(Traducido del hebreo)
Honorable Presidente de Estados Unidos, George Bush,
Mi Colega, Presidente de la Autoridad Palestina, Mahmoud Abbas,
Presidentes de Delegaciones,
Distinguidos Invitados,
Vine hoy, aquí, desde Jerusalén, por su invitación, Honorable Presidente, para extender, de parte del pueblo de Israel y el Estado de Israel, una mano de paz al pueblo palestino y a los estados árabes vecinos, muchos de cuyos representantes están aquí, con nosotros, en Annapolis.
Tuve muy buenas razones para abstenerme de asistir a este encuentro. La memoria de los fracasos del pasado, cercano y distante, pesa fuertemente sobre nosotros. El horrible terrorismo, perpetrado por las organizaciones terroristas palestinas, afectó a cientos de ciudadanos israelíes, destruyó familias e intentó desorganizar la vida de todos los ciudadanos de Israel. Doy testimonio, personalmente, que durante mi mandato - como Alcalde de Jerusalén- atentaron, con bombas, en cafés, autobuses y centros recreativos y, también, en otras ciudades del Estado de Israel.
El prolongado lanzamiento de misiles Kasam, contra decenas de miles de residentes en el sur de Israel, particularmente en la ciudad de Sderot, sirve como señal de advertencia-que no puede dejarse pasar. La ausencia de institutos gubernamentales y mecanismos efectivos de aplicación de la ley, el dominio de Hamas en la Franja de Gaza, la continua actividad de organizaciones asesinas, en todos los territorios de la Autoridad Palestina, la ausencia de un sistema legal que coincida con un criterio básico de gobierno democrático; son factores que impiden avanzar de prisa.
No ignoro todos los obstáculos que, seguramente, surgirán a lo largo del camino. Están justo frente a mí. He venido, a pesar de las preocupaciones, dudas y vacilaciones, para decirle a usted, Presidente Mahmoud Abbas, y a través suyo a su pueblo y a todo el mundo árabe: llegó el tiempo. Ya no tenemos, ni tampoco ustedes lo tienen, el privilegio de ajustarnos a sueños desconectados de los sufrimientos de nuestros pueblos, las penas que experimentan a diario y el peso de vivir bajo la incertidumbre constante, sin oportunidad de cambio o esperanza.
Queremos la paz. Exigimos el fin al terrorismo, la incitación y el odio. Estamos dispuestos a contraer un doloroso compromiso, lleno de riesgos, a fin de cumplir con estas aspiraciones.
He venido aquí, hoy, no a rendir cuentas históricas sobre qué causó el conflicto y el odio y aquello que, por muchos años, se mantuvo en el camino de compromiso y la paz.
Deseo decir, desde el fondo de mi corazón, que sé y conozco el hecho que junto con el constante sufrimiento que, en Israel, muchos experimentaron en su historia, las guerras, el terrorismo y el odio hacia nosotros- sufrimiento que fue parte integral de la vidas en nuestra tierra- su pueblo también, durante muchos años, sufrió y algunos, aún, sufren.
Durante decenas de años, muchos palestinos vivieron en campos, desconectados del entorno en que crecieron, sumidos en la pobreza, negligencia, alienación, amargura y con una profunda e implacable sensación de privación. Sé que este dolor y carencia es una de las bases más profundas que fomentó el ethos de odio hacia nosotros. No somos indiferentes a este sufrimiento. No somos inconscientes de las tragedias que experimentaron.
Creo que, en el curso de las negociaciones, hallaremos el camino correcto, como parte de un esfuerzo internacional - en el que participamos- para ayudarlos a encontrar un marco adecuado para su futuro, en el estado palestino que se establecerá en los territorios que acordemos. Israel será parte de un mecanismo internacional que colaborará en encontrar una solución a ese problema.
Las negociaciones no serán aquí, en Annapolis, sino en nuestra casa y en la suya. Serán bilaterales, directas y continuas, haciendo un esfuerzo por completarlas durante el 2008.
Se aplicarán a todas las cuestiones que fueron, hasta aquí, eludidas. Lo haremos de manera directa, abierta y valiente. No evitaremos ningún tema. Trataremos todos los puntos centrales. No tengo duda que, la realidad creada en la región en 1967, cambiará significativamente. Si bien éste será un proceso extremadamente difícil para muchos de nosotros es inevitable. Lo sé. Muchos de mi pueblo lo saben. Y , estamos preparados para hacerlo.
Las negociaciones estarán basadas sobre los acuerdos previos, las Resoluciones 242 y 338 del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, la Hoja de Ruta y la carta del 14 de abril de 2004 del Presidente Bush al Primer Ministro de Israel. Sobre la conclusión de las negociaciones, seremos capaces de alcanzar un acuerdo que cumpla la visión del Presidente Bush: dos estados para dos pueblos. Un estado palestino que busque la paz, viable, fuerte, democrático y libre de terrorismo, para el pueblo palestino. Y, un estado judío, democrático, viviendo en seguridad y libre de la amenaza del terrorismo en el hogar nacional del pueblo judío.
Es claro que, su implementación, estará sujeta a la concreción de todas las obligaciones de la Hoja de Ruta, en todas sus fases y de acuerdo a su secuencia, tal como se pactó desde el comienzo. NOSOTROS obraremos de acuerdo a nuestras obligaciones, y también ustedes.
El acuerdo, y su gradual implementación, cautelosa y responsable, es parte de un complejo mucho más amplio, que nos conducirá, de manera esperanzada, a la paz con todos los estados árabes. No hay ningún estado árabe en el norte, el este o el sur con el que no busquemos la paz. No hay ningún estado musulmán con el que no queramos establecer relaciones diplomáticas. Quien quiera la paz con nosotros, les decimos, desde el fondo de nuestros corazones: ¡bienvenido!
Me complace ver aquí, en este recinto, representantes de países árabes, la mayoría de los cuales no tienen relaciones diplomáticas con Israel. Ya llegó, también, ese tiempo. No pueden continuar manteniéndose, de la misma manera, indefinidamente y mirando cómo pasa el tren de la paz. Es tiempo de poner fin al boicot y la alienación hacia el Estado de Israel. No les ayuda a ustedes y nos hiere a nosotros. Conozco la iniciativa de paz árabe, que nació en Riyadh, fue afirmada en Beirut y ratificada, otra vez, Riyadh. La valoro.
Reconozco su importancia y aprecio su contribución. No tengo duda que será tenida en cuenta en el curso de las negociaciones entre nosotros y el liderazgo palestino.
El mundo árabe, aquí representado por muchos países, es un componente vital en la creación de una nueva realidad en Medio Oriente. La paz firmada entre Israel y Egipto, y con posterioridad entre Israel y el Reino Hashemita de Jordania, es una base sólida de estabilidad y esperanza en nuestra región. Esta paz es un ejemplo de un modelo de relaciones que podemos construir con los estados árabes. Mis estrechas relaciones con el Presidente egipcio Hosni Mubarak y Su Majestad el Rey Abullah II de Jordania son extremadamente significativas para el proceso de construcción de confianza y entendimiento con los estados árabes.
Sin embargo, esos vinculos, por importantes que puedan ser, no son suficientes. Aspiramos a la normalización con aquellos estados árabes que se abstienen, tanto como nosotros, del fundamentalismo radical y frenético, y que buscan otorgar - a sus ciudadanos- un mundo más moderado, tolerante y próspero. Este es nuestro interés común . Hay mucho que nos separa -memoria y una herencia que no emanan de las mismas raíces históricas, diferentes modos de vida, diversas costumbres y nuestro emocional y espontáneo sentido de solidaridad con nuestros países árabes vecinos, que fueron largamente atrapados en este viejo y sangriento conflicto entre nosotros.
Sin embargo. hay mucho que nos une. Saben, como nosotros, que el fanatismo religioso y el extremismo nacional son una receta perfecta para la inestabilidad doméstica, la violencia, la amargura y fundamentalmente la desintegración de toda creación de coexistencia basada en la tolerancia y la aceptación mutua.
Somos un país pequeño con una minúscula población, aunque rico en buenas intenciones y con una habilidad importante para crear una sociedad que lleva a la prosperidad, el crecimiento, el desarrollo económico y la estabilidad para toda la región.
Tenemos expectativas de un nuevo horizonte político, una esperanza renovada, no sólo para palestinos e israelíes sino, también, junto a ustedes, para toda la región. Y, eso, puede venir desde aquí, desde Annapolis.
Honorable Presidente de Estados Unidos,
Mi colega Mahmoud Abbas,
Distinguidos invitados,
Hace casi dos años, bajo muy tristes circunstancias, el Primer Ministro de Israel Ariel Sharon está imposibilitado de llevar la pesada responsabilidad de conducir el Estado de Israel. Y, esa responsabilidad, me fue delegada- primero, como resultado de los procedimientos formales y después sobre la base de una elección, acorde al sistema democrático de gobierno de Israel.
Antes de mi elección declaré que el deseo, de mi corazón y el de mi pueblo, era alcanzar la paz, en primer lugar con el pueblo palestino. Esto es lo que creía entonces y es en lo que continúo creyendo.
Los últimos dos años fueron difíciles para todos nosotros. Las penas no se aliviaron, las organizaciones terroristas no se debilitaron, los enemigos de la paz no desaparecieron y estamos esperando, con ansiedad, el regreso de nuestros hijos desaparecidos y cautivos, capturados por las organizaciones terroristas. Anhelo el día cuando pueda ver a Gilad, a Eldad y a Udi de vuelta con sus familias, y no vacilaré en realizar todos los esfuerzos por lograr su liberación.
Creo que no hay otro camino que la paz. Creo que no hay ninguna otra solución que la de dos estados nacionales para dos pueblos. Creo que no hay otro camino que no involucre un doloroso compromiso para ustedes, palestinos, y para nosotros, israelíes. Quiero agradecer al Señor Presidente George Bush, aliado en el sendero de la paz, por su deseo de colaborar en el histórico proceso de paz y reconciliación entre nosotros y nuestros vecinos.
Creo que es tiempo. Estamos listos. Los invito, mi amigo Mahmoud Abbas, y a su pueblo, a unirse en este largo, tormentoso y complejo camino, para el cual no hay sustituto.
Juntos comenzaremos. Juntos llegaremos.