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Tierra de Promisión: El viaje a casa |
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| INTRODUCCION | EL PACTO DE ABRAHAM | LA TENEBROSIDAD DEL EXILIO | EL RETORNO A SION | EL VIAJE A CASA | EL ESTADO DE ISRAEL |
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El viaje a casa
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Duby Tal y Moni Haramati / Albatross
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Porque así ha dicho el Señor de los ejércitos, Dios de Israel: "Aún se comprarán casas, heredades y viñas en esta tierra ... He aquí que yo los reuniré de todas las tierras a las cuales los dispersé ... y los haré volver a este lugar, y los haré habitar seguramente ... Heredades comprarán por dinero, y harán escritura y la sellarán y pondrán testigos, en tierra de Benjamín y en los contornos de Jerusalem, y en las ciudades de Judá; y en las ciudades de las montañas, y en las ciudades de la Sefela, y en las ciudades del Néguev; porque yo haré regresar sus cautivos," dice el Señor. (Jeremías 32:15,37,44)
| 1882-1904
| Primera Aliá, principalmente de Rusia |
| 1897
| Primer Congreso Sionista, Basilea, Suiza |
| 1904-1914
| Segunda aliá, de Rusia, Polonia, Yemen |
| 1909
| Se fundan el primer kibutz, Degania y la primera ciudad judía moderna, Tel Aviv |
| 1917
| Conquista británica del país; Declaración de Balfour en favor de un hogar nacional para el pueblo judío en Israel |
| 1919-1923
| Tercera aliá, de Europa Oriental |
| 1924-1932
| Cuarta aliá, principalmente de Polonia |
| 1929
| Masacre en Hebrón |
| 1933-1939
| Quinta aliá, de Alemania, Europa Oriental, Yemen |
| 1939-1945
| El Libro Blanco británico limita seriamente la inmigración judía a Israel; Segunda Guerra Mundial; Holocausto en Europa |
La Primera Aliá (1882-1904) 
Desde comienzos de la década de 1880 hasta 1904, alrededor de 25.000 inmigrantes llegaron a Eretz Israel por mar de Europa Oriental (Rusia, Polonia, Hungría, Lituania y Rumania) y por tierra del Yemen. Los inmigrantes estaban motivados por diferentes razones. Los de Rusia escapaban en vista de los pogroms que estallaron a raíz del asesinato del Zar Alexander II en 1881. Desilusionados por su fracaso de integrarse en la sociedad rusa, como consecuencia, la única respuesta era el retorno a Eretz Israel. Los judíos del Yemen, en cambio, inmigraron porque advertían la inminente llegada del Mesías. Los sabios yemenitas habían interpretado el versículo bíblico, Yo dije: "Subiré a la palmera" (Cantares 7:8), como una alusión al año de la redención, creyendo que el valor numérico de la palabra hebrea "la palmera" - 642 - correspondía al año hebreo 5642 (1881-1882). |
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Guedera, 1890 Oficina de prensa del Gobierno |
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Partidarios de la labor agrícola, los inmigrantes de la Primera Aliá fundaron varios asentamientos agrícolas nuevos, incluyendo Rishón Letzión, Rosh Piná, Zijrón Yaacov, Mazkeret Batia, Yesod Hamaalá y Guedera. Los inmigrantes se trasladaron también a Pétaj Tikvá y posteriormente a nuevos asentamientos, incluyendo Nes Ziona, Rejovot, Jadera, Mishmar Hayardén y Shefaya. Inmigrantes judíos siguieron afluyendo a las ciudades, especialmente a Jerusalem y Yafo.
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"Nes Ziona" Noaj Rosenblum
Alza a lo alto el pendón de Sión, El estandarte del campamento de Judá - Algunos en carro, otros de a pie Juntos a casa partiremos. Juntos volveremos todos Al lugar de nuestros ancestros A nuestra querida madre patria La cuna de nuestros vínculos de juventud. regresar, volver de todos los puntos cardinales A la tierra que nuestyros antepasados recorrieron. Escapad, huid de los tenebrosos abismos por el Todopoderoso asistidos. Si logramos establecernos nuevamente, Colocar la primera piedra y el campo trabajar La risa colmará nuestros labios E himnos de alegría se escucharán.
(Traducción al español: Arié Comey)
La vida era difícil: las condiciones de higiene y sanidad eran, en el mejor de los casos, primitivas y muchos de los nuevos inmigrantes se contagiaron de malaria o sufrieron de desnutrición. Pero se negaron a permitir que su espíritu se quebrantara. Uno de los fundadores de Rishón Letzión escribió en sus memorias:
Entre las cosas asombrosas que aún no logro comprender es por qué tanta gente, con sus vestidos y maneras foráneos, con un idioma extranjero y sus absurdas costumbres - a la luz de los locales - se asentaron en desolados lugares del desierto lejos de toda población humana ... y no tuvieron miedo de los bandidos que asaltaban a los viajeros. Estos inmigrantes estaban armados de un valiente espíritu para repeler a sus enemigos por su propia fuerza.
Los nuevos pobladores estaban llamados a demostrar a diario actos de valentía. La tierra que les había sido vendida como "terrenos fértiles y bien regados" pasaron a ser nidos de plagas mortales. Áreas anunciadas como parcelas con potencial de ser "un paraíso florido" en retribución a "una mano cariñosa y a una inversión agrícola apropiada", resultaron ser áridas y pedregosas, ofreciendo a sus propietarios sólo hambre y muerte. Muchos fueron incapaces de resistir las duras condiciones y regresaron a sus países de origen; sin embargo otros se quedaron, determinados a mantener con vida el asentamiento judío. |
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Teodoro Herzl Ministerio de relaciones exteriores
Herzl en el Segundo Congreso Sionista, 1898 Oficina de prensa del Gobierno |
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La idea de un estado judío en la Tierra de Israel empezó a tomar forma en la década de 1890, planteada por Teodoro Herzl (1860-1904). Herzl era un judío vienés culto y asimilado, periodista de profesión y dramaturgo de vocación. Estaba en París cuando el oficial judío francés Alfred Dreyfus fue degradado públicamente después de haber sido convicto falsamente de espionaje. El evento constituyó un vuelco para Herzl. Llegó a la conclusión que a pesar de sus esfuerzos por asimilarse, la única respuesta para los judios era vivir juntos en una patria propia - una ideología que pasó a ser conocida como Sionismo.
Herzl difundió sus ideas en dos Congresos Sionistas que reunieron activistas e intelectuales de diversos países para promover el sionismo. En el primer Congreso Sionista, realizado en Basilea, Suiza, en 1897, Herzl propuso una campaña diplomática para persuadir a las naciones del mundo a apoyar el establecimiento de un estado judío en Eretz Israel.
A pesar de sus múltiples esfuerzos, lo más que Herzl logró obtener fue una propuesta británica para un asentamiento judío en Uganda. No obstante, perseveró en el seguimiento de su visión logrando finalmente catalizar un cambio en la actitud de la comunidad internacional. Durante su breve vida (murió a los 44 años de edad, de neumonía) Herzl logró promover significativamente la idea del retorno del pueblo judío a su tierra.
Inspirados en esa misma idea sionista, los valientes miembros de la Primera Aliá llegaron a las tierras baldías recordando la promesa de Dios al pueblo judío: Así dice el Señor: Me he acordado de ti, de la fidelidad de tu juventud, del amor de tu desposorio, cuando andabas en pos de mí en el desierto, en tierra yerma." (Jeremías 2:2)
La Segunda Aliá (1904-1914) 
Las grandes esperanzas de que la actividad de Herzl obtendría una carta internacional para un estado judío en Eretz Israel fueron seguidas por una desilusión igual de profunda. En 1903 el mundo judío se estremeció hasta la médula por un pogrom de ferocidad sin parangón que estalló en la ciudad de Kishinev en el sur de Rusia. 49 judíos fueron asesinados, 92 quedaron heridos de gravedad y otros cientos sufrieron heridas leves. Fueron incendiadas sinagogas y profanados rollos de la Torá; tiendas de judíos fueron saqueadas y quemadas; numerosos hogares judíos fueron destruidos.
La catástrofe estaba por encima de la comprensión de la comunidad judía rusa. Jóvenes judíos rusos decidieron que habían esperado bastante la aprobación internacional, y un creciente número partió hacia Eretz Israel, con la finalidad de sentar las bases del futuro estado. En un informe desde la Tierra de Israel al periódico hebreo de Varsovia Hatzofé, el autor Moshé Smilansky escribió: Recientemente hemos estado viendo nuevas caras. Unos pocos jóvenes vinieron a buscar trabajo en Eretz Israel y esperaban mantenerse con su duro esfuerzo ... Ahora - después de un largo tiempo - están llegando personas que quieren ser ’ciudadanos’.
La Segunda Aliá continuó por unos 10 años, hasta el estallido de la Primera Guerra Mundial. Alrededor de 40.000 judíos inmigraron a Eretz Israel, la mayoría de ellos de Rusia. Algunos encontraron su camino al Antiguo Yishuv y a Yafo, o a los asentamientos agrícolas existentes. Pero muchos de los inmigrantes más jóvenes estaban determinados a trabajar la tierra en nuevas comunidades. |
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Uno de los primeros miembros de la Segunda Aliá fue el joven David Yosef Green - quien posteriormente cambiaría su nombre a David Ben-Gurión - que llegaría a ser el primer Primer Ministro del Estado de Israel. Efectivamente, muchos de los nuevos inmigrantes fueron parte de la generación fundadora del nuevo estado. Entre ellos se contaron tres primeros ministros, David Ben-Gurión, Moshé Sharett y Leví Eshkol; el segundo y el tercer Presidente, Itzjak Ben-Zvi y Zalman Shazar, y otras prominentes figuras políticas y culturales, como Berl Katznelson, A.D. Gordon, Itzjak Tabenkin, J.H. Brenner y S.J. Agnón.
Otro miembro de la Segunda Aliá fue Rabí Abraham Isaac Hacohen Kook, que inmigró en 1904. El rabino Kook era admirado por su erudición en la Torá, su gentileza y la firmeza de su fe. Durante cerca de diez años después de su inmigración sirvió como rabino de Yafo y de los asentamientos agrícolas, y trabajó para promover el establecimiento de judíos en el país. Después de la Primera Guerra Mundial se trasladó a Jerusalem y en 1921 fue electo primer Gran Rabino ashkenazí de Eretz Israel. Hasta el día de hoy el Rabino Kook es recordado por su profundo respeto a cada judío y su intensa relación con la Tierra de Israel. La importancia que él atribuía a la fe religiosa y a Eretz Israel se demuestra claramente en los sellos que usaba cuando vivía en Jerusalem. Los sellos decían: "Abraham Isaac Hacohen Kook - que hace una labor santa en la Tierra Santa." El haber sido fuente de iluminación, inspiración y unidad ayudó a la superación de las crisis y dificultades que atormentaban a los recién llegados en los años de intenso asentamiento.
En respuesta al llamado del educador Yosef Vitkin - que instó a los inmigrantes a avanzar por dos vías paralelas: "conquista del trabajo y conquista de la tierra" - muchos jóvenes acudieron en masa a las granjas establecidas por la Organización Sionista y el Fondo Nacional Judío. Al cabo de unos pocos años, habían adquirido la suficiente habilidad agrícola para abandonar las granjas "nacionales" y establecer sus propias comunidades agrícolas. La mayoría de los nuevos kibutzim - como Degania, la "madre de los asentamientos comunitarios" fundada en 1910, en la costa del Mar de Galilea, y la vecina aldea de Kineret - fueron establecidos en esa época.
Además de los olim de Europa, alrededor de 1.500 judíos llegaron desde el Yemen en 1911-1912, a raíz de la labor de activistas sionistas y del Rabino Kook por despertar el interés entre los judíos de ese país. En un comienzo se hicieron intentos por encauzar a los recién llegados hacia la agricultura, pero rápidamente éstos volvieron a sus actividades tradicionales, la orfebrería y el tejido.
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El autor y editor Yosef Klausner vino de visita durante Pésaj de 1912. Poco después de su llegada, Klausner se encontró con Dr. Yehudá Leib Magnes, un sionista de Estados Unidos (que posteriormente se convertiría en el primer presidente de la Universidad Hebrea de Jerusalem). Pidió a Magnes que le contara cómo se había desarrollado el país en los últimos años:
"Ha cambiado mucho en tres años - y para bien," respondió Magnes. "Se han fundado nuevos asentamientos y nuevas granjas, y los antiguos han sido ampliado. El uso del idioma hebreo se ha difundido."
"Pero, doctor," insistió Klausner, "He oído que usted vino aquí con el Sr. Nathan Strauss. Usted es sionista y quizás ve todo color de rosa. Nathan Strauss no es sionista. ¿Qué piensa él del país y de lo que hemos hecho aquí."
"Si quiere saber lo que él piensa," respondió el Dr. Magnes, "permítame contarle lo que me dijo hace poco. ’Sabe,’ me dijo hace unos días, ’parece como si la Tierra de Israel verdaderamente hubiera revivido. Se canta por todo el país. Adonde voy escucho jóvenes y muchachas cantando canciones hebreas. Y donde hay canto hay vida.’ Eso es exactamente lo que me dijo." |
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En 1909 fue fundada la primera ciudad judía en los tiempos modernos, como un "suburbio jardín" de Yafa. Tel Aviv se transformó rápidamente en la cuasi capital de la actividad sionista en el país; aquí tuvo su sede el Consejo Provisional del Estado, y aquí se declararía la independencia menos de cuatro décadas más tarde.
La Segunda Aliá fortaleció y consolidó la comunidad judía en Eretz Israel y hacia el verano de 1914 vivían allí cerca de 85.000 judíos. Los miembros de la Segunda Aliá se dedicaron a la agricultura y sentaron además las bases de los partidos obreros, de la ayuda mutua y de las instituciones de bienestar (tales como los comedores para trabajadores y las cajas médicas), de los grupos de autodefensa (primero Bar Guiora y luego Hashomer) y de la actividad literaria y cultural.
La Tercera Aliá (1919-1923)
Eretz Shaike Paikov
Eretz, eretz, eretz, Tierra con un despejado cielo azul, Tierra de sol y también de leche y miel, Tierra donde nacimos Y allí por siempre estaremos, Pase lo que pase, aquí permaneceremos.
Tierra que guardamos con cariño, Tan cerca de nuestro corazón, Tierra que tanto adoramos, Nuestra hasta la eternidad Tierra donde nacimos Y allí por siempre estaremos, Pase lo que pase, aquí permaneceremos.
Eretz, eretz, eretz, Tierra de cielo y mar, Donde las flores y los niños crecen hacia lo alto, Hacia el norte los montes, Y en el sur el vasto yermo, Y las fronteras largas y ceñidas a ambos costados.
Tierra que guardamos con cariño...
Eretz, eretz, eretz, Tierra de la Torá. Eres la fuente de la luz y de la fe para mí. Eretz, eretz, eretz, Nuestra por siempre serás, Donde la leyenda se ha hecho realidad.
Tierra que guardamos con cariño...
(Traducción al español: Arié Comey)
Los años de la Primera Guerra Mundial fueron un período de grandes dificultades para el yishuv (la comunidad judía) en Eretz Israel. Las plagas, las deportaciones, la conscripción al ejército turco y las sanciones económicas hicieron menguar la población. La inmigración cesó; la principal preocupación era sobrevivir. El yishuv disminuyó de 85.000 a 56.000 personas hacia fines de la guerra; casi todo el aumento de población que contribuyó la Segunda Aliá se borró en cuatro años. |
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La declaración Balfour Oficina de prensa del Gobierno |
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Un importante objetivo político se logró en noviembre de 1917, cuando Gran Bretaña hizo pública la Declaración Balfour, reconociendo el derecho del pueblo judío a un Hogar Nacional en la Tierra de Israel y prometiendo hacer lo posible para estimular la consecuión de esta meta. Al mismo tiempo, fuerzas británicas avanzaban por el país conquistándolo de los turcos otomanos. El reconocimiento explícito de los derechos del pueblo judío en la Tierra de Israel por parte de la potencia que ahora ocupaba el país fue visto como un favorable presagio para el futuro.
Por todo el mundo, los judíos se prepararon para la inmigración. Pogroms y ataques en Europa Oriental agregaron urgencia a su cometido. No obstante, solamente 2.000 judíos llegaron en 1919, principalmente debido a que a pesar de sus proclamaciones, las autoridades británicas fijaron estrictas limitaciones a la inmigración judía. La inadecuada infraestructura agravó las dificultades para la absorción de los recién llegados. No obstante, muchos judíos se las arreglaron para atravesar el muro de prohibiciones y continuaron llegando a Eretz Israel en un goteo constante.
Los 35.000 inmigrantes de la Tercera Aliá tenían pocos recursos pero, al igual que los pioneros anteriores, rápidamente establecieron firmes lazos con las comunidades veteranas. La gran estima que sentían los nuevos inmigrantes por sus predecesores fue retribuída por el valor que se les dio a los recién llegados como herederos espirituales y efectivos de la Tierra.
Nuevamente se despertaron las esperanzas en 1920, cuando el Consejo Supremo de las Potencias Aliadas, reunido en la Conferencia de San Remo, decidió otorgar a Gran Bretaña un mandato sobre Palestina (como se llamaba entonces la Tierra). La Declaración Balfour, promulgada pocos años antes y la presencia de un nuevo Alto Comisionado británico, Herbert Samuel, judío inglés y simpatizante de la empresa sionista, revivió las esperanzas de una inmigración masiva a Eretz Israel y al establecimiento de un hogar nacional para el pueblo judío.
1920 vio también el establecimiento de las cooperativas pioneras. La más conocida fue Gdud Haavodá - la Legión del Trabajo [de Yosef Trumpeldor] - establecida por 80 miembros de la Tercera Aliá junto con unos pocos veteranos de la Segunda Aliá. La Legión del Trabajo se encargó de muchas misiones pioneras destinadas a la construcción del país, incluyendo la desecación de pantanos y la pavimentación de caminos. Los miembros de la Legión establecieron también los kibutzim de Ein Jarod y Tel Yosef. Otros grupos organizados - entre ellos miembros del movimiento juvenil sionista Hashomer Hatzair - inmigraron y se dedicaron a tareas pioneras, mejorando la tierra y estableciendo empresas cooperativas y productivas. |
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Yosef Trumpeldor Oficina de prensa del Gobierno |
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La aldea de Tel Jai en la Galilea fue fundada por veteranos de los grupos de auto defensa Hashomer y Haroé en 1918. Rápidamente ésta se encontró bajo repetidos ataques de bandidos locales que querían el control de la zona. En un comienzo, la comunidad de Tel Jai logró repeler los asaltos, pero por medio de un ardid los atacantes lograron entrar al patio del asentamiento, desde donde abrieron fuego, dando muerte a seis defensores, entre ellos a su líder, el ex oficial ruso y veterano lisiado de guerra Yosef Trumpeldor (1880-1920). Aunque los sobrevivientes se vieron obligados a abandonar Tel Jai, los miembros de la comunidad pasaron a ser una leyenda de la historia del yishuv, debido a su firme defensa del lugar y al heroísmo de aquellos que cayeron en la batalla. Las últimas palabras de Trumpeldor fueron inmortalizadas: "Es bueno morir por nuestro país." |
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Miembros del kibutz cosechando granos en Ein Jarod Oficina de prensa del Gobierno / Z.Kluger |
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Los años 1921-1923 vieron el florecimiento del Valle de Jezreel y el establecimiento de 12 comunidades en sus alrededores. El rico suelo fértil del valle se tiñó de verde y floreció; el sueño de la renovada posesión de la tierra empezaba a hacerse realidad. A su vez, otros inmigrantes eligieron asentarse en las ciudades de Tel Aviv, Haifa y Jerusalem. En 1921, disturbios árabes en los campos hicieron que muchos más se unieran a los habitantes de las ciudades. En un comienzo los nuevos residentes fueron instalados en campamentos, mas rápidamente echaron raíces permanentes.
La Cuarta Aliá (1924-1932) 
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Jaim Najman Bialik Oficina de prensa del Gobierno / Z.Kluger |
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En 1924, las autoridades británicas permitieron la inmigración a personas con capital y comerciantes, artesanos, profesionales y académicos llegaron en gran número. Entre los primeros inmigrantes de la Cuarta aliá se contó el poeta Jaim Najman Bialik (1873-1934). Su arribo, en marzo de 1924, estimuló una muy necesitada sensación de renovación y renacimiento entre los habitantes del país, especialmente en Tel Aviv, donde se estableció.
La Cuarta Aliá trajo un total de 65.000 judíos a Eretz Israel. Nuevos asentamientos brotaron por todo el país, incluyendo Herzlía y la aldea agrícola de Kfar Jasidim. Hacia fines de 1925 - punto culminante de la Cuarta Aliá - la población de Tel Aviv se había duplicado. Servicios regulares de pasajeros traían miles de judíos por barco directamente desde la Unión Soviética a los puertos de Yafo y Haifa. A diferencia de los olim anteriores, éstas eran familias de la clase media, mayores que los anteriores pioneros y la mayoría de ellos era gente de ciudad. La excitación era tangible a medida que más y más judíos llegaban de Polonia, la Unión Soviética, Rumania, Lituania, Irak y el Yemen, haciendo realidad las palabras del profeta Isaías: Diré al norte: Da acá; y al sur: "No detengas"; trae de lejos mis hijos, y mis hijas de los confines de la tierra. (Isaías 43:6)
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Una evidencia de la profunda dedicación por asentarse en la Tierra se puede encontrar en una carta escrita en agosto de 1926 por Itzjak Binder, uno de los siete fundadores de Herzlía, a sus familiares en Alemania:
Para mi pesar, ha empezado la temporada de la fiebre. Nos ha azotado a uno tras otro. Cuando el último se levantaba de su lecho de enfermo, caía nuevamente el primero... A esto hay que agregar una erupción de furúnculos, que el doctor creee que se puede curar con baños en el mar, que no está lejos de aquí. Pero no tenemos oportunidad de llegar allí debido a la presión del trabajo...
Nuestra comida es simple, nos hemos acostumbrado y estamos satisfechos, porque amamos la tierra a pesar de todas las dificultades. Tenemos buen ánimo y sentimos que somos libres. Después del trabajo y en Shabat cantamos y nos divertimos.
A pesar de que nuestra vida es más difícil de lo que nos imaginamos, no pensamos en abandonar la tierra bajo ningún precio. Nuestros hijos pequeños casi han olvidado el alemán y hablan sólo hebreo. Como los primeros colonos estamos sufriendo aquí no sólo por nuestro propio futuro, sino por el futuro de todos los judíos.
Además de las difíciles condiciones en el campo, los nuevos inmigrantes afrontaron un serio desempleo en los principales centros de población. En un encuentro de varios miles de desempleados, David Ben-Gurión, que era entonces secretario de la Histadrut (Federación General del Trabajo), se dirigió a la multitud. Alguien en el público le gritó: "Líder, ¡danos pan!" Ben-Gurión respondió, "Pan no tengo, pero sí tengo una visión." |
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La planta hidroeléctrica en Naharayim, 1932 Oficina de prensa del Gobierno / Y.Sa'ar |
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Hacia 1928, hubo alentadores signos de una estabilización en la situación de los inmigrantes. A pesar de una prohibición radical a la inmigración impuesta por los británicos en respuesta a los disturbios árabes, pequeños grupos siguieron llegando. Para aquellos que ya estaban en el país, importantes proyectos de construcción - como la planta de energía eléctrica en Naharayim - proveyeron abundante trabajo.
Durante el período que siguió al término de la Cuarta Aliá, la comunidad judía en Eretz Israel creció y se fortaleció. Se establecieron grandes empresas a lo largo del país y en las ciudades se construyeron muchos edificios nuevos. La industria cítrica se desarrolló y hubo grandes esperanzas para el futuro.
Los disturbios árabes de 1929 fueron un duro golpe a la sensación de estabilidad. Después de la salvaje masacre de 67 miembros de la antigua comunidad judía de Hebrón, el progreso fue reemplazado por la preocupación por la mera supervivencia. Las autoridades británicas tomaron medidas aún más drásticas contra la inmigración, lo que despertó una ola de protestas en la comunidad judía. A pesar de las manifestaciones, la inmigración siguió estando regulada por estrictas cuotas y avanzó a razón de sólo un par de centenares por año. La comunidad judía no tuvo más remedio que unir toda su fuerza y trabajar para seguir mejorando el país, hasta que pudieran reunirse en la patria ancestral con sus hermanos de la diáspora.
En 1932 llegó al país un nuevo alto comisionado británico que abrió una nueva página en la historia de la inmigración. Empezaron a llegar judíos de Polonia, Estados Unidos, África del Norte, Egipto, Siria e Irak. La creciente ola de inmigrantes aumentó las expectativas para el futuro y dichas esperanzas no desilusionaron.
La Quinta Aliá (1933-1939)
Canto a la Libertad Itzjak Shenhar
Nuestros rostros se dirigen al sol naciente, Nuestra senda se vuelve hacia el oriente. Nos preparamos para la gran hora, Nuestra cabeza en alto, nuestro espíritu libre. Con mano firme esculpimos nuestro futuro, En nuestros corazones ardiente palpita la esperanza. Nos recuerda que somos un pueblo, Sabiendo que tenemos una madre patria. El fin del exilio se encuentra cercano, El sueño de libertad se hará real. Enarbolaremos con fuerza la bandera del mañana, En largas columnas marcharemos adelante.
(Traducción al español: Arié Comey)
Después que Hitler subió al poder en 1933, la emigración judía pasó a ser un asunto de supervivencia. A pesar de las estrictas cuotas de inmigración y de los violentos disturbios árabes, inquietantes informes acerca del deterioro en la situación de los judíos de Europa aceleró la urgencia para proveerles de un refugio seguro y la idea de un estado avanzó firmemente. Entre 1933 y 1939 alrededor de 250.000 judíos de Alemania, Polonia, la Unión Soviética, Grecia y el Yemen inmigraron a Eretz Israel - la mayor ola previa a la independencia - aumentando la población judía en el país a cerca de medio millón. |
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Aunque sólo la quinta parte de los olim eran de Alemania, la Quinta Aliá pasó muy pronto a ser conocida como la inmigración "yeke" (término coloquial para un judío alemán). Los inmigrantes alemanes ejercieron una desproporcionada influencia sobre la cultura y la sociedad: siguieron hablando y publicando en su lengua materna e introdujeron eventos y actividades culturales a los que estaban acostumbrados en Alemania. Además, trajeron consigo enormes cantidades de capital, que contribuyeron significativamente a la consolidación económica del Yishuv. Los yekes, al igual que otros grupos inmigrantes de años anteriores, brillaron por su devoción a Eretz Israel y su determinación de convertirla en su hogar.
En 1937, una comisión investigadora británica estudió la situación en Eretz Israel y el derecho de los judíos a un hogar aquí. David Ben-Gurión, que en aquel tiempo era el presidente del ejecutivo de la Agencia Judía, testificó ante la comisión. Dijo:
Nuestro derecho a Eretz Israel no deriva del mandato ni de la Declaración Balfour. Es anterior a ellos. En una de las sesiones, el honorable presidente de la comisión real o uno de sus colegas dijo que el mandato es la biblia del sionismo ... Pero, en nombre del pueblo judío, yo puedo decir exactamente lo contrario: La Biblia es nuestro mandato. La Biblia, que fue escrita por nosotros, en nuestro idioma hebreo y en este mismo país, es nuestro mandato. Nuestro derecho histórico existe desde los albores del pueblo judío y la Declaración Balfour y el mandato fueron propuestos para reconocer y afirmar este derecho. |
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Inmigrantes de Aliá Juvenil orando en su hogar temporario en Haifa, 1939 Oficina de prensa del Gobierno / Z.Kluger |
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La Quinta Aliá vio también el establecimiento de una nueva y singular empresa. En cooperación con la Histadrut (Federación General del Trabajo) y el movimiento kibutziano, miles de jóvenes fueron traídos a Eretz Israel como parte del proyecto de Aliá Juvenil. El primer grupo llegó en 1932, y se instaló en la aldea juvenil de Ben Shemen. A pesar de la dificultad de absorber gente de tal variedad de culturas, Aliá Juvenil resultó ser un gran éxito. La organización estableció muchas comunidades nuevas en Israel, tanto para recién llegados como para jóvenes locales.
Los miembros de esta ola inmigratoria demostraron gran coraje. En sus países de origen habían sido comerciantes, académicos, intelectuales e industriales. Cuando llegaron a Eretz Israel su status cambió de la noche a la mañana. Muchos cambiaron su profesión por la construcción, metalurgia, carpintería y otras profesiones manuales, con la firme convicción de que su adaptación ayudaba a aumentar la producción y promovía su integración. En consecuencia, el país se desarrolló a un rápido ritmo, los asentamientos agrícolas florecieron y se establecieron nuevas industrias. El estado de ánimo de los inmigrantes se ilustra de la mejor manera en un estimulante cuadro que muestra estibadores bailando mientras descargan sacos de cemento en el nuevo puerto de Tel Aviv, que circuló por el país en aquellos tiempos. |
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"Torre y Empalizada" en el kibutz Janita en la Galilea Occidental, 1938 Oficina de prensa del Gobierno / Z.Kluger
Establecimiento del kibutz Janita, 1938 Oficina de prensa del Gobierno / Z.Kluger |
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El siguiente fragmento fue escrito por el Rabino Kook a Moshé Gottlieb del movimiento religioso sionista Mizraji en 1935:
¡Queridos hermanos! Sed fuertes y firmes en la santidad de Israel, el sagrado camino que nuestros santos rabinos y antepasados nos han enseñado. Pero complementadlo con un lazo con la tierra santa y su reconstrucción, que se ha renovado de acuerdo con los asombrosos caminos del Señor en nuestros días - lo que no fue posible en tiempos anteriores, antes que llegara la época de la que se ha dicho: "Tus siervos aman sus piedras, y del polvo de ella tienen compasión." (Salmos 102:14) Ojalá Dios inculque en el corazón de todos nuestros hijos el deseo de retornar a Dios y a nuestra Torá sagrada ... y de luchar en la empresa sagrada de hacer volver al remanente de Israel a su tierra santa. Y ojalá seamos pronto merecedores de la redención.
Durante los últimos años de la Quinta Aliá, la violencia árabe obligó a los judíos a construir asentamientos defensivos, con una alta torre de vigilancia en el centro, para ayudar a defenderse contra francotiradores e infiltrados. En un comienzo las autoridades británicas apoyaron estos proyectos de "torre y empalizada", creyendo que su establecimiento disuadiría a los atacantes y moderaría su comportamiento. No obstante, la publicación del Libro Blanco del Gobierno Británico en 1939, que impuso limitaciones artificiales a la inmigración, pareció ser un golpe fatal para el yishuv. Pero el espíritu judío rehusó desanimarse. Los judíos continuaron entrando al país y construyéndolo, inspirados por la verdad de la promesa divina: Entonces el Señor tu Dios te hará volver de tu cautividad, y tendrá compasión de ti y te recogerá de nuevo de entre todos los pueblos adonde el Señor tu Dios te haya dispersado ... Y el Señor tu Dios te llevará a la tierra que tus padres poseyeron, y tú la poseerás. (Deut. 30:3,5)
El Holocausto y la inmigración clandestina (1934-1948) |
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Monumento al Gueto de Varsovia en Yad Vashem - la Autoridad de Recordación de los Mártires y Héroes del Holocausto Ministerio de relaciones exteriores |
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La aniquilación de la judeidad europea durante la Segunda Guerra Mundial (1939-1945) fue una atrocidad que supera la comprensión humana. Bajo la dictadura de Adolf Hitler, el ejército alemán y sus colaboradores perpetraron el asesinato sistemático de seis millones de judíos - cerca de un tercio de la comunidad judía mundial de aquellos tiempos.
Después del ascenso de los nazis al poder en 1933, los judíos fueron sometidos a crecientes niveles de persecución. Se les negó la ciudadanía, el trabajo y la propiedad personal; fueron expulsados de sus hogares y hacinados en guetos donde vivieron en condiciones subhumanas, siendo víctimas del hambre y las enfermedades; y fueron deportados a campos de trabajos forzados y campos de concentración en los que se les privó de comida, se los torturó y asesinó. El Holocausto terminó al finalizar la Segunda Guerra Mundial en Europa el 8 de mayo de 1945. |
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El especial lazo existente entre el pueblo judío y su tierra caracteriza el heroico capítulo de la inmigración clandestina ("ilegal") a Eretz Israel. Desde comienzos de 1934 hasta el establecimiento del Estado en 1948, inmigrantes potenciales, al igual que aquellos que ya se encontraban en el país y simpatizantes gentiles en el extranjero arriesgaron - y a veces perdieron - sus vidas en pro del sublime objetivo de la libre inmigración judía a su patria.
La inmigración clandestina organizada trajo judíos de Europa, África del Norte y el Medio Oriente, por aire, mar y tierra. Durante 14 años, alrededor de 122.000 judíos, excluidos por los autoridades del mandato británico de toda vía de inmigración aprobada, hicieron su camino a Eretz Israel. Los años de la inmigración clandestina pueden ser divididos en tres períodos: 1934-1939, en los que llegaron unos 21.630 inmigrantes; 1940-1944, (16.456 inmigrantes); y 1945-1948 (84.333 inmigrantes).
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La catástrofe del Holocausto sacudió al pueblo judío hasta las bases. Muchos se sumieron en profundos pensamientos acerca de la existencia; otros dedicaron sus pensamientos a la escritura, para el beneficio de las generaciones futuras. Uno de los millones de judíos asesinados por los nazis fue el joven Moshé Palinker, quien escribió en su diario en 1943:
No hay nada mejor que mantener ... la firme fe que tenemos en nuestro pueblo, el pueblo elegido, el pueblo eterno, cuyo sufrimiento solamente intensificará nuestra tenacidad y nuestra fuerza. La fe que tenemos en nuestra tierra, la tierra que fue nuestra y será nuestra, la tierra que fue santificada por nuestra fe en ella, la tierra que nos da nuestra fuerza día a día ... La fe que nos acompañará siempre ... hasta que se nos permita, con la ayuda de nuestro Dios, ascender a nuestra tierra y vivir allí como una nación, en una tierra, el pueblo del Dios único. Y así, Señor, ten misericordia de tu pueblo y ten misericordia también de mí...
La fuerza de su convicción en el lazo judío con Eretz Israel es asombrosa. En el infierno de Europa y en un momento de agonía insostenible, Palinker era capaz de mirar hacia el futuro y ver al pueblo judío retornando a su tierra.
En los años que precedieron al estallido de la Segunda Guerra Mundial, la inmigración fue organizada y dirigida por tres grupos principales: la Haganá (la organización preestatal de defensa judía), que actuaba en coordinación con las instituciones sionistas oficiales; Betar y los órganos del movimiento revisionista; y organizaciones privadas. En un comienzo la inmigración clandestina era de alcance limitado, y se centraba en el rescate de judíos en peligro. La mayoría de los barcos eran fletados o comprados, y sus capitanes y tripulación eran marineros no judíos que buscaban trabajo. Los barcos estaban en malas condiciones y se cargaban hasta el máximo de su capacidad. La Haganá contrató dos veces el Vellos para viajar desde Grecia con refugiados polacos; Betar usaba un pequeño barco llamado Unión. Cada turbulenta travesía traía otro grupo de inmigrantes resueltos a hacer su hogar y reconstruir su vida en Eretz Israel.
Durante la guerra, las instituciones judías ofrecieron voluntariamente sus servicios a las autoridades británicas en la lucha contra los nazis. Simultáneamente, la inmigración clandestina continuó, en un esfuerzo por salvar a los judíos europeos de la aniquilación. Aunque pronto pasó a ser casi imposible contactarse con ellos y organizar barcos de refugiados de Europa hacia Eretz Israel, unos 16.000 inmigrantes llegaron al país durante los años de la guerra. La historia de la inmigración en aquellos años es un catálogo de incidentes traumáticos. Siete barcos de inmigrantes fueron hundidos, incluyendo al Struma, que fue torpedeado por un submarino soviético en el Mar Negro el 23 de febrero de 1942, dando muerte a todos menos uno de sus 769 pasajeros.
Desde el término de la guerra hasta la declaración de la independencia la inmigración clandestina se desarrolló rápidamente en una vasta organización basada en varios componentes: el apoyo de la comunidad judía en Eretz Israel; asistencia financiera y política del exterior - especialmente de Europa; el estímulo del movimiento sionista en todo el mundo; y la reunión de una opinión pública mundial simpatizante. La red de inmigración clandestina se extendió por Europa, con ramas adicionales en África del Norte, el Medio Oriente y los Estados Unidos.
Judíos de los países árabes hacían su camino a Eretz Israel por tierra, a través de los desiertos de Irak hasta Siria, desde donde se infiltraban por la frontera. Soldados judíos que servían en el ejército británico en Palestina - especialmente conductores - brindaron una importante asistencia para hacer cruzar a esos inmigrantes la frontera, transportando en una oportunidad cerca de 1.350 niños judíos. Además de las rutas marítima y terrestre, algunos inmigrantes llegaron por vía aérea. En 1947, una campaña conocida como "Inmigración alada" trajo a Eretz Israel inmigrantes de Irak e Italia en un avión militar norteamericano piloteado por dos voluntarios. El aparato aterrizó en una pista preparada especialmente cerca de Yavneel en la Baja Galilea. |
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Soldados británicos inspeccionando un barco de inmigrantes clandestinos en el puerto de Haifa, 1947 Oficina de prensa del Gobierno / H.Pinn |
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A pesar que las autoridades del mandato combatieron firmemente la inmigración clandestina, la comunidad judía consideró esos esfuerzos como una medida vital hacia la restauración de la soberanía nacional. El sentido de unidad entre el pueblo alcanzó su expresión máxima en la forma en que la comunidad judía recibió a los inmigrantes. No era extraño ver una gran multitud cerca de la costa, esperando la llegada de un barco de inmigrantes. Así como el barco se acercaba a la costa y los inmigrantes desembarcaban, eran recibidos con abrazos y cariño, como hermanos perdidos de mucho tiempo. Cuando la policía británica llegaba a revisar sus documentos, por lo general era imposible distinguir a los recién llegados de los locales - todos decían simplemente: "Soy un judío de la Tierra de Israel". No obstante, los británicos lograron enviar algunos barcos de vuelta al exilio antes que sus pasajeron hubieran desembarcado. Los últimos de los pasajeros deportados a Chipre no fueron liberados hasta febrero de 1949, después del establecimiento del Estado.
El período de la inmigración clandestina fue uno de los capítulos cruciales en la historia de la lucha por un estado judío independiente en Eretz Israel. El pueblo judío, que jamás olvidó la promesa de Dios a Abraham, hizo todos los esfuerzos para retornar a su patria amada. Las tribulaciones del viaje, el miedo a las autoridades hostiles, el dolor de dejar atrás la vida familiar y las dificultades de la absorción no disuadieron a decenas de miles de inmigrantes de empacar sus pocas pertenencias - como lo hicieran sus antepasados en el éxodo de Egipto - y partir en su camino a casa.
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