jerusalem por los romanos; los judíos son exiliados |
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Cueva de Macpelá, Hebrón Oficina de prensa del Gobierno / M.Milner
Ministerio de relaciones exteriores
S. Shefi
S. Shefi
Oficina de prensa del Gobierno / D.Horowitz
Fragmentos de una gran estela escrita en arameo antiguo, aprox. siglo IX AEC. Descubierta por arqueólogos en el sitio de la ciudad bíblica de Dan (en el norte de Israel), esta estela es el texto no bíblico más antiguo en que se menciona la Casa de David. Cortesía Hebrew Union College
Granada de marfil del tamaño de un pulgar - relacionada con el Primer Templo en Jerusalem. Museo Israel, Jerusalem
Reconstrucción de la Casa de Ahiel, típica residencia israelita del período salomónico. Cortesía de Yad Itzjak Ben-Zvi |
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De Egipto a la Tierra de Israel
En medio de una terrible y prolongada hambruna, Dios ordena a Jacob abandonar la Tierra y dirigirse a Egipto con su familia. Él vivió allí durante diecisiete años, mas su anhelo por el retorno no declinó por un momento. Antes de su muerte, reunió a sus hijos para darles su bendición. Entonces les dio instrucciones de devolver su cuerpo a la Tierra y sepultarlo en la Cueva de Macpelá en Hebrón, que Abraham había adquirido, y donde ... fueron sepultados Abraham y su esposa Sara, Isaac y su esposa Rebeca, y allí también enterré a Lea. (Gén. 49:31)
Durante muchos años, el hijo de Jacob, José, fue virrey de Egipto. A pesar de su elevada posición, también él anhelaba retornar a la Tierra Prometida, y antes de morir también él pidió ser enterrado allí: José dijo a sus hermanos: "Yo voy a morir; mas Dios ciertamente os visitará, y os llevará de esta tierra a la tierra que juró a Abraham, a Isaac y a Jacob." E hizo jurar José a los hijos de Israel, diciendo: "Dios ciertamente os visitará, y habéis de llevar de aquí mis huesos." (Gén. 50:24-25)
La muerte de José fue seguida por un largo período de esclavitud de los israelitas en manos de los egipcios. Después de soportar siglos de sufrimiento, el pueblo gritó por su liberación. Dios envió a Moisés a organizar su éxodo de Egipto y a traerlos a casa: Por tanto, dirás a los hijos de Israel: Yo soy el Señor; y yo os sacaré de debajo de las tareas pesadas de Egipto, y os libraré de su servidumbre. Y os meteré en la tierra por la cual alcé mi mano jurando que la daría a Abraham, a Isaac y a Jacob; y yo os la daré por heredad. (Ex. 6:6-8)
Después de un milagroso éxodo, Moisés guió a su pueblo por el desierto y lo preparó para recibir la Torá - piedra fundamental de las leyes e historia sobre la cual está basado el judaísmo - en el Monte Sinaí. Este evento fue significativo no solamente para el pueblo judío, sino para el resto del mundo. Fue una declaración de que existía un nuevo futuro para la humanidad, basado en la aceptación del monoteísmo.
Después de una travesía de 40 años, el pueblo judío llega a la Tierra de Israel como nación, tal como le fuera prometido por Dios muchos siglos antes. Bajo la dirección de Josué, se preparan para cruzar el río Jordán. La rápida corriente hizo parecer que sería imposible atravesarlo, pero por mandato de Dios Josué ordenó a los sacerdotes (que portaban el Tabernáculo en el que se encontraban los Diez Mandamientos) entrar al Jordán y la corriente paró. Así como entraron al agua, ésta se dividió: la corriente que fluía desde el norte paró y permitió al pueblo cruzar, mientras el agua hacia el sur seguía corriendo. Así como la última persona pasó al otro lado ... las aguas del Jordán se volvieron a su lugar, corriendo como antes sobre todos sus bordes. (Josué 4:18). Así los israelitas pudieron finalmente concretar su derecho sobre su amada tierra, que les fuera prometida por Dios.
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El amor a la Tierra de Israel por parte del pueblo judío se ha demostrado a lo largo de los siglos. En el Talmud se relata que Rabí Zeíra (aprox. 300 EC) abandonó su hogar en Babilonia - en aquellos tiempos un gran centro de estudio y vida judía - para asentarse en la Tierra de Israel, y llegó a la orilla del río Jordán, donde no había botes a la vista para cruzarlo. Agarró el cable que se tendía de una orilla a otra y se deslizó hasta el otro lado. Alguien que lo vio le preguntó por qué estaba tan apurado y no esperaba el transbordador. Rabí Zeíra respondió, "¿Quién sabe si yo merezco entrar en la tierra a la que Moisés y Aarón no entraron? Si no aprovecho mi primera oportunidad, quizás nunca más se me presente otra." (Talmud, Ketubot 112a)
David, Salomón y la Construcción del Primer Templo
Pasaron cuatro siglos. Después de la muerte de su primer rey, Saúl, el joven héroe David, que había derrotado al gigante Goliat contra todas las posibilidades, llegó a ser rey. David ganó rápidamente la reputación de ser un valiente guerrero, pero era también un hombre amable y santo que gozó del don de la profecía. Se le atribuye la autoría del Libro de Salmos, inspirado en el amor a Dios que ardía fuertemente en su interior.
Durante los primeros años de su reinado, David convirtió a Jerusalem en la capital de su reino (aprox. 1000 AEC) - el centro espiritual y político del pueblo de Israel. A pesar del intenso deseo de David de construir un Templo sagrado, Dios le dijo que su hijo sería el que recibiría ese gran mérito. No obstante, David hizo todos los preparativos para su construcción, para así poder al menos haber participado en la empresa. Primero adquirió el lugar del Templo: Y Arauna dijo: "¿Por qué viene mi señor el rey a su siervo?" Y David respondió: "Para comprar de ti la era, a fin de edificar un altar a Jehová." (Samuel II, 24:21-22); y luego hizo otros preparativos: Después mandó David ... que labrasen piedras para edificar la casa de Dios. Asimismo preparó David mucho hierro para la clavazón de las puertas, y para las junturas; y mucho bronce sin peso, y madera de cedro sin cuenta... Y dijo David: "la casa que se ha de edificar a Jehová ha de ser magnífica por excelencia, para renombre y honra en todas las tierras; ahora, pues, yo le prepararé lo necesario." Y David antes de su muerte hizo preparativos en gran abundancia. (Crónicas I, 22:2-5)
Después de la muerte de David, su hijo Salomón ascendió al trono. El rey Salomón usó su inmensa sabiduría para gobernar bien a su pueblo y con gran justicia, e incluso para aconsejar a otras naciones: Y Dios dio a Salomón sabiduría y prudencia muy grandes ... fue más sabio que todos los hombres ... y fue conocido entre todas las naciones de alrededor ... Y para oír la sabiduría de Salomón venían de todos los pueblos ... Y cuando la reina de Saba vio toda la sabiduría de Salomón, se quedó asombrada. (Reyes I 4:29-30,10:4-5) Tradicionalmente se atribuye al rey Salomón la autoría de tres libros de inspiración divina que están incluidos en la Biblia: Proverbios, Eclesiastés y el Cantar de los Cantares.
El rey Salomón siguió los pasos de su padre e hizo progresar su reino, tanto política como económicamente. Debido a su naturaleza amante de la paz y a su gran sabiduría, Salomón fue considerado digno de construir el Templo sagrado, sede de la Presencia Divina en la Tierra de Israel. Su dedicación fue ocasión de gran celebración pública. El Templo pasó a ser el centro espiritual del pueblo durante los siguientes cuatro siglos, cumpliendo así la profecía de Ezequiel: Habitaréis en la tierra que di a vuestros padres, y vosotros me seréis por pueblo, y yo seré a vosotros por Dios. (Ezequiel 36:28) |
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Museo Israel, Jerusalem |
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Dios te bendiga, y te guarde; Dios haga resplandecer su rostro sobre ti, y tenga de ti misericordia; Dios alce sobre ti su rostro, y ponga en ti paz. (Números 6:24-26)
Destrucción y exilio
En el año 597 AEC, Nabucodonosor, rey de Babilonia, condujo a sus ejércitos a la Tierra de Israel. Saqueó los tesoros del Templo y del palacio real, enviando el botín y unos 10.000 cautivos - entre ellos sabios, príncipes y guerreros - a Babilonia. Sus soldados demolieron muchas ciudades y después regresaron a Babilonia, dejando tras ellos una tierra devastada y desolada, como profetizara Jeremías años antes: Dijo el Señor ... "Reduciré a Jerusalem a un montón de ruinas ... y convertiré las ciudades de Judá en desolación en la que no quede morador... Y los esparciré entre naciones que ni ellos ni sus padres conocieron; y enviaré espada en pos de ellos, hasta que los acabe." (Jeremías 9:10-16)
Unos nueve años más tarde, en el 9º año del reinado de Sedequías, el último rey de la Casa de David, Nabucodonosor regresó. El diez del mes hebreo de tevet completó una muralla de sitio alrededor de Jerusalem y esperó hasta que el escaso pan y el abastecimiento de agua a la ciudad se agotaran. En el transcurso de los siguientes tres años el hambre mató a miles de habitantes de Jerusalem. Sabiendo que sus opositores ya no tenían fuerzas para hacerles frente, los babilonios irrumpieron por las murallas de la ciudad. Después de cuatro semanas de resistencia por parte de los combatientes judíos, el comandante babilonio Nabucodonosor entró al Templo y asesinó a los sacerdotes y a quienes intentaron defenderles. El nueve de Av (586 AEC), los babilonios destruyeron las murallas de la ciudad e incendiaron el Templo. Jerusalem se convirtió en un montón de escombros - tal como Jeremías había pronosticado.
La mayoría de la gente fue enviada al exilio a Babilonia; quedaron atrás sólo los más pobres. Los levitas, que habían sido coristas en los recintos sagrados, vertieron sus almas en salmos elegíacos: Junto a los ríos de Babilonia, allí nos sentábamos, y aun llorábamos, acordándonos de Sion. (Salmos 137:1). Vencido por su pesar, el pueblo formuló un juramento solemne: Si me olvidare de ti, ¡oh Jerusalem!, pierda mi diestra su destreza. Mi lengua se pegue a mi paladar, si de ti no me acordare; si no enalteciere a Jerusalem como preferente asunto de mi alegría. (Salmos 137:5-6)  El exilio de Babilonia
Los exiliados jamás cesaron de añorar su patria ancestral. Cada vez que se reunían para orar se volvían hacia Jerusalem. Instituyeron además cuatro días anuales de duelo y ayuno: el primero, en el mes de tevet, en el aniversario del asedio a Jerusalem; el segundo en tamuz, cuando se agrietó la muralla de la ciudad; el tercero en av, cuando se destruyó el Templo; y el cuarto en tishré, cuando Guedaliá ben Ajikam, nombrado por Nebuzaradán para gobernar al remanente de la comunidad, fue asesinado, y el autogobierno judío llegó a su fin. El más importante de ellos fue el ayuno de Tishá BeAv (el nueve de av), que posteriormente se convirtió en el mayor día de duelo para el pueblo judío. No obstante, las palabras del profeta Jeremías resonaron en sus oídos: Porque así dijo Jehová: "Cuando en Babilonia se cumplan los setenta años yo os visitaré, y despertaré sobre vosotros mi buena palabra, para haceros volver a este lugar." (Jer. 29:10)
El Segundo Templo |
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Modelo del Segundo Templo Ministerio de relaciones exteriores
Fragmentos de un estuco encontrado en la ciudad vieja de Jerusalem, que datan del período del Segundo Templo, en el que aparece una Menorá (candelabro) de siete brazos. Sociedad de Exploración de Israel |
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En el año 539 AEC el ejército de Ciro, rey de Persia, conquistó Babilonia. Consciente del lazo divino entre el pueblo y la Tierra de Israel, Ciro emitió una proclamación llamando a los exiliados judíos a retornar a su patria ancestral y a reconstruir el Templo. Ordenó a sus súbditos subsidiar a los judíos pobres de modo que pudieran unirse a sus hermanos que retornaban a su tierra; asimismo tomó las vasijas sagradas saqueadas por los babilonios y las confió a los líderes de los exiliados que regresaban.
La proclamación real impulsó a muchos a regresar a la Tierra, pero muchos más eligieron quedarse y brindar un generoso apoyo a los que regresaban. Al año siguiente los que retornaron dedicaron un altar en el sitio del Templo y, respaldados por un permiso real, colocaron la primera piedra, recaudaron fondos y empezaron a reconstruir el Templo. A pesar de varios contratiempos, el Segundo Templo se completó en el sexto año del reinado de Darío (515 AEC), yerno de Ciro, y fue dedicado con gran pompa y regocijo.
El período del Segundo Templo vio un retorno a la observancia religiosa y al estudio de la Torá, promovido por el establecimiento de la Knéset Haguedolá (Gran Asamblea) de 120 miembros, la suprema autoridad religiosa en la Tierra. Además, fueron reconstruidas las murallas de Jerusalem y la textura de la vida cotidiana - comercio, agricultura y construcción - se reforzó, pudiendo el pueblo peregrinar nuevamente a Jerusalem en las tres festividades principales - Pésaj (Pascua), Shavuot (Pentecostés) y Sucot (Tabernáculos): Yo me alegré con los que me decían: "A la casa de Jehová iremos." Nuestros pies estuvieron Dentro de tus puertas, oh Jerusalem ... allá subieron las tribus, para alabar el nombre de Jehová. (Salmos 122:1-4)
No obstante, el retorno a su patria no significó la soberanía. El período del Segundo Templo estuvo acompañado por luchas políticas y militares por la independencia, que eludió al pueblo durante la mayor parte de esa era. Con la excepción de la dinastía hasmonea, que gobernó durante menos de un siglo, el país permaneció bajo dominio extranjero, sometido sucesivamente a los persas, los ptolomeos de Egipto, los seleucidas de Siria y finalmente los romanos.
El largo y amargo exilio |
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Masada, el último bastión judío conquistado por el ejército romano, 73 EC R. Nowitz |
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En el año 66 EC, el emperador romano Nerón envió sus legiones, bajo el mando de Vespasiano, a la Tierra de Israel, donde el pueblo se había rebelado contra los conquistadores. Vespasiano desoló el país y devastó sus ciudades, masacró a la mayoría de sus habitantes y vendió a los sobrevivientes como esclavos. Entonces se dirigió a Jerusalem, último refugio y esperanza del pueblo. Después de la muerte de Nerón, Vespasiano regresó a Roma como emperador dejando a su hijo Tito al mando de las legiones que sitiaban Jerusalem.
Durante un tiempo el pueblo luchó valientemente y pudo repeler los intentos romanos de irrumpir a través de las murallas de la ciudad. No obstante, el hambre se convirtió rápidamente en una amenaza aún mayor para su supervivencia. El 17 de tamuz los soldados de Tito irrumpieron por las murallas de la ciudad; tres semanas más tarde, el nueve de av, Tito los guió al complejo del Templo - en cosa de horas estaba envuelto en llamas. La visión de su Templo ardiendo fue demasiado para muchos de los habitantes judíos de Jerusalem y muchos de ellos prefirieron saltar dentro del infierno o dejarse caer sobre sus propias espadas. Los romanos masacraron a la población sin mostrar compasión por mujeres, niños o ancianos. Después incendiaron toda la ciudad.
A partir de ese día, el pueblo judío comenzó un largo y amargo viaje en un exilio que duró cerca de dos mil años - un exilio caracterizado por la miseria, la persecución y los libelos de sangre, sin que ningún país les proveyera de un refugio duradero. Sin embargo, durante la larga diáspora las generaciones de judíos jamás olvidaron Jerusalem. Tres veces por día se volvían hacia la ciudad santa y oraban: Haz que nuestros ojos presencien Tu retorno a Sión. Paralelamente, una pequeña minoría permaneció en la Tierra de Israel, preservando la chispa judía en la antigua patria y esperando pacientemente el día en que los exiliados retornarían. |
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Él es poderoso Construirá Su Casa pronto. En breve, en nuestros días. Dios, construye, Dios, edifica. Edifica Tu casa pronto.
(de la Hagadá de Pésaj) |
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Después de la destrucción del Segundo Templo, los sobrevivientes quedaron desconsolados. Su profundo duelo era visible por toda la Tierra: Cuando el Templo fue destruido por segunda vez, muchas personas en Israel pasaron a ser ascetas, comprometiéndose a no comer carne ni beber vino. Rabí Joshua...les dijo: "Hijos míos, ¿por qué no coméis carne ni bebéis vino?" Le respondieron: "¿Comeremos de la carne que solíamos llevar como ofrenda al altar, ahora que éste está en receso? ¿Beberemos el vino que solía ser vertido como una libación sobre el altar y ya no más?" Rabí Joshua sostuvo que, por consecuencia, debían abstenerse de comer pan, frutas, e incluso de beber agua, porque todo eso se ofrecía en el Templo.
"Hijos míos, escúchadme," dijo. "No estar de duelo es imposible, porque hemos recibido un golpe. Afligirse demasiado también es imposible, porque no podemos imponer a la comunidad una pena que la mayoría no pueda resistir." Por lo tanto los sabios de esa generación decretaron que se recordaría la destrucción del Templo en todo evento y actividad que fueran causa de regocijo. Cuando una persona construya una casa dejará un codo cuadrado frente a la entrada sin pintar, de modo que la alegría en su casa no será completa y todo el que entre en ella habrá de recordar la destrucción.
Otra costumbre relacionada con el duelo por el Templo, que fuera implementada, fue esparcir cenizas sobre la cabeza de la novia como señal de duelo en el día de su mayor alegría y la costumbre de quebrar un vaso bajo la canopia nupcial, acompañado del lamento: Si me olvidare de ti, oh Jerusalem, pierda mi diestra su destreza. Mi lengua se pegue a mi paladar, si de ti no me acordare; si no enalteciere a Jerusalem como preferente asunto de mi alegría. (Salmos 137:5-6) - las mismas palabras con las que los exiliados después de la primera destrucción prometieron su lealtad a Jerusalem. (Talmud de Babilonia, tratado Baba Batra 60b) | |
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