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Actividad interconfesional en Israel

20 Apr 2009

 

Robin Twite

Antecedentes

La búsqueda de un entendimiento entre distintas religiones es un fenómeno relativamente reciente. En todas las épocas hubo hombres y mujeres que comprendieron la necesidad de respetar a los adeptos de otras confesiones y aprender de ellos. Más frecuentes,  empero, fueron actitudes tales como la de los cruzados frente a judíos y musulmanes; la de los misioneros cristianos, horrorizados ante los ritos hinduistas o animistas; la de los brahmanes de la India, que temían contaminarse por el mero contacto con la sombra de una persona de otra casta u otra religión; la de los musulmanes, llamando a la guerra santa contra los infieles; o la cólera de los judíos ortodoxos ante el fenómeno de los matrimonios mixtos entre judíos y gentiles. En la historia de la humanidad, las creencias religiosas han obrado con frecuencia más como fuerza divisoria que como factor de aproximación.
 
El movimiento interconfesional internacional, que cuenta unos cien años de existencia, es una reacción contra la sensación de que toda religión lleva siempre en sí el germen de la discordia. Debe su origen a la percepción por parte de algunos dirigentes religiosos de que todas las grandes religiones contienen algunas enseñanzas básicas positivas sobre la naturaleza humana y sus relaciones con la divinidad y que es preferible buscar tales paralelismos que pretender ser único poseedor de las verdades últimas. Al tocar el siglo XX a su fin, fueron cada vez más los que empezaron a concordar con Swami Vivekananda, un pionero del movimiento interconfesional, que declaraba en 1893: "El cristiano no debe volverse hindú o budista, ni el hindú o el budista deben hacerse cristianos, sino que cada uno debe asimilar el espíritu de los otros, preservando su individualidad y creciendo conforme a su propia ley de crecimiento ... la santidad, la pureza y la caridad no son patrimonio exclusivo de ninguna iglesia del mundo, cada sistema ha engendrado hombres y mujeres del más eminente carácter".

La búsqueda de un terreno de entendimiento entre las religiones tiene importancia no sólo para cada individuo sino también para el conjunto de la sociedad, sobre todo en regiones donde los conflictos son endémicos. Según las palabras del entonces director de la Iniciativa de Paz de Nairobi, profesor Hizkias Assefa: "Hay conceptos y valores coincidentes en muchas creencias y religiones, que pueden reforzarse mutuamente en la búsqueda de la paz en nuestro turbado mundo".

Sin embargo, el progreso de este movimiento de comprensión y tolerancia ha sufrido un serio retroceso en el primer decenio del siglo XXI. La destrucción de las "torres gemelas" de Nueva York por extremistas musulmanes señaló el comienzo de un período en el cual política y religión se han vinculado globalmente mucho más que en los siglos precedentes. El resentimiento de los desfavorecidos, muchos de ellos musulmanes, ante el predominio de los Estados Unidos y Europa se ha combinado con el repunte del fundamentalismo religioso, tanto de musulmanes como de cristianos, para crear una situación tal que muchos en ambas comunidades ven en "el otro" un enemigo. El conflicto aparentemente insoluble entre israelíes y palestinos, que enfrenta a judíos con musulmanes, junto con la intervención americana y británica en conflictos en países musulmanes – Irak y Afganistán – contribuyen a enturbiar el ambiente.

Esta evolución negativa ha repercutido directamente en el Oriente Medio, que se encuentra sumido en la tormenta. Antes,de ello, la historia de la región durante los cien últimos años al menos, se distinguió por un avance de la tolerancia y la comprensión entre religiones. En Israel, el intenso apego de las tres religiones monoteístas a una región que cada una de ellas ha regido en cierta ´época y en la que viven hoy adeptos de todas ellas, hace que éste sea un país difícil para quienes creen en una actividad interconfesional.

La aparición a nivel internacional de dos tendencias bien diferenciadas entre los dirigentes religiosos y sus seguidores ha sido el tema central de discusión en encuentros interconfesionales tales como las asambleas mundiales cuatrienales de la ONG internacional "Religiones para la Paz" (conocida antes como  Conferencia Mundial pro Religión y Paz). Una de esas tendencias se conoce generalmente como " interconfesional", entendiendo por ello el reconocimiento de la validez de todas las grandes tradiciones religiosas y de la necesidad de respetarse mutuamente y cooperar entre ellas. Los aspectos positivos de este enfoque son un esfuerzo sincero por conocer las creencias de los demás y por aceptar su sinceridad. A ello se une el deseo de encauzar los aspectos más tolerantes de la fe hacia la promoción de la paz y la armonía entre los pueblos y. las naciones. Según se ha dicho, esta tendencia ganó terreno durante el siglo pasado.

La otra tendencia, el "fundamentalismo" refleja el deseo de retornar a las creencias básicas definidas por los fundadores de cada religión y a una interpretación literal de los libros sagrados. Ese retorno a las creencias básicas tiende a despertar una gran confianza entre los creyentes, que sienten que han encontrado refugio en la seguridad de la fe.

Ambos enfoques tienen sus puntos débiles. El enfoque interconfesional puede llevar  fácilmente a un idealismo vago, el cual diluye la esencia de cada sistema religioso y tiende a reflejar una buena voluntad generalizada y difusa, que en último término no es ni efectiva ni convincente. En cambio, el fundamentalismo está claramente definido, pero conlleva a menudo un fuerte elemento de intolerancia. La seguridad que sienten los creyentes se manifiesta con frecuencia en una actitud de hostilidad hacia quienes profesan otras creencias. Ello se aprecia claramente en los acontecimientos posteriores al 11 de septiembre de 2001, que según ya se ha mencionado, causaron un cambio claro de actitud entre los fieles de las tres religiones monoteístas, dificultando aun más la labor de quienes aspiran a promover la tolerancia y la comprensión.

Interconfesionalidad en Israel - una situación compleja
La cuestión de las relaciones interconfesionales en Israel se ve complicada por la necesidad de considerar las relaciones cotidianas entre las diferentes religiones no sólo en el país mismo sino también desde una perspectiva global. Para cristianos, judíos y  musulmanes, Jerusalén, capital de Israel, es una ciudad santa, y la tierra entre el Jordán y el Mediterráneo es sagrada. Para los judíos, esta tierra es su patria ancestral y el centro de su fe; para los cristianos, es un lugar de peregrinación, donde Jesús vivió y murió; para los musulmanes, según indica un informe de la UNESCO "la suprema importancia de Jerusalén como ‘tercera en santidad’ (después de La Meca y Medina) no suscita la más mínima duda".

Israel tiene una significación profunda para los adeptos de las tres religiones. Cada una posee santuarios y lugares de culto que venera, y está en pugna constante por mantener su hegemonía y control sobre ellos. Eso hace que las relaciones entre las tres religiones en Israel trasciendan el marco de lo puramente regional, y confiere también una  dimensión especial a los vínculos de cada comunidad con sus correligionarios del extranjero, y a los movimientos espirituales, intelectuales y teológicos de las comunidades religiosas mundiales a las cuales pertenecen.

Entre los creyentes de todas las religiones en Israel, hay quienes abogan por una armonía interconfesional, pero también hay quienes interpretan su fe como  obediencia literal a las Escrituras. Estos últimos suelen ser hostiles a creencias distintas de las suyas, lo que se debe más de una vez al desconocimiento de las mismas, pero aun más a fervor religioso, fácilmente manipulable por dirigentes religiosos que no tienen paciencia con la tolerancia.

Quienes propugnan en Israel el entendimiento entre las religiones obtienen el apoyo intelectual de representantes de actividades interconfesionales en el mundo, como "Religiones para la Paz", y de organizaciones consagradas a promover la comprensión entre diferentes creencias, como el Consejo de Cristianos y Judíos, y también de quienes, dentro de las religiones establecidas, creen en tal entendimiento. Con los años han logrado obtener apoyo financiero de fundaciones internacionales.

Los que se inclinan por una postura fundamentalista reciben aliento de fuerzas  exteriores, tales como los protestantes pentecostales de Estados Unidos, cuyo apoyo a Israel e indiferencia a las creencias musulmanas es inquebrantable, o los maestros de las grandes escuelas islámicas del Oriente Medio, algunos de los cuales ofrecen una base teológica para el concepto de la guerra santa.

En este campo, como en muchos otros, Israel es un microcosmo del escenario mundial, en el cual la tolerancia se enfrenta al fanatismo, en una batalla que se libra sobre una multitud de cuestiones y de modos muy diversos. Lógicamente, las relaciones interconfesionales en Israel han sido afectadas negativamente por los acontecimientos en el mundo desde el año 2001.

El filósofo Martín Buber, cuando se estableció en Israel en 1938, empezó a profesar una modalidad de humanismo judío. Esta filosofía exhortaba al mutuo reconocimiento entre las religiones, fundándose en la percepción de que existían algunos conceptos básicos comunes al judaísmo, al islamismo y al cristianismo, y de hecho a todas las grandes religiones. No es sorprendente, quizás, que Buber suscitara una fuerte hostilidad en los círculos judíos ortodoxos, y nunca logró en Israel el alto grado de aprecio y reconocimiento que había alcanzado en Europa antes de la segunda guerra mundial.

Buber consiguió, no obstante, rodearse de un grupo que compartía su Weltanschauung –su visión del mundo– y que incluía cristianos, judíos y musulmanes. Con su ayuda fundó la Asociación Interconfesional de Israel, cuyo objetivo era promover mejores relaciones entre los fieles de las tres religiones en Israel. En los cuarenta últimos años la Asociación ha organizado una variedad de seminarios y conferencias, ha publicado libros y folletos, y ha participado en las actividades de organismos internacionales dedicados a fomentar la comprensión a nivel mundial entre representantes de distintas religiones.

Sin embargo, Buber y sus seguidores sólo han tenido una influencia limitada en el país. Ello puede deberse a varias razones. Una es que el clima político de Israel nunca fue favorable a sus ideas. Muchos israelíes o sus familiares sufrieron en Europa, durante el Holocausto, de atrocidades perpetradas por cristianos. Otros, con menos dolor pero no sin pena, perdieron todos sus bienes al venir a Israel, en los años cincuenta, de varios países del Oriente Medio. Los sentimientos de hostilidad hacia el Islam entre los israelíes se vieron exacerbados por el hecho de que en las guerras de Israel, sus adversarios fueron siempre los países vecinos, de población esencialmente musulmana, aun si sus gobiernos eran de carácter laico. Los acontecimientos de los diez últimos años no han contribuido suavizar esta hostilidad. .

Además, Israel siempre ha tenido gobiernos básicamente laicos, ya sea socialistas relativamente indiferentes a la religión de cualquier matiz, o nacionalistas para quienes la religión judía era en esencia una herramienta de construcción estatal, un medio para  crear la identidad nacional. Ambos bandos tendían a percibir a los cristianos y  musulmanes de Israel, casi todos ellos árabes, como políticamente poco dignos de  confianza. Si bien las autoridades han mantenido una actitud correcta hacia las instituciones religiosas y han protegido los lugares santos cristianos y musulmanes en completa conformidad con el régimen del statu quo establecido por los otomanos a fines del siglo XIX, han mostrado poco interés por promover una mejor comprensión de estas minorías por parte de la mayoría judía.

La mayoría de los judíos ultraortodoxos y los religiosos nacionales (el diez o el quince por ciento, según las fuente, de la población judía total) tienden a considerar las otras religiones como entidades hostiles, que deben combatirse a todos los niveles. Muchos de ellos se oponen activamente a toda tentativa de diálogo con quienes profesan otra religión. En esta comunidad los dirigentes junto con sus congregaciones se han mostrado indiferentes, o incluso hostiles, a la comprensión interconfesional.

La gran mayoría de los judíos de Israel, tanto los ortodoxos estrictos, como los moderados e incluso los laicos tienen escaso conocimiento de las creencias básicas de otras confesiones. La mayor parte de los jóvenes de Israel nunca han tenido contacto social alguno con un cristiano o un musulmán.

La actitud de los musulmanes tampoco ha sido positiva. Los países árabes que  invadieron Israel en 1948, sufrieron una derrota, y los árabes que no se convirtieron en refugiados se encontraron formando una minoría dentro del Estado judío. Desde entonces han aprendido hebreo y se han adaptado de manera notable a la vida en una sociedad predominantemente judía, pero sus dirigentes o bien se han mostrado activamente hostiles a toda religión, como es el caso con los comunistas, o bien, conforme ha sucedido con los dirigentes religiosos, tienden a ver en el judaísmo la religión de sus opresores, que según su percepción, los ha convertido en ciudadanos de segunda clase.

Los musulmanes en general han mostrado poco interés por la actividad interconfesional, y su conocimiento de las creencias y actitudes de sus vecinos es aún menor, si cabe, que el de los cristianos y judíos. Algunos individuos destacados han participado en las actividades interconfesionales, pero su número es pequeño y recientemente sus esfuerzos han quedado oscurecidos por la identificación, en la mente de muchos judíos de Israel, del Islam con la violencia promovida en el Líbano por Hezbolla y en Gaza por Hamás, el movimiento musulmán militante que encabeza la oposición al proceso de paz.

Los árabes cristianos que viven en Israel (menos del 3 por ciento de la población), y que en su mayoría pertenecen a la iglesia griega ortodoxa o a la griega católica, se han mostrado también vacilantes con respecto a las iniciativas interconfesionales. Han considerado su implicación como potencialmente peligrosa para su situación de debilidad frente a los musulmanes. Por ello han procurado eludir todo lo que podría haber inducido a los árabes musulmanes a atribuirles un intento de diálogo con representantes del judaísmo.

En años recientes, la oposición a ciertos aspectos de la política del gobierno israelí ha promovido un acercamiento entre cristianos y musulmanes. Cabe preguntarse, sin embargo, hasta qué punto han cambiado sus actitudes básicas mutuas. Los cristianos temen a los musulmanes y en especial al fundamentalismo musulmán, en tanto que los musulmanes suelen considerar a los cristianos como no del todo confiables, y en cierto modo demasiado cercanos al mundo occidental.

Cristianos, judíos y musulmanes tienden a encerrarse dentro de sus propias culturas y sociedades, y por lo tanto saben muy poco de sus creencias respectivas. Ello se refleja en los programas de estudio de las escuelas tanto judías como árabes. No será exagerado decir que el Ministerio de Educación de Israel no ha invertido grandes esfuerzos en la revisión de los currículos con miras a informar a los jóvenes de religiones distintas de la suya.


Contribuciones positivas a la actividad interconfesional

A pesar de todo, el estímulo a la actividad interconfesional ha llegado de varias direcciones. A la cabeza andan representantes de la iglesia católica y de diversas  denominaciones protestantes del exterior, que residen en la Tierra Santa por motivos religiosos: ayuda al mantenimiento de los Santos Lugares, tareas diversas relacionadas con la atención a los peregrinos, y actividades educativas y sociales, orientadas principalmente a la población árabe..

Los católicos pertenecen a una iglesia que en los últimos 50 años se ha alejado de su posición anterior de antagonismo tenaz hacia otras denominaciones cristianas, hacia la comunidad judía y hacia otras creencias. En 1962, la Iglesia, bajo el liderazgo del Papa Juan XXIII, eliminó de la liturgia expresiones con resonancias antisemitas e inició una nueva relación entre el judaísmo y el cristianismo. Por las mismas fechas , las relaciones de la iglesia católica con las iglesias anglicana y luterana mejoraron apreciablemente y se entabló un diálogo entre las iglesias orientales: griegos ortodoxos, armenios, coptos de Egipto y otros.

La decisión de establecer un instituto ecuménico en Tantur, junto a Belén, adoptada en 1964, vino a simbolizar el deseo de la Iglesia católica de ampliar su nueva política de acercamiento a la Tierra Santa. Tantur acoge a clérigos cristianos que desean familiarizarse con la Tierra de la Biblia. Los cursos que se imparten incluyen material destinado a facilitar la comprensión del judaísmo y del islamismo, y el claustro docente comprende judíos y musulmanes. No menos importante, Tantur sirve de lugar de encuentro para israelíes y palestinos que quieren compartir sus experiencias o debatir sus divergencias con un espíritu creativo. Tantur ofrece una atmósfera de diálogo segura.

Un destacado religioso católico, el difunto padre Bruno Hussar, se adentró en un territorio inexplorado cuando ayudó en 1980 a fundar la aldea Neve Shalom cerca de Jerusalén, en la cual conviven familias árabes y judías y que posee un centro de meditación interconfesional.

Otras iglesias cristianas cuyo liderazgo radica en Europa y Norteamérica también se han mostrado ansiosas de promover el diálogo interconfesional en Israel. La Iglesia Presbiteriana Escocesa, las Iglesias Protestantes Suecas, la Iglesia Reformada Holandesa y otras, han desarrollado actividades destinadas a alentar la comprensión interconfesional.

Las iniciativas más exitosas quizás sean las emprendidas en las zonas rurales de Galilea, cuya población comprende cristianos, musulmanes y judíos. Entre ellas está la de Elías Jabbour, cuya "Casa de la Esperanza", en la pequeña población de Shfaram, no lejos de Haifa, ofrece actividades destinadas a promover la comunicación y el diálogo entre las comunidades cristiana, musulmana y judía. El Padre Elías Chacour, el radical y enérgico sacerdote griego católico del pueblo de Iblín, en la Galilea occidental, ha fundado una escuela secundaria exitosa cuyo alumnado comprende cristianos y  musulmanes, y que cuenta varios judíos en su cuerpo docente. 

Otras fuerzas positivas desde el punto de vista interconfesional son las de las corrientes conservadora y reformista dentro del judaísmo, que si bien tropiezan con grandes dificultades para establecerse en Israel en vista de la oposición del judaísmo ortodoxo, se muestran más dispuestas a dialogar con otras religiones. Algunos rabinos ortodoxos también han actuado en este sentido, entre ellos David Rosén, ex gran rabino de Irlanda,  que ocupa actualmente una posición central en el diálogo interconfesional, en su calidad de director internacional de asuntos religiosos del Comité Judío Americano y copresidente de  "Religiones para la Paz", además de participar activamente en numerosas iniciativas dedicadas a la comprensión religiosa en todo el mundo. El rabino Rosen desempeñó un papel destacado en las negociaciones con el Vaticano que culminaron con el reconocimiento de Israel por la Santa Sede en 1993 y el establecimiento de una comisión bilateral de diálogo entre el Gran Rabinato de Israel y la Santa Sede, un paso sumamente importante que permite a judíos y católicos reunirse periódicamente para debatir sus relaciones y hacer frente a los problemas que plantea la mutua comprensión entre ellos.

Merece destacarse que el Ministerio de Relaciones Exteriores de Israel ha prestado un amplio apoyo a las actividades interconfesionales. Ello puede considerarse como un indicador de la orientación básica de la política exterior de Israel, que aspira a promover la comprensión interconfesional, con el propósito de mejorar las relaciones con el mundo en general y entre las distintas comunidades de Israel en particular (aunque no necesariamente dedique recursos propios a tales empeños).

Los esfuerzos de la Asociación Interconfesional de Israel, ya mencionada, se han vigorizado con la fundación del Consejo Israelí de Coordinación Interreligiosa (ICCI) en 1991.Éste aspira a promover la comprensión interconfesional y la armonía cultural en Israel. Funciona como centro de intercambio de información sobre las actividades interconfesionales en Israel y en el extranjero y promueve iniciativas tendientes a poner en contacto a quienes aspiran a una mejor comprensión de sus creencias respectivas. Últimamente el ICCI pone énfasis en la labor en círculos juveniles y femeninos.

Entre las cerca de 60 organizaciones que participan en el ICCI, algunas, como la Fraternidad Teológica Ecuménica, un grupo de teólogos y eclesiásticos de orientación académica, se interesan principalmente por el diálogo judeo-cristiano, en tanto que otras, como el Centro de Seminarios para el Pluralismo, en el kibutz Malkía, se dedican a promover las relaciones a nivel comunitario. Algunos grupos, como las Hermanas de Sión, una orden católica fundada a mediados del siglo XIX para promover el entendimiento entre cristianos y judíos, tienen una larga historia de actuación interconfesional, mientras que otros apenas están dando sus primeros pasos. Es interesante observar que pocas organizaciones afiliadas al ICCI son específicamente musulmanas.

Particularmente activo se ha mostrado el Centro Jerosolimitano de Relaciones Judeo-Cristianas, que se ha propuesto estrechar las relaciones entre la sociedad judía israelí y las comunidades cristianas del país. Sus actividades se orientan a superar la ignorancia y los estereotipos negativos, promoviendo la comprensión entre los judíos y los árabes cristianos de Israel. Aunque fundado apenas en 2004, unas 4000 personas participaron en sus actividades en 2008.

Otra organización dedicada al acercamiento entre fieles de distintas religiones es la Asociación de Encuentros Interconfesionales, que no ha limitado su actividad a Israel, sino que se ha esforzado por extenderla a localidades palestinas. La Asociación ha organizado una variedad de encuentros con la participación – según su informe anual – de más de cuatro mil personas. En especial se ha esforzado por formar grupos mixtos de mujeres de distintas afiliaciones religiosas

Si bien el diálogo interconfesional en Israel se ha centrado en los 60 últimos años en mejorar las relaciones entre las iglesias cristianas y los judíos, tratando de disipar los malentendidos teológicos entre ellos, últimamente todos los implicados en las actividades interconfesionales en Israel procuran ampliar el diálogo haciendo participar en él a más comunidades cristianas locales, a musulmanes y a representantes de la comunidad judía ortodoxa. Con todo, el progreso en este campo hasta ahora ha sido lento.

Una importante conferencia internacional celebrada en Jerusalén en los años 90 ofreció una demostración positiva del valor del diálogo interconfesional. Unos 600 dirigentes cristianos y judíos se reunieron para debatir los desafíos planteados a la religión por la ciencia y las nuevas corrientes sociales. Cardenales destacados, el Patriarca Latino de Jerusalén (un árabe cristiano), el Arzobispo de Canterbury, obispos de África y Asia, los Grandes Rabinos de Francia y de Sudáfrica, así como rabinos y académicos de Israel, se codearon con científicos y sociólogos de una forma que unos decenios antes habría parecido  inconcebible. La conferencia suscitó cierta oposición en los círculos ortodoxos judíos, pero en general la iniciativa tuvo éxito, aunque su impacto a largo plazo fue limitado.

Lo mismo cabe decir de una reunión dramática celebrada en 2002, que reflejó el reconocimiento por parte de dirigentes religiosos, de la región y de fuera de ella, de que debían participar en la resolución del conflicto entre palestinos e israelíes. Bajo los auspicios del Arzobispo de Canterbury, varios dirigentes religiosos, entre ellos el Gran Rabino sefardita de Israel, el Gran Jeque de la universidad egipcia de Al Azhar, jeques musulmanes destacados de Cisjordania, y los jefes de varios grupos cristianos de Jerusalén y de otros lugares se reunieron en Alejandría. Al término de la reunión firmaron la "Declaración de Alejandría" que exhortó a las partes en conflicto a abstenerse de violencia e instó a los adeptos de las tres religiones a practicar la tolerancia y la comprensión a fin de promover la paz. Sin embargo, no es fácil discernir resultados directos de esta Declaración. Tentativas ulteriores de llevar a cabo reuniones de seguimiento o influir directamente en cuestiones políticas no dieron al parecer resultado alguno. En general los dirigentes religiosos no han jugado un rol significativo en la promoción de la paz, por lo menos a juzgar por lo que informan los medios de comunicación, aunque por supuesto siempre es posible que existan influencias no divulgadas. 

Más recientement tuvo lugar un diálogo significativo bajo los auspicios del Congreso Mundial de Imanes y Rabinos, que en una conferencia celebrada en España en 2006, creó un Comité para la Protección de los Lugares Santos. Uno de sus miembros es el el rabino Cohen, Gran Rabino de Haifa, y otro es el Imán de Gaza, Imad al Falouji. El Congreso ha iniciado también programas educativos destinados a informar a los jóvenes acerca de las enseñanzas de las tres religiones abrahamitas y de su significado para la tolerancia.


Conclusión

Según hemos visto, en la actualidad amplios grupos están prácticamente al margen del diálogo interconfesional: la gran mayoría de los musulmanes (líderes y congregaciones por igual), la mayoría de los rabinos y de las comunidades judías ortodoxas. Las actitudes en relación a las actividades interconfesionales entre las comunidades cristianas locales varían en gran medida pero hay indicios de que sus dirigentes ahora están más al tanto del tema interconfesional y mayor número de cristianos participan en actividades en este campo. Sin embargo sólo están plenamente representados en tales actividades los cristianos "occidentales", que derivan su fuerza de sus contactos fuera de Israel, el ala liberal de la opinión judía y algunos líderes religiosos que tienen una visión más amplia que la de de sus colegas.

Quienes esperan que el diálogo interconfesional transforme las relaciones entre las comunidades en Israel o promueva una paz duradera en la región probablemente adolecen de falta de realismo. La religión en Israel y el Oriente Medio es causa de discordia más que de armonía, lo cual no significa que los esfuerzos  interconfesionales sean mera pérdida de tiempo. El lento y penoso avance hacia el reconocimiento y la comprensión mutuas, que ya ha colmado algunos fosos entre judíos y cristianos y entre varias iglesias cristianas, proseguirá en Israel, pese a los obstáculos y al difícil ambiente político. El auge del fundamentalismo, que refuerza el odio y la suspicacia, confiere mayor urgencia a tales esfuerzos.

La actividad interconfesional en Israel es, como ya se ha mostrado claramente, una actividad circunscrita a minorías. Relativamente pocos israelíes de cualquier religión participan directamente en las actividades de las diferentes organizaciones mencionadas más arriba. Tales actividades se desarrollan mayormente en Jerusalén y en la Galilea por la sencilla razón que allí es donde se concentran la mayoría de las comunidades musulmanas y cristianas. Para poder cambiar esta situación sería necesario que el Gobierno israelí adoptase una actitud más positiva frente a las relaciones interconfesionales y, sobre todo que las diversas organizaciones religiosas involucradas, o bien donantes internacionales, aportaran fondos. La falta de recursos limita mucho los esfuerzos de todas las organizaciones interconfesionales del país e impide establecer centros interconfesionales y promover iniciativas conjuntas patrocinadas por representantes de las tres religiones en los campos de educación y relaciones comunitarias, que ayudarían eficazmente a  fomentar la comprensión en un sector más amplio de la población.

Hay que esperar que la religión sea a largo plazo un medio capaz de promover la compresión y la paz, y no de reforzar los prejuicios y el odio. Según dijo el ex Patriarca Latino de Jerusalén, Michel Sabbah: "Como tres comunidades de la fe abrahamita, cristianos, musulmanes y judíos presenciamos entre algunos adeptos la explotación y manipulación de la religión con miras a estimular el fanatismo en nombre de Dios y a expensas de la persona humana y de las comunidades. El Dios de la santidad, la verdad y el amor universal se sustituye por burdos ídolos modelados a la imagen del mal en nuestro interior. Todos nosotros debemos redescubrir la santidad, la trascendencia de Dios y de su amor, que es nuestro auténtico guía hacia la aceptación y el respeto mutuos en nuestra vida diaria, y hacia la renovación de la faz de nuestra tierra y de Jerusalén nuestra ciudad, madre y patria espiritual de todos los creyentes."

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