LogoAlt
 
MFAES     2000_2009     2005     Un Pueblo Libre: La Democracia en Tiempos de Guerra

Un Pueblo Libre en Nuestra Tierra: La Democracia en Israel en Tiempos de Guerra

1 avr 2005
Yuval Karniel
Israel navega su ruta por una realidad que es extraña para la mayoría de las naciones democráticas
Escena de un ataque terrorista a un autobús urbano
(Foto: Sasson Tiram)

La Democracia en Israel en Tiempos de Guerra

"En tiempos de cambio y peligro cuando existe una arena movediza de miedo debajo del razonamiento de los hombres, un sentido de continuidad con las generaciones pasadas puede tenderse como una cuerda de salvamento a través del presente que asusta."
- John Dos Passos

"Las naciones democráticas deberían conducir la lucha contra el terrorismo con un equilibrio adecuado entre dos valores y principios conflictivos. Por una parte, debemos considerar los valores y principios relacionados con la seguridad del Estado y sus ciudadanos. Los derechos humanos no son un escenario para la destrucción nacional; no pueden justificar la socavación de la seguridad nacional en todo caso y bajo todas las circunstancias. Similarmente, una constitución no es una prescripción para el suicidio nacional. Pero, por otra parte, debemos considerar los valores y principios relacionados con la dignidad humana y la libertad. La seguridad nacional no puede justificar la socavación de la seguridad nacional en cada caso y bajo todas las circunstancias. La seguridad nacional no otorga  una licencia ilimitada para perjudicar al individuo."1
- Juez Aharón Barak, Presidente de la Corte Suprema de Israel.

El tradicional protocolo de tiempos de guerra no siempre es efectivo para combatir el terrorismo. Las sociedades democráticas de hoy en día afrontan el desafío de una ofensiva terrorista que pretende golpear a la democracia misma. Tratar con este tipo de actividad en una forma rápida y resuelta sin causar daño a sus valores democráticos es una enorme tarea que hacen frente estas naciones.

Cada país lucha conforme a su propia identidad cultural y política para encontrar su propia solución justa a este tema. Israel no es ajeno a este dilema.

Como estado comprometido a la protección de los valores de las libertades individuales y a la dignidad humana, Israel se ve obligado a responder a la constante agresión de la actividad terrorista, la violencia y la propaganda en su contra de un modo que concuerde con el gobierno de la ley democrática. La Corte Suprema de Israel ha cumplido una función integral en la lucha por mantener los principios democráticos de la nación. En las palabras del Presidente de la Corte Suprema, el juez Barak: "La lucha contra el terror debe llevarse a cabo 'dentro' de la ley y por medio de los instrumentos que son legalmente aprobados como apropiados para un estado democrático."

Muchas veces la Corte defiende posiciones que son contrarias a las opiniones mantenidas por algunas de las figuras públicas y políticas de Israel.

Debido a la singular posición de Israel como verdadera democracia en el Medio Oriente y al hecho que la continuación de la ola de terrorismo contra el estado amenaza la existencia misma de Israel, sus agencias de seguridad deben adoptar medidas rápidas y efectivas para proteger al público israelí e impedir nuevos ataques. A veces los medios de protección entran en conflicto directo con los derechos individuales de aquellos que se dedican al terrorismo.

El juez Barak reconoció este asunto y declaró: "Si bien el terrorismo plantea difíciles interrogantes a todo país, plantea interrogantes especialmente desafiantes a los países democráticos, porque no todos los medios efectivos son medios legales." Acerca de este dilema, el juez Barak señaló que: "un pilar de la democracia ' el gobierno del pueblo a través de sus representantes electos 'puede estimular la adopción de todas las medidas efectivas para combatir el terrorismo, incluso si son contrarios a los derechos humanos ... el otro pilar ' los derechos humanos ' puede fomentar la protección de los derechos de todo individuo, incluyendo los terroristas, incluso al precio de socavar la lucha contra el terrorismo."

Desde el comienzo de la campaña de terror de la intifada en octubre del 2000, Israel ha hecho frente no sólo a la actividad terrorista en forma de violencia física contra sus ciudadanos, sino que también ha tenido que afrontar una guerra en los medios de comunicación que se lucha para ganar la opinión pública tanto en la arena nacional como en la internacional. Ambas formas de ataque plantean un gran desafío a Israel como estado comprometido a proteger los valores democráticos y las libertades individuales. No obstante, la resolución de Israel de adherirse a los principios democráticos puede ser vista en su respuesta a los intentos realizados para restringir uno de los fundamentos básicos de la democracia, la libertad de expresión. En esta área, Israel ha establecido un método por medio del cual la democracia puede responder al desafío de un conflicto nacional defendiendo paralelamente las tradiciones de la democracia en general, y la libertad de expresión, en particular.

Jueces de la Corte Suprema en sesión
(Foto: Flash 90)

La libertad de expresión es uno de los principios más valorados de la democracia israelí. En 1953, la Corte Suprema israelí, a pesar de la falta de una constitución escrita formal, reconoció que la libertad de expresión era un "derecho supremo" que deri vaba de la existencia del Estado de Israel como entidad democrática.

La convicción en la naturaleza suprema de la libertad de expresión en Israel siempre ha estado anclada en el reconocimiento de que esta libertad es un instrumento necesario y esencial para la existencia de una democracia, e importante para la investigación y clarificación de la verdad por medio de "un mercado de ideas libres". No obstante, contrapesado con este derecho está el derecho del estado a proteger su ciudadanía. Al igual que otras naciones democráticas, al afrontar la confrontación entre estos dos derechos, el derecho a una libre expresión debe ser sopesado frente a las preocupaciones de seguridad de la nación. En 1953, tan sólo unos pocos años después que el Estado de Israel concluyera su Guerra de Independencia contra una invasión árabe, la Corte Suprema emitió un importante fallo sosteniendo que el gobierno no podía cerrar un periódico árabe que criticaba las acciones del estado, incluso si dicha crítica parecía ser perjudicial. La Corte, basándose parcialmente en la jurisprudencia estadounidense, sostuvo que la libertad de expresión debía ser respetada bajo todas las circunstancias con la excepción de algunas situaciones en las que existe un peligro acumulativo y casi certero de un serio daño a la seguridad de la nación o al orden público. En ausencia de tal "peligro claro e inminente", la libertad de expresión no puede ser restringida.2

La campaña de terror de la intifada, desde fines del 2000, que se ha caracterizado por explosiones suicidas contra civiles israelíes, creó una situación en la que el compromiso de Israel a proveer una atmósfera de libre expresión se vio desafiada por las preocupaciones de seguridad.

Por ejemplo, el director de cine documental Mohamed Bakri entrevistó a palestinos en el campamento de refugiados de Jenín acerca de los combates que habían tenido lugar en abril del 2002, durante los cuales 23 soldados israelíes y 52 palestinos resultaron muertos. La película presentaba solamente la versión palestina de los hechos y no ofrecía la visión correspondiente de los israelíes que también estuvieron presentes.

La película fue presentada para su aprobación al Consejo de Censura de Cine Israelí, según lo exige la Ordenanza de Películas Cinematográficas de 1927. El Consejo, en una rara decisión mayoritaria de 8 contra 3, prohibió la proyección de la película sosteniendo que distorsionaba los acontecimientos que habían ocurrido, constituía propaganda contra el Estado, bordeaba la incitación y destruiría la naturaleza democrática de Israel. Fue presentada una apelación a la Corte Suprema en su calidad de Alto Tribunal de Justicia.

El Alto Tribunal de Justicia concedió la petición y revocó la decisión del Consejo de Censura. Aunque la Corte Suprema concordó en que la película ofendía los sentimientos de muchos israelíes, especialmente los soldados que combatieron en la batalla y las familias de los caídos, consideró que ofender sentimientos, sin importar el alcance de la ofensa, es el precio que debe pagar la sociedad israelí por su derecho a la libertad de expresión.3

En enero del 2003 Israel llevó a cabo elecciones nacionales para la Knéset. Los partidos árabes, formados por ciudadanos israelíes, también condujeron una campaña para obtener bancas en la Knéset. Como parte de su campaña, dos partidos árabes desplegaron la bandera palestina, símbolo de identificación con la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) durante sus transmisiones electorales. El Presidente del Comité Electoral Central para la 16o Knéset, juez Mijael Cheshin, censuró las transmisiones arguyendo que las elecciones se llevaban a cabo para el parlamento israelí, y que Israel estaba "enredado en una amarga y fea guerra" con la OLP.

La Asociación de Derechos del Ciudadano en Israel presentó una apelación al Alto Tribunal de Justicia. La Corte confirmó la importancia de la libertad de expresión durante las transmisiones electorales como parte integral del proceso democrático que consiste en el derecho a elegir y ser electo al parlamento. La Corte concedió la petición y sostuvo que la transmisión debía ser presentada en su totalidad.4

En los dos casos antes mencionados, al igual que en otras instancias similares, la Corte Suprema se alzó ante el desafío de proteger el principio democrático de la libertad de expresión manteniendo simultáneamente la confianza del pueblo en la ley. Los fallos de la Corte reflejan su convicción de que el supremo derecho de libertad de expresión supera las probables amenazas a los sentimientos del público y el daño potencial a su seguridad. Es de señalar que esta protección es mucho más amplia que la que ofrecen otras naciones democráticas que hacen frente a situaciones similares.

Como lo señalara el Profesor Alan Dershowitz en su libro "En defensa de Israel" (2003): "Israel es una pequeña democracia rodeada por enemigos hostiles y está batallando por su supervivencia. Está luchando una guerra contra enemigos dentro de sus fronteras y fuera de ellas, así como contra naciones y grupos hostiles que pretenden deslegitimarlo en la comunidad internacional. Sus acciones en defensa de sus ciudadanos y su nación han estado lejos de ser perfectas durante los años... lo mismo, y peor, se puede decir de la mayoría de las democracias."

La medida en que Israel lucha por proteger las libertades individuales incluso en tiempos de guerra, cuando tiene el derecho inalienable de defenderse y defender a sus ciudadanos de ataques, demuestra su compromiso de mantener un sistema de ley democrático. Israel se debate con este equilibrio cotidianamente. Temas como la demolición de casas de terroristas, detención administrativa, e incluso la interrogación de terroristas sospechosos no están exentas de las restricciones y limitaciones de la ley.

Consecuentemente, habiendo sido requerida por la legalidad del trayecto de una cerca de seguridad que reduciría el riesgo de que terroristas penetraran a Israel para llevar a cabo ataques mortales, pero que puede cortar los campos y aldeas de muchos palestinos, la Corte Suprema, de acuerdo con la ley internacional y la ley israelí, determinó que la construcción de la cerca era un asunto de seguridad y no estaba motivada políticamente. No obstante, al mismo tiempo, la Corte subrayó que el trayecto debía tomar en cuenta consideraciones humanitarias y se debe lograr un equilibrio entre ambas materias.5

Israel navega su ruta por una realidad que es extraña para la mayoría de las naciones democráticas. La lucha por ser una democracia bajo constante ataque y en un entorno hostil ha cobrado su tributo en el nivel de tolerancia del público israelí. El que haya logrado preservar su naturaleza democrática durante su camino es un testimonio del firme compromiso de Israel de hacerlo así.

"Cualquier equilibrio que se encuentre entre la seguridad y la libertad impondrá ciertas limitaciones a ambos. No se alcanzará un equilibrio adecuado estando los derechos humanos totalmente protegidos, como si no hubiera terrorismo. Similarmente, no se alcanzará un equilibrio adecuado si la seguridad nacional logra total protección como si no existieran los derechos humanos. El equilibrio y el compromiso son el precio de la democracia. Sólo una democracia fuerte, segura y estable puede proporcionar y proteger los derechos humanos y sólo una democracia erigida sobre los fundamentos de los derechos humanos puede tener seguridad." Juez Aharón Barak.


1. Las citas del Presidente de la Corte Suprema de Justicia, Aharón Barak, son tomadas de su artículo: "El período 2001 de la Corte Suprema: Introducción: Un juez sobre el juicio: La función de la Corte Suprema en una democracia. 116 (1) Harvard Law Review 16(2002)
2. C.S. 73/53 Kol Haam Ltd. v. Ministro del Interior, 7 P.D. 871.
3. C.S. 316/03 Mohamed Bakri v. El Consejo de Censura Cinematográfica, 58(i P.D. 249.
4. C.S. 651/03 Asociación de Derechos del Ciudadano en Israel v. Presidente del Comité Electoral Central para la 16ª Knéset, 57(ii) P.D. 62.
5. C.S. 2056/04 Concejo de la aldea Beit Surik v. el Gobierno de Israel y otros (30 de junio, 2004).


Dr. Dr. Yuval Karniel, el editor de "Un pueblo libre en nuestra tierra", es un importante abogado de comunicaciones en Israel y profesor de Derecho y Comunicaciones. Es autor de dos libros sobre los medios de comunicación y el derecho comercial.

E-mail to a friend
Print the article
Add to my bookmarks
Also available in
  English
  French
   
 
   
 
     Hebrew     
 
Copyright ©2004 The State of Israel. All rights reserved   Terms of use   Use of cookies