LogoAlt
 
MFAES     2000_2009     2005     Un Pueblo Libre: El Renacimiento de la Soberanía Judía

Un Pueblo Libre: La Democracia y el Renacimiento de la Soberanía Judía

1 abr 2005

 

Inmigrantes de Etiopía
(Foto: Oficina de Prensa del Gobierno de Israel / Nathan Alpert)

"El Estado de Israel permanecerá abierto a la inmigración judía y el crisol de las diásporas"

La visión establecida en la Declaración de Independencia de Israel constituye los fundamentos del carácter de Israel, los principios de acuerdo a los cuales se gobierna el Estado y se otorgan libertades a todos sus ciudadanos. La Declaración es clara en su intención de servir de manifiesto para el establecimiento de un estado democrático con todas las libertades básicas que permiten que un gobierno de este tipo prospere. Estos sentimientos están siendo codificados gradualmente en las Leyes Básicas, cuya compilación sirve de precursor de una constitución final como lo previeran los fundadores en la Declaración. En el ínterin, junto a las Leyes Básicas, Israel ha desarrollado un conjunto de políticas sociales y normas legales para implementar las determinaciones expresadas en su Declaración.

Como consecuencia de su expulsión de la Tierra de Israel, hace unos 2.000 años, los judíos fueron diseminados a otros países, principalmente en Europa, Noráfrica y el Medio Oriente. Aunque los judíos a veces prosperaron en los países en los que residían, sufrieron también períodos de una cruel discriminación, brutales pogroms y expulsiones totales o parciales. No obstante el sueño de retornar a su patria ancestral y la fe en el concepto de un eventual "crisol de diásporas" fue mantenido intacto por la nación judía a lo largo de los siglos. El movimiento sionista, fundado a fines del siglo XIX, transformó este concepto en un fin político concreto, el renacimiento de una soberanía judía y el Estado de Israel lo tradujo en ley, otorgándo la ciudadanía a todo judío que aspire establecerse en el país.

En la década que siguió a la Declaración de Independencia de Israel en 1948, inmigraron a Israel aproximadamente 687.000 judíos, más de 300.000 de ellos refugiados de países árabes. Muchos eran sobrevivientes del Holocausto de los países europeos. Se unieron a las olas anteriores de inmigrantes rusos y polacos, que habían llegado en las primeras décadas del siglo. Estos primeros inmigrantes ya habían sentado las bases de una comprehensiva infraestructura social y económica, habían desarrollado la agricultura, establecido kibutzim y moshavim (singulares formas de asentamiento rural comunitario y cooperativo) y proporcionaron la fuerza laboral necesaria para construir las viviendas y los caminos de la nación. Inmigrantes de Europa Occidental y Central, que habían llegado en la década de 1930 con educación, profesiones y experiencia, habían elevado los estándares comerciales, mejorado los servicios urbanos y rurales y ampliado la vida cultural existente de la población judía.

A lo largo de los años, Israel ha seguido recibiendo inmigrantes en mayores o menores cantidades, provenientes de los países libres del mundo occidental, así como de áreas de infortunio. Desde 1989 más de un millón de inmigrantes de la ex Unión Soviértica se han establecido en Israel. Entre ellos hay muchos profesionales de alto nivel, conocidos científicos,
aclamados artistas y músicos, cuya experiencia y talento contribuyen significativamente en la vida económica, científica, académica y cultural de Israel.

Las décadas 80 y 90 del siglo XX fueron testigo de la llegada en masa, en dos transportes aéreos, de la antigua comunidad judía de Etiopía, que popularmente se cree, se estableció allí en los tiempos del Rey Salomón. El Estado se está preocupando para facilitar la transición de estos 50.000
inmigrantes de un ambiente agrario africano a una sociedad occidental industrializada.

Con el correr de los años Israel ha creado entidades y agencias que ayudan a facilitar la integración de los diferentes grupos de inmigrantes en la sociedad israelí. Mientras algunos inmigrantes consideran más fácil aclimatarse por sí mismos al singular clima político y social del país, otros aún se basan en la asistencia de bienestar del Estado para responder a sus necesidades económicas y sociales.

Organizaciones privadas y voluntarias, que son numerosas, también asisten en la busca de respuesta a las necesidades de los inmigrantes y de las poblaciones minoritarias.

La festividad judía de Simjat Torá
(Foto: Oficina de Prensa del Gobierno de Israel / Amos Ben Gershom)
Una familia judía celebrando la fiesta de la Mimuna
(Foto: Oficina de Prensa del Gobierno de Israel / Amos Ben Gershom)

"Promoverá el desarrollo del país para el beneficio de todos sus habitantes"

Israel es el hogar de una población muy diversa que proviene de muchos trasfondos étnicos, comunitarios, religiosos, culturales y sociales. De sus casi 6,6 millones de habitantes, 77% son judíos, 19% son árabes (la mayoría de ellos musulmanes), y el 4% restante está formado por drusos, circasianos y otros, no clasificados por religión.

A diferencia de otras sociedades en las que los nuevos inmigrantes son absorbidos en un crisol cultural, Israel puede ser descrito mejor como un mosaico formado por grupos individuales, cada uno de los cuales contribuye su propia identidad cultural, sus características étnicas y lingüísticas al modelo general de la sociedad. Los idiomas oficiales de Israel son hebreo y árabe. El inglés se usa ampliamente y otros idiomas - especialmente ruso, castellano, francés, yídish y amhárico - son hablados por los diferentes grupos étnicos y religiosos que representan grandes secciones dentro de la sociedad israelí y mantienen su propio trasfondo cultural.

Como resultado de la inmigración masiva después del establecimiento del Estado y en las décadas siguientes, la estructura y la textura de la sociedad israelí cambió dramáticamente. El grupo social resultante entre los judíos, que constituían el mayor segmento de la población, estuvo formado por dos elementos principales: una mayoría compuesta por la comunidad sefardí establecida, veteranos inmigrantes asquenazíes y sobrevivientes del Holocausto, y una gran minoría de judíos recién llegados de los países islámicos del Norte de África y el Medio Oriente.

Ambos grupos coexistieron inicialmente sin demasiada interacción cultural. A diferencia de la mayoría de la comunidad sefardí, los judíos asquenazíes se involucraron desde temprano en la vida política del Estado y asumieron muchos puestos claves en los organismos e instituciones gubernamentales. No obstante, con el correr del tiempo la población sefardí pasó a ser más activa políticamente y gradualmente se incorporó al liderazgo político de Israel. Aunque aún perdura una cierta disparidad entre ambos grupos, los denominadores comunes de religión, historia judía y cohesión nacional han logrado en la mayoría de los casos superar las barreras existentes entre ambas poblaciones.

A la par de estas tensiones culturales, existen las generadas por los diferentes movimientos dentro del judaísmo. Cada movimiento está firme en su compromiso a su práctica individual del judaísmo como un credo religioso y nacionalista y en la concepción del papel que debe cumplir el judaísmo
en el carácter nacional del Estado como un todo.

La sociedad judía en Israel está formada hoy en día por judíos observantes y no observantes, que forman un espectro que va desde los ultraortodoxos, que viven en comunidades separadas y aisladas, hasta aquéllos que se consideran
seculares. Sin embargo, las diferencias entre ellos no están claramente definidas. Un gran número de judíos que no se definen como ortodoxos cumplen en alguna medida leyes y costumbres religiosas judías tradicionales. Dado que Israel fue concebido como un Estado judío, el shabat (sábado) y todas las festividades judías han sido instituidas como fiestas nacionales y son celebradas por toda la población judía y observadas por todos, en mayor o menor medida.

Si bien los judíos constituyen la mayoría de la población del Estado de Israel, Alrededor de 1,5 millones de personas, que representan aproximadamente el 23 por ciento de la población del país, no son judías. A pesar de que son definidos colectivamente como ciudadanos árabes de Israel, incluyen una serie de grupos diferentes, en su mayoría de habla árabe, cada uno de los cuales con sus características distintivas.

Muchachas beduinas frente a una computadora distribuida como parte del
programa "Una computadora para cada niño"
(Foto: Israel Government PressOficina de Prensa del Gobierno de Israel / Amos Ben Gershom)
Bailarines drusos
(Foto: Oficina de Prensa del Gobierno de Israel / Amos Ben Gershom)

Árabes musulmanes, casi un millón de personas, la mayoría de los cuales son sunitas, viven principalmente en aldeas y pueblos pequeños, más de la mitad de ellos en el norte del país. Los árabes beduinos, también musulmanes (se estima que son unos 170.000), pertenecen a unas treinta tribus, la mayoría de las cuales están dispersas en una amplia región en el sur del país. En el pasado eran pastores nómades y actualmente están pasando un proceso de transición de un marco social tradicional tribal a una sociedad sedentaria y gradualmente se están incorporando a la fuerza laboral de Israel.

Árabes cristianos, son alrededor de 113.000 personas, viven en su mayoría en zonas urbanas. Aunque hay muchas denominaciones representadas nominalmente, la mayoría de los miembros de la comunidad están afiliados a la Iglesia Católica Griega, la Griega Ortodoxa y la Católica Romana.

Los drusos, son alrededor de 106.000 árabe parlantes, viven en 22 aldeas en el norte de Israel, constituyen una comunidad cultural, social y religiosa separada. Aunque la religión drusa es inaccesible para los extraños, uno de los aspectos conocidos de su filosofía es el concepto de taqiyya, que llama a la total lealtad de sus fieles al gobierno del país en que residen.

Los circasianos, que comprenden unas 3.000 personas, concentradas en dos aldeas de la Galilea, son musulmanes zunitas, aunque no comparten ni el origen árabe ni el trasfondo cultural de la gran comunidad islámica. Habiendo mantenido su identidad étnica distintiva a lo largo de los años, participan en diversas ramas de la economía y en algunos aspectos de los programas nacionales sin asimilarse ni a la sociedad judía ni a la comunidad musulmana.

De la población cristiana de Israel, si bien la gran mayoría son árabes, 23.000 no lo son; muchos de ellos vinieron a Israel con sus cónyuges judíos durante las olas inmigratorias en las décadas de 1980 y 1990, principalmente de la ex Unión Soviética y de Etiopía.

Aunque la mayoría de los cristianos son árabes, su perfil demográfico es muy diferente del de la población musulmana y se parece más a la población judía. La mayoría de los cristianos viven en zonas urbanas y la comunidad cristiana se caracteriza por un alto nivel de educación, particularmente entre la joven generación. La mayoría de los varones cristianos están empleados y un tercio de las mujeres cristianas son parte de la fuerza laboral civil, muchas de ellas en profesiones académicas, libres y técnicas.

A pesar de las diferencias, las disparidades económicas y una vida política frecuentemente demasiado acalorada, la sociedad es bastante equilibrada y estable. El nivel moderado e incluso bajo de conflictos sociales entre los diferentes grupos, a pesar de su inherente potencial de intranquilidad social, puede ser atribuido al sistema judicial y político del país, que simbolizan una estricta igualdad legal y cívica dentro del marco de un Estado democrático. El sistema político de Israel de representación proporcional basada en partidos permite a muchos segmentos diferentes de la población estar representados en la democracia de Israel.

"Estará basado en los principios de libertad, justicia y paz, a la luz de las enseñanzas de los profetas de Israel; asegurará la completa igualdad de derechos políticos y sociales a todos sus habitantes sin diferencia de credo, raza o sexo"

Todos los habitantes de Israel se benefician de una amplia legislación de bienestar social. Israel ha originado además algunas de los veredictos jurídicos y legislaciones más progresistas del mundo occidental con respecto a los derechos de homosexuales, las prácticas discriminatorias y el acoso sexual en lugares de trabajo.

Las instituciones y organizaciones de Israel se esmeran en defender la libertad de expresión para todos sus ciudadanos. Asimismo, los medios de comunicación de Israel tienen la más absoluta libertad y operan como un libre guardián de las labores del gobierno. Israel cuenta además con numerosas organizaciones gubernamentales y sin fines de lucro que vigilan la violación de los derechos humanos. La promulgación y consecuente interpretación de los tribunales de la Ley Básica: Dignidad Humana y Libertad ha transformado en leyes establecidas muchas de las políticas sociales aceptadas en el país.

El Muro Occidental, uno de los lugares judíos más sagrados, debajo del Domo de la Roca, lugar santo para los musulmanes
(Foto: Ministerio de Relaciones Exteriores de Israel)
La Iglesia del Santo Sepulcro en Jerusalem(Foto: Ministerio de Relaciones Exteriores de Israel)

"Garantizará libertad de culto, conciencia, idioma, educación y cultura; salvaguardará los Lugares Santos de todas las religiones"

De las numerosas libertades garantizadas por la Declaración de la Independencia, la libertad para practicar la religión propia y de actuar de acuerdo a la conciencia personal son dos de los fundamentos más valiosos de una democracia. El pueblo judío, habiendo sufrido demasiadas veces en manos de líderes intolerantes en los países en los que residió, comprende en forma intrínseca la importancia de estas libertades individuales.

La Declaración de la Independencia garantiza la libertad de culto a toda la población. Consecuentemente cada comunidad es libre, por ley y de hecho, de practicar su fe, observar sus festividades y su día semanal de descanso, y de administrar sus asuntos internos. Cada comunidad tiene sus propios consejos y cortes religiosas, con jurisdicción sobre todos los asuntos religiosos y de status personal, como matrimonio y divorcio. Cada una tiene sus propios lugares de culto, habiendo desarrollado a lo largo de los siglos rituales tradicionales y características arquitectónicas especiales.

La Declaración del Establecimiento del Estado de Israel (1948) El derecho a estas libertades es descrito de la mejor manera por la Corte Suprema de Israel:

"Toda persona en Israel goza de libertad de conciencia, de credo, de religión y de culto. Esta libertad está garantizada a toda persona en cualquier régimen democrático ilustrado y por lo tanto está garantizada a toda persona en Israel. Es uno de los principios fundamentales sobre los cuales se basa el Estado de Israel. Esta libertad se basa en parte en el Artículo 83 de la Orden de Palestina en el Consejo de 1922 y en parte es uno de aquellos derechos fundamentales que 'no están escritos en un libro' pero derivan directamente de la naturaleza de nuestro Estado como Estado democrático amante de la paz."1

"En base a las normas y de acuerdo con la Declaración de la Independencia cada ley y cada poder será interpretado como reconocedor de la libertad de conciencia, de credo, de religión y de culto."2

Israel protege la libertad de judíos y no judíos por igual a dedicarse a la forma de práctica o ritual religioso de su elección. Asimismo, en la mayoría de los casos, las instituciones del Estado reconocen preceptos religiosos, como ser la prohibición de trabajar en días de descanso religioso, y no obliga a judíos o no judíos a violar las doctrinas de su fe.

Cada lugar santo y templo es administrado por su propia autoridad religiosa, y la libertad de acceso y de culto está asegurada por ley. Por ejemplo, el Kotel, el Muro Occidental, que es el último vestigio del muro de contención del Segundo Templo en Jerusalem, es administrado por el Estado de Israel, mientras que el Domo de la Roca y la mezquita de Al Aksa, ubicados directamente en el Monte del Templo encima del Kotel, se encuentran bajo la autoridad del wakf jordano. Autoridades cristianas administran y mantienen la Vía Dolorosa, el Cenáculo y otras iglesias incluyendo la Iglesia de la Anunciación (en Nazaret). Entre otros, los lugares santos y los templos drusos, bahaíes, samaritanos y caraítas están protegidos de la misma manera.

Dado que el propósito declarado de Israel es servir principalmente como patria del pueblo judío, se ha debatido mucho acerca del papel que debería jugar la religión en la determinación de las políticas y leyes del Estado. Israel, como democracia, está comprometido al mantenimiento de las
libertades básicas permitidas por un sistema político así, pero, siendo un Estado con un claro acervo judío, lucha por mantener su carácter particular derivado de las fuentes judías.

Aunque Israel no tiene ninguna religión reconocida, no existe una separación clara entre la religión y el Estado. Una de las grandes fuentes de fricción en la sociedad israelí es la disensión entre los sectores ortodoxos y seculares respecto al alcance de la imposición de normas y restricciones a todos los judíos, sin importar su nivel de observación religiosa.

Temas como la definición de quién es judío para recibir la ciudadanía de acuerdo a la Ley del Retorno, la exclusiva aplicación de la ley religiosa en asuntos personales y el financiamiento estatal para las escuelas religiosas son ejemplos de la participación de la religión en asuntos de Estado en Israel.

Debido a la particular naturaleza del sistema político de Israel, ningún partido ha obtenido la mayoría necesaria para ganar la mayoría de las bancas en la Knéset, debiendo, por lo tanto, formar gobiernos de coalición. Como resultado de esto los partidos religiosos condicionan su inclusión en el gobierno a todo tipo de legislaciones o políticas de tipo religioso. Este tipo de intervención es fuente de tensión entre los elementos seculares y religiosos de la sociedad.

La aparente naturaleza dicotómica de un estado judío democrático está siendo resuelta gradualmente por medio de la interpretación que dan los tribunales cortes de las Leyes Básicas y a través de exigencias de los partidos políticos seculares de modificar el statu quo respecto a las materias
de religión y Estado que Israel aceptó en las décadas pasadas.


1. Juez Landau en C.S. 243/62 Filming Studies in Israel Ltd. V. Guery y otros, 16 P.D. 2407.
2. Juez Zamir en C.S. 7128/96 Movimiento de los Fieles del Monte del Templo y otros v. Gobierno de Israel y otros, 97(1) Takdin-Elyon 480.

E-mail to a friend
Print the article
Add to my bookmarks
See also
   Hechos de Israel- Libertad Religiosa
   Protection of Holy Places Law
Also available in
  English
  French
   
 
   
 
     Hebrew     
 
Copyright ©2004 The State of Israel. All rights reserved   Terms of use   Use of cookies