La forma en que una sociedad trata a sus minorías es otro reflejo de sus valores democráticos. El compromiso de otorgar igualdad a todos sus ciudadanos es parte integral de los principios de Israel y el país se esfuerza activamente por cumplir con las rígidas normas que se ha impuesto al respecto. A pesar de verse forzado a un constante estado de conflicto con los palestinos y con gran parte del mundo árabe, Israel sigue comprometido a su promesa original en la Declaración de Independencia, que sostiene que el Estado "asegurará la completa igualdad de derechos políticos y sociales a todos sus habitantes sin diferencia de credo, raza o sexo".
Israel, tal como lo pensara el fundador del sionismo político moderno, Teodoro Herzl, fue establecido como la patria del pueblo judío y los judíos constituyen, de hecho, la mayoría de su población. No obstante, la sociedad israelí está formada por numerosas culturas, nacionalidades y religiones. Desde su establecimiento en 1948, Israel, reconociendo esta realidad, declaró su aspiración de ser una sociedad libre e igualitaria y extendió formalmente su mano en una oferta de paz a las minorías que se encontraban dentro de sus fronteras, al igual que a todos sus vecinos árabes.
El naciente estado adoptó además desde un comienzo una forma de vida democrática y eligió definirse no solamente como Estado judío, sino como "Estado judío y democrático". Por eso, estando dedicado a la implementación del objetivo endosado por las Naciones Unidas, de proveer un hogar nacional para el pueblo judío, Israel está igualmente comprometido al cumplimiento de su otra meta asumida: servir como una democracia de avanzada con absoluta igualdad para todos sus ciudadanos.
Los árabes constituyen aproximadamente el 20% de la población de Israel. Reconociendo el hecho que su tierra debería ser compartida por muchos habitantes diferentes, Israel, en su primer día de independencia, proclamó que:
"(El Estado de Israel) asegurará la completa igualdad de derechos políticos y sociales a todos sus habitantes sin diferencia de credo, raza o sexo; garantizará la libertad de culto, de conciencia, idioma, educación y cultura; salvaguardará los Lugares Santos de todas las religiones; y será fiel a los principios de la Carta de las Naciones Unidas."
(De la Declaración de la Independencia de Israel).
Los fundadores del Estado, a pesar de la guerra iniciada en su contra, hicieron un llamado a los árabes de Israel: "Exhortamos - aun en medio de la agresión sangrienta que es lanzada en contra nuestra desde hace meses - a los habitantes árabes del Estado de Israel a mantener la paz y participar en la construcción del Estado sobre la base de plenos derechos civiles y de una representación adecuada en todas sus instituciones provisionales y permanentes."
(De la Declaración de Independencia de Israel).
Al enviar este mensaje a sus habitantes árabes, Israel eligió deliberadamente adoptar los principios de igualdad y de protección de los derechos de todos los individuos dentro de sus fronteras. Consecuentemente, todo ciudadano de Israel tiene por ley derecho a voto y a ser electo, toda persona tiene derecho, por ley, a seguir y mantener su propia religión, cultura e idioma, y toda persona es libre de vivir su vida seg˙n se lo dicte su conciencia.
La mayoría de la población árabe de Israel vive en pueblos y aldeas autónomas en la Galilea y el Néguev y en centros urbanos mixtos, en los que la comunidad árabe constituye principalmente el sector trabajador en una sociedad de clase media, y una minoría de habla árabe junto a una mayoría de habla hebrea. Esencialmente no asimilada, la existencia separada de la comunidad se ve facilitada por el uso del árabe, segundo idioma oficial de Israel, un sistema escolar árabe separado, medios de comunicación de masas en árabe, literatura y teatro, y la mantención de cortes musulmanas, drusas y cristianas que determinan en materias de status personal.
Aunque las costumbres del pasado siguen siendo parte de la vida diaria, un debilitamiento gradual de la autoridad tribal y patriarcal, los efectos de la educación compulsiva y la participación en el proceso democrático de Israel están afectando rápidamente las opiniones y estilos de vida
tradicionales. Consecuentemente, el status de la mujer árabe se ha liberalizado significativamente gracias a la legislación que estipula la igualdad de derechos para la mujer y la prohibición de la poligamia y el casamiento de menores. La participación política del sector árabe se manifiesta en las elecciones nacionales y municipales. Los ciudadanos árabes manejan los asuntos políticos y administrativos de sus propias municipalidades y representan los intereses árabes a través de sus representantes electos en la Knéset, que act˙an en la arena política para promover el status de los grupos minoritarios y su participación en los beneficios nacionales.