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Yom Hashoa: Discurso del Presidente Shimon Peres

20 abr 2009

 

YOM HASHOA
DISCURSO DEL PRESIDENTE SHIMON PERES EN LA CEREMONIA DE APERTURA DEL DÍA DE RECORDACIÓN DE LOS MÁRTIRES Y HÉROES DEL HOLOCAUSTO - 2009

Primer Ministro Binyamin Netanyahu,
Vocero de la Knesset Reuven Rivlin,
Presidente de la Corte Suprema de Justicia, Dorit Beinish,
Rabinos Principales, Rabbi Shlomo Moshe Amar y Rabbi Yona Metzger,
Presidente del Consejo de Yad Vashem, Rabbi Israel Meir Lau,
Presidente de la Junta Directiva de Yad Vashem, Sr. Avner Shalev,
Sobrevivientes del Holocausto,
Justos entre las Naciones,

Distinguidos invitados,

6 millones de judíos fueron asesinados por los nazis y sus colaboradores, simplemente porque eran judíos.

1,5 millón de niños fueron aniquilados, sólo porque pertenecían al pueblo judío. Se llamaban Moshe, Abraham, Rivka y Leah;  incluso aun antes de  entender el significado de sus nombres. Uno de cada 3 de nuestro pueblo fue masacrado  durante aquellos 6    años.

Cada víctima tiene un nombre.

Cada judío asesinado tenía un futuro.

El genocidio cometido por los asesinos nazis fue un crimen histórico de proporciones y sin precedentes.

El Estado de Israel es nuestra victoria histórica sobre la bestia nazi que removió cielo y tierra en Europa. La introspección sobre  el Holocausto no finalizó  y nunca debería terminar , ni por nosotros ni por el mundo en general. El nazismo fue derrotado, pero el antisemitismo aún vive,  y bien. El gas se disipó  pero el veneno permanece. Aun existen negadores del Holocausto e impetuosas cabezas rapados en el mundo, aquellos quienes cargan con la clase de odio visceral que lleva al asesinato racista.

La Conferencia, que se inaugura hoy en Ginebra, constituye una aceptación del racismo, más que la lucha contra el mismo  y,  su principal orador , es Ahmadinejad, que llama a la aniquilación de Israel y niega el Holocausto.

Están, también, los Justos entre las Naciones: nunca olvidaremos su heroísmo.

La crítica al Estado Judío está matizada con el escalofriante antisemitismo. Entre aquellos que colaboraron con los nazis y los  que apoyaron y dejaron que el Holocausto ocurriera, están los que critican que,  un Estado,  se levantase para dar  refugio a los sobrevivientes del Holocausto.

El único Estado que evitará otro Holocausto.

El antisemitismo no es una enfermedad judía, y su cura les incumbe a aquellos que lo perpetran.

Es difícil alcanzar a comprender por qué déspotas, tales como el nazi Hitler, el bolchevique Stalin  y el persa Ahmedinejad eligen a los judíos como  objetivo principal de su odio,  locura y violencia. Tal vez apuntan hacia el pueblo judío por su poder espiritual- una nación pobre en posesiones materiales aunque rica en valores- ya que el que está infectado de  megalomanía teme el poder del espíritu. Los judíos no adoran a ídolos o autoridad, y su D´s dio a la humanidad su conciencia. Fuimos los primeros en creer que, cada persona,  es creada a imagen de D´s, y recibimos la orden de santificar la vida,  evitar el asesinato y la discriminación.

Aprendimos  que nuestra herencia espiritual depende de la seguridad física. Un pueblo que perdió un tercio de sus miembros, un tercio de sus niños en el Holocausto, no olvida y no puede ser tomado desprevenido.

Por lo tanto, la  primera lección que aprendimos del Holocausto  fue la necesidad de establecer, de inmediato,  un Hogar Nacional judío- un Estado judío. Sin el mismo, los sobrevivientes habrían estado sin hogar  y sus vidas hubieran permanecido expuestas y libradas a la destrucción. El Estado de Israel no es, solo,  el escudo protector de los judíos, sino un ideal de importancia histórica: ser una nación con un mensaje moral.

La existencia y herencia están inextricablemente unidas. Nunca pedimos, a otras naciones, que nos defendieran, y tomamos la decisión que, el conflicto espiritual, no nos dividiera.

No permitiremos  que,  la memoria del Holocausto,  se reduzca, y debemos asegurar que sus portadores no disminuyan en número. El Estado judío debe asegurar la continuidad del pueblo judío, porque nuestro pueblo tiene sólo un país. Nuestros patriarcas dieron, hace 3000 años,  al mundo los Diez Mandamientos y aun no hay necesidad de una versión actualizada.

La grandeza del pueblo judío deriva del poder de su espíritu.

Israel debe ser ejemplo para sus niños, y  fuente de orgullo para aquellos judíos que no viven aquí. El pueblo judío ayudó a establecer el Estado, y el Estado debe, ahora, ayudar a su pueblo; preservar su identidad, dar a sus hijos una educación judía, y permitir a los judíos  que sus descendientes permanezcan siendo judíos.

Las FDI  dieron  seguridad al Estado de Israel, cuyas almas están sedientas de paz. Según la visión de Israel  la paz no es sólo una cuestión de sabiduría política, sino un imperativo judío fundamental.

Nunca nos propusimos conquistar. No corremos hacia la dominación. Rechazamos la señoría, combatimos la discriminación, protestamos contra la esclavitud, prohibimos la violencia. Creemos en la preeminencia del hombre, y rezamos por el Tikun Olam (Corrección del Mundo) y la paz mundial.

Fuimos golpeados no sólo por el horror, sin precedentes,  del Holocausto, sino también por la fortaleza extraordinaria de nuestro pueblo. Esta es  una lección para el futuro: combinar  fe y poder.

Ser un pueblo justo en un mundo justo.

Quien quiera intentar quebrar nuestro espíritu, aprenderá que ese  aliento no puede ser extinguido. Aunque nuestro barco sea angosto, hay un poderoso viento que sopla a través de sus velas.

El Holocausto estará, siempre, en nuestros corazones y nos damos cuenta de que es mucho el trabajo por delante: construir un Estado que sea digno del sacrificio de nuestros antepasados y una respuesta a las plegarias de sus hijos.

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