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Tierra de Promisión: El Retorno a Sión
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| INTRODUCCION | EL PACTO DE ABRAHAM | LA TENEBROSIDAD DEL EXILIO | EL RETORNO A SION | EL VIAJE A CASA | EL ESTADO DE ISRAEL |
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El Retorno a Sión
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Duby Tal y Moni Haramati / Albatross
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Levántate, resplandece; porque ha venido tu luz, la gloria del Señor ha nacido sobre ti... Alza tus ojos alrededor y mira: todos éstos se han juntado, vinieron a ti; tus hijos vendrán de lejos, y tus hijas serán llevadas en brazos. (Isaías 60:1,4)
Largos años vivieron en el exilio hasta que finalmente, de todo el globo, los judíos empezaron a hacer realidad su sueño de retornar a la Tierra de Israel. Al principio volvieron en pequeños números, infiltrándose a través de grietas en la presa del exilio, hasta que la barrera se vino abajo y llegaron como olas de una gran inundación. Algunas fueron olas tranquilas que, no obstante, penetraron profundamente; otras fueron olas poderosas que produjeron un significativo cambio demográfico en la vida de la comunidad judía en Eretz Israel.
| 1200
| Edad de Oro en España; Líderes judíos, incluido el Rambán, inmigran a Eretz Israel |
| 1291-1516
| Dominio Mameluco |
| siglos XIV-XVII
| Expulsión de los judíos de Europa, incluyendo Francia, España, Portugal, Italia, Austria; muchos judíos inmigran a Eretz Israel |
| 1517-1917
| Dominio otomano |
| 1700
| Rabí Yehudá Hejasid encabeza una gran inmigración a Eretz Israel |
Las primeras olas |
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Sello de Rabí Moisés Ben Najmán (Rambán) Museo Israel, Jerusalem |
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Ya a comienzos del segundo milenio, pequeños grupos de judíos empezaron el retorno a la Tierra de Israel. Hacia fines del siglo XII comenzaron a inmigrar grupos más grandes, inspirados en las expectativas mesiánicas. Entre ellos se contó Rabí Moisés Ben Najmán (conocido también como Najmánides o el Rambán, 1194-1270), el renombrado exegeta bíblico nacido en España, fue también poeta, médico y autor de literatura talmúdica. Entre los inmigrantes del siglo XIV se contó también Estori Haparji (1280-1355?), quien abandonó su Francia natal para asentarse en Beit Sheán, donde se dedicó a estudiar de primera fuente la geografía de la Tierra de Israel. En 1322, Estori Haparji completó el Séfer Kaftor Vapéraj, la primera topografía comprehensiva de la Tierra de Israel.
A pesar de los peligrosos viajes por tierra y por mar, la inmigración judía continuó a lo largo del siglo XV. Uno de los inmigrantes más famosos de ese período fue el italiano Rabí Ovadia de Bertinoro (aprox. 1450-antes de 1516), autor del mayor comentario de la Mishná y de un super comentario a la Torá. Llegó en 1488 a Jerusalem, donde organizó con éxito los asuntos comunitarios. Hacia fines del siglo XV se habían establecido en el país cuatro importantes comunidades judías - unas 250 familias en Jerusalem, 300 en Safed, 70 en Gaza y 20 en Hebrón.
En 1517 los turcos otomanos derrotaron a los gobernantes mamelucos y abrieron el país a la inmigración judía. Miles de refugiados de las expulsiones española y portuguesa, junto con judíos italianos, franceses y alemanes, afluyeron a Eretz Israel. Las comunidades florecieron y la vida judía se enriqueció. La ciudad norteña de Safed pasó a ser un distinguido centro de estudio judío: entre sus habitantes se contaban los cabalistas Rabí Isaac Lurie (El Arí, 1534-1572), y Rabí Yosef Caro (1488-1575), autor del Shulján Aruj, el principal código de la ley judía. La presencia de esos renombrados estudiosos atrajo a su vez a otros judíos de la diáspora. |
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La "Jurvá" - Sinagoga de Rabí Yehudá Hejasid Oficina de prensa del Gobierno / M.Milner |
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En la segunda mitad del siglo XVII el Movimiento Mesiánico Sabetaísta se extendió por toda Europa, estimulando una nueva corriente de inmigración a Eretz Israel. El mayor grupo de inmigrantes organizado en esa época estuvo encabezado por Rabí Yehuda Hejasid (1660?-1700). Cerca de 1.500 judíos salieron de Hungría, Polonia y Moravia hacia Eretz Israel, la mayoría de ellos llegó a Jerusalem en el 1700. Las memorias de un jerosolimitano de aquellos tiempos reflejan los cambios que ocurrieron entonces: "La ciudad de nuestro Dios fue habitada por más miembros de nuestro pueblo que los que habían vivido en ella desde que éstos fueron exiliados de su tierra. Cada día venían muchos judíos a vivir en ella... Muchos de nosotros adquirimos casas y campos, y reconstruimos las ruinas."
Durante el siglo XVIII otros pequeños grupos llegaron a vivir en Eretz Israel. Entre ellos se contaron notables estudiosos como Rabí Jaim Abulafia (1660-1744), Rabí Jaim Ben Atar (1696-1743), venidos de Marruecos en 1741, y el líder jasídico Rabí Najman de Breslav, quien llegó en 1798.
A fines del siglo XVIII y comienzos del siglo XIX llegaron a la Tierra dos grupos; que posteriormente pasaron a ser los fundadores del "Antiguo Yishuv" - una comunidad de estudiosos de la Torá en Jerusalem. Los primeros en llegar fueron judíos polacos seguidores del Baal Shem Tov, el carismático fundador del Jasidismo en Europa Oriental. Lse siguieron los Perushim, disceipulos de Rabí Eliahu, el Gaón de Vilna (1720-1797), uno de los mayores estudiosos judíos de todos los tiempos. Fue bajo la influencia del Gaón de Vilna que se cruzó un importante puente con respecto a la aliá (heb., lit. "subida", inmigración) a Eretz Israel. |
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Le Gaon de Vilna (1720-1797) |
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El Gaón de Vilna creía fervientemente que la concentración de los judíos de la diáspora daría inicio a la redención de todo el pueblo judío en su tierra y las naciones del mundo reconoceríon el derecho de éstos a una vida nacional y espiritual en la Tierra de Israel. Cuando sus alumnos le preguntaron cómo podían facilitar esta redención, respondió:
"Debemos traer 600.000 judíos a la Tierra de Israel. Ese número será decisivo. De hecho, en el éxodo de Egipto 600.000 abandonaron dicho lugr. Hay también una bendición especial en el libro de oraciones que se debe recitar cuando uno ve 600.000 judíos reunidos en el mismo lugar... Entonces nuestro Dios, que prometió la Tierra de Israel a nuestros antepasados, y que prometió que sus descendientes vivirían allí en seguridad, traerá más y más judíos allá."
La visión del Gaón de Vilna es asombrosa. Cuando se creó el Estado de Israel vivían en el país poco más de 600.000 judíos. Aunque hoy viven en Israel nueve veces ese número, a fines del siglo dieciocho se hubiera necesitado una profundidad espiritual especial y una gran comprensión de los acontecimientos para creer que alguna vez podría llegarse a une presencia tan grande y significative de judíos en Eretz Israel. La visión del Gaón de Vilna que había llegado el momento para una acción práctica que acercara la redención, fue la idea esencial que precedió al moderno retorno a la Tierra de Israel.
Aunque la mayor parte del pueblo se vio forzada al exilio, siempre hubo una presencia judía en la Tierra. Es digna de mención la familia Zinati, que mantuvo una presencia continua en la aldea de Pekiín en la Galilea y, la leyenda sostiene, guardó las llaves de la sinagoga local - durante casi dos milenios, desde los tiempos del Segundo Templo hasta el siglo XX.
Haciendo Revivir la Tierra |
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No importa cuál sea el status o el rango de un judío, ni cuán remoto sea el lugar en que vive. Él aún mantiene la esperanza de que algún día ascenderá a Sión. No hay clima que pueda alterar, ni ninguna estación puede aplacar el entusiasmo con el que el judío se vuelve a Jerusalem, incluso si sólo se trata de una posibilidad para un futuro lejano. Cuando se acerca a la ciudad, aunque esté a un día de viaje de ella, viste sus ropas más festivas y se echa al suelo llorando y alabando por haber alcanzado el anhelado objetivo de su peregrinación. Con cenizas sobre la cabeza entra a la ciudad de sus padres. Ningún hijo que retorna a su hogar después de una larga ausencia siente un anhelo tan ardiente y un amor tan grande; ningún orgulloso noble espiando las torres de su castillo ancestral que ha caído en manos ajenas, está más triste que el judío ... cuando ve a Jerusalem por vez primera. Éste es el auténtico amor por la patria. t William R. Wilde, Narración de un viaje a Madeira, Tenerife y a lo largo de la costa del Mediterráneo, Dublin 1840 (2 vols).
Durante el siglo XIX llegaron a Eretz Israel alrededor de 20.000 inmigrantes, que quintuplicaron la población judía del país. Se dedicaron al estudio de la Torá o al comercio. Si bien en años anteriores se habían hecho algunos esfuerzos por cultivar la tierra, no se había establecido aún una agricultura completamente desarrollada. Los recién llegados fueron recibidos por un panorama desalentador: una estéril tierra baldía, plagada de pantanos y enfermedades. La decisión de redimir la tierra, de devolverla a su gloria anterior - una tierra de arroyos, con aguas, fuentes y manantiales, que brotan de las vegas y los montes; tierra de trigo y cebada, de vides, higueras y granados; tierra de olivares, de aceite y de miel (Deut. 8:7-8) - requirió de un gran coraje.
El clérigo suizo Felix Bovet, que recorrió la Tierra Santa en la década de 1860, no deja ninguna duda respecto al estado de cosas que encontró allí:
Los cristianos que conquistaron la Tierra Santa no supieron cómo cuidarla. Para ellos no fue más que un campo de batalla y un cementerio. Los árabes que se la quitaron la perdieron frente a los otomanos, que aún la gobiernan, oficialmente. Ellos la convirtieron en un desierto en el que no se atreven a dar un paso sin miedo. Los árabes mismos, que son sus habitantes, no pueden ser considerados más que residentes temporarios. Armaron sus carpas en sus campos de pastoreo o construyeron sus lugares de refugio en las ciudades en ruinas. No han creado nada en ella. Ya que eran forasteros en la tierra, nunca se transformaron en sus dueños. El viento del desierto que los trajo aquí puede llevárselos un día sin que dejen rastro de su paso por esta tierra. Dios entregó Palestina en manos de muchos pueblos. Pero no permitió que ninguno de ellos echara raíces en ella. Es indudable que la está cuidando para Su pueblo Israel. t (Felix Bovet, Egipto, Palestina y Fenicia: Una Visita a Tierras Sagradas, 1882)
El hecho que ningún otro pueblo fuera absorbido en el país durante los años de exilio fue el cumplimiento de la promesa y profecía de Dios al pueblo judío: Asolaré también la tierra, y se pasmarán por ello vuestros enemigos que en ella moren (Lev. 26:32). Sin la cariñosa presencia de sus hijos, la tierra quedó abandonada y desolada. Cuando ellos retornaron, empezó a florecer. Los nuevos inmigrantes se asentaron en las afueras de las cuatro ciudades santas, confiando en que su empresa agrícola crearía el lazo vital entre el Pueblo Judío y su Tierra Prometida.
No fue una hazaña fácil. Israel Bak (1797-1874), inmigrante jasídico y pionero de la industria de la imprenta, fue de los primeros en hacer frente al desafío. Él y su familia vivían en la aldea norteña de Jarmak, cerca de Safed, donde quería traer la agricultura a la era moderna. Escribió en sus memorias: "Construí casas para vivir en ellas. Planté huertos, sembré campos. Y ese mismo año comí hasta hartarme de los productos de la tierra ... a pesar de que el lugar no es un lugar para sembrar y está lleno de rocas. No obstante, mi labor dio frutos y el Señor me ayudó."
No cabe duda que este puñado de pioneros abrió el camino para que muchos más judíos se les unieran. Su coraje y perseverancia estimularon una inmigración masiva a Eretz Israel a fines de siglo. Esta incipiente reunión del pueblo judío de sus países de exilio condujo posteriormente al nacimiento del Estado de Israel. |
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Pétaj Tikvá hoy en día Oficina de prensa del Gobierno / M.Milner |
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Una de las historias más conmovedoras de este período es el establecimiento de Pétaj Tikvá, la primera aldea agrícola judía en Eretz Israel. En 1848, cuatro miembros del Antiguo Yishuv en Jerusalem se propusieron adquirir tierras de los habitantes árabes junto al río Yarkón. A allos se unió el Dr. Mazouriki, un conocido médico griego que destacó que la zona era peligrosa e inadecuada para ser habitada. A pesar de la turbación que deben haber sentido como resultado de esta opinión profesional, decidieron correr el riesgo y establecieron allí una comunidad. Una famosa balada escrita acerca de los cinco hombres ilustra su determinación y visión:
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La balada de Joel Moshé Salomón Yoram Tahar-Lev
En mil ochocientos setenta y ocho, se cuenta, En un brillante y soleado día Cinco jinetes a caballo de Yafo, al camino salieron.
Stemper vino y Guttman vino y Zéraj Barnet y Joel Moshé Salomón, una espada llevaba al cinto.
Y el canoso Mazouriki, el doctor, vino con ellos. A lo largo del Yarkón entre los cañaverales Escucharon el viento cantar.
Junto a Um-Labes un alto hicieron Entre las ciénagas y los árboles Y treparon sobre una colina cercana Para observar todo lo que se podía ver.
Y mientras parados miraban alrededor desde ese pequeño monte, Mazouriki dijo: temo lo peor, Este lugar está en calma y silencioso,
Ya que las aves nunca piaron aquí Y la muerte y las plagas reinan. Por lo tanto, mientras podamos huyamos de aquí Y no volvamos nunca más.
Se preparó para partir con prisa y temor Y tres de ellos aceptaron Que ése era el momento para partir Para Yafo a toda velocidad.
Mas Joel Salomón no aceptó, Un fulgor en sus ojos brilló. No, yo me quedo a pasar la noche aquí Hasta que alumbre el sol.
Y así, se quedó en el monte, Y en esa noche, se cuenta, A Joel Moshé Salomón Como a las aves alas crecieron.
A dónde fue no lo puedo decir Y si realmente voló. Puede que sea un cuento de hadas Puede que sea verdad.
Y cuando rayó el alba al amanecer Desde lo alto del monte En el estéril valle resonó El piar de las aves en el cielo.
Y hasta hoy en día, la gente dice, A lo largo del río Yarkón, las aves himnos de gracias cantan A Joel Moshé Salomón.
(Traducción al español: Arié Comey) | |
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