ISRAEL MFA
 
Visit of Pope to Israel     Español     Las relaciones diplomáticas Israel-Vaticano

Las relaciones diplomáticas Israel-Vaticano

26 Apr 2009

 

Relaciones diplomáticas plenas y formales entre Israel y la Santa Sede quedaron establecidas en 1993. Les precedieron, durante casi un siglo, contactos y actividad diplomática, ello sin mencionar los casi veinte siglos de relaciones católico-judías que a veces distaron mucho de ser armoniosas. 

1.  El período preestatal

En 1897, cuando la idea sionista empezaba a difundirse por Europa, la autoritativa revista jesuita La Civiltà Cattolica escribió cuatro meses antes de reunirse el primer Congreso sionista en Basilea que para la Iglesia católica la idea de un estado judío en Tierra Santa con Jerusalén como capital y con custodia sobre los Santos Lugares era inadmisible.

Siete años más tarde, en 1904, el Papa Pío X concedió una audiencia al fundador del movimiento sionista, Theodor Herzl, que esperaba obtener el apoyo de la Santa Sede al proyecto sionista.  Pío X rechazó la idea, declarando que la Iglesia no podía reconocer al pueblo judío ni a sus aspiraciones en Palestina, ya que los judíos “no habían reconocido a Nuestro Señor”. Herzl actuaba movido por criterios políticos, en tanto que la respuesta del Papa se basaba en la teología católica.

En los cuatro decenios siguientes, que abarcaron las dos guerras mundiales, los contactos sionistas con jerarcas de la Iglesia, así como las declaraciones oficiales del Vaticano acerca de las aspiraciones sionistas fueron pocas y esporádicas. Sin embargo fueron suficientes para confirmar los elementos básicos constantes de la posición del Vaticano tal como los habían expresado La Civiltà Cattolica y Pío X. La Santa Sede se oponía a un “hogar nacional judío” en Palestina, en especial tal como lo contemplaba la “Declaración Balfour” del 2 de noviembre de 1917. Los Lugares Santos eran un interés vital de la Iglesia y su custodia por los judíos era inaceptable. Su gestión y protección eran temas a debatir entre la Iglesia y las grandes potencias. Una eventual soberanía judía en Tierra Santa suscitaba problemas teológicos.

La resolución 181 de la Asamblea general de la ONU del 29 de noviembre de 1947, que otorgaba a Jerusalén y sus alrededores la condición de “corpus separatum” fue acogida con beneplácito por el Vaticano. La resolución, no obstante, fue rechazada de inmediato por los árabes y a raíz de la guerra que estalló en 1948 la idea de crear un enclave alrededor de Jerusalén quedó en la nada.

En octubre del mismo año, el Papa Pío XII, hondamente perturbado por el violento conflicto en Tierra Santa, emitió la encíclica In Multiplicibus Curis, en la que exhortó a los mediadores a otorgar a Jerusalén y sus suburbios “un carácter internacional” y a asegurar – “con garantías internacionales” – el libre acceso a los Lugares Santos en toda Palestina. En otra encíclica,  Redemptoris Nostra, de abril de 1949, Pío XII pidió justicia para los refugiados palestinos y reiteró el llamamiento a otorgar a los Santos Lugares un “estatus internacional” como la mejor forma de protegerlos.

La posición oficial del Vaticano en esta cuestión, así como en la de los refugiados palestinos, quedó fijada así para los dos decenios siguientes. 

2.  El período postestatal: reconocimiento de facto

En 1948 el balbuceante Estado de Israel estaba ansioso por lograr el reconocimiento de su soberanía y sus ganancias territoriales por la Santa Sede, en vista de la alta estima moral de que ésta gozaba y de la influencia que ejercía, en grado mayor o menor en los gobiernos de algunos países católicos y en más de la mitad de los cristianos del mundo. Por ello, en septiembre Israel envió delegados al Vaticano. Si bien la delegación no alcanzó su objetivo primordial, logró llegar con todo a varios entendimientos acerca de cómo resolver algunos problemas de mutuo interés, en parte por medio de acuerdos bilaterales y en parte por intermedio del nuncio papal en Tierra Santa y el vicario patriarcal en Galilea. Estos entendimientos implicaban un reconocimiento de facto del Estado de Israel por el Vaticano, al cual la Santa Sede se refirió a menudo en sus ulteriores contactos con Israel.

El Vaticano seguía esforzándose por lograr la internacionalización de Jerusalén y de los Lugares Santes. En 1950 promovió en la ONU una tentativa en este sentido, que no prosperó. El Vaticano no reiteró este intento ante las Naciones Unidas, pero no por ello renunció a sus aspiraciones en cuanto a Jerusalén y los Lugares Santos.

Entre tanto los contactos entre Israel y el Vaticano progresaban a vrios niveles. Es de mencionar al respecto que en 1952 el Ministro de Relaciones Exteriores, Moshé Sharet fue recibido por Pío XII, y la Orquesta Filarmónica Israelí dio un concierto en el Vaticano en 1955.  La meta declarada de Israel seguía siendo el establecimiento de relaciones diplomáticas plenas con la Santa Sede. En los años siguientes, varias tentativas de diplomáticos israelíes no tuvieron éxito. La peregrinación de Paulo VI a Tierra Santa en enero de 1964 se llevó a cabo de manera que demostrara de forma patente y dolorosa que la Santa Sede no reconocía a Israel de jure.
 
En 1965 el Concilio Vaticano II promulgó una declaración conocida como Nostra Aetate, que cambió radicalmente las relaciones de la Iglesia con los judíos. Entre otras cosas la declaración señaló que “...los Judíos son todavía muy amados de Dios a causa de sus padres, porque Dios no se arrepiente de sus dones...”. Lo que se hizo en la Pasión de Cristo - agregó la declaración - “ no puede ser imputado ni indistintamente a todos los judíos que entonces vivían, ni a los judíos de hoy.”

Aunque se atenuaron así algunas objeciones teológicas al reconocimiento de Israel de jure, subsitían aún obstáculos políticos de peso. Más allá de las cuestiones de la soberanía de Israel sobre todo su territorio y en particular sobre parte de Jerusalén, la falta de fronteras reconocidas y la cuestión de los Lugares Santos y su protección, el Vaticano seguía preocupado por las necesidades de los católicos locales y por los sufrimientos de los refugiados palestinos. Además, temía una repercusión negativa contra las minorías cristianas de los países árabes y contra el propio Vaticano, en caso de reconocer a Israel de jure. Por el lado israelí, algunos círculos albergaban dudas en cuanto a relaciones plenas con el Vaticano, al ir poniéndose en claro las implicaciones de tal cambio.

La guerra de los Seis Días en 1967 modificó la situación geopolítica de la región. La totalidad de la Tierra Santa al oeste del Jordán, incluidos todos los Lugares Santos cristianos, quedó en manos de Israel, lo que llevó al Vaticano a adoptar una posición pragmática. En una alocución ante cardenales en diciembre de 1967, el Papa Paulo VI reclamó para Jerusalén y los Lugares Santos “un estatus especial, garantizado internacionalmente” (más bien que su internacionalización). Ésta sigue siendo hasta hoy  la posición formal del Vaticano al respecto.  

Al mismo tiempo, proseguían los contactos de alto nivel entre las partes. Paulo VI recibió en 1969 al Ministro de Relaciones Exteriores Abba Eban, en 1973 a la Primera Ministra Golda Meir y en 1978 al Ministro de Exteriores Moshe Dayan. El Primer Ministro Itzhak Shamir fue recibido en audiencia por Juan Pablo II en 1982. En esos y otros encuentros se evocó el tema de las relaciones diplomáticas plenas, pero el Vaticano seguía reticente y aunque Israel procuraba adelantar el asunto, no ejercía una presión excesiva.

Los primeros indicios de un posible cambio de orientación aparecieron en 1978, al ocupar Juan Pablo II el trono pontificio. Los antecedentes del nuevo papa eran muy distintos de los de sus predecesores italianos. De joven había tenido varios amigos judíos en su ciudad natal de Wadowice y había presenciado también los horrores del Holocausto. Él mismo había tenido que efectuar trabajos forzosos bajo la ocupación nazi de Polonia y simpatizaba con las aspiraciones nacionales de los polacos y otros pueblos. En 1984 se refirió a la seguridad y tranquilidad del pueblo judío del Estado de Israel, como “prerrogativa de toda nación”. En septiembre de 1987, hablando ante líderes judíos en Miami, reconoció el derecho del pueblo judío a una patria, “como la tiene cualquier nación civilizada, conforme a la ley internacional (lo que tratamos de conseguir), para el pueblo judío que vive en el Estado de Israel...”
 
Si bien otras personalidades del Vaticano señalaron que habían sido eliminados los impedimentos teológicos y ahora también los de índole política, tuvieron que pasar otros cinco años antes de que Juan Pablo II tradujera sus sentimientos a realidades diplomáticas. Luego de la primera Guerra del Golfo en 1991, se reanudó el proceso de paz árabe-israelí . La OLP reconoció a Israel y varios estados árabes entablaron relaciones diplomáticas con Israel. A la vez la Unión Soviética y varios otros estados reanudaron las relaciones con Israel, interrumpidas desde la guerra de los Seis Días. Además, varios países importantes, como la India y la China establecieron vínculos diplomáticos con Israel por primera vez para poder participar en las conversaciones de paz multilaterales.

En vista de que el reconocimiento de Israel por los árabes y los palestinos no había causado convulsiones en el Oriente Medio y quizás por temor a que la Santa Sede pudiera verse en aprietos al no poder tratar formalmente con Israel de asuntos de vital importancia para ella que serían deiscutidos en las negociaciones de paz, el Papa autorizó la toma de contactos con Israel y luego tomó él mismo la iniciativa. A principios de abril de 1992, el embajador de Israel en Roma, Avi Pazner y su esposa fueron invitados a una audiencia privada con el Papa. A pedido de éste el embajador presentó una reseña de la situación en el Oriente Medio, en la cual hizo mención de la negativa de varios estados árabes a aceptar Israel, pese a haber sido reconocido por los palestinos y al proceso de paz en curso.  La alusión fue captada al parecer y quizás inclinara la balanza, ya que diez días más tarde el “Ministro de Exteriores” del Vaticano, Arzobispo Jean-Louis Tauran, informó al embajador Pazner que el Papa había dado instrucciones a la Curia en el sentido de iniciar negociaciones con vista a entablar eventualmente plenas relaciones diplomáticas con Israel. Después de una entrevista con el Papa, el Ministro de Relaciones Exteriores de Israel, Shimon Peres (actualmente Presidente del Estado) señaló que aun después del reconocimiento de Israel por varios países, “añadir el Vaticano a la lista significaba un cambio real”.

3.  De 1993 en adelante – reconocimiento de jure

Un año y medio de negociaciones complicadas culminaron con la firma del Acuerdo Fundamental entre la Santa Sede y el Estado de Israel el 30 de diciembre de 1993. Según lo acordado en el Protocolo Adicional al Acuerdo Fundamental, las partes intercambiaron embajadores plenamente acreditados en mayo de 1994. El Acuerdo Fundamental, que tiene más bien el carácter de un acuerdo marco, abrió el paso al establecimiento de subcomisiones fiscal y jurídica para ocuparse de un abanico de cuestiones substantivas que intencionalmente se dejaron pendientes. El Acuerdo comprendía también una dimensión inhabitual, por cuante reconocía el carácter singular de la relación entre la Iglesia y el pueblo judío y reiteraba la condenación por la Iglesia de toda forma de antisemitismo, conforme a lo dicho en Nostra Aetate.

Desde aquel momento, Israel y la Santa Sede han mantenido estrechas relaciones diplomáticas, no siempre exentas de períodos de tensión e incluso de crisis. Las deliberaciones de la subcomisión jurídica, que progresaron rápidamente, llevaron a un acuerdo suplementario, firmado el 10 de diciembre de 1997, por el cual Israel reconoció la personalidad jurídica y la autoridad del derecho canónico dentro de la Iglesia Católica y de sus instituciones así como dentro de las del Patriarcado Latino de Jerusalén y de los Patriarcados Católicos Orientales y sus diócesis respectivas en territorio israelí. A su vez, esas instituciones reconocieron la legislación israelí en materias civiles y criminales. En cambio, la labor de la subcomisión fiscal aún no ha concluido, debido a serias dificultades para reconciliar las posiciones iniciales de las parte y debido también, desde el punto de vista israelí, a las posibles repercusiones fiscales y materiales de cualquier privilegio que se otorgue a la Iglesia católica sobre los demás grupos cristianos y no cristianos del país.

El momento culminante de las relaciones se alcanzó cuando Juan Pablo II realizó su peregrinación a Tierra Santa en el año jubilar de 2000. Si bien predominó en la visita su carácter religioso, no se pudo ignorar sus aspectos políticos como, por ejemplo, cuando el Papa visitó al Presidente de Israel y cuando se entrevistó con el Primer Ministro y los miembros del Gabinete.

Las grandes esperanzas de Israel de llegar a una relación político-diplomática más estrecha con el Vaticano quedaron en la nada cuando estallo la segunda “Intifada”, en septiembre de 2000. Criticando la reacción militar de Israel ante el levantamiento palestino y la consiguiente suspensión del proceso de paz, El Vaticano enfrió sus relaciones diplomáticas con Israel. Deseoso no obstante de no suspenderlas por completo, el Vaticano pasó a recalcar la dimensión judeo-católica de las relaciones, alentando varias iniciativas, entre ellas el inicio de un diálogo notable entre la Santa Sede y el Gran Rabinato de Israel en 2003, que continúa productivamente hasta la fecha.

Tensiones de otra índole afectaron las relaciones en 1998 cuando musulmanes de Nazaret quisieron construir una gran mezquita al lado de la Iglesia de la Anunciación supuestamente con el acuerdo tácito de sectores políticos israelíes. Este problema, que afectaba directamente a un Lugar Santo católico, se resolvió en enero de 2002 cuando un comité gubernamental elaboró un plan de urbanismo que puso término a la construcción de la mezquita. Pese a los problemas, las relaciones diplomáticas demostraron su solidez y su valor cuando el Vaticano e Israel cooperaron de forma discreta para hallar una solución a la situación difícil creada en abril de 2002 cuando militantes palestinos armados se apoderaron por la fuerza de otro Lugar Santo, la iglesia de la Natividad de Belén, reteniendo en ella a numerosos clérigos (católicos, armenios y griegos ortodoxos) así como civiles palestinos no armados. 

Por lo general las relaciones son estables. Son frecuentes las visitas de ministros israelíes a la Santa Sede. El primer presidente israelí que fue recibido en audiencia por el Papa fue Moshe Katsav, en diciembre de 2002. La embajada de Isael ante la Santa Sede procura mantener informado al Vaticano de la política oficial israelí en asuntos corrientes, en tanto que la embajada del Vaticano en Israel se ocupa de sus numerosas propiedades y de otros intereses en Israel. Ambas partes buscan formas de ampliar la cooperación y la comprensión en materias culturales, educacionales, académicas e interreligiosas. También se buscan soluciones a problemas de índole práctica, como la emisión de visados y autorización de entrada a Israel de clérigos de países árabes que no tienen relaciones pacíficas con Israel.

Tanto Israel como el Vaticano otorgan una importancia especial a estas relaciones diplomáticas. Esta es una relación singular, con el trasfondo de siglos de encuentros católico-judíos, que abarca intereses considerados fundamentales por ambas partes. Cabe esperar que esta relación seguirá siendo sólida y dinámica, y logrará superar las tensiones ocasionales que inevitablemente se suscitan.

E-mail to a friend
Print the article
Add to my bookmarks
Also available in
  English
  German
  French
  Portuguese
  Hebrew
  Italian
  Arabic
   
 
   
 
     Hebrew     
 
© 2008 Israel Ministry of Foreign Affairs - The State of Israel. All rights reserved.   Terms of use   Use of cookies