Declaración de la Embajadora Gabriela Shalev en la Asamblea General de Naciones Unidas
Informe del Consejo de Derechos Humanos (Agenda Ítem 64)
4 de noviembre, 2009
Para comenzar, Sr. Presidente, deseo transmitir mis condolencias, de parte del gobierno y del pueblo de Israel, a las víctimas más recientes del terrorismo. Nuestros pensamientos están con los-más de 150 inocentes hombres, mujeres y niños, salvajemente muertos en Bagdad por terroristas suicidas.
Nuestro pesar está con las más de 100 víctimas de los brutales ataques terroristas en Peshawar y Rawalpindi (Pakistán).
Nuestro dolor está con las familias de los seis empleados de Naciones Unidas, que trabajan en nombre de la paz, y que resultaron asesinados por terroristas en Kabul.
No olvidaremos a las víctimas del terrorismo en Nueva York, Washington, Londres, Madrid, Bali, Lockerbie, Riyadh, Amman, Mindanao, Estambul, Nairobi, Jerusalén, Tel Aviv, Sinaí, Buenos Aires, Mumbai, Beslan, Islamabad, Algeria y tantos otros que soportaron el mal del terrorismo.
El terrorismo priva a la gente de su derecho humano más básico: el derecho a la vida.
Los Estados no sólo tienen el derecho sino el deber de perseguir a aquellos que participan en las bárbaras tácticas del terrorismo. Los Estados – miembros de esta Organización – que auspician al terrorismo, que, de manera activa, participan en actividades (tales como contrabando de armas, municiones y terroristas a través del mar y tierra), deben ser responsabilizados ante la comunidad internacional.
Aun hoy, Sr. Presidente, más que confrontar al terrorismo, la Asamblea General elige, otra vez, desprenderse de la realidad. El debate de hoy no es genuino ni sincero. Antes que discutir cómo frenar mejor a los grupos terroristas que deliberadamente apuntan hacia civiles, este Organismo lanza otra campaña contra las víctimas del terrorismo, el pueblo de Israel.
El informe, que está ante ustedes, fue concebido con odio y realizado con pecado. Desde su concepción, por parte de un mandato unilateral, la misión de investigación en Gaza fue un organismo politizado, con conclusiones pre-determinadas.
Es el producto del Consejo de Derechos Humanos en Ginebra, un organismo cuya obsesión con Israel lo llevó a aprobar más resoluciones contra Israel que sobre todos los demás estados-miembro de Naciones Unidas juntos. Ese mismo Consejo de Derechos Humanos rechazó toda investigación respecto a los disparos constantes, durante ocho años, de 12.000 misiles y morteros de Hamas, en ciudades y poblados en Israel.
Los derechos humanos básicos de cerca de un millón de ciudadanos israelíes no importaban entonces. ¿Deberíamos creer que, la última encarnación del Consejo, sea honesta, objetiva y justa?
Cínicas maniobras políticas -no principios- llevaron al Consejo de Derechos Humanos a exportar su informe a Nueva York. Pero, sus defectos, que tiene ustedes delante, no son, solo, de procedimiento. Está contaminado, de manera irreparable; se desvía tanto del hecho como de la ley.
El mismo Juez Goldstone reconoció, de modo publico, que si esa misión de investigación hubiera sido una indagación judicial, miembros de su equipo hubieran sido descalificados por la descarada tendencia contra Israel.
Sin embargo, el informe plantea resoluciones judiciales dogmáticas, de mal procedimiento criminal, en ausencia de información crucial. Realiza explosivos cargos contra Israel, a pesar que, la evidencia provista para apoyar tales acusaciones, no está, como mucho, corroboradas y, peor aun, son falsas. En ciertos casos, el informe extrae conclusiones basadas en la ausencia de evidencia. En otros, las meras opiniones del autor sirven como evidencia. Una y otra vez, invierte extensos esfuerzos, sin precedentes, de Israel para salvar vidas civiles afirmando, como prueba, que todas las pérdidas civiles fueron deliberadas.
Esta no es una investigación honesta.
Pero no es todo.
El mismo Juez Goldstone admitió que, la Misión, seleccionó, de manera discrecional, los incidentes, de manera tal de evadir los complejos dilemas de las desafiantes amenazas en áreas civiles. El informe ignora la realidad de la actividad terrorista y la complejidad de los desafíos militares en combatir terroristas en guerras urbanas. Ignora la irrefrenable evidencia que, Hamas, funcionaba de manera intencional, desde áreas densamente pobladas y en el interior de hospitales y mezquitas, y estructuras civiles con trampas.
El informe no hace referencia al reclutamiento y la explotación de civiles (por parte de Hamas) y su uso como escudos humanos. El informe socava toda democracia que se defiende contra ataques terroristas. Reconoce que, el reino de la ley, será reemplazado por el del terrorismo.
Pero no es todo.
El informe desestima el sistema legal independiente de Israel, del cual soy miembro orgullosa. Desprecia el extenso proceso de investigaciones criminales por las acusaciones de mala conducta de parte de fuerzas armadas israelíes. De esa manera cuestiona, con efectividad, los procedimientos de investigación interna de las fuerzas armadas de los Estados más democráticos.
Sr. Presidente,
Israel se compromete a actuar de acuerdo con la ley internacional.
Las reglas del conflicto armado son parte del entrenamiento de todo soldado israelí.
Israel se compromete a investigar toda acusación de mala conducta de sus fuerzas. Esos compromisos derivan de nuestros valores eternos y de nuestro deseo de paz.
Sr. Presidente,
Israel cree en una visión de paz.
Creemos en la visión establecida, por Naciones Unidas, de dos Estados para dos pueblos.
Pero, el informe Goldstone y su debate no promueven la paz. Por el contrario: dañan todo esfuerzo de revitalizar las negociaciones en nuestra región y niegan el derecho a la auto-defensa de Israel.
Si a Israel le es solicitado realizar concesiones de paz, debemos tener garantizado el derecho a la auto-defensa.
Debemos saber que los terroristas no tendrán impunidad si convierten nuestros gestos de paz en armas de guerra.
Gracias, Sr. Presidente.