Israel es un estado judío y democrático. Aunque podría parecer incompatible, la integración de ambas formas de vida fue una consideración natural para los fundadores del Estado y ha sido el principio guía de la nación desde su renacimiento en 1948. Algunas de las semillas de la democracia política moderna fueron sembradas ya en las primeras etapas de la historia judía y muchos de los principios y valores fundamentales, que constituyen la base de una democracia, han sido el corazón del pensamiento y la práctica judíos durante más de dos milenios.
La autoridad de la ley, la incumbencia individual y humanitaria, las exhortaciones de los profetas de la Biblia y posteriormente de los rabinos del Talmud (el cuerpo autoritativo de ley judía, completado aproximadamente en el 400 E.C.) de preocuparse por los miembros más débiles de la sociedad, y su insistencia en la igualdad ante Dios son conceptos que posteriormente emergieron como parte de la filosofía democrática moderna.
Habiendo adoptado una fe monoteísta central, la tradición judía a lo largo de los siglos ha reconocido las tendencias pluralistas en sus costumbres y prácticas. En el transcurso de la historia judía este pluralismo se ha manifestado en la existencia de Jasidim1 y Mitnagdim2, de costumbres sefardíes y asquenazíes, así como de enfoques cabalistas (místicos) y halájicos (ritualistas). Ya en el período del Templo los saduceos, un culto sacerdotal que se adhería a una interpretación rígida de la Torá, convivían con los fariseos, patrocinadores de una tradición oral de la ley judía y precursores del judaísmo rabínico moderno.
Todos estos movimientos difieren en su enfoque del judaísmo y a pesar de eso son universalmente reconocidos como partes integrales del "Klal Israel", la nación judía.
El Talmud, que relata la formación de las costumbres y el ritual judíos, registra cuidadosamente los debates y las opiniones divergentes de los sabios del período de la Mishná (aprox. siglos I-II EC). Las prácticas fueron decididas en base a una mayoría. No obstante, las opiniones minoritarias fueron recogidas cuidadosamente en el Talmud. Los debates entre las Casas de Shamai (Beit Shamai) y la de Hilel (Beit Hilel), que fueron las dos mayores casas de estudio en Israel durante el período de la Mishná son frecuentemente citados en el Talmud. Beit Shamai era conocida por su estricta interpretación de los preceptos bíblicos y Beit Hilel por su enfoque moderado. El Talmud registra ambas tendencias, a pesar que los rabinos prefirieron las normas de Beit Hilel.
El judaísmo moderno comprende muchas costumbres, liturgias y filosofías diferentes, practicadas por los distintos movimientos del judaísmo, la mayoría de los cuales surgieron en los últimos dos siglos.
Junto a las más tempranas expresiones de conceptos humanitarios y pluralistas, las instituciones judías mismas se adhirieron a ciertas formas de lo que posteriormente pasaron a ser expresiones de la democracia moderna. Las antiguas comunidades judías durante el período del Talmud y después del mismo, en Israel como en la diáspora, fueron gobernadas por entes representativos electos por cada comunidad (Kehilá), separados de los Batéi Din (cortes judías) religiosos. Estas entidades eran electas por las comunidades en las que se desempeñaban y supervisaban todas las actividades sociales de la comunidad.
El cuidado del bienestar de todos los miembros de la comunidad, especialmente de las viudas, los huérfanos y los pobres, era una de las principales preocupaciones de estas instituciones comunitarias, práctica que ha sido traducida en el moderno sistema democrático de Israel en una política de bienestar social.